domingo, 11 de agosto de 2013

Sightless - Parte 2


Empecé por su pelo. Con las yemas toqué todo su cráneo frágil, dormido, entregado. Sus mechones de pelo se entrelazaban en mis dedos, y se volvían una enredadera entre mis huesos, era suave y grueso. Seguí por su rostro, y toque sus párpados, que se sentían hinchados, como si hubiera llorado mucho, pensé; pero no se lo dije. Proseguí hacia su boca. Es áspera y con el labio superior más grande que el inferior, se sentían carnosos, pero tiernos, como su mejilla seca y tiesa, pero de fina piel pulida. Continué con su cuello, aquel que tanto amaba besar, luego sus hombros, aquellos con lunares y puntitos negros característicos, luego por sus senos y por ultimo su ombligo. Me detuve allí, porque su torso curvilíneo y perfecto era una de las partes que mas me gustaba de ella, junto con su espalda cicatrizada que me daba escalofríos placenteros.

¿Que sentiste? - me pregunto curiosa con una voz clemente. 
No sé - le dije sinceramente, como soy yo. 
¿Como "no sé"? - me dijo ella levantándose y con un tono ahora extraño, como enojado y receloso. 
No sé que sentí, Julia, sentí tu cuerpo, solo eso - le dije calmo, aunque sabía que poco caballeroso. 

¿Que se suponía que debía decir? ¿Que sentí amor? No sé mentir en esas cosas. Sentí algo, pero no sabía que era, sentí algo, pero como no lo tenía claro, mejor no hablar. Julia se levanto de la cama, tomo su ropa y su bolso, y me dijo que debía irse, que tenía unos trámites que resolver. No le pregunté cuales, ni si quería que la acompañara, porque cuando alguien miente para irse, nada se le ocurre más rápido que la excusa de "tramites" o "asuntos". Me abstuve a acompañarla abajo, y abrirle la puerta para que se fuera. La despedí, con un beso seco. Volví a mi cuarto entre todo el silencio y soledad, y me puse en la misma posición, solo que esta vez, sin Julia. Y sin ella todo se puso raro.

Se hacía de noche, así que baje a la cocina para ver si esta vez me decidía a cocinar, o si una vez más pedía comida rápida. Terminé tomando café. Y eso solo pasa, como acto reflejo e inconsciente, cuando no me siento bien. Me paseaba con mi taza compañera por toda la casa, y subí a mi habitación con la taza vacía de café, pero llena de dudas. Me puse en la misma posición que tenía antes. Nuevamente sin Julia a mi lado. Miré el techo, durante varios minutos, que resultaron toda una madrugada, con The Cure como música de fondo. Y cerré los ojos. Sin querer, comencé a imaginarme a Julia a mi lado. Recreé su cuerpo, porque lo había sentido antes, y tenía una memoria sensorial de aquel cuerpo, y de cada detalle que encerraba, que lo hacía único. Tenía ganas de llamar a Julia, para confesarle mi gran revelación:

El tacto, no es el sentido más maravilloso de todos; lo maravilloso es la capacidad de recordar y recrear que tiene la mente humana, cuando posee pocos recursos para hacer realidad sus sueños , pero de verdad lo desea. 
Eso debió haber dicho el ciego.






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