jueves, 26 de diciembre de 2013

t a d e o l u c í a


Lucía,

Este lugar es un bodrio, es tan gris, es tan oscuro, es tan llorón, se parece a vos cuando nos peleamos. La cama que tengo es chiquita, y pienso que no entraríamos, entonces nos pelearíamos, entonces vienen los besos. Sabés que no se preparar mate, quisiera que estuvieras acá. Y hablaríamos de que Lanús es un llorón.
Ayer se me apareció Sombra otra vez, pero todavía no dice nada, solamente está de espaldas y cuando la miro se va. Quiero verle la cara, debe estar rota, o fea, desgraciada, ¿Por qué no quiere que la vea? Por algo se aparece. Sombra es mujer, lo puedo sentir, porque tiene timidez femenina, no hay violencia en su transparencia oscura. O es mujer o es un hombre muy chiquilín. Me sorprende que me haya seguido hasta acá…
Me voy de tema, que terrible egoísta, siempre bla bla bla de mí, pero no te pregunto cómo estás porque sé que estás bien, vos sabés cuidarte, aunque a veces siento que no y me acuerdo de que sos humana como yo. Disculpa la frivolidad. Lanús sin vos es un bodrio gris oscuro y llorón, tal vez si estuvieras acá Lanús sería hogar.


P/D: No uso perfume, capaz para mi cumpleaños me compre uno y lo use, eso de que me inventes un olor no me gusta, me hace sentir medio desnudo

miércoles, 25 de diciembre de 2013

l u c í a t a d e o

Diciembre,12

Tadeo,

Te pido que te pongas algo de perfume, y que siempre uses el mismo cuando nos encontremos, así te me quedás grabado para siempre. El perfume es eterno, y los que crean los perfumes, además de crear perfumes, crean memorias.
La memoria olfativa es de las mejores. No tiene fecha de vencimiento. 
Ponete cualquier perfume. O mejor te invento un olor, como los tienen las casas.
Olorcito a vos. No hace falta un Hugo Boss, vos ponete el que quieras.
Capaz usas perfume pero no lo siento, debe ser muy suave.
¿Que perfume usas? 
Quiero que cada vez que pase alguien con tu perfume te me vengas a la mente.
Aunque sea un viejo demacrado que ni se parecería a vos aunque yo estuviera miope.
Aspirar, y que ahí estes. 
¿Cuando volvés?, ya te espero desde antes de saber que lo estoy haciendo

Lucía, tuya

viernes, 20 de diciembre de 2013

"Argentinidad"



Mara mira por la ventana y contempla una Argentina que la desapega de todo nacionalismo latente y diminuto que haya tenido antes, cuando ve que en las paredes hay graffitis insultando a compatriotas, que más que eso son hermanos, compañero de tierra, quién sabe si traidores o no, pero hermanos, y a veces los hermanos se pelean o tienen desacuerdos, también, hablan mal del otro, pero al final del día, la hermandad tiene que seguir porque es casi una obligada unión, como cuando compartimos banco en la primaria, y entonces nos llevamos bien de a ratos y de a otros somos falsos, algunos, indiferentes. Se seca la vista de esa imagen y va hacia los canillitas de la esquina o a la bandera más atrás flameando como en una película, parece tener vida propia, y gritar “acá estoy, soy suya, son míos, somos nuestros” aunque con voz ronca. Mara escucha. Prende un cigarrillo y tira el humo en aire compartido. Prende la radio y escucha las noticias tristes del día, parece que las noticias felices no tienen lugar en los titulares, y las pocas que hay concurren en el nacimiento de animales en cautiverio o alguna otra pavada amarillista. Mara se pregunta, a veces, que es la patria, y le gustaría volver a la primaria, ahí donde preguntan esas cosas, donde todavía tenés inocencia, lo que también puede ser ignorancia. Siempre contestaba que la patria era la bandera, o la escarapela, o el amor a alguna de esas dos. Pero era algo más. Más que Belgrano o que el himno. No era querer a una cosa, ni siquiera era querer. Era amor abstracto que recién se sentía en épocas de exilio o de atentado. Recién cuando la patria estaba siendo amenazada, recién ahí venia el amor, la necesidad de querer abrazarla, consolarla, curarla. No sabía si la patria era un sentimiento, una pasión, o una ilusión del corazón, ni si existía en todos, o solamente en algunos. Pero tenía que existir, en algún lado estaba escondido ese significado de patria, porque alguien invento esa palabra, y a toda palabra se le da un significado. A veces lo palpaba cuando veía que los otros miraban partidos de futbol y gritaban. Pero eso era más amor al futbol, se repetía. Otras, lo escuchaba gritar de dolor cuando escuchaba algún relato de Malvinas. Cuando escuchaba Costumbres Argentinas y La Argentinidad Al Palo. Cuando su abuelo escucha tango o una zamba. o se leía en poemas que rimaban en actos del colegio. Pero ella pensaba que nosotros no éramos yanquees que tenían un 4 de Julio. Teníamos al 25 de Mayo o al 9 de Julio, también el Día de la Tradición. Pero en ningunos se olía la patria. Piensa que hay que imitar ese nacionalismo yanquee, pero no tan al extremo. Igual Mara lo piensa y se ríe. La patria estaba ahí, mendigando amor en los disfraces de damas antiguas o aguateros, en los actos infantiles, entre las bolsitas de escarapelas, al borde de la cornisa del cabildo, en alguna estrofa del himno. Igualmente, siempre, existía. Estaba ahí. Mara prepara el bolso, tira unos borcegos negros, y todas sus remeras favoritas, las que no lo son también, más ropa para nombrar, y en fin, todo listo. Tira el cigarrillo por la ventana porque ya le estaba quemando los dedos el filtro. Se lava la cara y del espejo se sigue viendo la bandera a lo lejos (¿la estará despidiendo?) Sonríe, no sabe porque. Antes de marchar, un último tour por la casa. Antes de despedirse uno trata de impregnar el recuerdo en la memoria, y que la despedida quede, ¿Por qué queremos guardar despedidas si tanto las detestamos? No sé, será porque necesitamos un final asegurado para todo eso que se nos va. Mira, escucha, siente, huele, toca. Hay ecos rebotando y aunque sea un espacio confinado sin significado, se vuelve como la boca de un enamorado, y no la quiere dejar ir. La casa no la suelta, porque aunque no haya nada de Mara adentro, sigue ella ahí parada, todavía no se fue. Parece que se besan, o tratan de intercambiar un abrazo telepático. Unos pasos atrás, y sus pies pisan el pasillo: ya no está en la casa, su casa, sus pies ya no están, ya Mara se fue. Adiós Casa. Fue una despedida rápida, sin lágrimas, pero la casa lloro unos días hasta que encontró colgada en la pared una de las fotos de Mara. Y se quedo mirándola por meses. Mara está yendo a pie y paso lento al aeropuerto, se fue a pie aunque eran más de 30 cuadras. Se dedico a observar todo por última vez, hasta eso que alguna vez detesto, o lo que nunca había notado. Parecía una turista más. Hasta tenia curiosidad del país en el que había convivido hace más de 20 años. Algunos se van sin haberlo visitado todo, completo, hasta la última colina o valle. 20 años y siempre en el mismo lugar, ni siquiera tuvo tiempo de apreciar el lugar en donde estaba siempre, menos lugares que estaban a kilómetros de distancia. Llega al aereopuerto, pisa los primero escalones, y siente que le tiemblan las piernas. No le sale llorar pero algo le pasa adentro, muy adentro, a flor de piel. El ultimo suelo Argentino que pisaba, pero la patria no era solamente suelo, era mucho más, era la hermandad que unía el suelo, la libertad que mandaba al pueblo, el orden que reinaba, no solo el suelo, porque el suelo es tierra sin nombre, y cuando a esa tierra se le da un nombre, nace la patria, y cuando la patria encuentra a un hombre, nace el amor. Y entonces borro por unos segundos la corrupción, el engaño, el fastidio, la guerra, la decadencia, y toda la maldad que aquellos que lideran suelen tener hacia la patria, hacia al suelo, hacia nosotros. Unos segundos sin malicia, unos segundos de solo lo bueno y nada más que lo bueno. Pero, después, descubrió que la patria también era todo lo malo, todos los sufrimientos, todos los sacrificios, todas las luchas, todas las caídas y todas las muertes. Entonces, la patria era todo: la muerte, un niño, el amor, la codicia, la humildad, el odio, el sentimiento, la frialdad, la lucha, la paz, la victoria y la derrota, entre otras dualidades infinitas. La patria se sentía cuando uno se iba, o cuando lo echaban, pero, la patria nunca nos dejaba, porque siempre que se iba, en verdad no se iba, nosotros la dejábamos por ahí, o nos olvidábamos de buscarla, pero nunca se iba. Era el lugar en donde queríamos morir, porque pese a todo, era un hogar, una madre postiza, una tierra con alma, una democracia. 
La patria era libertad.                                                              
Horas después, Mara arriba en Barcerlona. Ella no estaba en su patria, pero seguía sintiéndola igual. La patria, era amor. Un último adjetivo que la definía en claridad. 


jueves, 19 de diciembre de 2013

Totalmente nada


Cuando estoy con vos
soy La Nada
y me siento aguas
que van y vuelven
que se van y se callan

Quizás a la deriva
quizás desnuda
quizás destrozada

Cuando estoy con vos
soy El Todo
y me siento gigante
te miro desde arriba
como mirabas antes

Quizás fuerte
quizás mejor
que antes

Cuando estoy con vos
en tus abrazos
en tu ojos
o en tus besos
tambien
en tus hombros
y en tu espalda
cuando estoy ahí
en vos
con vos
me siento todo
me vuelvo nada
frágil
ligera
fuerte
pesada
y en mi nada sos mi todo
y en tu todo soy tu nada


lunes, 16 de diciembre de 2013

Élevé


Déjenme explicarles, que es muy raro                                      (No es raro 
extraño y raro                                                                         ni es extraño 
que me sienta así otra vez                                                        un proceso natural
que no quiera soltarme de ahí                                                  pero si es del corazón 
que no quiera salirme                                                              entonces vale la pena dudar).
y huir

mientras tanto y entre el beso, se me corre la mejilla                (Un simple beso, 
se me va hacia atrás la pera                                                     simple si se le puede llamar,
sobre el hombre la pera quieta                                                 ningún beso es simple  
pero luego tiembla, casi que se cae, está a la orilla             a menos que un "simple" vaya a besar).

ya no más el beso                                                                    (Besar en la frente
un beso en la frente y otro más                                                 se parece a beso maternal 
no lo miro a los ojos                                                                 beso de los mas puros 
parezco asustada estar                                                             cuando se trata de besar
no lo miro a los ojos                                                                 y mirar a los ojos
no lo quiero mirar                                                                     mejor que palabras dar).

ya el abrazo abraza y abrasa                                                    (Si el abrazo no abrasa  
ya el beso besa y pesa                                                              es muy mala señal 
ya en la felicidad hay mucha tristeza                                 como si en vida no hubiera felicidad).  

Déjame explicarte                                                                    (No hace falta que lo diga, 
cuan importante                                                                        hace falta que lo sienta
resulto esa sensación tener presente                                           y aquel entonces lo sentí 
porque en mi mente                                                                  desde aquel entonces hasta aquí
pareció                                                                                     mucho de mi 
que por fin                                                                                ha cambiado                                  el amor volvió                                                                           saben que es muy gra(nde)ve
y esta vez, diferente                                                                  el estar en(amor)ado).  




viernes, 13 de diciembre de 2013

Mundi


¿Cuál es el verdadero límite de lo imaginario?, ¿cuál es la verdadera esencia de lo real?, ¿que existe y que no?, ¿que es imposible y que es alcanzable?, ¿de qué están hechas las realidades, y todas las verdades, dogmas o pasajes?, ¿Porque no puedo llamarme creador? Crear cosas que solo su progenitor pueda observar, imágenes que solo él pueda ver, porque son sus obras, sueños suyos, escapes, laberintos, ventanas, grietas que el mismo fabrica para salir de la línea en la que todos van, lo monótono, lo cotidiano, para escapar de una creación ajena creada para él y para más, crea mundos que lo saquen de ese mundo que no es de él, entonces no intimo, entonces no le gusta, le molesta en algún lado, le pincha, le sopla, le estorba en el ojo y en el corazón, no es de él, ni para él, entonces no siente que ese mundo lo abrace, ante la escasez de eso que el busca, que mejor solución que crear el mismo lo que no tiene y solo él puede llegar a hacer intimo, para él solo, con posibilidad de compartir (o no), pero aun así, propio, de él, nada más que del creador, y entonces nace una colección de fotos superpuestas entre sí, un poema sin rima, una canción garabateada, pinturas terciopelo, acuarelas en los dedos, lagrimas en las hojas, ojos apretados cantando y zumbando música, cuerpos sin cuerpo y sin dirección que se mueven y se desplazan siendo nada más que otro cosa que no es cuerpo, escritos sin terminar en cajones, bibliotecas amadas de libros infinitos, sonrisas al ver una creación terminada, eso que llamo arte, amor o goce, algo que se hace parte del mundo, mi mundo, ahora finalmente mío, para mí, y también para los otros, pero antes que aquellos es para mí, siempre está para mí, eternamente disponible para abrazarme, tocarme de lejos, dejarme llevar, anestesiarme, hacerme dormir, ayudarme a escapar de mí, del mundo que no es mí mundo, y ese mundo del que yo soy creador, ese es el mundo mío, mi mundo que más se parece a un hogar, a brazos de madre, a casita de juegos, a escondidas, a fortines con sabanas, a unión, a homogeneidad de toda el alma mía, a todo eso que soy yo, y todo eso que no, que en mi mundo, pasa a ser realidad, mí realidad fantástica que aún lo llega a ser real, porque solo en mi ojos así se verá.  


lunes, 9 de diciembre de 2013

Ojeras


Dar un oído al que necesita que lo escuchen, dar abrazo al que no lo pide, dar una campera aunque vos estés muerto de frío, dar aliento al no tiene esperanza, dar fé al que no la tiene en sí mismo, dar millones de consejos a quién te los pide, haciéndote el experto, aunque vos estés más perdido que el otro. Reírse de un chiste que no te dió ni la más chiquita de las gracias, ir a comprarle el perfume que le gusta aunque sabés que tiene mil, besarla/o achicando la espalda porque no llega a tu altura, mirar esa película que le gusta aunque te resulte aburrida, donar unas horas de tu tiempo para estar ahí. 
"Estar ahí..." 
Estar por estar, presencia (porque con el "deseo" de estarlo, no hacemos nada). 
Estar ahí, querer estar ahí y estarlo, yo te miro, me ves, sabés que estoy ahí y no te das una idea de que bien se siente que estés acá, y aunque nadie lo note, uno no se puede decir amar a alguien cuando no está ahí, si no allá. Amar o querer, la mayoria del tiempo, es simplemente estar ahí, pese a todo, contra a nada, en felicidad o tortura, en libertad o cárcel, en pelea o entendimiento. Estár ahí. Decir presente en el otro, que el otro lo sienta, me sienta, y entonces se produce lo recíproco. Estoy. Estás. Estamos. 


domingo, 1 de diciembre de 2013

Última bocanada de aire


Sentís el frío apoyarse en la planta de tus pies, como se arremete entre tus dedos, y te causa escalofríos, tus piernas se balancean hacia delante y atrás, y tus uñas tienen vértigo. Tus manos bailan, haciendo equilibrio, con miedo en las puntas se ondean, y toda la parte de tu pecho se ensancha, luego se hace pequeña, y luego gigante de vuelta, todas tus respiraciones se vuelven nada, son las ultimas, son nada pero al la vez todo. Una respiración más, una muerte más. Tus pestañas se mueven al ritmo del viento, y tus ojos no se quieren abrir hasta terminar de absorber la ultima bocanada de aire fresco, limpio, puro, todo eso que es contrario a todo aquello que hay adentro tuyo en ese momento. La luna te mira testigo, la única testigo presente, no sabe si llorar lluvia o ocultarse atrás de las nubes nocturnas que se asoman para verte. Esto ya no es un juego, como en ese vídeo musical que tanto te gusta. Siempre fuiste más oscura que el negro color, pero no eras maligna como gato negro, más bien eras un tono elegante que sensualmente era único. 
Una ultima mirada al cielo oscuro, y sé que elegiste la noche porque todo de ella siempre te parecía extraordinario, su belleza, sus secretos, su soledad, su personalidad. La osa mayor, la menor, más allá las tres marías, y esa que parece la Cruz del Sur está más brillante que nunca. Mucha iluminación mata a la natural hermosura de la noche en la ciudad, aún así, ese será tu ultimo paisaje. Inhalas. Fuerte. Rápido. Ahora vas lento. Te dejás caer hacia adelante, y tus brazos abiertos parecen abrazar a ese vacío que ahora se completa con tu densidad y se hace un todo lleno de nada. 
Mientras caés, sentís una sensación extraña pero conocida: cuando te caías de la cama y mama te decía tranquilamente: "Ya pasó, solamente un golpecito, no llorés más, volvé a dormir". Ahora mamá no te mandó a dormir, pero supongo que hiciste de ella por ese segundo, y te dijiste a vos misma "A dormir...", porque únicamente así los problemas se iban: solo si vos te ibas. 
Sentís un dolor que pasa a ser tortura, y de a segundos no sentís nada, porque el dolor te fatiga todo el cuerpo y se va durmiendo. Escuchás voces. ¿O es música? Tal vez ambas. Ves una luz rara, amarilla, que no encandila pero ilumina todo. "Ya pasó, hija, solamente un golpecito..." y después, la eternidad desconocida, que preferís no revelarme, porque ese es un secreto que ni en los sueños se puede decir. 


viernes, 15 de noviembre de 2013

¿Jugás?


Abrazar un muñeco de la infancia, tan fuerte que el olor a tierra y risas se desprende de la tela, y cerrar lo ojos, pensar que presenció mis primeras palabras y sonrisas de bebé, llenas de esa inocencia que no se encuentra nunca después de los gloriosos 5 o 6 años. Después de esa edad no nos dejan llorar mucho, como antes, y entonces guardamos esas lagrimas para cuando nos raspamos las rodillas o algún capricho. A medida que pasa el tiempo, esas lágrimas se guardan más, ahora ni siquiera lloramos para que nos cumplan caprichos, quizás solamente nos dejen llorar cuando nos golpeamos fuerte, pero en ese "golpearnos fuerte" no hablamos de temas del corazón. Te miran como bicho raro, y quizás te digan el famoso "Hay cosas peores", pero para vos lo peor es eso que estás pasando. Sin darte cuenta ese "fin del mundo" que te hizo lloriquear a escondidas, pasa. Y volvés a guardarte las lágrimas, porque están marginadas al lado de las sonrisas, tan bien vistas, tan alagadas, tan necesarias para la empatía. Al parecer la tristeza está mas juzgada que la felicidad, aunque sean sentimientos. El adulto llega a un punto en que ni siquiera puede llorar para sí mismo, porque él solo se juzga y se siente humillado, chiquilín, "¿para que llorar por esto?" o "ya estamos grandes", y entonces el adulto llora muy poco, o capaz algunos ni tiempo de eso tienen, tan ocupados con la rutina y el trabajo. Los sentimientos después, más tarde, eso no importa, y todo eso se va reprimiendo adentro, molestando a todos los órganos, y ni se dan cuenta, porque es muy difícil entre tanto ruido y sueño. ¿Querés llorar por dentro? ¿Por fuera? ¿O simplemente sentir sin querer? Abrazá a ese muñeco de la infancia, mirá esa foto de tu papá o mamá, escucha la introducción de ese dibujito animado que mirabas a la tarde, algo que te conecte a esa época miniatura en la que la mayor preocupación era tener un compañerito con quien jugar o simplemente jugar. Porque la vida es eso: jugar. Solo o acompañado, pero jugar el juego hasta el final. 


sábado, 9 de noviembre de 2013

Cuatro son multitud


Existió una simbiosis entre nosotros que desencadenaba en aquella relación de mentes increíblemente iguales en cuanto a deseos, pensamientos, y también porque no, oscuros pensamientos y deseos. Dionel notaba ese roce suave y casi ficticio que hacían nuestras palabras cuando se encontraban intimas entre sí, y encajaban perfectas una con la otra, oración tras oración, como en un rompecabezas asiático. Había pistas y momentos que dejaban al descubierto hacia los demás esa condición especial entre nosotros dos, y quizás los otros envidian aquel aspecto, aunque más supongo que lo tomaban como algo vulgar y obvio entre dos. Teníamos desacuerdos, si, pero discutíamos por el solo placer implícito de avivar el vinculo, ya que el amor ama el conflicto, y los humanos también desean ese desorden que los altera hasta terminar de ordenarlo esporádicamente a su gusto, y sigilosos esperan otro desorden, que si no surgen ellos mismos lo provocan sin querer queriendo. Pues, en la música, también discerníamos, y eso era algo fantástico, ya que pude aprender de Stevie Wonder o los Yeah Yeah Yeahs como nunca en las revistas, y debo admitir que me llego a gustar  aquello que ignoraba por completo, porque uno se alimenta del otro, y toma cosas buenas, malas, y algunas otras sin clasificación, que se pegan en la personalidad o carácter de uno como chicle o pintura roja. Así es que, compartiendo gustos, íbamos de cine en cine criticando como los mejores a las peores películas del cine Argentino que salían a cartelera, y entre parejas que se besuqueaban en el fondo de la sala, nos reíamos de las malas actuaciones, así cuando terminaba la película, salíamos de allí, rompíamos el pacto ficcional, y seguíamos el film nosotros mismos, y aunque fuera en otra parte de la ciudad o en Misiones, el escenario no importaba porque teníamos la imaginación por dos cabezas.         

Una tarde de Octubre llamo Nulú, y que Dionel tenía a Julieta y a Camille, ya hace 2 meses de esta mentira, que a ella le mintió porque le decía que iba a Buenos Aires por cuestiones de la empresa, ella su esposa para siempre, y yo una veinteañera que tan inteligente no era se ve, porque así nomás te engañaron a vos, una putita ingenua más. Guardé silencio y solo dije perdón. Ni sabía a quién se lo estaba pidiendo o diciendo, solo sabía que el silencio otorgaba y algo debía decir. La simbiosis mental que en mi encontraba Dionel y yo encontraba en el, era una relación de pensamiento, de atracción cerebral, nuestros besos eran largas charlas de café sobre Cortázar o Da Vinci, yo también tenía a Dante, el tenía a Nulú. Todo era explicito pero a la vez oculto y raro, no hablábamos de ellos porque no sabíamos si era infidelidad o que cosa. Nuestro final llego como empezó lo nuestro: sin querer. Pero nosotros no nos separamos, no alejo el destino disfrazado de cordura, realidad, o tal vez Nulú, también Dante, que luego me dejo porque según el aquello fue una traición. Y le terminé dando la razón, y más que eso, le pedí el perdón, porque me di cuenta de que la atracción mental era aun más peligrosa (e íntima) que la física, ya que se puede besar más apasionadamente con palabras y se puede llegar al placer o al amor con solo dos voces hablando entre sí. 

