martes, 14 de octubre de 2014

El Ardid


Nada en aquella distancia habría de ser, porque nada somos si no fuéramos esa distancia que ahora es nada. Aquella mañana me tocó verlo de espaldas y aun así no le dije nada, ni al oído ni de frente, solo me tocó verlo, porque a mis ojos se le otorgo dicho paraje aunque no, no quisiera que así fuese si yo tuviera elección alguna en ese azar caprichoso que siempre se empeñó en unirnos, ese azar populoso e imaginario que quizás, creaste a tu imagen y semejanza, pero dudo que así hubiera sido, porque nunca te resulto tentador el poder de crear desde lo humano. Era difícil, en retrospectiva, hacerte llamar la atención desde un punto atractivo, aunque, graciosa era tu visión de lo bello, a su vez, tan plana y solo hasta la punta de tu nariz. Y allí en mi punta estabas y a mí me tocaba verte. Siempre así, tocando tu esencia algo mío y allí apropiándose ella. Me tocaría ahora bien, ser presente de un pasado, un pasado colectivo que no es mío ni tuyo, es de lo que fue en ese entonces yo, y de lo que eras, un pasado menos maduro y un pasado, por ser pasado, que trae remembranza, ser presente, ahora bien, de verte dirigiéndote hacia Plaza Central con el diario en la mano, y en realidad verte caminando en bata hacia nuestra habitación, y aun así esa imagen del pasado sería una imagen que nunca vi, porque yo en ese entonces habría de estar en la habitación hacia donde te dirigías con el diario, que ahora es Plaza Central y antes lo contiguo a mi brazo desnudo pero tapado con las sabanas. Y ahora te sigo con la mirada correr despacio, ese correr despacio esquivando señoras que transformo en cuando llamaban por teléfono y corrías lento en derredor del living hasta que finalizaba la voz del otro lado, porque no, quedarte quieto jamás, estático no era una cualidad y menos cuando llamaban por teléfono; y mientras vas corriendo-caminando con el diario en la mano, en realidad arrojas el diario porque ahora ya gesticulando estas, ya no más hacia Plaza Central sino en derredor del living y hasta el patio, gesticulando con la mano izquierda y haciendo remolinos con ella hasta que la palabra exacta que buscabas saliera, y salía y derecha de nuevo la mano nerviosa estaba, esperando un nuevo movimiento para exagerar la voz, aunque del otro lado no te veían. Observo que ya en mitad de Plaza Central buscas con la mirada perdida, que en realidad no es mirada perdida con traje y corbata sino mirada perdida de cuando sentado a mi derecha estabas, yo semidormida en la cama, y vos paralelo, sentado y perdido con la mirada, buscando quizás el despabilarse, pero ahora ya trajeado y buscando quien sabe que en Plaza Central, ya no más en la habitación, a mi lado, yo en la esquina y vos en el centro; y allí observo que encontras lo que estabas buscando: no era despabilarte. Era un despabilar que ahora tenía un rostro y un torso, y un nombre nuevo que quizás no haría juego con el tuyo como lo hacía el mío, pero al fin y al cabo un nombre que significaría algo en tu presente, ya no más vos buscando despabilarte con la mirada perdida contiguo a mi brazo sino ya vos encontrando aquel rostro y aquella boca y besándola como aquí en el presente no acontece pero en el pasado, luego de que encontrabas despabilarte, me besabas cuando yo semidormida estaba, y luego, si, traje y corbata, y a Plaza Central, pero la diferencia, ahora yo espectadora en la esquina, ambos amantes en el centro , y aquella distancia. 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Reencarnación


Bien que podría haber espiado por la otra ventana, pero no, mire hacia la ventana de la izquierda; ya tosco era el ambiente y en el yo me deslizaba, tratando de esconderme de la miseria, tratando de pasar desapercibido en frente de ella, para que no me tome de la mano y me invite un café en plena madrugada, pero que de discusiones habría de tener con Miseria, todas para que me deje libre, para que ya no le resulte apetitoso, mezquinarle azúcar para el café, o mirarla con desatino, serian mis planes. Día a día me camuflaba entre inviernos, y de un otoño, un eterno otoño irremediable, un otoño que no es plural sino un lamentable singular otoño estación. Las idas y vueltas al hospital, los meses de vida y larga vida a los calmantes, las miradas de ida, las muecas lastimosas, y un tibio mediodía lleno de allegros y penurias de violines. Un pianoforte en la entrada de la casa, su antigua academia de música, las partituras elegantemente posadas sobre el roble lustrado de polvillos, el sol rebotando hacia las finas teclas de blanco mármol, luego a por el título encuadrado de mecanografía del 75’, y por ultimo a un tímido cuadro, que antes se lucía en las paredes celestes de la habitación, ahora medroso detrás del sillón forrado de cuero grisáceo, ¿cómo habría resultado aquel destino trágico?, ¿cómo del fotógrafo entre codos disparando la cámara, pasaría al cuadro firme y mediano en blanco y negro listo para salir de la tienda en los brazos míos, y de allí a lucirse en las paredes? Ahí a esperar el cuadro para que el primero en entrar vea como aquel perfecto pliegue era precioso, como aquella punta era divina, y de que forma la graciosa belleza resaltaba el arte del movimiento artístico que era bailar refinadamente; por último, de esa instancia magnifica, pasar el cuadro a tímido mostrarse olvidado detrás del sillón principal, mostrarse oculto, vislumbrándose solo aquel aristocrático peinado francés de la dama protagonista de la fotografía.                            
Murmurando desperté, había soñado o más bien divagado, tiempo inestable, por lo que escatimaba la lumínica actitud que despierta el sol que abre paso al recibimiento del nacer de las pequeñas flores rosas, con rocío intentan respirar al son de las nubes, tratan de, al contrario de mi actitud, hacerse notar entre todas las flores, para que los rayos las conquisten y respirando puedan seguir, sin embargo, aunque pocos se percataban de esta gran batalla, inclusive algunas veces yo mismo, ellas seguían allí, firmes, al igual que el árbol de frutos que la esquina del patio cursaba su violenta y a veces, entre vientos y densos calores donde no sopla ni un suspiro, amena vida silvestre, seguían allí ellos decorando el patio trasero de la casa, como la primera vez que los plantamos. Murmurando por lo bajo, luego del baño y la cocina, el gato cirquero logro entrar por la ventana, y lo seguí hasta la ventana de la izquierda, y allí me detuve, entre la tela mosquitera y la hasta la mitad puesta cortina azul, la ventana a mi favor, me dio la vista perfecta, y yo aún seguía con mi plan de quedarme adentro leyendo el diario viejo debajo del televisor, pero debía seguir esos pies inocentes, debía seguirlos como aquellos seguían descalzos el camino marmolado de cemento y piedras que atravesaban el jardín, como aquellos rozaban sin aparente dolor alguno el suelo y firmes en la tierra estaban, en el cemento pisaba el pie plano, y yo debía seguir aquel par de pies planos, aquellos pies que aún no habían conocido ni un tercio del mundo, que aún no habían pisado sus confines destinados, aquellos pies casi de bebes, pero a la vez, pies maduros, pies decididos, pies planos y llanos al igual que quien los portaba con clase y altura; sigilosamente, y sin hacer ruido, me escabullí hacia el comedor principal, atravesé la puerta, la puerta de tela mosquitera que con llave estaba, y una vez en el jardín trasero, me vi desnudo frente a ese tosco mundo frente al cual había querido pasar desapercibido, ahora el veía mis vergüenzas y yo veía sus deleites, unos pasos hacia la derecha, y llegaba al sendero de cemento que cruzaba en diagonal, no sin antes pasar por la mesa gigante del patio, resguardada por la enredadera hogar, y allí, el sendero, y allí, los pies se me sintieron sin callos, los pies se me sentían libres del sudor del hacinamiento, los pies se me resplandecían de inocentes y aunque no eran planos eran pies descansados, pies nuevos, un par nuevo de pies, unos pies temerosos del camino, y las piernas que los portaban a su vez se sintieron aún más aliviadas, eran más flacas, más lampiñas, con menos carga de la gravedad, eran menos densas, sorprendentemente las mismas cualidades compartía ahora el torso, delgado, ni tan descuidado ni tan tallado a mano, y hasta las manos ahora podían sentir más, hasta ellas parecían tener menos lagunas tridimensionales, lucían menos laboriosas y más predispuestas a ser aún menos ásperas y arrugadas, pero los pies, aquel soporte plural, los pies calzados míos estaban, pero aquellos pies desnudos no pude entrever entre las hojas de las plantas altísimas, seguí el sendero, el corto sendero donde debía encontrar los pies planos, y no conseguí victoria, me propuse ahora sí, caminar por la continuación del sendero, por detrás de las plantas altísimas, que más que senderos eran una certeza de laberinto escondido, caminaba con mis nuevos pies, y continuaba caminando, parecía que ahora la noción del tiempo se desvanecía como debajo de mis ojos se desvanecía el cansancio, y continuaba caminado, hasta que encontré los pies, estirados como truncando mi camino, solo las piernas y los pies se notaban, con un aire a sorpresa pude encontrarme con los ojos sanos, con aquellos ojos felices que ya no recordaba, y con la fina tez de un ángel que solo deja sentirse cuando dormido se queda tendido a tu lado, y una laguna morena espesa que caía hasta la cintura, virgen laguna espesa y morena repartida en hilos que en tumultuosas ondas caían hacia un abismo que, a pesar de ser abismo, resistía la caída de la laguna, y la mantenía delicadamente hasta la cintura, para dejarse lucir, entre curvas recién nacidas y un torso, ahora sí, tallado a mano. Tomando mis palmas y las suyas, quiso probar la veracidad de ese encuentro ahora ya no más encuentro sino victoria, la había vuelto a encontrar, ahora inocente, dulce, prematura y primeriza, se denotaba en la sonrisa que las peripecias aun no eran colectivas y que los dolores se podían calmar con melodías de piano, que los sueños florecían en las mejillas rojizas y que bailando se podía ahuyentar al mismísimo dolor; ambos nuevos y ambos pies limpios, pero una pequeña diferencia, ella no sentía las piedras del sendero lastimarla aunque estaba descalza, no sentía mi palma verdaderamente, y no podía apreciar el frio entre los lunares de sus brazos desnudos, porque no sentía la molestia y no podía sentir, pero allí se lucia, y yo me lucia, y ambos encantados de volvernos a conocer, no hablo ni una sola palabra, al principio solo me pareció digno de la sorpresa, asi que no le tome importancia y solo me deje llevar por ese brazo aventurero que corría por el sendero del patio, detrás de las plantas altísimas, y yo vivaz corría detrás de aquel brazo y la portadora vestida de un blanco mármol, que daba aire a tecla de piano, corríamos a ritmo y paso por el sendero, y ella reía y yo reía porque no había razón para no reír y correr al mismo tiempo, como tiernos infantes que huyen de algo que todavía no conocen, de un enemigo que aún no tienen, de un lugar del cual todavía no se quieren ir, quizá yo quería huir, pero ella no podía, asi que quizá solo quería volver, como entre las plantas y el sendero del patio habíamos vuelto a ser puros y castos, a brillar las dentaduras y a lucir la epidermis sin venas superpuestas, habíamos vuelto al reencuentro y al encuentro con la misma inocencia digna del impúber, y seguía corriendo, y la laguna arriba cerca de la cintura rebotaba en un vaivén animado, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, y volteaba a verme y a seguir riendo, y corriendo, hasta que en un momento se detuvo, casi cuando el sendero ya se proponía terminar en la tierra mojada del patio y las flores rosas, se inmovilizo, dejo de correr, no piso la tierra nueva, y se quedó en el asfalto, me hizo posicionarme enfrente de ella, posar mis pies cubiertos en la tierra mojada, y ahora ella detrás de mí, me cubrió los ojos con las palmas de sus manos, y escuche el mismo último suspiro que había escuchado aquella vez en la habitación blanca y tosca de hospital, donde conocí por primera vez el sentimiento de vacío, donde aquel último suspiro llego a mis oídos desde la habitación hasta la sala de espera, y, casi sin darme cuenta, largue un suspiro anticipando las futuras noticias, su último suspiro, cargado de pena y silencio eterno, volvieron a escuchar mis oídos ahora nuevamente desgastados, mis pies ahora con callos y áspera piel, mi torso ya nuevamente descuidado y malgastado por el clima y los años, toda mi totalidad perdió inocencia alguna a raíz de aquel nuevo último suspiro que implícitamente era el mismo último suspiro que soplo en la habitación, solo que ahora volvía a golpear de mis lóbulos a mis tímpanos, y apenas el aire caliente de la respiración y el sonido tenue llegaron dentro mío, sus palmas sobre mis parpados ya no estaban, di la vuelta, y no había silueta alguna, solo estaba el sendero y las plantas altísimas, y yo parado sobre la tierra mojada, nuevamente añejado, en el patio trasero de la casa. Volviendo del sendero intente localizar nuevamente el milagro, pero ya la fe no me encontraba y yo no encontraba sus pies descalzos, nulos de dolor y años, recorrí el camino exacto unas seis veces, y a la séptima, rendido volví por el sendero hasta la puerta de tela mosquitera, saque la llave de mi bolsillo, la abrí, luego pase la puerta de madera, y nuevamente adentro estaba, aturdido por el clima ahora surtiendo efecto en el cuerpo, me senté en el sillón de cuero gris pálido, ahora ya en la academia, de frente, el pianoforte se percibía solitario, y en un intento desesperado de hacerlo sentir tocado, lo observe con recompensa, y al final una sonrisa que dignificaba su buen trabajo, había sonado durante décadas, y le había dado a la casa un aire sofisticado, pero fuera de lo estético, las melodías que sonaban en las tardes en la academia, no solo tocaban las paredes celestes, sino también las plantas altísimas del patio, las flores recién nacidas, los pequeños cuadros de la estantería, y el espacio entero, hasta llegar a los rayos del sol que cada mañana rebotaban en la academia entera. Observando el pianoforte, me levanto del sillón para irme, cuando veo que un rayo encandila una tímida pieza detrás del mueble grisáceo, una luz potente llegaba hacia el rostro de la fotografía, me agacho para tomarlo, y allí estaba de vuelta, esos pies inocentes y limpios, esos pies tibios y fuertes, que soportaban peso y carga, pero que no decaían, y en aquella pubertad no solo había madurez sino también elegancia, pero aun asi, la dulzura, la ternura en esa esencia pura dejaba entrever que aún era lozana. El reencuentro en el sendero había sido un intento de redención, un último vistazo a la limpieza de su cutis y el candor de sus pupilas, un encuentro celestial con su alma, no su cuerpo, porque su cuerpo ya no estaba, por lo que tampoco sentía y por eso descalza no percibía el dolor; un cruce con aquellos tiempos máximos de los tiempos en donde nuestras inocencias coincidían y podíamos ser nosotros mismos, caminar juntos, sentir nuevos dolores e ir perdiendo acompañados aquella frescura en la sana actitud. Un reposo dentro del caos, una tregua entre la pérdida y el dolor, una máxima redención desesperada para que en un simple acto, yo concluyera en la más efímera y sensible acción, de volver a situar la fotografía en su lugar, en lo más alto de las paredes celestes de la academia, arriba de la ventana principal, tome la pequeña escalera del galpón, y subí, casi hasta el cielo, para que la dulce bailarina volviera a su oriundo lugar, de donde nunca se supo ir y de donde nunca la debí bajar, me fui de allí, satisfecho y sorpresivamente calmo con el reencuentro con ella, dándole un significado útil a aquello que no tenía posible explicación, porque apetecemos de la relevancia y no podemos convocar que la razón no encuadre a la realidad. Pase el cuarto contiguo a la academia, con la escalera pesada en brazos, feliz de haber hecho mi cometido; paso a la cocina y de allí vuelta a pasar la puerta de madera, y luego la puerta de tela mosquitera, y de allí al patio, me dirijo hacia el galpón del fondo, al lado del árbol principal, y dejo la escalera entre los escombros y latas olvidadas de pintura, el gato paso por mis piernas y volvió a entrar a la casa, animado nuevamente por mi impulso de no permitir que consiga entrar, lo persigo y se posa en la ventana de la izquierda en la pieza matrimonial, y, entre la tela mosquitera y la cortina azulada, veo sus ojos negros felinos, su pelaje moreno y su rostro inocente lleno de júbilo.

