jueves, 8 de agosto de 2013

La cualidad del árbol grande


A mi, muy a menudo, me atraían (¿Esa es la palabra correcta?) los hombres altos, prominentes del suelo al infinito, como rascacielos humanos, un deseo paulatino hacia aquel que me miraba desde arriba, como la copa de un árbol longevo, que mira hacia la ultima hormiga del ultimo hormiguero escondido en tierra firme. Los miraba, a ellos, mis arboles viejos y altísimos, con un abismal frenesí desmedido, con una fina linea que no cruzaba hacia lo obsesivo, pero muy fina. Ahora bien, los hombres que mas he amado en mi vida, son así: tan altos como austeros, tan gigantes como acaparadores, yo les llamaba infinitos. Porque eran un cielo mas, pero un cielo personal, mi cielo propio, con diferentes colores y nublares: uno de esos hombres era un cielo violáceo, de esos que el cielo entero viste cuando una tormenta se aproxima, de aquellos que suceden al atardecer, con nubes rosadas, y naranjas, incluso beige. El otro, mi padre, era un cielo estrellado, nocturno, tan diurno como la boca de un lobo, lejano y profundo. Y mas solitario, como el mismo lobo de las sombras que llora aullando, y aullando llama y pide por algo de compañía. Llegue a la fantástica conclusión de que estos dos hombres, uno de ellos mi padre, el otro mi primer y único amor, tenían algo en común, ademas de que eran austeros y altos, llanos, extensos, interminables, ademas de que los había perdido para siempre y desde siempre, tenían una característica en común: La cualidad del árbol grande. Pues ,con ellos me sentía protegida y a salvo en todo este mundo de siniestros, como si fueran tan gigantescos que, yo, la hormiga, los mirara con respeto, pero a la vez dulzura, porque sabia que sus ramajes me darían sombra cuando el sol golpee fuerte, y sus hojas me darían abrigo cuando el frió me desampare. Esta cualidad, es la que siempre busco en los hombres, y aunque me la quiera quitar, siempre la busco y me vuelvo a encontrar. 


                                            Inspirado en: "El cuaderno de Maya" de Isabel Allende. 

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