sábado, 2 de noviembre de 2013

Ex-peranzas


"Te extraño, ¿sabés? No, no lo sabés. Como si te importara siquiera. Te necesito ¿podés creer eso? Claro que lo podés creer, si siempre me hiciste necesitarte. Te necesito más que nada por las noches, el sol es mi anti-depresivo, mi sol erás vos, y tenés otra cosa en común con esa estrella ahora: estas lejísimo; pero igual te sigo sintiendo en la piel, aunque eso es lo peor, porque no puedo tocarte, solamente sentirte y verte, aunque me dejes ciega y seas una visión. ¿Porque seguis acá adentro mío? ¿Me superaste? No podría superar que me superes. Te amo. Esas palabras del diablo y de Dios. ¿Crees en Dios? Se que no crees en él, pero en las noches alguna que otra plegaria se te suelta sin rezar, como al mi algún que otro recuerdo tuyo me hace llorar. Todavía te amo. Y odio eso, pero odiarte a vos es imposible. Ese es mi infierno, vos mi edén. Besame. Matame. Llevame al más allá. A donde quieras. Salvame de este quicio que es extrañarte en mi silencio. Te necesito. Aunque no sepa que signifique eso y quizás no te "necesite", si no que te quiero conmigo por capricho o soledad. 
O eso que llamar "amor" algunos. Esta noche, vi a tu nuevo amor, quizá eso me hizo acordarme de vos."

Él recibió aquella carta y la rompió. Al igual que rompió el corazón de esa chica que la mandó.

domingo, 27 de octubre de 2013

¿Para que sirve el Domingo?


En el bajón del Domingo, todo puede pasar. El Domingo es un día especial, en el que todo se vuelve más denso, más pesado, más melancólico. Aunque sea en algún momento de él, así sucede, que nos volvemos una cara larga que no sabe que le pasa y prefiere no saberlo. Todo empieza cuando ponés play a esa canción que siempre te causo escalosfríos, o alguna que otra que te dedicaron o dedicaste, vaya forma de arruinar una canción, que esté atada a un recuerdo del pasado. Tarareas la letra en tu cabeza, hasta que llegas a esa parte en la que gritas cada palabra de cada estrofa: 
"Si te veo ahora, aunque termine en unos vicios, tomo una botella y juego a la botellita, con vos". Gritás la letra. Y casi que llorás cuando termina de sonar la canción. Así continuas escuchando música, hurgando en las canciones más viejas, en las carpetas más olvidadas, en las listas de reproducciones más oscuras. Lo extrañas. O la extrañas. O extrañas un momento, un lugar, una voz, esa risita que te llenaba el oído, la forma en que te abrazaba o los besos que se fueron. Después, te sentís inútil. Frágil. Te sentís un nene que llora cuando la mamá se le va, vulnerable de nuevo. Y te rebajas a ese nivel que todos hemos tocado, cuando en verdad llegamos al fondo de ese barril grande y hueco que es la melancolía de llorarle a alguien o a algo que ya no está, que se fue, que no existe más. No sabés a que le estás llorando, si a la pérdida o si a la soledad, si te frustra no poder despegarte de ese pasado o el simple hecho de que ese "pasado" ya ni te registre. No sabés a que o quién le lloras, pero vos llorás. Deseás que muchas cosas no hubieran pasado, o que algunas no estuvieran en tu memoria, y que otras en vez de estar allí estuvieran presentes en tu realidad, esa que en el Domingo te asecha y cómo el cuco te hace llorar como un nenito de mamá. 
Y en alguna parte del día, te das cuenta, que al fin y al cabo, siempre se llora por uno mismo. Sentís que el nudo de la garganta se va desenredando, los ojos se te limpian solos, mirás para abajo, movés la cabeza de izquierda a derecha, y seguís escuchando canciones tristes. Pensar que el Domingo está hecho para eso, para sentirse vacío, y allí conectarse con lo que nos llena, con todo eso que somos: nuestro pasado, el presente, y ese futuro que con suerte será mejor que hoy.


Crónica de un abrazo


Abrazo un recuerdo, pero no un cuerpo que ya hace mucho no veo, ni siento, y en ocasiones ni lo puedo memorizar. Se que mis brazos iban por sobre tus brazos, y que mi cabeza en tu pecho apoyada estaba, mientras cerrabas los ojos, y la punta de tu pera rozaba suave entre mi pelo. Mis manos sienten tu espalda, tán frágil, tán lastimada, tan flaca y débil, tu cuerpo era algo que parecía romperse si muy fuerte lo apretaba contra el mío, pero aún así lo extraño. Tu tez, tu textura, tu olor detrás del cuello. Hacer puntas de pie porque eras muy alto. Y eso era lo que más me gustaba, siempre inalcanzable, siempre austero, siempre altísimo. Largos ratos en tus brazos, tan largos que sentía que allí era donde mis respiraciones iban a terminar. Te corres el pelo de la cara, mientras frunces el seño y la nariz, cómo siempre lo hacías, una especie de tic que no te conocías, pero yo sí. Me miras con tus ojos negros y pequeños, y vuelves al abrazo.

Abrazo un recuerdo de un abrazo. 
Extraño un cuerpo que me es extraño. 
Amo este amor que ya no me ama. 
Odio este dolor que ya no es dolor...si no un intento de olvido. 


miércoles, 23 de octubre de 2013

A dónde van los besos


Hay un ultimo beso, que tiene gustito a olvidar, a últimos momentos, a pequeña muerte, a desapego y a despedida. No se percibe como ultimo beso, si no como un apretón de manos, como un "Buena suerte", que despliega la seguridad de que ese beso no sera el ultimo de los últimos besos, si no una pausa, una tregua, un recreo para volver al mundo real, porque vivir en jardines no siempre se puede, el mundo es peligroso pero allí hay que vivir. Nuestro jardín o habitación es un espacio secreto, intimo, porque lo arreglo y lo pinto a mi gusto, en el mundo, el artista es el destino, y ahí te quiero ver. El beso es eso, intimidad entre multitudes. Un jardín secreto. El prototipo de un éden. 
Hay un beso, un micro-beso, un abrazo de bocas, un lenguaje sin palabras, que tiene gustito a todo y no es de nadie, viene y va, hasta que termina en un recuerdo, y allí perdura entre otros besos ajenos, pero nunca como último beso es recordado, ninguno de ellos lo será jamás, y esencialmente eso es porque no lo sentimos cómo último beso cuando lo estamos dando, en el medio de nuestra creación de un beso con el otro. Es que, de ser así, de saber que aquel sera el fin de los besos, seguiríamos besando por la eternidad. 
Todos los besos son los últimos, los últimos hasta que nos volvamos a besar. 



sábado, 19 de octubre de 2013

Rumores del Bar Spaña


Pareciera que el Bar Spaña es un antro valdío y solitario durante las madrugadas. Ni un grillo ambientador se oye rozando siquiera su cu
erpo a tierra, ni el zumbido titilante de una mosca. Pero, tal vez, si se apreciera más de cerca y con el oído limpio hasta la médula, se podría escuchar cómo Gardel hace puntitas de pie, y sigiloso se va colando entre las paredes y muros del bar, para escaparse afuera y vaguear por las calles en busca de nuevas musas que refresquen su cancionero olvidado que ya sin tangos garabateados está. "Y si solo en tus ojos está esa belleza, ya no sé que adjetivo ponerle a lo demás...", piensa para sí cómo público ausente mirando a alguna muchacha pasar. Se podría escuchar cómo Charles Chaplin baila por encima de las mesas y se escucha cantar cuando el eco de su voz rebota en las paredes al unísono. 
Hay un cuadro de Sábato que recita antiguas y célebres frases cómo "Ella me daba la mano y eso era amor..." y al fondo un Borges pintado a acuarelas repite romántico "...Me gustas cuando callas", y si gusta, se escapa del marco para tomar un trago de Whisky. Muy escondido, cera del baño de hombres, esta la imagen de Cortázar que siempre quieto se sienta a observar las caras de los que pasan y colecciona sus facciones para luego imaginarlos en alguna aventura. En un cuadro muy tímido, en el baño de mujeres, se puede leer en imprenta minúscula: "Avanza sin miedo" y de madrugada a madrugada, las letras salen a jugar con un John Lennon en blanco y negro, que distante se alegra de ser acariciado por tan solemne calor como el que dan las letras al alma sin palabras. 
Comienza el sol a dar entre las sillas de madera barnizadas, la temperatura calienta los asientos rojo viejo, y el polvillo se vuelve amarillo diáfano. 
Todos de vuelta a su lugar, hasta la próxima noche será. 






