Te escribo desde mi
noche y desde mi propia pero inevitable existencia, no planeaba escribirte, de
hecho, hasta un momento, estaba hasta planeando olvidarte, de alguna forma,
eche un vistazo a mi futuro, y pensé que en él me encontraría a mi misma
rompiendo fotos tuyas y maldiciendo tu nombre por amor. No planeaba escribirte,
pero lo voy a hacer, aunque quizás nunca me vayas a leer, aunque quizás esto
quede como un escrito suelto en la nada, pero lo voy a hacer, por el simple
pero, bastante suficiente, hecho de que necesito arreglar mis asignaturas
pendientes con tu nombre. Esta noche te escribo sin querer, pero mi mente
escribe por si sola entre líneas imaginarias tus recuerdos, casi todas las
palabras que salen de tu boca me las grabe, me las aprendí, a veces, como esta
noche, quisiera que desaparecieras, y no estuvieras mas en mis recuerdos, en
ningún lado de mi, solucionaría muchos problemas del corazón, que en si son la
gran mayoría de mis tormentos, pero que
de mis textos, que de mi poesía si tu no hubieras aparecido, que de mi felicidad
si tu no hubieras creado mis sonrisas, que de mi pasado, que de mí. Apareces
cuando no quiero, y te quiero más cuando apareces, pero en mis pensamientos
eres un peligro, algo que se va apoderando de las cosas, como una peste, como
una brisa, como un olor, vos. Me asusta el simple hecho de que te vayas, pero
sé que si te quieres ir, estará bien, porque no te puedo retener, eres libre de
besarla, de acariciarla, de sonreír muy a la par de ella, eres libre, se que
siempre lo fuiste, y quizás eso es lo que más ame de ti, ahora lo que más
detesto, no es ironía, es amor del ciego, tal vez, del verdadero, tan verdadero
como el dolor que sentiría si te fueras, mayor el que me causaría el verte ahí
con ella, ahí, no importa donde, aunque dolería mas si fuera en el mismo lugar
en el que en algún tiempo nos besábamos los dos, como tu habitación, tu
almohada, tu pared azul, tu casa, tu calle, tu vereda, tus simples lugares.
Recuerdo los lugares, los movimientos, las canciones, las frases, las palabras,
los silencios más que nada, los enojos, los perdones, hasta aun aquellos falsos
perdones que dábamos solo para que todo esté bien, las miradas, las mentiras,
las traiciones, las lagrimas, las despedidas, los reencuentros, en otras
palabras: te recuerdo, si que te recuerdo, ¿cómo no te recordaría si aun estas aquí?
Te veo en cualquier lado, aun me hablas, y me preguntas como esta mi día, y yo
solo respondo como si fuera tu simple amiga, tu simple persona conocida de
pasar, aun te recuerdo porque aun estas aquí conmigo, no te vas, y quizá, si te
fueras, sería lo mismo, porque te tengo conmigo en algún lugar estratégico que
no consigo encontrar, no quiero encontrarlo de todas maneras, porque trataría
de sacarte de mí, y nada mas insensato que querer sacarte de mí, cuando ni
siquiera te has ido, pero la razón no juega en este momento, ni en ningún otro
en el que aparezca el amor, la necesidad de tu presencia, la estúpida necesidad
que seas mío, y que yo sea tuya, y que no haya penas, dolores, ni decepciones,
pero, lo perfecto no es real, lo perfecto es falso, tan falso es que no existe,
que no sirve de nada la plenitud en felicidad, lo de ensueño es mentira, tan
mentiroso ensueño en donde no existe el odio en el amor, tan irreal como
deseable, misteriosamente deseable como tú. Hoy me hablas, como si nosotros
