sábado, 15 de junio de 2013

Diario/8




Ni bien salí hacia afuera, lo vi. Lo vi a él. Lo vi con alguien más. Lo vi con "ella". Lo vi con alguien, mejor dicho, porque tal vez no era su "ella", era solamente una chica mas. Pero en sí, no me importaba si era "ella"; importaba el hecho de que fuera alguien más. No había nada malo ahí, no era nada más que él y una persona a su lado, no había nada malo, al contrario, era bueno, era bueno que siguiera acorde al mundo y consiguiera caminar una tarde tranquila con una persona que no fuera yo. Pero quizás, el punto principal de la complicación, de mi problema, de mí alborote, era precisamente eso: esa que caminaba con él, no era yo. ¿Que me daba el mero derecho de desviarlo de eso? ¿Que me daba el tupe de prohibírselo? Pero aun así... ¿Porque insisto en la sensación de dolor prematuro e inocente que me surgió al verlo compartir un encuentro común y corriente (tal vez) con otra que no fuera yo? Supongo que no hay respuesta ahí. Me sentí con ganas de defenderme, como si esa, como si ella, no tuviera el sentido territorial que yo tengo sobre él; pero aun así, esa posesión de su libertad, esa pertenencia, no es mía hace bastante. Con más razón ¿porque insisten mis ganas de decirle: "No, para, vos sos mío, de nadie más, de nadie más, sos mío y te quedas acá conmigo"? Que estúpida, que posesiva. Qué asco de oración salió ahí. Es muy infantil mi carácter de posesión hacia su libertad, aun mas, es una posición hipócrita, de doble moral, porque yo he hecho lo mismo que el hizo esa vez en algún tiempo. ¿Porque me tengo que meter en su vida ahora? ¿Porque me atrevo a reclamar este derecho que ni siquiera merezco? Es primordial darme a entender a mí misma, a esa chica que aun cree tener la plenitud de control hacia él, que él ya es libre, y que siempre lo fue, aun si todo fuera como antes entre nosotros. El puede irse, quedarse, olvidarme, enamorarse. El puede enamorarse. Enamorarse. Quien pudiera enamorarlo, que fortuna, que suerte. ¿El puede enamorarse? Yo no quiero que él pueda enamorarse, ¿Ella sería mejor que yo? ¿Porque no fui como ella? ¿Quién es "ella"? ¿Acaso importa quien sea "ella"? Si, lo que importa, lo que trauma, lo que desvela, es el solo (el gran) hecho de que se enamore de alguien que no sea yo, de todo lo que haga con alguien que no sea yo, y de todo lo que desee que no sea de mí. Importa hasta el margen de que realmente suceda, y yo tenga que definitivamente dejarlo ir, que yo lo deje ir, porque él se fue hace rato, pero “dejar ir”, se refiere a algo mas especifico, menos natural, más potente que un simple “adiós”, dejar ir alguien o algo, es algo más profundo, que va mas allá de las palabras o encuentros terminados entre dos, es la aceptación irreal pero presente, necesaria aceptación, de que el otro no está más y no lo va a estar, y nosotros tampoco vamos a estar. Dejar ir de verdad a alguien, a menudo no coincide con la despedida en sí, a veces meses más, a veces años, a veces son constancias temporales en las que “dejamos ir”, pero no es verdad, y después volvemos al temporal de olvido, y quizás en algún punto extraño, algún dia y sin querer, de verdad olvidamos por un rato largo a ese “dejar ir”, y de verdad concretamos esa despedida espiritual, a veces, muchas veces, el otro no coincide con nosotros, y nos sostiene un poco más, o, quizás, nos deja mucho antes de lo que suponemos. Yo no lo dejo ir, y quizás soy semi-consciente de eso, porque no quiero dejarlo ir, porque me gustaría que aun exista nuestra conexión, nuestra combinación perfecta que nadie ve, y que nos habláramos entre silencios y distancias. Yo no lo dejo ir, pero nos despedimos hace rato. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario