sábado, 10 de agosto de 2013

Placebo


Se dio cuenta, que estaba buscando en otros lo que él tenia, y nunca lograba hacerlo, nunca lo encontraba, eran imitaciones, copias baratas, algo que simula, como la falsificación de una obra de arte maestra, que pierde placer, sentido y valor. Y con sus mil y un intentos, se vio perdida, porque no había peor ciego que el que no quería ver, y en eso se convirtió ella cuando él se fue. Cuando el la dejó.
Se vio buscando labios ajenos, cualquier boca que con dos labios contara, y buscaba en ellos la misma esencia mágica que le daba besar aquellos labios, la misma paz que le daban aquellos besos de Febrero.
Los besos casuales, no son besos, todos saben a lo mismo, un poco de soledad, amargura, pero nada, ni un poco de amor. Los besos sin sentido, los besos de labios extraños, resultaban tardíos, falsos, ásperos, nada era lo mismo sin los labios de el. No eran los besos, eran los labios. No eran los labios, era el rostro del cual venían. No eran el rostro del cual venían, eran el alma del cual nacían. Era él.
A menudo imaginaba que esos labios raros, de turno, labios extraños, eran sus labios, se lo imaginaba, como si sus bocas se volvieran a encontrar, y entonces besaba con tanta pasión y ternura que asustaba. Era el poder de la imaginación, imaginar que esas manos eran sus manos, que esa respiración venia de el, que ese roce exquisito provenía de su única boca. Pero aquello solo era eso; un sueño más para su crisis de amor, una imagen proyectada en un teatro de papel, una obra maestra sin autor de pincel, un simple placebo encantador que calmaba la soledad. 







No hay comentarios:

Publicar un comentario