viernes, 28 de marzo de 2014

Éxtasis


Tus ojos están ahí despistados y no te dejan salir de ningún lado. Moves la cabeza, sentís ese tirón, y te duele. Un día mas. El cuello te mata, y te duelen los brazos. Te duele todo pero no sabes bien que te duele. Al final de la noche, te das cuenta de que lo que te duele, es ser vos misma. Y te ves observada por ese pasado, que hoy ya no es y en el futuro ojala sea. Con suerte. Y te entiendo, nena, te entiendo pero no te comprendo, te ahogas en esas píldoras y efectos, que te llaman al olvido y que disipan el dolor, que son gases comprimidos que se disparan contra lo que vos crees es soledad o un vacío que ahora llenas con obsoletos. Y te escucho, nena, desde esa voz que no sabes gritar, desde ese silencio que ocultas y de esa farsa de que ya todo está mejor. Y te veo, casi que te veo, en un rincón de tu habitación, angustiada hasta la médula  por no poder irte a un lugar que vos crees mejor, que yo creo que es infierno, pero tal vez sea tu sol, en tu frió y en tu almohada, encontras ese calor, que se arremete cuando tomas una pastilla, dos, tal vez una más, y así no terminas. Y nunca te parece suficiente, y ya estas cansada de esa sed que no tenes, de esa necesidad que no necesitas, de esa manos titilantes que ya queres que dejen de bailar. Y te amo nena, en esa hipocresía, en ese miedo, detrás de esa adicción a la adicción, sos una nena que no sabe del mundo, una nena que quiere que le canten, una nena que a veces es fiera y a veces es reina. Pero que nunca deja de ser, detrás de toda esa oscuridad, vos. Tu realidad, tu verdad, tu desnucada esencia, que antes era lavanda o rosas, y ahora no se puede identificar; hay olor a dolor, y el dolor solo se puede tocar, sentir, mirar. Pero aun así lo huelo, en tu aliento a alcoholes lo huelo, en tus palabras lo huelo, en tu ente lo huelo, en tu falta de perfume de rosas o lavanda, lo huelo. Y no te preocupes, nena, el sol siempre sale por algún lado de la ciudad. Solo hay que saber que, para poder ver el sol, basta con salir de la oscuridad. Y te juro, nena, que toda esta pesadilla vas a dejar de soñar. Y el único éxtasis en tu vida va ser vivirla, y poder despertar. 



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