domingo, 17 de agosto de 2014

Naturaleza muerta


Pese a que las ramas acompañaban, bien sabia yo que más que nada estaba solo. O quizás yo mismo me impregne esa condición  desde pequeño. Nadie nace con nadie, todo pasa, hay que soltar y no atarse. Pese a esos monólogos tan convincentes que rozaban lo político, pese a que a veces la gesticulación y las miradas al párpado intentaban dar certeza y precisión, resulte ser el apego mismo, el eterno buscador de un principio y más sincero enemigo de las despedidas, no todo pasaba, no todo era superficies, de hecho, nada era así, todo iba más allá, yo siempre quise ir más allá, adonde se pierde esa condición de raciocinio. Las damas negras continuaban ingresando en el vestíbulo, con sus caras refinadas de tanta mueca, y sus hijos, con aquel toque especial en los ojos que a veces se perdía entre las lágrimas o la comida fría, que a veces era un respeto natural porque el otro no sonríe, y eso, en el mundo de los pequeños, es fatal. Afuera, el mundo parecía tenue, el mundo era un espacio desgraciado por la subjetividad, al igual que la vida, el mundo sólo daba su mejor cara para todos, brillaba el sol y hasta el viento frío desapareció para abrirle paso a la nueva primavera, los árboles cantaban y de pie vivían, y debajo de la tierra las almas perdidas eran pura zanata, solo las raíces gobernaban allí, se disputaban guerras entre aquellas y ocasionalmente tanta majestuosidad no encontraba lugar para brotar, ni para crecer, pero de pie vivían y debajo luchaban, para de pie vivir y que la muerte se endulze y se desvanezca cuando las garras de aquel nuevo gorrión posaran sobre la rama más baja, que la muerte se aleje y burlescas las raíces creciendo continúen. Recuerdo aquel día estar en el Lapacho blanco, el otoño no dejaba hoja quieta y el mar de texturas y colores llenaba el patio central de la casa. Entre aquel amarillo maravilloso, el naranja se adueñaba del paraje, y un tímido rojo sangre intentando notoriedad no llegaba a ser colectivo, pero en su escasez había una cierta especialidad. De repente, el rojo se vuelve tumultuoso, pegajoso y líquido, es cantidades colectivas en la alfombra y en las hojas, cae de la rama y cae de la sien, y casi sincronizando con una ventisca fuerte en el Lapacho, el ruido ensordecedor llega a mis tímpanos débiles. Esa calma que anticipa la verdad, es calma que acalla la locura, esa calma que antecede la cúmulonimbus. El cielo se endurece y cae un pequeño pedazo en forma líquida, hasta que la caída se hace plural y las gotas se vuelven un lago, que ahora ya dentro de la casona es una metáfora rojiza, y afuera es un traslúcido charco. 
El pájaro llega al nido, ve a su madre caer de él, ve como de la rama cae fallecida y sin aparente razón sucumbe. Sus ojos ayer le parecían cortados, pero hoy ya no ve sus ojos, en cambio, se queda inmóbil en el nido, tratando de comprender porque ahora es cuando y el porqué de su perecer, pero inmóvil solo consigue vértigo y un sabor amargo de vacío. La casa vacía, el nido vacío. La sombras de las damas de negro siento venir hacia donde estoy, me asombra el hecho de que me hayan encontrado. Me miran y algo aparentemente implícito en su mirada me explica que, por educación, hay que volver adentro. Alejo mi vista del nido del pobre pájaro solitario en su nido, y en una ultima ojeada observo que en sus ojos todavía hay vacío, al igual que en su nido. Me toman del brazo las damas de negro, me escoltan lejos del Lapacho, y me sorprende su poco tacto al no notar que el ver a mi madre en su descanso final no es mi mayor deseo, que quisiera quedarme al lado del Lapacho y el pájaro huérfano, pero no, me escoltan hacia adentro, forzado a observar solo un cajón de cedro español y sombras de negro. 

miércoles, 13 de agosto de 2014

Y crees todo lo que te dice y todo lo que posiblemente te puede llegar a decir. Porque no creerle a sus ojos seria no creer en lo que de verdad necesitas. Unos ojos nuevos. Y fuma y te sonrie. Te vuelve la mirada y te habla de que cosas que sinceramente siempre odiaste pero que ahora toleras.
Y tratas de creerle siempre.
Pero no te podes mentir mas.
El que fuma y sonrie, no es tuyo. Y nunca lo sera. Por mas que hable o te bese, nunca todo eso te va a bastar.
No es tuyo, y de nadie.
Quizas lo que mas te molesta es que nunca te deja ver detras de lo que deja ver. Y te incomoda no saber la verdad. Pero vos le crees. Porque no podes creer que el que te sonrie te este mintiendo. Y te mira ir de un lado para el otro pero no se atreve a pararte y pedirte perdon.
No se atreve o no quiere.
Lo ves como hace meses lo veias. Liberal y altanero. Y al final no te mentis mas: siempre fue asi y asi se va a quedar.

miércoles, 16 de julio de 2014

Le quattro stagioni


"Solemnemente, Marcel. Se dice s-o-l-e-m-n-e-m-e-n-t-e". Y cada vez que me equivocaba cuando leía me acordaba de el. "Solemnemente". Aunque sea hoy se mi nombre, y si me pierdo en las calles se que siempre alguien me busca. Pero solo se mi nombre. Y que se dice "solemnemente". Es tan extraño que ella me mire y yo no sepa de que me habla, es tan extraño que en sus ojos haya amor y en los míos no haya nada. Roza mi hombro y noto que lo hace tal como una madre o una hermana mayor rozaría hombros. Con calidad, con caridad, con fina estampa de roce. Un roce que dice tantas cosas...un roce que estimula y en realidad solamente quiere gritar "quiero que te acuerdes de mi". Pero no me acuerdo, perdón, no me acuerdo. Quisiera acordarme y poder rozar tu hombro para gritarte mudamente "estoy acá", pero no puedo. Solo me abstengo a mirarte desde lejos, muy lejos, y cuando trato de gritar o que el roce salga a cazar tu hombro, la voz se me detiene y el brazo se me paraliza. Tampoco recuerdo esa canción que una y otra vez me cantas, como un intento desesperado de himno nacional, como un intento brusco y violento, intento de los mas desesperados intentos, de que recuerde siquiera la melodía y me ponga a bailar o cantar. Pero apenas ahora recuerdo la melodía. Se me pierde entre el silencio que mi cabeza experimenta a la noche, porque entre la noche y el día no se en que o en quien pensar. Solo obtengo de ella vaivenes en los que logro cazar un recuerdo, pero como soldado herido vuelvo sin ese tesoro, que a veces es tu mirada, que a veces es la melodía Otoño de Vivaldi, seca, tiesa, tensionada, un desgarrador grito desde el alma destrozada, que a veces es el olor de tus panes en Domingo. Vivaldi. Solo recuerdo Vivaldi. Y "solemnemente". Pero ahora ya no se quien es Vivaldi. Me suena a nombre de profesor de música. Pero ahora ya no lo puedo recordar. ¿Ves a lo que me refiero? Solo consigo recordar "solemnemente". Y eso quizás a veces me basta. Mi mente se divierte con esa palabra y arma sonetos, y poesías, y otras palabras, y le inventa un sonido, un color, un peso, un sabor, a esa sola y única palabra: solemnemente. Me hace escuchar un sonido leve de violín, y de a poco, entra entre los violines aparece el único e irrepetible color amarrillo, que sabe a una pera recién nacida, que liviana entre mis manos no pesa mas que una hoja de otoño, hoja débil, y de repente la prosa se adueña de la pera y la recorta hasta hacer de ella la mas hermosa poesía. Ayer me llevaron a pasear, me llevo a pasear, me llevaba del brazo como si no supiera caminar, de hecho ya no se como lo hago, solo muevo los pies en un sutil intento de escapar de sus brazos, pero hoy no, hoy necesito apoyar mi codo- Quisiera poder gritarle a Ana que me quiero ir de este lugar que soy yo, quisiera poder gritarle a Ana que acá estoy, que no me fui, que nunca me iría de su lado sin avisarle. Perdón Ana, perdón Ana, perdón. Perdón por esa vez que te grite, perdón por esa vez que no te lleve a Cancún cuando estábamos en la cuna de nuestro amor, perdón Ana, perdón por todo Ana, quisiera poder decírtelo. Ana me sostiene con su brazo enterísimo y eso es amor para mí, es lo único de amor que tengo hasta hoy, y eso me basta, me basta que me tomes del brazo izquierdo, que me hagas un té de hierbas, que escuches mi silencio y que soportes que no te dirija la palabra en todo el día. Ni una sola palabra. Ni un gesto de cariño. Nada. Perdón Ana. Es un hermético otoño, tan hermético como mi forma de ser, pero sé que por más que yo sea un sistema cerrado, siempre por algún hueco de ese universo tan mío, logras entrar, como una supernova que abarca casi todo ese espacio infinito…conseguís empaparme ese espíritu liberador y auténtico hasta por el hueco más pequeño, haces que ese fatuo espacio oficinal y tan a raja tabla se convierta en un tibio útero de primeriza. 

