Existió un momento, en el que los relojes se
quedaban vacíos, se quedaban incompletos, porque el tiempo se les iba
y no tenían a quien marcar, en el que las horas eran solo vientos despojados de
la inevitable mortalidad, en el cual los movimientos incesantes y precoces de
los pasos apurados, se convertían en pensamientos apacibles y
contemplaciones recónditas netas de despreocupación. Existió un momento,
en el que el lugar no importaba, y las agujas se esfumaban, se descomponían,
los minutos estallaban, los segundos se volvían nulos, las estaciones solo
marcaban la magnitud de la naturaleza, el día era
claridad, y la noche era penumbra, nada más. Existió
un momento, en el que el tiempo no cobraba sentido, y no existía. No estaba a
destiempo, no iba tarde, no llegaba temprano, no estaba perdiendo nada, no
estaba de mas apurado. Ese momento, momento en el cual, el mundo parecía
detenerse si lo necesitaba, los ruidos parecían ausentarse si molestaban, y los
problemas parecían nublarse si lo apetecía...
ese momento, eras tú.

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