viernes, 15 de noviembre de 2013
¿Jugás?
Abrazar un muñeco de la infancia, tan fuerte que el olor a tierra y risas se desprende de la tela, y cerrar lo ojos, pensar que presenció mis primeras palabras y sonrisas de bebé, llenas de esa inocencia que no se encuentra nunca después de los gloriosos 5 o 6 años. Después de esa edad no nos dejan llorar mucho, como antes, y entonces guardamos esas lagrimas para cuando nos raspamos las rodillas o algún capricho. A medida que pasa el tiempo, esas lágrimas se guardan más, ahora ni siquiera lloramos para que nos cumplan caprichos, quizás solamente nos dejen llorar cuando nos golpeamos fuerte, pero en ese "golpearnos fuerte" no hablamos de temas del corazón. Te miran como bicho raro, y quizás te digan el famoso "Hay cosas peores", pero para vos lo peor es eso que estás pasando. Sin darte cuenta ese "fin del mundo" que te hizo lloriquear a escondidas, pasa. Y volvés a guardarte las lágrimas, porque están marginadas al lado de las sonrisas, tan bien vistas, tan alagadas, tan necesarias para la empatía. Al parecer la tristeza está mas juzgada que la felicidad, aunque sean sentimientos. El adulto llega a un punto en que ni siquiera puede llorar para sí mismo, porque él solo se juzga y se siente humillado, chiquilín, "¿para que llorar por esto?" o "ya estamos grandes", y entonces el adulto llora muy poco, o capaz algunos ni tiempo de eso tienen, tan ocupados con la rutina y el trabajo. Los sentimientos después, más tarde, eso no importa, y todo eso se va reprimiendo adentro, molestando a todos los órganos, y ni se dan cuenta, porque es muy difícil entre tanto ruido y sueño. ¿Querés llorar por dentro? ¿Por fuera? ¿O simplemente sentir sin querer? Abrazá a ese muñeco de la infancia, mirá esa foto de tu papá o mamá, escucha la introducción de ese dibujito animado que mirabas a la tarde, algo que te conecte a esa época miniatura en la que la mayor preocupación era tener un compañerito con quien jugar o simplemente jugar. Porque la vida es eso: jugar. Solo o acompañado, pero jugar el juego hasta el final.
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