sábado, 24 de agosto de 2013

Llorar es divino


Llorar es cómo vaciar el alma de fantasmas, limpiar el aura, sacar la basura de años, abrir las ventanas para dejar entrar luz, barrer la tierra fuera de la alfombra, gritar luego de sacarse una mordaza apretada.
Si se llora a su debido momento, en el ambiente adecuado, y a la persona indicada, llorar es divino. Llorar es una manera de hacerse parte de todos y de todo, es un recordatorio al ego y la soberbia de lo humano que es el ser. Cada gota en sí, es personal, pero también es del universo cuando sale hacia afuera, se va de nosotros, y se pierde entre el ambiente y otras gotas ajenas, hasta ser gas y llegar a las nubes. Y en ese simple acto involuntario, pero sagrado, nos hacemos parte de la vida, del mundo, y del universo en su totalidad. Somos más que humanos cuando lloramos nuestra primera lágrima; y así como llorando vinimos al mundo, llorando nos despedirán de él.
Llorar es divino. 





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