lunes, 14 de octubre de 2013

Redención


Afuera llueve a cantaros y Franco camina por una vereda más oscura que una boca de lobo feroz. Yo cruzo la calle para ir detrás de él. No tengo miedo, pero el camina como si alguien lo estuviera apurando. Silueta perfectamente negra y manos inquietas que golpean sus piernas y rodillas al compás de la canción que sale del auricular. De a ratos movía la cabeza cuando el coro lo llevaba a un éxtasis mayor y tarareaba el grito final. Se dio la vuelta porque escucho que me reí, porque ver de nuevo a ese Franco emocionado y feliz que tocaba una guitarra de aire me daba cierto placer y algo de melancolía por haberlo olvidado. Él me mira como me solía mirar cuando me aparecía por su puerta de sorpresa. Me sonríe. Yo empiezo a llorar pero mis lágrimas se traspapelan entre las gotas de lluvia, entonces no nota que lloro por él. Me sonríe aun más. Me toma de las dos manos, que parecían lastimadas, porque dolía que me tocara la piel, como si me quemara de forma suave pero peligrosa. Me dejé tomar las manos solamente porque era él, y recordé que así se sentía también cuando me besaba. Los relámpagos se hacían más fuertes hasta que me asustaron cómo a una nena huérfana en el medio de su habitación oscura y prematura. Entonces Franco se hizo aún más alto de lo que era, y posó todo su mentón sobre mi cabeza mojada y temblorosa. Me besó la frente. Yo quería un beso de aquellos de antes, pero él me dijo que era malo para los dos, no, tampoco es que quiera, vos provocaste que yo no te pueda besar, y me consolaba con un abrazo nada más, que me conforme, que no me queje porque eso era bastante. Yo me reí porque recordé cuando él simulaba enojarse conmigo y yo como nena tonta lo perseguía por toda la casa. El también se rió, pero de un segundo a otro se volvió serio.
Franco dice una frase que no logro entender, me grita, me insulta, me apunta con el dedo índice y me empuja, pero al mismo tiempo me pide perdón y me sostiene en el aire denso y húmedo de la noche de lluvia. Me deja tirada en la vereda que también arde en el cuerpo. Cuando esta por desvanecerse entre la neblina y las líneas rápidas de lluvia dulce, se da la vuelta. Corre. Vuelve hacia mí corriendo. No llega, no llega. Nunca llega a mí como si mi cuerpo fuera un oasis. A la mitad del camino, se detiene de nuevo cómo arrepentido de volver, y me mira con pena pero amor. Se larga a llorar y a reírse al mismo tiempo. Se pone serio de nuevo. Grita desde muy lejos, consejero y a punto de echar a correr su partida:

“Aprendé a levantarte sola, vos bien sabés que tenés que hacerlo de una vez por todas. Sola, mi amor, sola.” y entre el eco de aquel Sola... con la voz de Franco, me despierto del sueño y afuera llueve a cántaros.


Buzón de entrada (2)


De: milenacarnivani@hotmail.com
Asunto: León es mi problema/solución.
Para: laotranochemagica@gmail.com

León trona los dedos y eso es lo único en común que tenemos los dos. El es parecido a una extraña imagen paterna que tengo desconocida por siempre, no sé, quizás algo en su forma de caminar o en la tez trigueña que porta con esa finura de galán novelero, clásicamente chamuyero elegante, siempre fiel a la libertad aunque a veces le asusta y otras se da cuenta (menos mal) de que no sabe bien qué es eso, pero con un par de tragos se le pasa todo este desmadre de cuestiones. Para mí, nadie toma por el placer de degustar sabores etílicos, ni siquiera los someliers, más bien se toma alcohol por su remedio sedante, sí, con efectos secundarios dirás, pero estos se toleran solo porque entre tantos dilemas, la resaca es un grano de arena más en una playa vacía. Cualquier mezcla sirve, mientras saque esa nitidez que porta diabólicamente la realidad ante los ojos de un sobrio mal vivido, creo yo. Ahí sí que no existen finolis, y si los hay no están lo suficientemente desesperados. Nos gusta el Rock Nacional e Internacional y cuando nos miramos, ahora algo me dice que él tiene que ser mío. Tiene algo, un extremo o rincón que tal vez ni él conocía, ese “algo” me llama de a ratos, y entonces lo sigo queriendo de a tirones. O mejor dicho, deseando a ese León que idealizo sobre aquel León que poco conozco. ¿Sabés como nos conocimos, no? Te cuento con mis aires poéticos/cursis/que no te gustan para nada porque vomitas. Era Agosto, una tarde-noche cualquiera de Viernes, el sol, irónicamente, brillaba por su ausencia en el cielo nublado hasta más no poder, así como me gusta. Yo estaba sentada en ronda, por algunos bancos blancos afuera de ese bar que está en la esquina, justo paralelo a un banco (No me acuerdo el nombre, ¿sí?), con una amiga de la infancia que mentí reconocer y Lorena. También estaba Lucas, el novio de Lore, pero ese rubio desopilantemente enano y engreído le hacia una burla a todo lo que se llamara masculinidad. Un frio despampanante y ese gorila presumido llevaba una musculosa blanca de una banda inglesa que ni conocía segura, solamente para mostras sus bíceps marcados en un intento superficial de llamar la atención y agradar. Iagh. Volviendo al tema…este monigote, me dice –“Este es León, es un primo que volvió de Córdoba para quedarse a vivir por acá de vuelta”. Sabés como soy. Adoro conocer gente nueva, sea quien sea, hacerles miles de preguntas como hice con vos. Tuve una decepción al principio. No me intereso nada. Ni siquiera de forma superficial. Y eso que cada vez que conozco a alguien estoy más feliz que nene con juguete nuevo, me decepcioné al ver que este ideal de persona que tengo yo armadito en cabeza no se reflejaba en León. Ya sabés, esa ilusión que tengo de las personas, de que tengan, conscientemente o no, una mente atractiva, interesante, diferente, pero sobre todo, yo quiero esa mente con la que se puede hablar desde la Guerra Fría hasta que significa tal sentimiento para el mundo. Busco complicidad, pero una que no esté ligada a la inhibición de pensamiento por complacer al ego del que piensa distinto. Complicidad pero no condescendencia. Durante la noche encontré una pequeñísima y prematura complicidad cuando sonó de fondo un tema de The Smiths y León tarareo el coro al mismo tiempo que yo. Compartir el gusto en la música siempre es una virtud que se agradece. Se puede tener lenguas recónditamente indiferentes pero si se comparte la música todo lo demás sobra y es secundario, no hace falta, más si a la música se ama sin fanatismo extremista. Lo único que me atraía de ese flaquísimoser (temporalmente en ese momento, había que esperar) era su altura, que para mí es signo de austeridad y protección que considero, no elemental, pero si un requisito para llamar la atención de esta Milena superficial que llevo adentro que coexiste con mis defectos y complejos. Aunque lo más importante es la mente, el pensamiento. No soy académicamente pretensiosa, lo sabés, como esos geniecitos matemáticos  fisicosnosecuánto que se ríen de la ignorancia ajena, si no que necesito de un pensamiento que me enseñe cualquier aspecto de la vida o el mundo, porque aprender es mi pasión, pero no quiero hacerlo encerrada en un cubículo con lecturas obligadas de El Martin Fierro o aprendizajes de memoria sobre teorías y dogmas filosóficos. Quiero aprender de a sorpresa, sin reglas. Y no encuentro en nadie eso. Bueno, sabés en quién sí lo encontré, pero Andrés se fue. Simulo olvidarlo de a ratos, para ridiculizar al amor y toda la pavada, por eso prefiero que no lo nombren ni nombrarlo, así capaz es más fácil olvidar esa combinación de letras que forman su ben(mal)dito nombre. Sí, ni me lo digas, se que “estoy bien sin él”, y puede que “mejor”, ni lo digas. Lorena me dijo “León te busca por todos lados y vos ni rastros, nena”, después de conocerlo aquella tarde-noche, que casi ni hablamos, en el departamento de la calle Ardiles, entre medio de cafés mal preparados por el sueño.                                  
León es un mujeriego de los tontos, que “supuestamente” ya se curó de esa fama que tiene de engañar, porque le dieron de pagar con la misma moneda, y como todo aquel que se cree experto total de algo, no le hace muchas gracias que alguien lo haga mejor que él, pegándole al ego de un mentiroso con mentiras en respuesta es la peor pesadilla para chicos como él, aun mas para alguien que lo hace sin culpa y con orgullo machista. Me propuse no sufrir por este idiota, pero eso solamente depende de algo: el cariño que le tome (por no decir “amor”). ¿Y eso de que depende? De nadie, no está en mi control. Eso me descoloca. Decidí algo: hacerme la dura con él. No mostrarle afecto alguno ni decirle piropos que lo alaguen, porque así me expongo a una fragilidad que antes permití, y con la experiencia vino el aprendizaje, entonces esta vez no voy a cometer el mismo error, tal vez cometa otros, pero no este. ¿Sabes qué? Antes pensaba que tenía que seguir mis sentimientos, mi “corazón”. Hace poco leí que cuando hay sentimientos de por medio, el cerebro no piensa con racionalidad ni lógica (En otro lenguaje, surge lo que llamo El Efecto Adolescente Enamorado. Y eso si que es una tragicomedia universal de todas las generaciones de la raza humana). Entonces, justo desde ahí, deje de confiar en mis sentimientos, porque los resultados cada vez que los seguía, me dejaban con ganas de no tenerlos.
Hay un problema: creo que ya le tomé cariño (no digas amor, no digamos amor) a León.
                                                                                                Milena. 



