martes, 14 de octubre de 2014

El Ardid


Nada en aquella distancia habría de ser, porque nada somos si no fuéramos esa distancia que ahora es nada. Aquella mañana me tocó verlo de espaldas y aun así no le dije nada, ni al oído ni de frente, solo me tocó verlo, porque a mis ojos se le otorgo dicho paraje aunque no, no quisiera que así fuese si yo tuviera elección alguna en ese azar caprichoso que siempre se empeñó en unirnos, ese azar populoso e imaginario que quizás, creaste a tu imagen y semejanza, pero dudo que así hubiera sido, porque nunca te resulto tentador el poder de crear desde lo humano. Era difícil, en retrospectiva, hacerte llamar la atención desde un punto atractivo, aunque, graciosa era tu visión de lo bello, a su vez, tan plana y solo hasta la punta de tu nariz. Y allí en mi punta estabas y a mí me tocaba verte. Siempre así, tocando tu esencia algo mío y allí apropiándose ella. Me tocaría ahora bien, ser presente de un pasado, un pasado colectivo que no es mío ni tuyo, es de lo que fue en ese entonces yo, y de lo que eras, un pasado menos maduro y un pasado, por ser pasado, que trae remembranza, ser presente, ahora bien, de verte dirigiéndote hacia Plaza Central con el diario en la mano, y en realidad verte caminando en bata hacia nuestra habitación, y aun así esa imagen del pasado sería una imagen que nunca vi, porque yo en ese entonces habría de estar en la habitación hacia donde te dirigías con el diario, que ahora es Plaza Central y antes lo contiguo a mi brazo desnudo pero tapado con las sabanas. Y ahora te sigo con la mirada correr despacio, ese correr despacio esquivando señoras que transformo en cuando llamaban por teléfono y corrías lento en derredor del living hasta que finalizaba la voz del otro lado, porque no, quedarte quieto jamás, estático no era una cualidad y menos cuando llamaban por teléfono; y mientras vas corriendo-caminando con el diario en la mano, en realidad arrojas el diario porque ahora ya gesticulando estas, ya no más hacia Plaza Central sino en derredor del living y hasta el patio, gesticulando con la mano izquierda y haciendo remolinos con ella hasta que la palabra exacta que buscabas saliera, y salía y derecha de nuevo la mano nerviosa estaba, esperando un nuevo movimiento para exagerar la voz, aunque del otro lado no te veían. Observo que ya en mitad de Plaza Central buscas con la mirada perdida, que en realidad no es mirada perdida con traje y corbata sino mirada perdida de cuando sentado a mi derecha estabas, yo semidormida en la cama, y vos paralelo, sentado y perdido con la mirada, buscando quizás el despabilarse, pero ahora ya trajeado y buscando quien sabe que en Plaza Central, ya no más en la habitación, a mi lado, yo en la esquina y vos en el centro; y allí observo que encontras lo que estabas buscando: no era despabilarte. Era un despabilar que ahora tenía un rostro y un torso, y un nombre nuevo que quizás no haría juego con el tuyo como lo hacía el mío, pero al fin y al cabo un nombre que significaría algo en tu presente, ya no más vos buscando despabilarte con la mirada perdida contiguo a mi brazo sino ya vos encontrando aquel rostro y aquella boca y besándola como aquí en el presente no acontece pero en el pasado, luego de que encontrabas despabilarte, me besabas cuando yo semidormida estaba, y luego, si, traje y corbata, y a Plaza Central, pero la diferencia, ahora yo espectadora en la esquina, ambos amantes en el centro , y aquella distancia. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario