jueves, 13 de junio de 2013

Milena


Milena vino el sábado a tocar a mi puerta, y yo abrí para verla mejor. Milena hablaba bajito y me seducía cada vez que pronunciaba las palabras, porque su lengua apenas chocaba con su paladar, y se formaba una capsula de aire entre sus labios, que hacia su voz sensual y gustativa. Milena esta cambiaba. Milena desvestida. Milena fuma cigarrillos y el humo le sale por la nariz redonda, que heredo de su mama o su bisabuela. Me invita a la ventana, que mire el sol me dice, que mire el sol, el amanecer, que esta bonito, me dice que mire el sol con ella porque el día está bonito. Milena y su piel seca, me mira desde arriba, me mira desde abajo, toca mi espalda, toma mi espalda, la toca y la toma, que me lleve para cualquier lado ella, porque es Milena y ninguna otra cosa más le hace falta para secuestrarme. Solo una noche, una noche más de besos, de cuerpos, de roces, de nosotros, pero todo de Milena. Siempre fuiste un placer, me dice, porque según ella tengo sensualidad reprimida; le encanta decir esa línea: sensualidad reprimida, dice de mí. Era en Abril cuando nos mirábamos y corríamos de la gente, de nosotros, de la lluvia, de su pieza, de la humedad que hacían nuestros sudores, de las sabanas sucias y de lo que íbamos dejando de nuestra historia, de hotel en hotel. Milena era mi fantasma, sobre momentos sentía que mi oído se volvía su sistema nervioso, mis palabras entraban y salían de toda esa mujer, de todo su cuerpo, y alguna parte de ellas quedaban como un recordatorio de mi adentro suyo, capaz el “Voy a estar con vos hasta cuando no seamos nada” o el “Tenes razón, pero seguís siendo mi loca linda, Milena”, palabras vagas de noches en vela juntos. Volvimos a los cuerpos sudorosos, de aroma cualquiera, aroma nosotros, aroma pasión, volvimos pero nos fuimos hace rato en realidad, mi cielito. Mujer” y “Milena” empiezan con la misma letra porque comparten la misma convicción de espíritu, la misma hermosura embrollada, y la misma incógnita rebelde. Milena de a ratos es una nena boba, pero de a otros parece tener arrugas invisibles debajo de sus ojos marrones, y por eso es que siempre vuelvo a ella, porque es mi pasaje oculto al pasado, mi billete perdido para sustentar mi futuro, mi lamparita de noche, mi libro, mi escrito, mi boceto, mis líneas, mis versos, mi colección de discos, y mis lluvias frías; ella es la metáfora más completa que ha visto un escritor. Pasa la hora. Milena se va. Milena se olvido su buzo de tela negra en la cama. Milena es perfume en mi almohada. Milena recuerdo. Milena clandestina. Milena no es mía, pero era en Febrero cuando lo fue, y algo de ella aun me pertenece en sueños locos de amor. Milena chau. Chau Milena. Milena a donde quiera que vaya, es de ella y de nadie más.


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