viernes, 2 de agosto de 2013

Metamorfosis


Dicen, que para resucitar, prefiere la noche: porque exaspera aun  mas tenerla, y nos atrapa desprevenidos en el medio de la nada de una habitación. Dicen, que si se le sobrevive, no hay que festejar. Dicen, que es eterna, y aunque nos pese, es la compañera inevitable y crónica de toda alma fugitiva. Dicen por ahí, los sobrevivientes de la tristeza. 

Una circunstancial melodía estaba homogénea, intacta: no atravesaba las paredes, se quedaba ahí, en un circulo cerrado, concentrada en el centro de la habitación. El viento acariciaba las paredes, en un vaivén de soledades y angustias, pero también deseos de libertad. El viento, cesó. Se detuvo, al igual que el tiempo, se detuvo, de golpe, tan inhóspito como un grito que calla, una ultima respiración artificial que conecta con la vida, un detener del corazón, un reflejo simultáneo. La calma culmino por unos instantes, el clima se concibió como suave, tranquilo, cristalino, perfecto al tacto, sin tensiones ni escalofríos, todo lo contrario a segundos antes en la habitación. Hubo un grito. Un llanto. Un grito acompañado de un llanto; entonces se podría decir que es el peor de los gritos, porque la garganta se entumece y los parpados se esfuerzan para descargar lagrimas, tanto que duele hasta el pecho, tanto como duele cada fracción del cuerpo entero. Sucumbió los tímpanos de los fantasmas debajo de la cama, y entrelazados entre las maderas y la paredes. Pero no sucumbió, ni siquiera llego a conmover, a la piedad de la tristeza. La soledad, su fiel aliada, cuando es real, en su estado mas puro, es un sentimiento amorfo, que se siente con el tacto, cuando la piel se torna fria, que se huele con la nariz, cuando el aire se vuelve denso, que se saborea con la lengua, cuando la boca y los labios se secan, que se oye con los oidos, cuando se depierta el sonido del silencio, y que se observa con la mirada, cuando se presenta la imagen de la oscuridad y nosotros .Nadie la conmueve a ella, es como un sicario despiadado, es como un cuervo negro picador, es como un virus maligno. Ahoga; ahoga tanto que  transforma el aire seco, arenoso, que no deja respirar ni balbucear, pero si deja gritar: los gritos la alimentan, las lagrimas la fortalecen, y una sonrisa fina se dibuja en el rostro perdido de la tristeza. Su asesina: la esperanza. Y, entonces, es allí, en ese flagelo, en esa tregua, en ese corte preciso, en esa tajada de minutos, es allí donde entra ella a la habitación, y salva el día. El aire se calma, el grito también cesa, y la melodía pasa de ser áspera, cruel, y fúnebre, a ser contenedora, como los brazos de alguien tibio, como la mano que recibe un ahogado para saltar al confort de la superficie, como una caricia lenta de calor en inverno. La metamorfosis se completa, y la tristeza muere en manos de la esperanza. Pero, no todo en la habitación es observable, o sensible al tacto, no todo se escucha o se rebela: allí, entre las paredes, en las fotos viejas, en una canción, en la ultima carta, se oculta ella, invisible, pero no por eso, menos poderosa, al contrario, mientras menos la esperan, ella aparece, como una tos, un pensar, un parpadeo, sin querer, ella aparece, ella, la tristeza...ella aparece, buscando resucitar, con el poder de la mente, y sus recuerdos, y sus anhelos, con sus mil y una historias, con su pasado, con su tan sencillo acto de recordar.
La habitación, aun calma, refleja una imagen que desconcertó a los ojos de la tristeza: El cuerpo sin vida de su victima, estaba allí, en el medio de toda la calma, y la esperanza, porque la esperanza era distinta, solo encontraba salvación en la muerte, era otro tipo de esperanza: una esperanza oscura, que calmaba el dolor con mas dolor. Pero antes, la victima dejo su rastro en la pared. Un mensaje para ella, nunca nadie había dejo un mensaje para ella, para la tristeza.
La victima expreso, con su misma sangre, su propia esencia roja y carnal, las siguientes palabras en la pared de la habitación destruida de gritos y desorden:

"Intoxicado con locura, estoy enamorado de mi tristeza"

Ella, concreto la fecha de su muerte, la muerte de su enamorado, tal vez, único enamorado al fin.
Ella, la tristeza, ahora, era soledad.  
Metamorfosis completada. 





No hay comentarios:

Publicar un comentario