Carlita me llamaba con sus ojos color café.
Me seducía sin querer, sellaba todo con sus ojos, sus ojos color del que cualquiera ella quisiera, a veces era rojo como el amor, otras eran negros, negros como su olvido y venganza.
Ella no sabia nada, nada de mi, desde aquella noche clave, esa noche de Sábado tan fría como los pezones de Carlita cuando en invierno los posaba sobre mi pecho, donde la deje sola en el medio de la vereda en la calle Corrientes. Era otoño, y ella usaba sus zapatillas negras como cabala de días frescos. Era otoño, y ella odiaba el otoño. Era otoño y a Carlita no le gustaba que le dijera así, le parecía infantil, algo tan diminutivo como "Carlita", que a ella no le gustaba, pero le pertenecía, tan diminuto su nombre, como su pequeña paciencia a la hora de esperar a alguien; ella no esperaba a nadie, Carlita era ella y brillaba por su ausencia, no perdía tiempos porque ella era el tiempo mismo, y yo quería ser sus horas, minutos y segundos, yo quería ser reloj y que Carlita fuera mi control de tiempo.
Épocas de Mayo, cuando me señalaba con el dedo, y me acusaba de no saber que carajo era el amor.
¿Y ella que sabia? ¿Carlita que sabia del amor mas que yo? Y al fin y al cabo...¿Tan importante era para ella saber que era el amor al pie de la teoría?
¿Que carajo es el amor?
Explícamelo a los gritos Carlita, volvé y explicámelo, volvé por unos minutos a mi vida y explicáme cara a cara todas las mentiras y verdades que sentiste por mi en algún tiempo glorioso donde desprendía tu camisa y te besaba hasta los huesos; después de absorber mis cigarrillos y mirar tus hombros desnudos, con mis manos sobre ellos, y el izquierdo, tu precioso hombro izquierdo, en el que tenias tres pequeñísimos lunares negros, tus tres marías, tu galaxia, tus propios astros yacían por sobre tu piel tan suave. Toma mi oreja y gritame al tímpano, gritame todos los pensamientos oscuros que se te ocurrían sobre mi cada madrugada en vela que pasaste secándote las lagrimas. Carlita, si sos tan digna, haceme caso y no busques la respuesta al "¿Que carajo es el amor?", mas apasionante es encontrarla sin querer y así empezar a creer en el rompecabezas que es el destino. Odia al amor, besalo hasta morir, desealo, olvidalo, carecelo y soltalo, porque mejor es sentir algo, algún sentimiento, que no sentir nada. Aun mas, no creas en las metaforas que te digo en estos versos, mejor cree en vos con locura, con la misma locura con la que tocabas tu guitarra y gritabamos los coros de esa canción que en mi cabeza se remite como recuerdo de tu voz:
"As soon as i wake up, every night, every day, i know that it's you i need to take the blues away"
Carlita, no te preguntes porque me fui y nos dejamos vencer, no se si esperas que todavía vuelva, pero fuiste la mujer mas encantadora que mis penas y lujurias conocieron, la borrachera mas alocada que mis desperdicios ganaron, y la respuesta momentánea a tu "¿que carajo es el amor?".
A pesar de que este iluso no sabe nada de amar, porque no tiene la suerte de vivir en tal sueño sanador que se encuentra en la seguridad de tus brazos, este iluso, este pobre iluso, sufre las secuelas de tu cuerpo y tu espíritu como una enfermedad que solo vos, la doctora de mis sueños, sabe calmar y hacerme vivir en una constante respuesta indefinida a a tu ""¿que carajo es el amor?".

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