domingo, 6 de octubre de 2013

Pequeñas grandezas de la complejamente simple existencia vividora


Somos necesitados de algo más que la existencia para aferrarnos, pero siempre se habla de la Vida Perfecta cómo una en la que no tenemos lazos, nada a quién extrañar y nadie a quien perseguir. La existencia es una pequeña parte de nosotros, más superficial que todo lo que posibilita el existir, cómo aprovechar esa existencia viviéndola. De mi existencia se desprenden infinitas variables, que me afectan y afectan a mí alrededor, de ella se formula un nexo con los otros y sus mentes sin enfermedades, con ella puedo ser y hacer lo que quiera, aunque siempre está presente la ley de Causa y Efecto. Pero la majestuosa existencia nunca nos basta, por más gigante que se luce de un concepto ínfimo como la evolución o la creación, no nos basta porque somos la ambición explicita, la raza que no cesa de la carencia, la continua adolescencia. Y quizás eso sea humano.                                                            

¿Cuántos poemas de amor habrá en el mundo entero desde la imprenta? 
¿Cuántos lutos románticos que hicieron el corazón más fuerte? 
¿Cuántos abrazos largos habrán robado cuantas sonrisas?             
¿Cuántas tragedias habrán transformado una mente? 
¿Cuántas canciones del olvido habrán sido cantadas en lágrimas?                 


La existencia no nos basta porqué el placer está más en el disfrutar la risa del otro que la propia risa presa de la compañía; porque la risa es un conjunto, una reunión de sonidos, una situación tan intima como libre, pero es deseosa de aquello mismo: alguien más que el uno mismo. Es como la mirada, como el abrazo o el beso. Y así, poco a poco, de un tiempo a otro, año a año, nuestra mente se va volviendo más homogénea y ya no está llena de un egocentrismo vacío.  Por supuesto que a veces los recuerdos o las memorias llenas de algún sentimiento, nos descargan y desnivelan, pero qué más maravilloso que la simple presencia de él, ella o nosotros en la mente propia, que hace de la mente un lugar tan hermoso como temible, pero lleno, gigante, basto, eterno. 


sábado, 5 de octubre de 2013

Memorándum


Sucede que a veces miro a Genoveva y pareciera que el Alzheimer se separa de su cuerpo y mente, de todos sus recuerdos olvidados como despedazados, y entonces la enfermedad, ese veneno que parece un virus informático eliminatorio, forma parte, por unos segundos, de una pequeña, fina e invisible realidad alterna del universo total de la nada misma. Entonces Genoveva es libre al fin, por una fracción de tiempo tan corta que ni ella puede percibir, y recuerda sus recuerdos cuando sus memorias le son devueltas. Se resuena de los ojos de su abuela en el cajón de cedro español, los abrazos tibios de su padre cuando volvía de trabajar, la primera vez que vio a su hermana en brazos de su madre, la melodía de su canción favorita, como también de su primer beso y que Lennon contaba diciendo Sugar Blueberry, Sugar Blueberry en vez de 1, 2, 3,4. Algunas veces, creo yo, recordaba mi nombre y más que eso, quizás lo que significaba mi nombre en su vida, y todo lo que el suyo significaba en la mía. Tal vez me recordaba, o yo prefiero así suponerlo, creerlo, elijo amar esa “suposición” que para mí es certeza por fe de errata, y para otros no es más que cosa de locos. Y yo les contestaba a esos que prefería ser un loco soñador que un cuerdo sin fe. Eso les hubiera dicho Genoveva. O Beba cómo le decía su padre. Ahora el rostro de esa mujer venía empeorando con los años, y con ellos venían las arrugas, también las grandes ojeras y bolsas por debajo de sus ojos achinados pequeñísimos, su rostro parecía ser un lienzo libre en donde la edad dibujaba sus garabatos más pobres y tristes. La enfermedad le había consumido la existencia, más que nada la vida, porque Genoveva existía pero su vivir era muy precario, era algo sin personificación, un cuerpo inanimado, inexorable, porque una mente sin recuerdos tiene cómo resultado un cuerpo sin dirección. Ella no sabía a quién abrazar, a quién odiar, a quién debería mirar con amor y a quienes con repudio, si sus besos eran de tal o si su silencio era merecedor de aquél otro. Sucede que a veces la miro en su cama, toda arrugada igual que su cuerpo, toda abandonada igual que su alma, desarreglada y blanca como ella, y pareciera que me mira de vuelta, entonces es cuando siento que me dice en voz baja procurando ser intima: Acá estoy. Acá estoy. Acá estoy. Y yo le devuelvo la complicidad con una sonrisa tímida, luego toda la tarde me quedo pensando si en verdad ella esta, y ella es, si es que ya se fue o si aún sigue en su cuerpo, y toda la noche la sueño, para que en el mismo sueño me vuelva a repetir: Acá estoy. Y es ahí, en esa fracción de segundos del tiempo, en el momento en que ella me mira con amor o me roza la mano por el hombro mirando a la nada, cuando yo creo en que ella sigue siendo Genoveva debajo de su piel desarreglada y de su mente invertida. Es un secreto nuestro, pero ella sigue ahí, muy escondida, solo hay que saber buscarla y escuchar muy por debajo de los sonidos humanos su dulce y calmante: Acá estoy. 