Me indicas con el índice como la hoja cae. La observo mientras sos mi guía; el árbol es muy alto y desde lo más alto cae la hoja, una de las tantas que prematuramente, con la llegada severa del otoño, sucumbe. Ya deja de sostenerse a esa rama firme y tiesa, esa rama que siempre fue su apoyo, esa rama acogedora, esa rama su único lugar en el mundo. Con la llegada severa del otoño, sucumbo. Ana me mira con desesperación, quisiera que su última imagen fuera la de una sonrisa, pero a cambio recibo sus lágrimas empapando mi rostro. Ana dejó de señalar la caída perfecta de la hoja suicida, y sus manos me apretaron fuerte los hombros, en un atroz intento de que no me deje caer. Pero al igual que la hoja que ya en el piso está, ya en el suelo estoy. Dejo mi rama, mi apoyo firme y tieso, dejo mi hogar, dejo mi único lugar en el mundo: Ana. Escucho como grita mi nombre, como hace de mi nombre el único sonido no apacible en ese bosque entre hojas secas y arboles altísimos. "Marcel". Y en un último recuerdo de mi vida, recuerdo: "Solemnemente, Marcel. Se dice s-o-l-e-m-n-e-m-e-n-t-e". 

sábado, 14 de junio de 2014

Hijo único


Concluyendo en las promesas, nosotros no sabemos más que romper parte de ellas, simplemente porque concluimos el sentimiento que nos hizo proponerlas, que nos hizo darlas a luz. Las promesas son más una confesión que una propuesta, que un pacto, son más una revelación que una obligación de palabra, las promesas son hipérboles, porque rechazamos que pueda existir lo simple, lo banal, rechazamos que lo que debería ser grandeza sea hormiga, y entonces, creamos las promesas, para hacer superlativo aquello que roza lo verosímil, hacemos de eso algo que traspasa lo imposible, porque el amor no conoce lo banal, porque ningún sentimiento puramente llamado sentimiento reconoce lo atómico, porque hasta en la furia hay pasión, hasta en lo más frío del odio hay fuego, y a vista de todos, el amor es tan histérico, que se viste de rojo y sale a resaltar su pasión por el amar. Y allí, dentro de esa mezcla homogénea entre ponderación y sentimientos, nace la poesía. Y a los ojos de quien no escribe, la poesía, secretamente, está llena de promesas.  Las promesas simples, que rechazan esa magnificación de la palabra, del hecho a concluir, no son propiamente promesas, sino juramentos; la promesa, a diferencia del juramento, ama la exageración, pero el juramento siempre escatima en palabras. 
La promesa también surge de la contemplación misma, del ver tus ojos cuando amanece o cuando en realidad está anocheciendo pero no importa el afuera sino tus ojos mismos, pasar del ver todos los días tus ojos, a contemplar tu mirada, a idealizar que son ojos tuyos, que no son ojos marrones, son tus ojos marrones, del color marrón más extraño que vi en mi vida, de hecho, el único en su especie, porque son tu color, tu propio y único color irrepetible al igual que tu mirada y todas las líneas de expresión que se le forman a tus ojos cuando me miran, o cuando tus ojos sonríen por orden de tu boca, y yo observo y codifico tus tres (a veces cuatro) líneas alrededor de tus ojos, y observo como tus parpados cubren tus ojos y parece que casi se desvanecen en ese pozo gigantesco que es tu mirada, ese pozo apacible y fresco que tiene olor a tierra mojada, a tierra madre, a tierra del paraíso, a tierra de la tierra de donde naciste vos, que esconde a la vez los ojos de tu padre, y que además de ser pozo de tierra, es un pozo lleno de agua, que en ocasiones desborda en tus lágrimas y en otras me da de beber cuando sedienta estoy mirándote, abrasada, carbonizada, porque tu pozo también es un sagrado volcán hirviente, en donde tus ojos son fuego y tu mirada irradia todo lo incorrecto y todo lo inseguro de la vida, todo lo impredecible, pero, de a ratos, también, irradia todo aquello que sabe a abrazo materno, a vientre, a la comodidad del vientre de donde venís, a ese espacio, ese espacio que fue tu primer hogar, tu primer frazada humana, tu primera habitación compartida, y la última, porque luego, esa condición de ser hijo único te brindaría la soledad de una habitación que alguien con hermanos no goza, tu primer hogar luego de la tierra de donde venís, y la misma ternura de ese primer hogar me transmitirías años después cuando por primera vez te mire, y por segunda vez, luego de mucho, pase a observarte, a contemplarte, para que mirar ya sea algo banal y contemplarte sea la más increíble revelación de mi vida, como sentirme mutando en viento porque tu mirada también es una brisa, es una brusca brisa de viento caliente que rebelde se atreve a arremeterse entre las ramas del otoño, para llegar a acariciar mi piel y todas las pieles que le sea posible hasta extinguirse y muerta sucumbir ante los fuertes vientos fríos que intentan evaporizarla, pero rebelde consigue rozarme al igual que tu mirada consigue hacer que levite entre tanto peso y tanta carga de la gravedad sobre mí, y no me refiero a la ley misma, sino a la gravedad que a veces le adquiero a mi existencia, pero mi existir, está ligado a la existencia del asombro, y el asombro está ligado a tu mirada que es tierra, agua, fuego y viento, y en esa mezcla homogénea de elementos, nazco, nuevamente, yo, para existir en el hoy, para ser presente del día en que comencé a contemplar tu mirada, y deje de ver tus ojos. 
Pero, sin embargo, menudo error habré cometido entonces, porque comencé a contemplarlos cuando ya se habían ido, cuando ya se habían marchado, cuando ya no podría ni mirarlos ni contemplarlos, solo atribuirles anhelo, un recuerdo de lo que fue el día en que por segunda vez los pude contemplar, porque tus ojos, y tu mirada, y aquel rostro que portaba esa mirada, se habrían ido, dejando en claro que las promesas son, de verdad, un hipérbole, una simple confesión momentánea que nace de la pasión del asombro, dejando en claro que tu promesa de siempre regresar no sería más que eso y mi promesa de nunca rendirme tampoco sería más, por lo que ambas no serían, no existirían, y lo único que pasarían a ser sería una impulsiva utilización de las palabras favoritas de las promesas: siempre y nunca. 

                                                                                                                                    Para T.

lunes, 12 de mayo de 2014

"Ayer nomas"




"Mama te miro por primera vez como te mire yo, desconfiada. Pero detrás de la fachada de altanero eras vos. Vos, el extraño que luego, iba a ser el de siempre. Fuimos a esa restó por Pedernera y te peleaste con el mozo, no te juzgo, querías parecer machón, pero todo eso vil se te iba a ir cuando miraras por primera vez a ese hijo que buscamos por tanto. Cuando después de que yo le reclamara el no ordenar los juguetes vos te inculparas o le llevaras un chocolate. O cuando en su sexto cumpleaños te encerraste en el baño porque estaba creciendo rápido. Y los dos nos encerramos, porque crecía. Y de ese altanero que peleaba con el mozo no quedo rastro. Solo había un padre jugando a la pelota con su nene, un padre que ocasional lo veía crecer y se encerraba en el baño a sonreír o llorar...o ambas. Empezamos sin nada, desde muy lejos y encaminados a llegar aún más lejos. Como antes todo era más rápido, yo me enamore rápido. Tus ojos caramelo y esa sonrisa...siempre esa sonrisa. Y un día, de la nada quisimos encaminar hasta que la muerte nos separe.
El no sabía, ni se esforzaba en ser romántico. Es por eso que le salía tan bien eso de improvisar besos para no decir nada. Lo implícito era su más grande verdad, y lo más temible de ella, era que nunca la dejaba ser a la verdad por completa. Siempre algún pelo le arrancaba.

Su barba ayer nomas raspaba, y se preocupaba por abrazar a ese niño que luego iba a ser un niño para siempre, un niño que iba a irse con su padre, y que a la vez se iba a quedar por sobre el tiempo y el polvo, y los años, en ese grande que ahora ese niño es. Que nuestro niño es. Porque esa inocencia de él murió ayer nomas, al igual que la barba que a mí me raspaba. Dos y media de azúcar, cortar el césped los miércoles, hacer silencio en domingos de partidos. Y la barba que raspaba. "Perdoname, mañana me afeito". Y semanas después las mismas disculpas. Y mi misma sonrisa porque el áspero de tu barbilla me chocaba, y hasta eso me era romántico. 6 am y a levantarse, la rutina, pero siempre con una sonrisa en Lunes, tal como el niño aquel aprendió. Y le heredaste eso. La sonrisa en lunes. La más rara de las sonrisas...


