martes, 18 de diciembre de 2012

Carolina



Se levanta la mañana y Carolina se prepara para llevar a sus hijas a la escuela. Madre soltera, apenas puede mantenerlas y sustentarse económicamente. Les prepara el desayuno con lo que tiene a mano, hace unas maniobras para que el agua no hierva en la pava y que las tostadas no estén quemadas, como siempre. Sale de la casa, y en su humilde bicicleta lleva a Martina y Fernanda a la "Escuela N° 38 Justo Daract", están a penas en su primer año de escuela, la vida les sonríe sin tener problemas mayores que tener tiempo para ver su programa favorito de la tv y poder abrazar a su mama cuantas veces puedan. Carolina, es completamente el antónimo de "felicidad", la tranquilidad no la viene a visitar hace bastante. Desde hace 2 años, que su marido las abandono a ella y a sus dos hijas, tuvo que enfrentarse al mundo como venia, la llevo por delante, pero vaya a saber de dónde saco tanta fuerza para levantarse, y lo hizo eventualmente. Hace 1 año recién apareció su madre, a ofrecerle esa ayuda que le hacía falta a Carolina hace rato, por orgullo ella quería darse la vuelta y negarse a aceptarla, pero la necesidad era más poderosa y cedió por la fuerza. Como todo en su vida. La madre de Carolina, cuidaba a las nenas desde la tarde, cuando iba a buscarlas al colegio, hasta madrugada, cuando Carolina se iba a trabajar. Thelma sabía lo dura que podía ser la vida a veces, y las formas impensables por las cuales uno podía enfrentarlas. Su esposo la dejo cuando inesperadamente quedo embarazada de Pablo, el hermano mayor de Carolina. Parecía que el abandono era una moneda corriente en la vida de las mujeres de esa familia.
"Ya se está haciendo muy tarde, ¡miren la oscuridad que hay! Entren a la casa ya, mañana siguen" Gritaba indignada Thelma para que las nenas entraran a la casa a cenar lo que había comprado con la poca plata que Carolina que le daba, ella secretamente ponía algún que otro peso. No se lo decía, lo hacía a escondidas, su hija era tan orgullosa que no quería mas ayuda de la que necesitaba.                                                                                                                                                                     

"Yo me voy a bañar. Vos hace que terminen de comer y mándalas a dormir, que vean alguna película que les guste" Le decía al oído Carolina las ordenes usuales. Se escuchaba el ruido de la ducha y Thelma empezó a levantar los platos para lavar todo a tiempo.
"Bueno, ya es tardísimo, ¿Que hacen despiertas?"
"¡A la cama!” Martina y Fernanda corrían hacia su habitación jugando a quien llegaba antes. La pieza era chiquita, un velador sobre la mesita de luz, dos camas de una plaza y un pequeño televisor que antes poseía Carolina, era todo lo que vestía ese cuarto de cuatro paredes rosadas.
-"¿Mama se va a salvar el mundo de nuevo? ¿No se puede quedar un ratito más?" Le decía con toda inocencia Martina a su abuela.
-"Si, porque no va otra mama, yo quiero a la mía acá!" Le acompañaba refunfuñando su hermana Fernanda, haciendo que Thelma las mirara con una mirada tan dulce y añoradora que te hacia sonreír.
-"Ya se los dije miles de veces, mama está salvando el mundo para que su futuro sea mejor, ahora traten de dormir"
Procedió a apagar el velador rojo y dejar la puerta entrecerrada para escuchar si algo pasaba ahí dentro durante la noche.
-"¿Ya está? ¿Se durmieron?" Le preguntaba Carolina, mientras se terminaba de abrochar el zapato y tambaleándose trataba de terminarse de peinar.
-"Si, estuvieron todo el día jugando, están agotadas" Le respondía algo cansada Thelma a su hija. "¿No te cansas? ¿De que todos los días la mentira se repita? ¿De tener que hacer estas cosas para conseguir un poco de plata?  Sabes que yo no tengo mucho, pero con lo mío alcanz...-"No mama, basta, dijimos que no me cuestiones o te vas de la casa. Esa fue la condición siempre." -"Es lo que yo opino, aunque no te import-"¿Qué? ¿Te pensas que a mí me enorgullece y disfruto de mi trabajo? 
 No tengo ganas de hablar mama, voy a llegar tarde, sabes a qué hora vuelvo. Nos vemos después, dormite"                                                                                                                                
Carolina se ponía taco aguja y ropa que no le gustaba, pero que la vendía bastante bien.
Carolina era iluminada por ese foco de luz amarilla en la esquina todas las noches de frió helado.                                         

Carolina pasaba horas parada esperando que alguien pase y la compre, para así después comprar comida.
Carolina se odia a si misma todas las noches.
Carolina pasa las noches frías de invierno y las noches cortas de verano en la vereda de la Calle 25 de Mayo.
Carolina es esa puta, que en vez de gritar de placer, grita de dolor todas sus noches de agonía.



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