nunca hubiéramos pasado, pero tengo un nosotros encerrado en cada palabra que
te digo, y espero que tu también, pero no creo, veo un nosotros cada vez que la
miras a ella, veo un nosotros cada vez que hablamos de tu futuro, de tus
sonrisas, veo un nosotros hasta cuando no hablamos de nada, veo un nosotros
aunque eso ya no exista, y quiero olvidar el “nosotros”, pero eso no es
posible, no cuando lo pienso, porque estas tan cerca que te veo tan lejos,
aunque suene imposible de pensar, cuando te veo de cerca, siento tu maldita
lejanía en frente de mis ojos, y eso duele más que nada, porque enfrento al
final del dia, que ya no estás, que tu presencia existe, pero ya no estás ahí,
ya no existes para mí, ¿se entiendo lo que digo? Estas ahí, pero, no me miras a
mí, y si me hablas, no hay un nosotros de por medio, solo estas tu, tu y los
otros, yo estoy de mas ahí. Estas lejano, te veo tan desesperadamente lejos que
me asusto, y me lastimo, hasta darme cuenta de que lo único que veo es la
realidad, la triste realidad que me causa el ver con mis propios ojos, no por
murmureos que me dan los demás, no por suposiciones de mis vagas
culpabilidades, veo ahí mismo, ahí, dañando toda mi debilidad, que tú no estás
mas, que estas, pero lejos, muy lejos de lo que es nosotros. Es de noche, y a
tus noches conmigo las recuerdo, y a mis noches contigo las quiero de vuelta,
aquellas noches, pocas pero únicas noches, en las que nos volvíamos locos uno
por el otro, quizás la única oportunidad en que nuestra locura fuera sana, es
de noche, y también recuerdo veces en las que llore, admito llore, llore por
ti, y por nuestros engaños, nuestros desencuentros, nuestros adioses, llore por
ti y por nosotros, lo admito, escribí con furia algunas líneas de odio que
nunca salieron a la luz, lo admito, pronuncie tu nombres en gritos a solas que
nunca escuchaste, gritos en los que maldecía conocerte, y amarte, y haberme
aprendido tu nombre de memoria, lo admito, si es cuestión de confesar, te
odiado con toda la razón, y te he amado con todo el corazón ciego. Ahora no
estás, tengo la inseguridad de que no eres mío, y que te puedes ir en cualquier
momento, en cualquier lugar, puedes elegir ser libre, estar con ella, o no ser
nada, y aun así me estarías lastimando. El pasado llega y se a ratos se va,
igual que tu, pero tú eres mi pasado, aunque en mi presente, te quiera en mi
futuro. No planeaba escribirte, como dije, pero escribirte es recordarte en
palabras, y ya que te tengo aquí, aquí dentro, me atrevo a darte esta
remembranza de recuerdos en forma de letras. Si, en caso de que mis deseos
ocurran, estés leyendo estas líneas, quiero que sepas que tengo mucho más para
decir sobre ti, sobre mí, sobre nosotros, porque eres eterno, dalo por seguro
que eres eterno, porque si yo lo quiero así, en mis palabras, así serás. Si
sigues leyendo estas letras, no tengo palabras más mínimas, ni más grandes, ni
más sutiles, ni más atrevidas, ni más inapropiadas, ni más exactas que las que
te estoy dando en esta carta sin enviar, invento de carta sin destinatario,
solo con una razón, tú, yo, y un nosotros.
viernes, 28 de junio de 2013
martes, 25 de junio de 2013
Pleasure
Las luces del ambiente
no eran luces, eran relámpagos que brillaban por su ausencia, era una oscuridad
diferente, no tan oscura, ni tan solitaria, era una oscuridad de las buenas, de
las que se disfrutan, no de aquellas que me inspiran total melancolía o temor.
