Me aferro a una idea de
lo busco y quiero. Porque ojos que no ven, corazón que inventa. Tengo un
corazón creador de personas, gustos y miedos, y no sé que busco en vos o de
vos. O que busco de mí y en mí. Necesitaría averiguarlo, pero es una necesidad
precaria, sin apuros ni límites de tiempo o lugar, necesito averiguarlo
despacio y de forma suave, cálida, y qué vos me guíes y enseñes el camino hacia
ese lugar indefinido, qué no importa si tiene fin o destino asegurado, lo que
más importa es el camino. Necesito averiguar que necesito, pero es una urgencia
que quiero resolver a un ritmo lento y sin censuras. No es una urgencia veloz que me desespere, es
una necesidad fuerte, porque a la misma vez, me gusta saborear esta intriga de
lo que podría encontrar y conocer en el camino que me muestres. No sé quien
sos. Vos tampoco sabes de mí. Me gustaría conocer más de eso que sé y cuando
conozca todo eso, conocer lo que nadie sabe, ni siquiera vos mismo.
Creo en la frase “para que nada nos separe, que nada nos una”,
porque también, para que nada nos
dañe, que nada nos provoque sentir amor. Y para que nada arruine este camino,
mejor no recorrerlo e imaginarlo perfecto, dejarnos con esa idea, esa noción de
fantasía desconocida. Pero, a veces hay que tomar riesgos, y caminar a pesar de
las sorpresas con anticipos que uno sabe se va a llevar de él camino a recorrer.
Mañana es nunca. Ahora es siempre. Caminemos hoy.

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