Las luces del ambiente
no eran luces, eran relámpagos que brillaban por su ausencia, era una oscuridad
diferente, no tan oscura, ni tan solitaria, era una oscuridad de las buenas, de
las que se disfrutan, no de aquellas que me inspiran total melancolía o temor.
Contigo no hay temor de nada, contigo hay liberación, de todos los magníficos
sentidos de la palabra libertad, sos el más indicado, vos y la oscuridad. El
aire era tu suspiro, tu respiración cubría mi piel, te ves mejor de cerca,
impactante figura la de tu rostro sobre el mío, deseable sensación la de tus
labios matándome, indescriptible placer de sentir que éramos uno solo. Nos mirábamos discretos, pero sabíamos todo
lo que el otro pensaba, tal vez porque era difícil escapar de lo que de verdad sentíamos, hasta con la mirada me decías palabras sin querer. Se hacía
tarde, quería que el tiempo no pasara, y pensaba que tal vez si suspiraba
lentamente, los minutos también pasarían así, y no te tendría que dejar por un
largo tiempo. El sol estaba por salir, traslucirían las cortinas, y quizás ya
no te tendría, me iría, te irías; el frio jugaba con el calor del sol
amaneciendo, apareciendo en el cielo como una amenaza, una increíble tentativa
a nuestros placeres ocultos en tu oscura habitación, con mi boca respirando
entre tu oscuro cabello desarreglado, pero nuestras caricias ganaron, nuestros
roces difuminaron todo peligro, nuestros besos eliminaron cualquier dificultad.
Rápido, entrabas y salías de mí, sin pedir permisos, por mis ojos, por mi boca,
por mis brazos, por toda yo, dejando huellas imborrables, igual que tu nombre
en mis recuerdos; las sabanas corrían de un lado a otro, tanto como nuestras manos,
las palpitaciones se aceleraban cada vez más. Vale la pena todo, con vos
despertando a mi lado, mirándome de cerca, con la luz de un mediodía cerrando tus
parpados, con las sonrisas de ambos concentradas entre un beso y una cercanía completamente
inseparable, algo menos corporal, más que todo contacto piel a piel, sin vos no
sería lo mismo, porque quizás tu piel no solo sea piel, porque tu piel sos vos,
solamente vos, único e irreparable. Después de una noche en que la luna nos
miro deseosa, el frio combatió con nuestros calores, y la distancia perdió su
jugada, me miras y me sonreís. Que fiel remedio el de tu presencia, que placer
verte brillar con la luz del sol, que locura la que causas entre mis deseos,
quisiera que la noche no terminara nunca, y tal vez, solo tal vez, lo hicimos,
detuvimos el tiempo, porque así sucede cada vez que te tengo cerca, y yo soy
tuya, y vos sos mío .

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