Contigo no hay temor de nada, contigo hay liberación, de todos los magníficos
sentidos de la palabra libertad, sos el más indicado, vos y la oscuridad. El
aire era tu suspiro, tu respiración cubría mi piel, te ves mejor de cerca,
impactante figura la de tu rostro sobre el mío, deseable sensación la de tus
labios matándome, indescriptible placer de sentir que éramos uno solo. Nos mirábamos discretos, pero sabíamos todo
lo que el otro pensaba, tal vez porque era difícil escapar de lo que de verdad sentíamos, hasta con la mirada me decías palabras sin querer. Se hacía
tarde, quería que el tiempo no pasara, y pensaba que tal vez si suspiraba
lentamente, los minutos también pasarían así, y no te tendría que dejar por un
largo tiempo. El sol estaba por salir, traslucirían las cortinas, y quizás ya
no te tendría, me iría, te irías; el frio jugaba con el calor del sol
amaneciendo, apareciendo en el cielo como una amenaza, una increíble tentativa
a nuestros placeres ocultos en tu oscura habitación, con mi boca respirando
entre tu oscuro cabello desarreglado, pero nuestras caricias ganaron, nuestros
roces difuminaron todo peligro, nuestros besos eliminaron cualquier dificultad.
Rápido, entrabas y salías de mí, sin pedir permisos, por mis ojos, por mi boca,
por mis brazos, por toda yo, dejando huellas imborrables, igual que tu nombre
en mis recuerdos; las sabanas corrían de un lado a otro, tanto como nuestras manos,
las palpitaciones se aceleraban cada vez más. Vale la pena todo, con vos
despertando a mi lado, mirándome de cerca, con la luz de un mediodía cerrando tus
parpados, con las sonrisas de ambos concentradas entre un beso y una cercanía completamente
inseparable, algo menos corporal, más que todo contacto piel a piel, sin vos no
sería lo mismo, porque quizás tu piel no solo sea piel, porque tu piel sos vos,
solamente vos, único e irreparable. Después de una noche en que la luna nos
miro deseosa, el frio combatió con nuestros calores, y la distancia perdió su
jugada, me miras y me sonreís. Que fiel remedio el de tu presencia, que placer
verte brillar con la luz del sol, que locura la que causas entre mis deseos,
quisiera que la noche no terminara nunca, y tal vez, solo tal vez, lo hicimos,
detuvimos el tiempo, porque así sucede cada vez que te tengo cerca, y yo soy
tuya, y vos sos mío .
viernes, 21 de junio de 2013
Momento
Existió un momento, en el que los relojes se
quedaban vacíos, se quedaban incompletos, porque el tiempo se les iba
y no tenían a quien marcar, en el que las horas eran solo vientos despojados de
la inevitable mortalidad, en el cual los movimientos incesantes y precoces de
los pasos apurados, se convertían en pensamientos apacibles y
contemplaciones recónditas netas de despreocupación. Existió un momento,
en el que el lugar no importaba, y las agujas se esfumaban, se descomponían,
los minutos estallaban, los segundos se volvían nulos, las estaciones solo
marcaban la magnitud de la naturaleza, el día era
claridad, y la noche era penumbra, nada más. Existió
un momento, en el que el tiempo no cobraba sentido, y no existía. No estaba a
destiempo, no iba tarde, no llegaba temprano, no estaba perdiendo nada, no
estaba de mas apurado. Ese momento, momento en el cual, el mundo parecía
detenerse si lo necesitaba, los ruidos parecían ausentarse si molestaban, y los
problemas parecían nublarse si lo apetecía...
ese momento, eras tú.