Ayer, o hace años estabas. Hoy ya no. Y a pesar de todo, te hubiera preferido siempre sin afeitar, para escuchar tu "perdoname" y sonreírte cómplice. Pero también, te hubiera preferido eterno, siquiera un poco más de lo que fuiste; no para que estés por mí, a mi lado, si no por él. Por el niño que ya no es niño pero aun si es. Por nuestro hijo, que ya tiene algo de barba, que recién comienza a vivir de verdad, que ocasional se encierra y llora porque todo pasó muy rápido, que quizás heredo tu altanería, pero que en verdad heredo tu sonrisa en lunes. Tu hijo, que es vos. Y vos que eras tu hijo. Solo por eso ayer nomas te llore, ayer nomas te amaba, ayer nomas tu hijo sonreía, ayer nomas vivías, ayer nomas estabas..."

viernes, 2 de mayo de 2014

Frío Arenales



Por Arenales hasta el fondo. En tu antro, tu espacio, tu intimidad ya no tan intima pero intimidante, no lograste desnudarte del todo. La curvatura del alimento desde mi creación, dos fresas tiesas que al fino tacto emergen, y aun así, la simpleza de tu seno pálido no me basta para definirte como desnuda. Tu desnudez tiene pudor y no se deja ver. 

-"Nadie nace con nadie" y me despachas con un beso en la mejilla. Y me dejas a la deriva aunque siempre vuelva a tu delirio, me dejas a la deriva pero siempre encuentro formas de volver. A veces me llamas, otras me aparezco porque si y en una noche rompo mi dignidad. Ella es tan fría...Camina descalza...y sus pies tan tibios. Pero ella sigue siendo fría . Fuma en la ventana y un vapor que la carcome parece hacerla dormir; esta amaneciendo, pero ella no tiene horarios. Y yo no la tengo a ella. Me ve desaparecer desde el balcón, nada se le mueve en el corazón, y escupe el humo. Vuelve a la cama.
Pero sigue fría.

viernes, 28 de marzo de 2014

Éxtasis


Tus ojos están ahí despistados y no te dejan salir de ningún lado. Moves la cabeza, sentís ese tirón, y te duele. Un día mas. El cuello te mata, y te duelen los brazos. Te duele todo pero no sabes bien que te duele. Al final de la noche, te das cuenta de que lo que te duele, es ser vos misma. Y te ves observada por ese pasado, que hoy ya no es y en el futuro ojala sea. Con suerte. Y te entiendo, nena, te entiendo pero no te comprendo, te ahogas en esas píldoras y efectos, que te llaman al olvido y que disipan el dolor, que son gases comprimidos que se disparan contra lo que vos crees es soledad o un vacío que ahora llenas con obsoletos. Y te escucho, nena, desde esa voz que no sabes gritar, desde ese silencio que ocultas y de esa farsa de que ya todo está mejor. Y te veo, casi que te veo, en un rincón de tu habitación, angustiada hasta la médula  por no poder irte a un lugar que vos crees mejor, que yo creo que es infierno, pero tal vez sea tu sol, en tu frió y en tu almohada, encontras ese calor, que se arremete cuando tomas una pastilla, dos, tal vez una más, y así no terminas. Y nunca te parece suficiente, y ya estas cansada de esa sed que no tenes, de esa necesidad que no necesitas, de esa manos titilantes que ya queres que dejen de bailar. Y te amo nena, en esa hipocresía, en ese miedo, detrás de esa adicción a la adicción, sos una nena que no sabe del mundo, una nena que quiere que le canten, una nena que a veces es fiera y a veces es reina. Pero que nunca deja de ser, detrás de toda esa oscuridad, vos. Tu realidad, tu verdad, tu desnucada esencia, que antes era lavanda o rosas, y ahora no se puede identificar; hay olor a dolor, y el dolor solo se puede tocar, sentir, mirar. Pero aun así lo huelo, en tu aliento a alcoholes lo huelo, en tus palabras lo huelo, en tu ente lo huelo, en tu falta de perfume de rosas o lavanda, lo huelo. Y no te preocupes, nena, el sol siempre sale por algún lado de la ciudad. Solo hay que saber que, para poder ver el sol, basta con salir de la oscuridad. Y te juro, nena, que toda esta pesadilla vas a dejar de soñar. Y el único éxtasis en tu vida va ser vivirla, y poder despertar. 



lunes, 3 de marzo de 2014

La dama


El cuerpo no es más que un alma
que busca caricias y calor
a las 3 de la mañana 
sin memorias, no soy nada
sin recuerdos, no tengo alma
mi alma es una alta dama
que rezonga al anochecer
en un bosque lleno de noche
es un alma llena de bosques
y su alma esta llena de todo
y solitaria en la nada 
paraísos y tinieblas
que hacen de mi dama
el alma más feliz
el alma más destrozada
a veces su alma duele y llora
pero su alma vuelve a ser
se repara
y su cuerpo busca un sentido 
entre tanto polvo
entre tanta niebla
entre tanta nada
y lo encuentra de vez en cuando
cuando besa o sonríe
cuando recuerda
cuando no está sola
o llorando
y ese bosque lleno de noche
le es lejano
mi alma es esa dama nocturna
a las 3 de la mañana
que se lamenta
que se perdona
que llora
y que llegando al amanecer
se calma 
se calla
y se repara 
de a momentos mi dama duerme
de a momentos mi dama calla
de a momentos la escucho feliz
pero siempre
para bien o para mal
tengo un alma 
tengo recuerdos
tengo memorias
tengo miradas 
porque nunca
para bien o para mal
muere mi alma
se rompe
se lastima
envejece 
llora y se desarma
pero mi dama sigue viva
pero mi alma, sigue intacta
eternamente mi alma 
cuando ya muere todo
cuando ya queda nada
por siempre 
en el bosque 
mi dama, 
mi alma...




sábado, 1 de marzo de 2014

Canibalismo


La carne es débil al deseo
el cuello es la parte débil de la carne
más allá de los labios
mi carne es débil cuando tu carne es mi deseo
y no hay mayor placer
que causarlo

La carnalidad 
el canibalismo 
la verosímil idea de volverse uno
son deseos y pecados
la debilidad 
esos puntos especiales
donde uno se siente disminuido
se siente acorralado
por el deseo
por la sangre
por el calor
o por los labios

La maravillosa concordancia
entre comisuras
desviste una elegante 
pero atrevida e importante
forma de placer
desde un lado
intimidante 
es una privacidad
digna del amor
digna del amante

Desnudez
limpieza
escalofríos
y poca delicadeza
porque lo carnal es un deseo
un deseo de la carne 
hacia la carne
un deseo del deseo
al deseoso
y el cuello sigue siendo la parte débil de la carne
pero los débiles
siempre seremos nosotros







sábado, 22 de febrero de 2014

Sillón verde


Desde esa noche, en que te espere, y te espere, en el sillón verde oscuro, casi tan oscuro como la oscuridad de esa noche lluviosa, esa noche que me vi a misma esperando, con los pies desnudos y cansados, con la cabeza gacha, sometida a una espera desesperada, me di cuenta de algo. Me corrompés; desde hace meses que venís y te vas, aunque se que estás, pero eso quizás lo haga más engañoso. No se que esperar de la codicia de tu sexualidad, propia de tu género, me abrazás fuerte y nos vamos llevando mal detrás de esos besos en la pared, que la ensucian y que dejan marcas. Tu pasado te juzga, te pone a prueba; una vez me prometiste que no ibas a volver a ese ser que eras, pero que ahora arrebata contra el hoy, y te vuelve casilleros atrás, volvés a esa esencia que nunca se va a borrar, de malas trampas, de amor falso, de botellas vacías, de bocas ajenas, de elegantes mentiras. Tu pasado te juzga, yo no. Te vas a la decadencia, pero me llevás con vos. No quiero ser ese peso de más en la espalda, un tripulante pasajero, si querés dejame acá, cuando vuelvas entre medio de esos hielos y licores para matar el tiempo en esas noches de juegos de seducción, cuando vuelvas, pasame a buscar, yo voy a estar. Y ahí te permito la codicia, te permito dejar las paredes sucias y romperme el corazón, porque no vamos a estar ligados el uno con el otro. No vamos a ser nada, voy a ser un boca o algo contra lo que te podés lamentar. Pero no me digas te amo. No me prometas nada. No ilusiones con elegancia y destreza, porque esa vez voy a estar lejos de vos, aunque te tenga de frente. Y, como me corrompés, te espero, te amo, te necesito, te anhelo. Y estoy tan loca de atar que te permito que me lleves con vos hacia la decadencia misma, hasta los infiernos y vicios más oscuros. Hace de mí lo que quieras. Somos ese espejo de polos opuestos, en donde nos miramos y nos comemos a besos, pero también desmenuzamos nuestras almas mismas, desnudamos el ser y quedamos tan expuestos, que siempre, de alguna u otra forma, volvemos a mirarnos y nos volvemos a matar...uno al otro, hasta la eternidad.

