domingo, 1 de diciembre de 2013

Última bocanada de aire


Sentís el frío apoyarse en la planta de tus pies, como se arremete entre tus dedos, y te causa escalofríos, tus piernas se balancean hacia delante y atrás, y tus uñas tienen vértigo. Tus manos bailan, haciendo equilibrio, con miedo en las puntas se ondean, y toda la parte de tu pecho se ensancha, luego se hace pequeña, y luego gigante de vuelta, todas tus respiraciones se vuelven nada, son las ultimas, son nada pero al la vez todo. Una respiración más, una muerte más. Tus pestañas se mueven al ritmo del viento, y tus ojos no se quieren abrir hasta terminar de absorber la ultima bocanada de aire fresco, limpio, puro, todo eso que es contrario a todo aquello que hay adentro tuyo en ese momento. La luna te mira testigo, la única testigo presente, no sabe si llorar lluvia o ocultarse atrás de las nubes nocturnas que se asoman para verte. Esto ya no es un juego, como en ese vídeo musical que tanto te gusta. Siempre fuiste más oscura que el negro color, pero no eras maligna como gato negro, más bien eras un tono elegante que sensualmente era único. 
Una ultima mirada al cielo oscuro, y sé que elegiste la noche porque todo de ella siempre te parecía extraordinario, su belleza, sus secretos, su soledad, su personalidad. La osa mayor, la menor, más allá las tres marías, y esa que parece la Cruz del Sur está más brillante que nunca. Mucha iluminación mata a la natural hermosura de la noche en la ciudad, aún así, ese será tu ultimo paisaje. Inhalas. Fuerte. Rápido. Ahora vas lento. Te dejás caer hacia adelante, y tus brazos abiertos parecen abrazar a ese vacío que ahora se completa con tu densidad y se hace un todo lleno de nada. 
Mientras caés, sentís una sensación extraña pero conocida: cuando te caías de la cama y mama te decía tranquilamente: "Ya pasó, solamente un golpecito, no llorés más, volvé a dormir". Ahora mamá no te mandó a dormir, pero supongo que hiciste de ella por ese segundo, y te dijiste a vos misma "A dormir...", porque únicamente así los problemas se iban: solo si vos te ibas. 
Sentís un dolor que pasa a ser tortura, y de a segundos no sentís nada, porque el dolor te fatiga todo el cuerpo y se va durmiendo. Escuchás voces. ¿O es música? Tal vez ambas. Ves una luz rara, amarilla, que no encandila pero ilumina todo. "Ya pasó, hija, solamente un golpecito..." y después, la eternidad desconocida, que preferís no revelarme, porque ese es un secreto que ni en los sueños se puede decir. 


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