domingo, 16 de junio de 2013
Existes
Tengo la más grande
certeza, de que si aun existes entre mis letras, aun existes en mi. Aunque no
estés, aunque no me pertenezcas, a pesar de todo, aun existes aquí dentro y
también por fuera, especialmente en las noches desveladas que me paso
imaginando que si cierro los parpados, estas allí, a mi lado, no hablas, no
emites palabra alguna, solo respiras, pero respiras a mi lado, a la altura de
mi oreja, respiramos juntos y tu presencia se libera y te haces sentir con ese
simple acto de respirar cerca, muy cerca mío. Aun existes entre párrafos
disueltos en papel, aunque no quiera escribirte, aunque no necesite dedicarte
los más perfectos poemas, aunque trate de evitar que tu nombre se me aparezca y
pelee con mis palabras para no nombrarte. Aun existes, se que aun estas aquí,
aunque seas invisible, aunque trate de desaparecerte del lugar, y borrarte
hasta que no haya rastros de tu presencia involuntaria, se que aun existes
aquí, mientras exista yo, y exista la eternidad de mis palabras, lo sé,
perfectamente lo sé. Aun existes entre mis penas, y mis rencores, y mis ganas
de ahogar tus memorias, dejarlas ir igual que a tu imaginaria pero real
existencia en mi. Esta noche, esta solitaria noche, no quería escribir sobre
ti, no quería idealizar tu existencia, porque quizás tu ya ni te percatas de la
mía, y no tienes la esperanza que yo tengo en este momento, de que entres por
esa puerta vacía, para que seas real de una vez por todas, pero, aunque
nuestras respiraciones estén más lejos que nunca, esta noche, esta solitaria
noche, me propuse a aceptar tu existencia en mi, quizás porque comprendí que si dejo que tu existencia se disuelva, se
vaya, se despida de todos mis pensamientos y sentidos, no me quedaría a que
aferrarme, no me quedaría más que mi vaga existencia, tan vacía, como la misma
nada que me provocaría desterrar tu gran existencia en todo mi indivisible ser,
neto de tus ojos, de tu boca, de tu risa, de tu voz, de tu caricia, de tu
amparo, de tu amor, de tu simple pero importante presencia en el caos de la
ciudad, en la plenitud del mundo, y en desastre de mi alma, porque si permito
que tu existencia huya, y no sea parte de mi nunca jamás, la nada misma vendría
hacia a mí, y me vencería hacia la triste verdad única, de que eres parte de mi
hasta cuando no quiero, hasta cuando no te necesito, hasta cuando no te
extraño, porque te quiero, porque te necesito, y porque te extraño. No eres más
que eso: existencia que se irá, cuando me vaya yo.
sábado, 15 de junio de 2013
Diario/8
Ni bien salí
hacia afuera, lo vi. Lo vi a él. Lo vi con alguien más. Lo vi con
"ella". Lo vi con alguien, mejor dicho, porque tal vez no era su
"ella", era solamente una chica mas. Pero en sí, no me importaba si
era "ella"; importaba el hecho de que fuera alguien más. No había
nada malo ahí, no era nada más que él y una persona a su lado, no había nada
malo, al contrario, era bueno, era bueno que siguiera acorde al mundo y
consiguiera caminar una tarde tranquila con una persona que no fuera yo. Pero
quizás, el punto principal de la complicación, de mi problema, de mí alborote,
era precisamente eso: esa que caminaba con él, no era yo. ¿Que me daba el mero
derecho de desviarlo de eso? ¿Que me daba el tupe de prohibírselo? Pero aun así...
¿Porque insisto en la sensación de dolor prematuro e inocente que me surgió al
verlo compartir un encuentro común y corriente (tal vez) con otra que no fuera
yo? Supongo que no hay respuesta ahí. Me sentí con ganas de defenderme, como si
esa, como si ella, no tuviera el sentido territorial que yo tengo sobre él;
pero aun así, esa posesión de su libertad, esa pertenencia, no es mía hace
bastante. Con más razón ¿porque insisten mis ganas de decirle: "No, para,
vos sos mío, de nadie más, de nadie más, sos mío y te quedas acá conmigo"?
Que estúpida, que posesiva. Qué asco de oración salió ahí. Es muy infantil mi
carácter de posesión hacia su libertad, aun mas, es una posición hipócrita, de
doble moral, porque yo he hecho lo mismo que el hizo esa vez en algún tiempo.