Somos trágicos y morimos en la pasión, hay tanta fragilidad acá...porque amamos amarnos y aunque duela nos volvemos a amar.

No es soberbia, es amor


"Cuando realmente alguien te quiere, no se va, no se aleja, no te olvida."

Difiero. No es verdad, a veces no sucede así. Vaya uno a saber porque, aunque a veces si sepa. Cuando realmente alguien te quiere, o te ama, a veces no se va. A veces se lo llevan. O a veces es la vida misma quién lo aleja, quién lo rapta, quién lo asesina. Pero uno, en cualquier parte del mundo, sigue amando, sigue queriendo. Aunque no esté, aunque no sea recíproco. Uno quiere, uno ama, aunque lo hayan alejado, aunque el otro nos haya olvidado, uno quiere hasta que se cansa, o hasta que guarda en su interior sentimientos que nunca van a poder ser demostrados, porque el otro se fue, entonces los dormimos, los dopamos, le inyectamos música, distracciones, hasta alguna que otra copa, le damos de beber, para hacer de ese sentimiento algo amorfo y minúsculo, para que no viva más, o al menos que se quede quieto en un rincón del corazón. Yo he querido. Y he seguido queriendo aunque me vaya, aunque me echen, aunque me alejen, aunque me olviden, o incluso me obliguen a olvidar. El amor es manipulable cuando el otro no está. Tal vez cueste un largo tiempo, o no, pero podemos ignorar el dolor, y un día somos capaces de levantarnos sin pensar en el otro, y ser libres de esa cárcel, con nombre y apellido. No olvidamos, ignoramos. ¿Y saben porqué? Porque sabemos que nunca el otro va a querernos de vuelta, que nunca a volver de su ida, que se va a seguir alejando, que ya hace rato nos olvido y lo hace cada vez más. Yo he querido y me he tenido que ir. Y creanmé, que he querido de verdad. Entonces difiero que la frase, porque, a veces, por amor, hay que ignorar.

martes, 18 de febrero de 2014

La triste historia de Él que no podía pecar


Escaparse tiene ese gusto a aventurar contra las reglas, a probar lo que está prohibido, a hacerse el rebelde sin causa y jactarse de la diversión o la soberbia que no brinda el no cumplir las normas. Y siento lástima de que Dios no pueda gozar de ese desafiar la autoridad, que no pueda pecar, que no saboree lo que es escabullirse de un superior. Y que no pueda emborracharse y reírse de los santos. Que no pueda ser humano. Porque si tuviera acceso a todo eso, los placeres divinamente prohibidos, yo creo que pecaría de vez en cuando, como nosotros. Pero como es el de la fuerza superior, no hace el amor, ni se emborracha, ni falta a misa, ni se guarda secretos, él no "se equivoca". Capaz por eso es tan refunfuñón, tan organizado, tan recto, tan superficial. Tal vez por eso algunos dejamos de creer en Dios cuando nos hacemos grandes, al mismo tiempo que ya no creemos en Papa noél, porque empezamos a pecar, a entrever el desconocido mundo de lo prohibido, y entonces a la pureza la mandamos a dormir, porque se nos acaba la inocencia, porque dejamos de ser Dios y de creer que alguien puede ser así de santo y brillante. Preferiría que no existiera Dios, como lo pintan, un señor grande y sabio, pero también santo. Preferiría que fuera esa fuerza sobrenatural a la que le pido cosas egoístas, un aura gigante que cubre el mundo que a veces llamamos destino, suerte, o amor. O algo que no tiene nombre. Me la imagino como una aurora boreal, a la que le rezo y hablo. Un amigo imaginario del más acá. Que cruel sería someter a una persona a ser la única autoridad total y, encima, celestial. No poder gozar de los placeres humanos, los prohibidos aunque sea, los mismos que él ha creado. Que injusticia, que soledad, que martirio no poder tomarse una cerveza o bailar en la oscuridad, que martirio no poder enamorarse ni hacer el amor jamás en la vida. Entonces, prefiero que no exista Dios, como ustedes lo pintan, como un señor grande y descalzo que anda por allá en las nubes mirandonos día a día, y a todos a la misma vez, imaginate ser Dios, el potente misterio de la religión, divisar un día a una morena hermosa y no poder invitarla a tomar un trago por la Avenida. Que soledad debe padecer ese ser. Crear cosas que no puede tocar, que no puede saborear, que no puede besar. Ser un Presidente Celestial de los cielos que tiene que reinar en la tierra sin excepción y en términos infinitos. Y cumplir favores de acá para allá, y escuchar a todos, y complacer a todos porque se ofenden. Porque si Dios viviera de la fé, ya sería un mini-Dios en las últimas de las últimas. Sería un Mario Bross, a veces gigante, a veces pequenito. Pero sin princesa. Sin un objetivo egoísta. Prefiero que Dios no exista y sea una aurora boreal mágica, a que exista y sea un solitario hombre grandote que no puede pecar, ni renunciar, ni besar una boca. Ni escaparse.

domingo, 16 de febrero de 2014

3:33


Tus ojos rojos, tus ojos rojo cielo nublado, me mirás desde el Pozo, el Pozo de un abismo en donde está tu rostro mirándome desconsolado, y yo te beso porque soy rebelde o porque soy una débil, o porque afuera llueve y tengo los hombros mojados, sobre mis lunares eternos que rozas con las yemas, y me vuelvo un ente sentado en un sillón verde, descalzo, abandonado, esperándote, con la cabeza apoyada en el respaldar, por horas, por años. Al final de la noche llegás, y pensás que nada pasa, que nada pasa por mi corazón, pero no es así, te engaño. Pero me mirás desde ese abismo irresistible...¿como no voltear a verte? y entre las miradas, me das un beso y te beso, porque soy un ente, que al fin al cabo, cae al abismo, cae a tu abismo, cae... hasta que es un ente fantasma que termina siendo un polvo que se funde en las comisuras de tu boca, que vos llamas aire, que yo llamo muerte, que nosotros llamamos amor. 

lunes, 10 de febrero de 2014

Corta-mambo


El rechinido de la puerta no cesa. Han pasado dos minutos. Va de grave a agudo, las tuercas no tienen aceite o simplemente fueron victimas de una fuerza extrema que las hizo oxidarse hasta el resonar. Ese inocente ruido de vaivén de la puerta de metal, no cesa. No le doy importancia, el viento le sopla, y la traspasa de a ratos, y el olor a lluvia fresca la atormenta entera. Vaivén de la puerta de hierro, no cesa, ya han pasado 5 minutos y no cesa, está ubicada del otro lado de la cocina, y aún así desde mi habitación la oigo cantar, pareciera una puerta convocada, se abre y cierra y de momentos es indefinido ¿se abrió? ¿se cerró? ¿que fue eso? Un trueno más, y ya son 10 minutos y la puerta no se cansa del vaivén. El ruido se vuelve cada vez más tosco e insoportable cada minuto, pero la puerta está muy lejos, o quizás yo estoy sin luz, en una casa fresca, en el medio de un campo limpio, sentado en la habitación esperando a que la luz regrese para acompañarnos, y no quiero ir hasta el otro lado de la cocina a cerrarla, a espantar el viento, a detener el ruido, o a quien lo provoca...ya pasaron 20 minutos y la puerta no se calla, que insoportable rechinido que retumba en mis oídos haciendo que mis dientes se apreten. De repente, otro trueno más, un poco más fuerte, ilumino toda la habitación. Hubo un silencio en el silencio. La puerta seguía rechinando, esta vez, más fuerte, como si se hubiera abierto entera. Un viento helado entra gimiendo. Se oyen unos pasos que hacen eco, no distingo que figura los provoca, si hombre, mujer, si quiera si es humana, parece que los pasos se acercan a una dirección próxima, siento como si una voz se quejara, maldiciera, estoy seguro, es una presencia fuera de este mundo, su devastador rostro caerá sobre mis ojos en esta noch...Mi esposa fue a cerrar la puerta. Mierda, Stella. 

