viernes, 20 de diciembre de 2013

"Argentinidad"



Mara mira por la ventana y contempla una Argentina que la desapega de todo nacionalismo latente y diminuto que haya tenido antes, cuando ve que en las paredes hay graffitis insultando a compatriotas, que más que eso son hermanos, compañero de tierra, quién sabe si traidores o no, pero hermanos, y a veces los hermanos se pelean o tienen desacuerdos, también, hablan mal del otro, pero al final del día, la hermandad tiene que seguir porque es casi una obligada unión, como cuando compartimos banco en la primaria, y entonces nos llevamos bien de a ratos y de a otros somos falsos, algunos, indiferentes. Se seca la vista de esa imagen y va hacia los canillitas de la esquina o a la bandera más atrás flameando como en una película, parece tener vida propia, y gritar “acá estoy, soy suya, son míos, somos nuestros” aunque con voz ronca. Mara escucha. Prende un cigarrillo y tira el humo en aire compartido. Prende la radio y escucha las noticias tristes del día, parece que las noticias felices no tienen lugar en los titulares, y las pocas que hay concurren en el nacimiento de animales en cautiverio o alguna otra pavada amarillista. Mara se pregunta, a veces, que es la patria, y le gustaría volver a la primaria, ahí donde preguntan esas cosas, donde todavía tenés inocencia, lo que también puede ser ignorancia. Siempre contestaba que la patria era la bandera, o la escarapela, o el amor a alguna de esas dos. Pero era algo más. Más que Belgrano o que el himno. No era querer a una cosa, ni siquiera era querer. Era amor abstracto que recién se sentía en épocas de exilio o de atentado. Recién cuando la patria estaba siendo amenazada, recién ahí venia el amor, la necesidad de querer abrazarla, consolarla, curarla. No sabía si la patria era un sentimiento, una pasión, o una ilusión del corazón, ni si existía en todos, o solamente en algunos. Pero tenía que existir, en algún lado estaba escondido ese significado de patria, porque alguien invento esa palabra, y a toda palabra se le da un significado. A veces lo palpaba cuando veía que los otros miraban partidos de futbol y gritaban. Pero eso era más amor al futbol, se repetía. Otras, lo escuchaba gritar de dolor cuando escuchaba algún relato de Malvinas. Cuando escuchaba Costumbres Argentinas y La Argentinidad Al Palo. Cuando su abuelo escucha tango o una zamba. o se leía en poemas que rimaban en actos del colegio. Pero ella pensaba que nosotros no éramos yanquees que tenían un 4 de Julio. Teníamos al 25 de Mayo o al 9 de Julio, también el Día de la Tradición. Pero en ningunos se olía la patria. Piensa que hay que imitar ese nacionalismo yanquee, pero no tan al extremo. Igual Mara lo piensa y se ríe. La patria estaba ahí, mendigando amor en los disfraces de damas antiguas o aguateros, en los actos infantiles, entre las bolsitas de escarapelas, al borde de la cornisa del cabildo, en alguna estrofa del himno. Igualmente, siempre, existía. Estaba ahí. Mara prepara el bolso, tira unos borcegos negros, y todas sus remeras favoritas, las que no lo son también, más ropa para nombrar, y en fin, todo listo. Tira el cigarrillo por la ventana porque ya le estaba quemando los dedos el filtro. Se lava la cara y del espejo se sigue viendo la bandera a lo lejos (¿la estará despidiendo?) Sonríe, no sabe porque. Antes de marchar, un último tour por la casa. Antes de despedirse uno trata de impregnar el recuerdo en la memoria, y que la despedida quede, ¿Por qué queremos guardar despedidas si tanto las detestamos? No sé, será porque necesitamos un final asegurado para todo eso que se nos va. Mira, escucha, siente, huele, toca. Hay ecos rebotando y aunque sea un espacio confinado sin significado, se vuelve como la boca de un enamorado, y no la quiere dejar ir. La casa no la suelta, porque aunque no haya nada de Mara adentro, sigue ella ahí parada, todavía no se fue. Parece que se besan, o tratan de intercambiar un abrazo telepático. Unos pasos atrás, y sus pies pisan el pasillo: ya no está en la casa, su casa, sus pies ya no están, ya Mara se fue. Adiós Casa. Fue una despedida rápida, sin lágrimas, pero la casa lloro unos días hasta que encontró colgada en la pared una de las fotos de Mara. Y se quedo mirándola por meses. Mara está yendo a pie y paso lento al aeropuerto, se fue a pie aunque eran más de 30 cuadras. Se dedico a observar todo por última vez, hasta eso que alguna vez detesto, o lo que nunca había notado. Parecía una turista más. Hasta tenia curiosidad del país en el que había convivido hace más de 20 años. Algunos se van sin haberlo visitado todo, completo, hasta la última colina o valle. 20 años y siempre en el mismo lugar, ni siquiera tuvo tiempo de apreciar el lugar en donde estaba siempre, menos lugares que estaban a kilómetros de distancia. Llega al aereopuerto, pisa los primero escalones, y siente que le tiemblan las piernas. No le sale llorar pero algo le pasa adentro, muy adentro, a flor de piel. El ultimo suelo Argentino que pisaba, pero la patria no era solamente suelo, era mucho más, era la hermandad que unía el suelo, la libertad que mandaba al pueblo, el orden que reinaba, no solo el suelo, porque el suelo es tierra sin nombre, y cuando a esa tierra se le da un nombre, nace la patria, y cuando la patria encuentra a un hombre, nace el amor. Y entonces borro por unos segundos la corrupción, el engaño, el fastidio, la guerra, la decadencia, y toda la maldad que aquellos que lideran suelen tener hacia la patria, hacia al suelo, hacia nosotros. Unos segundos sin malicia, unos segundos de solo lo bueno y nada más que lo bueno. Pero, después, descubrió que la patria también era todo lo malo, todos los sufrimientos, todos los sacrificios, todas las luchas, todas las caídas y todas las muertes. Entonces, la patria era todo: la muerte, un niño, el amor, la codicia, la humildad, el odio, el sentimiento, la frialdad, la lucha, la paz, la victoria y la derrota, entre otras dualidades infinitas. La patria se sentía cuando uno se iba, o cuando lo echaban, pero, la patria nunca nos dejaba, porque siempre que se iba, en verdad no se iba, nosotros la dejábamos por ahí, o nos olvidábamos de buscarla, pero nunca se iba. Era el lugar en donde queríamos morir, porque pese a todo, era un hogar, una madre postiza, una tierra con alma, una democracia. 
La patria era libertad.                                                              
Horas después, Mara arriba en Barcerlona. Ella no estaba en su patria, pero seguía sintiéndola igual. La patria, era amor. Un último adjetivo que la definía en claridad. 


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