“Extrañadores”
Lunes 15 de abril
Estoy distraída, despistada, desconectada, dispersa, y a la
vez inmóvil, enojada, desganada. Me atacan repentinos momentos en los que tengo
ganas de llorar, de gritar, o de irme lejos. Estoy bien y luego de dos minutos
estoy mal de la nada. Bueno, así es cuando lo extraño de verdad, a el. Pero es más
que extrañarlo, y para entender mi forma de extrañar, lo voy a explicar así:
Cuando uno extraña a alguien, pero aun así sabe que lo volverá
a ver a ese alguien, en un lapso corto o largo de tiempo, cuando el tiempo ese
se disponga o desee, cuando el extrañador o extrañadora sufre la distancia y la
espera, y sabe que ese desencuentro se romperá, cuando lo tiene definido, cuando
sufre la nostalgia en forma de persona, cuando añora una fecha, la fecha del
nuevo encuentro pautado, cuando el extrañador o extrañadora tiene una persona
lejos pero también tiene la certeza de que esa lejanía se transformara en piel
a piel, ahí es cuando existe lo que yo llamo: El extrañador pasajero, aquel que
sale de la tragedia de la distancia con suerte. Ahora bien, luego está el
extrañador que extraña a una persona, pero no sabe si su pena es mas por la
inestabilidad del tiempo indefinido, o si es por la persona extrañada. Luego de
ese primer cuestionamiento, esta clase de extrañador, se da cuenta de que es
por ambas razones. Este es, el extrañador indefinido. El extrañador que sufre más
que el otro, el pasajero, simplemente porque este primero, no tiene siquiera
una fecha que añorar, si no que anhela la llegada de una fecha que añorar,
porque este extrañador no tiene fecha limite que acabe con su distancia, no
solo se lamenta por la pérdida de la mirada con el otro, si no que lo hace mas
por el amargo sabor que tiene la incertidumbre de su vuelta, porque ni siquiera
tiene eso, llora mas por aquella incertidumbre de su vuelta que por la
seguridad que era su ida. Este es el extrañador mas sufrido. Y ese es el papel
que me toca tomar la mayoría del tiempo. A veces hago de extrañadora pasajera, pero recién después de vivir en carne propia lo que es ser
extrañadora indefinida, llegue a apreciar ese lapso de tiempo ya pautado para
volver a verlo, a esta miseria de tiempo inseguro que no sé cuándo tendrá fin.
No sé hasta cuando tendré que hacer de extrañadora indefinida, pero solo sé que
es una tortura considerable del amor.

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