domingo, 9 de febrero de 2014

Arroró


El Mundo es un lugar despampanante, hasta el nombre mismo te hace temblar un poco: "El Mundo" y con mayúsculas porque es algo digno de agigantar. Es salvaje, nuestra vida en él es salvaje porque el mundo es parte de nuestra vida, y nos movemos al rededor de él, sin darnos cuenta de que a veces es muy agresivo, muy gigante, muy basto, muy ancho, muy desconocido, y, por sobre todo, muy desordenado. Algunas veces, vamos muy rápido, corremos de acá para allá, estamos en constante movimiento o sentimos que los demás están acelerados. Y necesitamos una pausa. Aunque no haya botón. Desearía de a ratos, cuando preciso calma, serenidad, paz entre paz, que el Mundo fuera más simple, que se hiper-reduciera, por unos segundos, a esto: tomar mate, leer, acostarse en el sillón y mirar una película, tirarse en la cama y hacer fiaca hasta el anochecer; que el Mundo deje de ser tan majestuoso, tan elegante, porque me hace sentir desalineada, que el Mundo sea una insignificancia, o una hermosa insignificancia, como el hecho de tomar mates a la tarde o acurrucarse entre un montón de sábanas. Puedo hacer un poema sobre el mate, como lo dignifico hacia un acto de comunión o simple cariño abstracto, mezclar el amargo sabor de la yerba con el azúcar, hacer que se enamoren entre el agua semi-caliente, y que antes del sorbo, muerda un pan caliente, y adentro de mi boca ellos tres se reúnen y se aman tanto que queman el paladar de gustos a naturaleza y dulce. Prepararse el mate en soledad es un acto de independencia, sería romántico pensar que preparo el agua para tomar mates en soledad, para así sentirme un poco más cubierta, abrazada, acompañada, no tan fría y seca. Y pensemoslo así, más simple y maravilloso, que simplemente tomar mate de una bombilla. Acá, de mediodía, tomar mates resulta algo simple, que no me asusta tanto como el Mundo, que no es tan violento como la totalidad de ese globo gigante, lleno de personas, lleno de preguntas, lleno de problemas, aunque también, lleno de amor, lleno de paraísos y lleno de brillo, pero hasta estos últimos a veces son tan maravillosos que me saturan el alma y me hacen sentir que no nos merecemos semejante planeta, que no le llegamos ni a los talones, y entonces me resulta agresivo, excesivamente bello. Suena algo desagradecida, algo exagerado, pero es así, a veces, me asusta la violencia del mundo, que todo sea tan gigante, que todo pase tan rápido. Entonces, en esos instantes, deseo que el mundo solo sea cosas simples, que nosotros le adjudicamos belleza: leer una frase en un libro, mirar el atardecer sin sacarle fotos, ir a dar vueltas a la madrugada, correr de la mano, mirar un cuadro, sonreír cuando nos sonríen, pensar cuando la casa está en completo silencio, contar lunares, bostezar y no levantarse de la cama, mirar películas sin mirar películas, tomar mates a cualquier hora, charlar de la infancia, o abrazar porque sí. Desearía que el Mundo, fuera mi Mundo, eso íntimo que me hace sonreír discretamente, esos instantes en los que no hay problemas algunos, aquello que me reduce y me hace pequeñita, una dulce puberta que sonríe al escuchar el arroró...

Ni Johnny Depp


Otra vez caí. Otra vez estoy acá. Se siente igual que antes, un aire de melancolía aturde a la ciudad, por eso llovía el pasado Lunes, hoy la historia se repite, solo cambia la hora, y también los ojos. Lo peor no es que caí, lo peor, es que deje que cayeras conmigo. En realidad, yo sabía que ibas a venir conmigo hasta acá, se que sabia pero si vos hubieras sabido, no creo que hubieras llegado tan lejos. Yo, mi amor, te arrastre a mi desastre, ese desastre que solo debería invocar a mis penas, no a las tuyas, tu nombre no debería ser escrito entre estas líneas. Vos tendrías que estar lejos de mí, y yo lejos de vos, pero fui egoísta y acá te traje, conmigo, aunque sabía que el final no iba a ser de lo mejor. Te arrastre a mi desastre, que en realidad, soy yo. Una eminente despedida, un fracaso de historia, un guion mal guionado, ni Johnny Depp salva esta película. No sé ni cómo decírtelo, un pudor en las mejillas me sacude, no soy buena para las despedidas, pero ¿Quién es bueno para decir adiós?  Te pintaría un cuadro, en tela, de unos 2 metros, es todo negro y hay una puerta de madera vieja con un cartel pegado: “Don’t you cry tonight, i still love you, baby”. Te miraría a los ojos y lloraría, hasta que me interrumpas con “¿Qué pasa?” con esa voz de inocente disfrazado. Yo te diría, mi amor, me tengo que ir, te voy a dejar, te dejo, me dejo, paramos acá, no soy yo, no sos vos, después te explico el porqué, pero besame, besame, besame, no me sueltes, no quiero volver, me quiero quedar acá, mira a donde llegamos, nos decimos te amo, me quiero quedar, pero me tengo que ir lejos, no me voy, me llevan, me alejan de vos y a vos de mí, espero que sepas perdonar. Te grabaría una canción Babe i’m gonna leave you o alguna con la palabra adiós. Pero no me atrevo a decírtelo…                                                                
Ni la muerte nos salva, ni el Jinete sin Cabeza puede venir a vengarnos, ni Shakespeare narraría algo tan drástico, solo nos queda una despedida con música de fondo en la cabeza, tal vez un lento, tal vez... no puedo bailar, hace de cuenta que bailamos, aunque sea una despedida, porque si te beso no te suelto más; me tengo que ir, mi amor, me voy lejos ya, hoy te vengo a gritar, confesar, que me llevan de acá…yo ya lo sabía, ya entendía, estaba esperando la despedida, seguro vos no ¿me perdonas? Lo único que  pido: no me vayas a esperar. Me llevan, me alejan de vos, mi amor, hoy por última vez te vengo a besar…quizás algún día volveremos a amar…(...nos) (besarnos) (volver a vernos) (volver a empezar)


viernes, 7 de febrero de 2014

"El Disney moderno"


Una situación "polémica" recayo hacia los televidentes el pasado lunes 27 de Febrero, cuando la famosa compañía de entretenimiento Disney Channel incluyo en uno de sus capítulos una pareja de madres lesbianas. La escena formo parte de uno de los episodios de la popular serie "Good Luck Charlie" ("Buena Suerte, Charlie" titulo en español, como se emite en la Argentina). Ambas mujeres aparecen en la pantalla chica, para sorpresa de los padres de Charlie (Mia Talerico), representando a las madres de una de las niñas amigas de la niña protagonista. La situación en la escena se toma con naturalidad y un cierto humor remarcado con sorpresa, pero fuera de ello no se planta discriminación alguna o burla por parte de los padres de Charlie. Situación contraria a lo que expresaron los televidentes, padres y madres de niños y niñas que televisan la serie a diario. Algunos acusan que es una "propaganda homosexual en un programa infantil en horario infantil y en cadena infantil" y remarcan que tal situación no debería ser planteada "como si nada" en un show para niños, declarando que la ideología homosexual no es una tema para tratar en un programa de entretenimiento. Mientras tanto, Disney declara que la escena fue redactada y programada "bajo la asesoría de expertos en el desarrollo infantil, como todos los proyectos de Disney". 

No solo los televidentes tuvieron rechazo hacia el episodio, si no que también, este provoco que muchas empresas  dejaran de brindarle patrocinio al episodio de la serie; además, asociaciones americanas como One Million Moms, que defiende los derechos de la familia, le han dado la espalda a Disney y han resonado con comentarios tales como que "quisieron corromper la cadena con contenido homosexual" declarando, en conjunto, que se sienten decepcionadas del suceso. 