¿Porque me tengo que meter en su vida ahora? ¿Porque me atrevo a reclamar este
derecho que ni siquiera merezco? Es primordial darme a entender a mí misma, a
esa chica que aun cree tener la plenitud de control hacia él, que él ya es
libre, y que siempre lo fue, aun si todo fuera como antes entre nosotros. El
puede irse, quedarse, olvidarme, enamorarse. El puede enamorarse. Enamorarse.
Quien pudiera enamorarlo, que fortuna, que suerte. ¿El puede enamorarse? Yo no
quiero que él pueda enamorarse, ¿Ella sería mejor que yo? ¿Porque no fui como
ella? ¿Quién es "ella"? ¿Acaso importa quien sea "ella"?
Si, lo que importa, lo que trauma, lo que desvela, es el solo (el gran) hecho
de que se enamore de alguien que no sea yo, de todo lo que haga con alguien que
no sea yo, y de todo lo que desee que no sea de mí. Importa hasta el margen de que
realmente suceda, y yo tenga que definitivamente dejarlo ir, que yo lo deje ir,
porque él se fue hace rato, pero “dejar ir”, se refiere a algo mas especifico,
menos natural, más potente que un simple “adiós”, dejar ir alguien o algo, es
algo más profundo, que va mas allá de las palabras o encuentros terminados
entre dos, es la aceptación irreal pero presente, necesaria aceptación, de que
el otro no está más y no lo va a estar, y nosotros tampoco vamos a estar. Dejar
ir de verdad a alguien, a menudo no coincide con la despedida en sí, a veces
meses más, a veces años, a veces son constancias temporales en las que “dejamos
ir”, pero no es verdad, y después volvemos al temporal de olvido, y quizás en algún
punto extraño, algún dia y sin querer, de verdad olvidamos por un rato largo a
ese “dejar ir”, y de verdad concretamos esa despedida espiritual, a veces,
muchas veces, el otro no coincide con nosotros, y nos sostiene un poco más, o, quizás,
nos deja mucho antes de lo que suponemos. Yo no lo dejo ir, y quizás soy
semi-consciente de eso, porque no quiero dejarlo ir, porque me gustaría que aun
exista nuestra conexión, nuestra combinación perfecta que nadie ve, y que nos habláramos
entre silencios y distancias. Yo no lo dejo ir, pero nos despedimos hace rato.
jueves, 13 de junio de 2013
Milena
Milena vino el sábado a
tocar a mi puerta, y yo abrí para verla mejor. Milena hablaba bajito y me
seducía cada vez que pronunciaba las palabras, porque su lengua apenas chocaba
con su paladar, y se formaba una capsula de aire entre sus labios, que hacia su
voz sensual y gustativa. Milena esta cambiaba. Milena desvestida. Milena fuma
cigarrillos y el humo le sale por la nariz redonda, que heredo de su mama o su
bisabuela. Me invita a la ventana, que mire el sol me dice, que mire el sol, el
amanecer, que esta bonito, me dice que mire el sol con ella porque el día está bonito. Milena y su piel seca, me mira desde arriba, me
mira desde abajo, toca mi espalda, toma mi espalda, la toca y la toma, que me
lleve para cualquier lado ella, porque es Milena y ninguna otra cosa más le
hace falta para secuestrarme. Solo una noche, una noche más de besos, de
cuerpos, de roces, de nosotros, pero todo de Milena. Siempre fuiste un placer,
me dice, porque según ella tengo sensualidad reprimida; le encanta decir esa
línea: sensualidad reprimida,
dice de mí. Era en Abril cuando nos mirábamos y corríamos de la gente, de
nosotros, de la lluvia, de su pieza, de la humedad que hacían nuestros sudores,
de las sabanas sucias y de lo que íbamos dejando de nuestra historia, de hotel
en hotel. Milena era mi fantasma, sobre momentos sentía que mi oído se volvía
su sistema nervioso, mis palabras entraban y salían de toda esa mujer, de todo
su cuerpo, y alguna parte de ellas quedaban como un recordatorio de mi adentro
suyo, capaz el “Voy a estar
con vos hasta cuando no seamos nada” o el “Tenes razón, pero seguís siendo mi
loca linda, Milena”, palabras vagas de noches en vela juntos. Volvimos a
los cuerpos sudorosos, de aroma cualquiera, aroma
nosotros, aroma pasión, volvimos pero nos fuimos hace rato en realidad, mi
cielito. “Mujer” y “Milena”
empiezan con la misma letra porque comparten la misma convicción de espíritu,
la misma hermosura embrollada, y la misma incógnita rebelde. Milena de a ratos es una nena boba, pero de a otros parece
tener arrugas invisibles debajo de sus ojos marrones, y por eso es que siempre
vuelvo a ella, porque es mi pasaje oculto al pasado, mi billete perdido para
sustentar mi futuro, mi lamparita de noche, mi libro, mi escrito, mi boceto,
mis líneas, mis versos, mi colección de discos, y mis lluvias frías; ella es la
metáfora más completa que ha visto un escritor. Pasa la hora. Milena se va.