jueves, 3 de octubre de 2013

Buzón de entrada (1)


De: espectacular77@hotmail.com
Asunto: Acá de Felipe.
Para: laotranochemagica@gmail.com

¿Felipe? ¿Que te digo de ese? Ya no se que hacer con él, ni creo que él sepa lo que se hace a sí mismo. Es un caso perdido. Hace algunos días, me dijo que sentía  algo raro cada vez que cometía alguna mentira, trampa o maldad piadosa. "Algo raro", me dijo. Le dije que se llamaba consciencia y que la tenemos desde los 3 años. (En realidad, dije añitos, con diminutivo para aclarar que me estaba burlando de él). Se enojó. ¿No te parece que es así? Para mí todos tenemos nuestro propio diablito rojo sangre, con colmillos en la boca, como así también con cuernos grandes por encima de la cabeza, y por otro lado, está nuestro angelito vestido con toga blanco seda, que toca el arpa dorada similar a una decoración; y se posan en cada uno de nuestros hombros, uno por el hombro izquierdo, otro por el derecho, allí hacen su trabajo imaginario y nos dan la libertad de elegir: el camino del bien o la ruta del mal.
Parece que él tiene los hombros vacíos, los ojos vendados por él mismo, el gusta de ser su propio esclavo, su propio diablo, su propio mal. Juega más con las mujeres que con las propias cartas. Las relaciones con ellas, para él, son eso: un simple juego de cartas y azar, donde el ganador es el que más mujeres-cartas tiene. Y él siempre gana. Y nunca ordena cuando termina de jugar, deja los naipes tirados, sucios, rotos. Supongo que tenía razón acerca de él esa parte mía que decía que no era de confiar. Las malas lenguas también la tenían, las mismas que me hicieron pensar que el era un pobre diablo. Tiene la enfermedad del Turismo Femenino. Es que, es increíble cómo domina ese arte fantástico de atraer a las mujeres a través de las palabras. Manipula los sentimientos de ellas (y los míos) poniéndole palabras universalmente lindas a toda oración. Felipe es pura palabra y poca acción. Sus versos prometen una historia tan bien programada que es irresistible no comprarselá. Todas (y yo) quieren (y quiero) su historia, valga lo que valga, pese lo que pese. Duela lo que duela. Lástima que toda esa subasta llena de mujeres, donde hace su discursito estratégico perfecto para ilusionar corazones solos, sea la gran estafa. 
Tengo dos opciones: 

A) Comprar su historia
B) Cambiar su historia 

¿Vos que decís? Mejor que el tiempo decida, yo no puedo con él.
Felipe me lastima. Duele. ¿Pero cómo voy a dejar de quererlo, de desearlo? Compre o cambie su historia, la subasta llena de mujeres bien dispuestas a comprar su mentira siempre va a estar. Con una no le basta.
¿Porque algunos hombres son asi de mentirosos, tramposos, zanateros? 
Pensándo bien, me sigo quedándo con Felipe (no es mío igualmente) por una razón rara: siento que tengo algo que descubrir en él. Simplemente así. Tiene algo. Pero...¿Qué tendrá? ¿Qué esconderá? ¿Quién es?
Si, ya sé, cómo vos decís...Que el tiempo resuelva aquello que los humanos no razonan. 
¿Comprar su historia o Cambiar su historia? 
Una opción más:

C) Conocer su historia


                                                                                                                    Anabella.


martes, 1 de octubre de 2013

Bitácora/VII


Aún tengo tu cicatriz en mí.
Quizás de este mismo dolor que causo tu adiós, surja la felicidad de encontrar algo aún mejor.


Quizás. 

Tal vez.  

Puede que. 


No quiero tu cicatriz en mí,
cambiar de cuerpo no es una solución
cambiar de mente no es una opción
aún tengo tu cicatriz en mí,
quizás desaparezca
tal vez se desvanezca
puede que para siempre te pertenezca.


Quizás. 

Tal vez.


Puede que. 






lunes, 30 de septiembre de 2013

Malas compañías

Entre la soledad y estar mal acompañada, prefiero estar acompañada de la soledad, pero entre líneas cambio secretamente de rol en la obra de mi vida, y de repente soy alguien que busca besos en quién no busca más que eso, entonces mis historias de amor son una burla al género y pasan a ser tragedias románticas en donde la chica se queda sola y el chico se queda con todas las demás, nunca solo, nada más que mal acompañado. Quizás cuando las luces se apagan y todos bailamos pegados a otros, no importe la soledad, aunque estemos mal acompañados por desconocidos, algunos intoxicados, otros falsos, o incluso enemigos encubiertos con risas y miradas críticas. Entre la fiesta y la euforia inventada la soledad no importa, la engaño, por unas cuantas horas, y se va de mí, me río de ella porque no está conmigo, la reemplazo por la música fuerte, bien fuerte, así aturde todo sentimiento negativo o toda lagrima que atente a caer. Quizás entre toda aquella pantalla, esa realidad alterna nocturna que tenemos, la soledad no importe. Pero el dilema es cuando estamos en silencio con nosotros mismos, solos con la soledad. ¿Qué se hace en ese momento? Ruidos, quiero ruidos, una voz, unas voces, caras, música, distracción, alguien o algo. Nunca silencio, por favor. Eso que pasa en la realidad donde cantando bailo y no canto llorando. Y otra noche, miles de caricias verdaderas fueron cambiadas por miles de besos traicioneros dados por un pirata del corazón. Sé que en la mañana no recordará mi nombre y que en la siguiente noche se olvidará del nombre de otra más. Pero es que entre estar solo y mal acompañado, ¿Quién elije a la soledad? 


martes, 17 de septiembre de 2013

Pequemos, pequemos


Distráeme luna azul que desvela a los más dormidos 
Desnúdame grito eufórico que aturde a los más sordos
Diviérteme canción descartable que levanta a los más caídos

Que hoy no tengo ganas de recordarte
Que mañana no quiero tener ganas de olvidarte
Y siempre puedo cantar y huir de mí, 
también de vos 
y tu recuerdo cantar,
huír de aquí, 
huit de todos.

¿Porque no cantar y vivir dos veces?

Que hoy no voy a sobrepensar
Que mañana no voy a lamentar
Y siempre puedo con todos ser 
y siempre puedo con nadie estar
y entre ninguno caminar
y entre todos siempre cantar

¿Porque no cantar y vivir dos veces, 
aunque sea a veces?

Pequemos hermosamente esta noche, 
porque nada más valdrá
pequemos esta noche
porque esta noche
no volverá

La euforia de hoy no me la quita nadie,
pequemos hermosamente hoy 
sin causa aparente 
con los hermosos y encantadores
pecados del infierno ardiente.







lunes, 16 de septiembre de 2013

Caminarse


Me aferro a una idea de lo busco y quiero. Porque ojos que no ven, corazón que inventa. Tengo un corazón creador de personas, gustos y miedos, y no sé que busco en vos o de vos. O que busco de mí y en mí. Necesitaría averiguarlo, pero es una necesidad precaria, sin apuros ni límites de tiempo o lugar, necesito averiguarlo despacio y de forma suave, cálida, y qué vos me guíes y enseñes el camino hacia ese lugar indefinido, qué no importa si tiene fin o destino asegurado, lo que más importa es el camino. Necesito averiguar que necesito, pero es una urgencia que quiero resolver a un ritmo lento y sin censuras.  No es una urgencia veloz que me desespere, es una necesidad fuerte, porque a la misma vez, me gusta saborear esta intriga de lo que podría encontrar y conocer en el camino que me muestres. No sé quien sos. Vos tampoco sabes de mí. Me gustaría conocer más de eso que sé y cuando conozca todo eso, conocer lo que nadie sabe, ni siquiera vos mismo.