Ahora bien, habiendo sido objetiva en el párrafo anterior, quiero expresar mi opinión, que es, al fin y al cabo, para lo que utilizo el blog como muchas otras personas que desean hacerlo desde la comodidad de una computadora. Primeramente, quisiera apuntar que en la TV actual, diariamente se televisan situaciones en las que la homosexualidad es explicita, tanto en hombres como en mujeres, obviamente, en este caso se le apunta con el dedo a Disney por ser una compañía de entretenimiento infantil. Pero ¿acaso no es la homosexualidad un tema de interés social actual? ¿porque los niños no tienen derecho a saber que hay prácticas diferentes que las que ya conocen o se les presentan como "normales"? Pienso que no hay forma más natural para dar entrada al tema que haciendo de la situación una cómica y sin contenido agresivo, sexual, ni sensible para los niños. La edad de los que ven la serie ronda entre los 5 en adelante, ya que también capta al publico adolescente en algunos casos. El enojo de los padres, viene acompañado de un rechazo hacia la comunidad LGTB (lesbianas, gays, transexuales, bisexuales), que se expresa en un deseo de que sus hijos también lo adquieran, o, al menos, un deseo de que sus hijos no experimenten con el inconfundible afuera que en algún momento van a tener que enfrentar, tal vez, más temprano de lo que sus padres quisieran. Volviendo a las preguntas iniciales, creo que los niños tienen derecho a saber de la situación social actual, cuando llegan a una edad en la que pueden razonar lo que se les plantea. No creo que la identidad sexual de cada uno de los niños y niñas se diriga hacia otra dirección solo por aclararles que, como hay hombres que aman a una mujer, hay hombres que aman a otros hombres, y mujeres que aman a mujeres, como hay mujeres que aman hombres. Y que eso está bien en la medida que no nos afecte a nosotros, lo cual no debería pasar, ya que la comunidad de LGTB está conformada por nada más que personas, seres humanos, con sentimientos y derechos, solo que con diferentes elecciones sexuales. Si bien hoy en día este "dilema" ha pasado a ser más socialmente "aceptado", el hecho es que siempre hubo gays, lesbianas, bisexuales, y demás. Las condiciones sociales se han dado para que haya un "destape" de estos mismos y que, por consiguiente, las nuevas generaciones no se sientan en obligación de ocultarlo. La identidad de sexual de un niño o niña comienza a formarse desde los 6 años, cuando ya entiende factores e identifica gustos. Dicha identidad no puede ser alterada solo por el hecho de saber que hay diferentes identidades sexuales, ya que eso es algo que nace del deseo que maneje el cuerpo y la mente del niño o niña, algo que no se puede modificar, es algo que llevamos dentro, somos o no somos, y no por ser conocedores de este tema los niños van a querer ir por ese camino, pues si así no lo desean ni les nace, no lo van a hacer. Platicar sobre este tema con un niño, no influirá en su elección sexual, solamente le hará notar que hay personas diferentes a él, y, en mi opinión, creo que es mejor tratarlo desde casa y ser uno, el mayor, el que lo plantee desde la comprensión y la tolerancia, ya que, les aseguro que el niño o niña, va a preguntar, la curiosidad y las preguntas son muy comunes en el infante, y, al estar rodeado de tantas cosas de las que no le han hablado ni explicado, es más que entendible que pregunte sobre aquello que quiere saber porque le rodea incansablemente en su mundo diario, en este caso, "¿porque tiene dos mamás? ¿o dos papás?" que se toma como una atrocidad peor a la pregunta "¿de donde vienen los bebes?", que, para mí, son dos casos naturales que no se deben tratar con rechazo, al contrario, ellos tienen que saber antes de que se topen con la ignorancia. Coincido con Disney cuando declara que ellos trataron de «reflejar adecuadamente y de forma no exclusiva la diversidad social»

Esa es la palabra que debemos tener en cuenta: diversidad social. No todos somos iguales, somos todos diferentes y únicos, aunque suene cliché. Y en esa diferencia, no debe haber discriminación, porque aunque tengamos diferentes gustos o elecciones, aunque seamos, como dije, diferentes uno del otro, seguimos siendo iguales, seguimos siendo pares. Seres humanos, personas que sienten, aman, sufren, lloran, ríen y también odian. Por supuesto, si los padres toman la posición de ignorar el tema y no hablarlo con sus hijos, está bien. Cada padre es responsable de la formación de su hijo e hija, algunos prefieren tomar la iniciativa cuando son pequeños y otros tomarla cuando son más grandes. Pero, lo que no está bien, a cualquier edad en la que se hable del tema, es tomarlo con indignación, ira, repulsión o discriminación. Ya que la comprensión, el entendimiento, el respeto y la paz debe ser aplicada en todo ser vivo que nos brinde los mismos. El tema de los LGTB va a continuar siendo una controversia hasta que dejemos de llamarle "controversia" y simplemente lo llamemos "amor". 



Fotograma de las madres lesbianas que encarnan a Susan y Cheryl.



Les dejo parte del video, por si no lo televisaron: 

                                                                                                                                  

jueves, 6 de febrero de 2014

Puertas adentro


Quiero a alguien, que me quiera de puertas adentro. 
Quiero a alguien que asimile que mi piel no es perfecta ni bronceada, que mi sonrisa, a veces, se convierte en cara de mala gana o simplemente una cara sin sonrisa. Quiero a alguien que me vea sin moños en el pelo, simplemente con el pelo colgando de mi cabeza, sin adornos ni cepilladas, un cabello desordenado.Quiero a alguien que me vea caminar por la habitación vestida con camisa desabrochada y shorts desgastados que no marcan mi figura, que no se moleste porque mis pestañas están despintadas y mis ojos limpios de delineador negro. Quiero a alguien que me vea comer a la madrugada dulce de leche del tarro, que me vea llorar con películas, que me vea con medias blancas sucias de tanto caminar sin zapatos. 
Quiero a alguien, que me quiera puertas adentro, porque puertas afuera, todo es distinto a acá, donde todo se resume a esto: 

alguien, 

en una cama, 

tomando café, 

desarreglado 

y, a veces, llorando. 

Entonces, quiero a alguien que me quiera cuando soy yo en mi peor versión, en mi peor estado, en mi peor atuendo, quiero a alguien que quiera a mi ser, nada más que yo, al natural, al desnudo, sin censura. Y, a veces, llorando.


lunes, 3 de febrero de 2014

Algo para dar


Hablame de cosas que no entendés, yo te puedo ayudar a hablar de eso que no queres saber, podemos contarnos secretos que nadie quiere escuchar, hablemos de tu infancia, hablemos de papá y de mamá. Mi cama era chica, la tuya más grande, quizás. Vos eras alto y amabas en los brazos de él estar, contame de cuanto lo extrañas, yo te puedo escuchar, vos podés llorar, los hombres no lloran pero papá no está acá. No hablemos de nada, mirame a los ojos, enseñame a amar, yo no sé, vos menos que más, aprendamos juntos o juguemos al azar. Podemos equivocarnos, podemos pedir perdón y también perdonar. Todo va a estar bien, mi amor, ya todo va a terminar, la noche es corta, puede ser larga pero con vos eso nunca pasa acá, abrazame fuerte y hablemos hasta que la luna no brille más, hablemos de todo eso que nos duele pero también de lo que tenemos para regalar, sea mucho, sea poco, porque siempre hay algo para dar. 


viernes, 31 de enero de 2014

Los perros mueren amando


Los perros no son para siempre
Los perros se van y nos dejan el olor en el olvido
Dejan ganas de tenerlos impregnados
Olor a perro y a pelos que se caen
Babas que gotean
Los perros siempre sonrién
Nunca pude distinguir si estaban tristes
Si querían jugar
O si preferían llorar
Si se sentían mal cuando les gritaba
Si pensaban a la noche que hacer por la mañana
Los perros siempre muestran los dientes
En la lucha y en la guerra
En la felicidad  y en la mala gana
Todo está en los ojos
Son más humanos que
Los mismos humanos
Dicen con la mirada
No con la palabra
Pero siempre sonríen
 Aunque no con los ojos
Ahí está su alma
Los perros dejan un lugar
Un lugar que de alguna forma
Se queda intacto y perfecto
Con la sombra del perro andando
Con la sombra del can durmiendo
Los perros son extensiones
Del alma humana
Que hacen al alma menos humana
Que hacen de los humanos más almas
Los perros son amores
Que en cada perro es distinto
Que se quedan a vivir en recuerdos
De una foto
De una sombra
De un aroma
De una historia no olvidada
Los perros no son para siempre
Porque aunque sean perfectos
Aunque sean leales
Fieles
De buena fama
Aunque parezcan entes divinos
Aunque amen a la presencia humana
No los merecemos
Los perros no son para siempre
Porque los humanos no los merecen
Y mueren para recordarnos que el amor
No siempre necesita de palabras
Para ser una historia de amor recordada
Una historia de amor distinta
Una historia de amor del alma
Porque el que nunca tuvo una mascota
Nunca conoció el verdadero sentido del alma
Porque el que nunca tuvo una mascota
Nunca tuvo (sin tener)
verdaderamente 
nada