Milena vino el sábado a
tocar a mi puerta, y yo abrí para verla mejor. Milena hablaba bajito y me
seducía cada vez que pronunciaba las palabras, porque su lengua apenas chocaba
con su paladar, y se formaba una capsula de aire entre sus labios, que hacia su
voz sensual y gustativa. Milena esta cambiaba. Milena desvestida. Milena fuma
cigarrillos y el humo le sale por la nariz redonda, que heredo de su mama o su
bisabuela. Me invita a la ventana, que mire el sol me dice, que mire el sol, el
amanecer, que esta bonito, me dice que mire el sol con ella porque el día está bonito. Milena y su piel seca, me mira desde arriba, me
mira desde abajo, toca mi espalda, toma mi espalda, la toca y la toma, que me
lleve para cualquier lado ella, porque es Milena y ninguna otra cosa más le
hace falta para secuestrarme. Solo una noche, una noche más de besos, de
cuerpos, de roces, de nosotros, pero todo de Milena. Siempre fuiste un placer,
me dice, porque según ella tengo sensualidad reprimida; le encanta decir esa
línea: sensualidad reprimida,
dice de mí. Era en Abril cuando nos mirábamos y corríamos de la gente, de
nosotros, de la lluvia, de su pieza, de la humedad que hacían nuestros sudores,
de las sabanas sucias y de lo que íbamos dejando de nuestra historia, de hotel
en hotel. Milena era mi fantasma, sobre momentos sentía que mi oído se volvía
su sistema nervioso, mis palabras entraban y salían de toda esa mujer, de todo
su cuerpo, y alguna parte de ellas quedaban como un recordatorio de mi adentro
suyo, capaz el “Voy a estar
con vos hasta cuando no seamos nada” o el “Tenes razón, pero seguís siendo mi
loca linda, Milena”, palabras vagas de noches en vela juntos. Volvimos a
los cuerpos sudorosos, de aroma cualquiera, aroma
nosotros, aroma pasión, volvimos pero nos fuimos hace rato en realidad, mi
cielito. “Mujer” y “Milena”
empiezan con la misma letra porque comparten la misma convicción de espíritu,
la misma hermosura embrollada, y la misma incógnita rebelde. Milena de a ratos es una nena boba, pero de a otros parece
tener arrugas invisibles debajo de sus ojos marrones, y por eso es que siempre
vuelvo a ella, porque es mi pasaje oculto al pasado, mi billete perdido para
sustentar mi futuro, mi lamparita de noche, mi libro, mi escrito, mi boceto,
mis líneas, mis versos, mi colección de discos, y mis lluvias frías; ella es la
metáfora más completa que ha visto un escritor. Pasa la hora. Milena se va.
Milena se olvido su buzo de tela negra en la cama. Milena es perfume en mi
almohada. Milena recuerdo. Milena clandestina. Milena no es mía, pero era en
Febrero cuando lo fue, y algo de ella aun me pertenece en sueños locos de amor.
Milena chau. Chau Milena. Milena a donde quiera que vaya, es de ella
y de nadie más.

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