Creo en la frase “para que nada nos separe, que nada nos una”, porque también, para que nada nos dañe, que nada nos provoque sentir amor. Y para que nada arruine este camino, mejor no recorrerlo e imaginarlo perfecto, dejarnos con esa idea, esa noción de fantasía desconocida. Pero, a veces hay que tomar riesgos, y caminar a pesar de las sorpresas con anticipos que uno sabe se va a llevar de él camino a recorrer.            



Mañana es nunca. Ahora es siempre. Caminemos hoy.             

                                      

sábado, 14 de septiembre de 2013

Estoy lista. Y es mentira.


Estoy lista para que me rompas el corazón, porque de todas maneras, inconscientemente, mi corazón lo busca; para aprender y crecer aún más que la primera vez que mi corazón se rompió. 
¿Este corazón esta sano y listo para seguir en el presente?
¿O este corazón esta roto y condicionado por el pasado?

No.
Este corazón no es un corazón, es mi vida, y dejándote entrar, te ofrezco la posibilidad que a ella la destruyas o acompañes. Hagas lo que hagas, tené en cuenta, que mi corazón no es un corazón, soy yo misma dañada, destruida, reconvertida y nueva, con algo de lo viejo, de lo espontáneamente clásico. Y si rompes mi corazón, me romperás a mi y a lo que soy, que de todas maneras, es lo único que tengo. Además de vos. 
Este corazón que tengo yo ahora, es mi vida, mi pasado, mi historia futura, mis deseos íntimos y más que nada mis miedos. Sobre todo mis miedos. No te lo regalo, ni te lo presto, ni te lo entrego. Solo te doy la bienvenida. 
Estoy lista para que llegues a mi. Y sí, es mentira.



miércoles, 11 de septiembre de 2013

Capuchas



"Quince mil desaparecidos, diez mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra que desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias, crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodistas, observador internacional. El secreto militar de los procedimientos, invocando como necesidad de las investigación, convierten a la mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límites y el fusilamiento sin juicio."

                   Fragmento de la Carta Abierta de un Escritor a la Junta Militar. Rodolfo Walsh, 24 de marzo de 1977.

El ESMA era el centro de detención clandestino más famoso de la Argentina, entre 1976 y 1983, funcionó desde un principio de Marzo de aquel año y no fue hasta el fin del oscurantismo que trajo la dictadura militar que dejó de ser un infierno en la tierra prometida. Los pasillos que conectaban las habitaciones de los secuestrados-desaparecidos, eran aún más tristes que los pasillos de hospitales, porque en estos últimos al menos hay lugar para las esperanzas,  que se entremeten en las paredes sucias o se escabullen en las visagras de las puertas, para que no las limpien ni las borren. En el ESMA, en cambio, las esperanzas no duraban ni la mitad de un segundo, los patotas las aniquilaban de un soplo, y si eran muy fuertes, de un balazo. Entonces llegó un momento en que las pocas esperanzas que acudían a esos pobres, no los visitaron nunca más, por miedo. Aunque, al fin y al cabo, los oficiales y cabos les tenían más miedo que ellas, porque las esperanzas hacen que todo circule, y no se detenga. Y sin ellas, llegó la resignación, luego el abandono, luego la nada misma de la nada total. Los pasillos se hacían cada vez más angostos, a medida que ellas se iban, y no regresaban. Solo quedaba oscuridad. Muchos de ellos esperaban la muerte o el exilio, y la esperaban cómo quién no tiene reloj: perdidos, desconcertados, nerviosos. ¿Que tenían en común todos ellos? Quizá nada, nunca antes se habrían cruzado, y no sabían de sus pasados, solo del presente, que aún así era borroso.

Dórrego (n° 56) en la habitación 135, con Páez (n° 55) y Ezeméndez (n° 54).
Dórrego fanático de Gardel. Paéz amante de Sinatra. Ezeméndez era sordo. 
Tangos.                                     Sinatra.                               Sordera. 
Buenos Aires.                           Córdoba                             Mendoza. 

La habitación, lo único en común. 

Cada cual en su mundo encerrado y oscuro, en las celdas de tortura, tan apretadas y sin aire fresco, se comunicaban por sonidos, rascando la pared o el suelo con alguna parte del cuerpo que se pudiera mover, o golpeteando el concreto, suspirando, silbando vagamente, sólo ruidos, que muchas veces no se podían escuchar porque los gritos o las maquinarias bulliciosas no lo permitían. Ezeméndez era sordo, les podría haber enseñado a todos ellos cómo se lidiaba con el silencio absoluto (entre ruidos), si es que el nunca saboreó una palabra dulce ni extraño una voz ajena. Páez lo envidiaba por eso. Dórrego le tenía pena, porque él nunca podría escuchar la voz de su hija o su esposa. Supieron que Ezeméndez era sordo cuando escucharon a los civiles. "El mudito", le decían. ¿Y si hubiera un no-vidente? "El cieguito". Aunque todos surgían como ciegos temporales, cerraban los ojos y veían oscuridad, los abrían y esa imagen se repetía. No había diferencia. Salvo que, con los ojos abiertos en la oscuridad, surge la desesperación, la necesidad de luz como urgencia, y surgen las ansias de correr para no ser detenido en el tiempo, y uno comienza a mirar para un lado y al otro, buscando una mano, una puerta, o cualquier cosa que lleve a la luz. Uno lo intenta. Menos el no-vidente. Esa oscuridad en la que estaba inmerso era su luz, porque siempre ignoró lo que es para nosotros luz, claridad, y brillo. Y quizás por eso se sentía menos acorralado, porque no se tuvo que "acostumbrar" a la oscuridad, él nació con ella, y no la repudia, quizás la quiere, muy en el fondo, porqué es parte de él, como su dedo gordo o su nariz. 
"El cieguito" era Molinares (n°120). Tenía el oído más agudo de todos, porque así sucede cuando la vista no existe. Por eso Molinares era el más desafortunado de los desafortunados. Escuchaba todo con más espanto. "Roxana, Roxana, Roxana...", y cada día con más fuerza, la voz más gastada, más ronca, hasta que un día no lo escuchó más. Molinares pensó que era un grito de auxilio, pero luego concluyó a que era un grito de resignación a la muerte, y un ultimo pedido en sus gritos: "Roxana, Roxana, Roxana...". Con amor. Voz fuerte, voz algo fuerte, voz tenue, voz liviana, voz cansada, voz pobre y cansada, voz de últimas voces, y luego, ninguna voz. "Quizás la parca es sorda, porque ante un grito así no se puede no tener piedad, no se puede..." pensaba. Ezeméndez ignoraba gritos, pero podía ver miradas, y esas sí que dan sentimientos por demás, y siempre diferentes, únicos. Y entonces la parca era algún súbito de Massera. 

Molinares (n°120). López (n°121). González (n°122).
Ciego.                       Roxana.            Padre y esposo. 

Molinares indagó y supuso que González era ciego, igual que él. Solo así era posible que no gritara cómo los demás ante la sorpresa de abrir los ojos y ver solo oscuridad. 

Molinares (n°120). López (n°121). González (n°122).
Ciego.                       Roxana.            Posible ciego. 
La habitación, lo único en común. 

El ESMA era un tatuaje no deseado, un lunar, una marca de nacimiento imborrable. 

González no era ciego: no gritaba por una sola razón: si abría la boca, iba a ser para gritar y llorar el nombre de su mujer (Raquel Rosales) y de su hija (María Julia González), en medio de ese ambiente de horror y sufrir, el nombre de lo más importante y sagrado. Por eso no gritaba, porque si se le soltaban sus nombres de la boca, se irían al aire o a la pared, y allí, los aniquilarían, al nombre de su mujer y su hija, porque así le hacían a  cualquier cosa que diera esperanzas