Milena se olvido su buzo de tela negra en la cama. Milena es perfume en mi
almohada. Milena recuerdo. Milena clandestina. Milena no es mía, pero era en
Febrero cuando lo fue, y algo de ella aun me pertenece en sueños locos de amor.
Milena chau. Chau Milena. Milena a donde quiera que vaya, es de ella
y de nadie más.
miércoles, 12 de junio de 2013
De bolsillo
Lo espero,
se quema el tiempo. Lo extraño, asfixia hasta mi noche. Es el aire que respiro,
es aroma, es suspiro, es mi asesino, mi crimen favorito, es lo que me provoca
su perdida, y es también olvido. A destiempo es de mis ojos, de a momentos el
no es mío. Clásica su mirada, pero de lo clásica que es, no me acostumbro a las
turbulencias que me causa. El parece más que un enigma, es como un impulso
imaginario, es mi inevitable, es la consecuencia de todas mis causas. Francisco
vino a dormir a casa, y sus pisadas en mi habitación hicieron extraños sonidos,
como si retumbaran, y se reunieran nuevamente con las antiguas pisadas ya sin
sonidos propios del pasado, aun así, me
causo alivio su presencia, quizás porque su ausencia ya me causa mucha catástrofe
sentimental. Francisco
tiene boca para hablar y reír, pero que mejor talento que sus labios arriba de
los míos, con la magia que aparecen y el secreto oscuro del olvido que desasen,
el tiene labios secos y finos; son los labios de Francisco. Francisco regresa,
y regresa conmigo en su bolsillo, almacén lleno de venganzas y de perdones porque si. El me miraba, me observaba,
me tocaba, él y sus manos, las palmas, su cuello, su espalda; la espalda de
Francisco debajo de las sabanas desteñidas. Francisco suspira y suspira conmigo,
el no vino a dormir a casa, el vino a dormir conmigo.
-No te
vayas – me dice
-Me tengo que ir – le digo
lunes, 10 de junio de 2013
Secuelas de Carlita
Carlita me llamaba con sus ojos color café.
Me seducía sin querer, sellaba todo con sus ojos, sus ojos color del que cualquiera ella quisiera, a veces era rojo como el amor, otras eran negros, negros como su olvido y venganza.
Ella no sabia nada, nada de mi, desde aquella noche clave, esa noche de Sábado tan fría como los pezones de Carlita cuando en invierno los posaba sobre mi pecho, donde la deje sola en el medio de la vereda en la calle Corrientes. Era otoño, y ella usaba sus zapatillas negras como cabala de días frescos. Era otoño, y ella odiaba el otoño. Era otoño y a Carlita no le gustaba que le dijera así, le parecía infantil, algo tan diminutivo como "Carlita", que a ella no le gustaba, pero le pertenecía, tan diminuto su nombre, como su pequeña paciencia a la hora de esperar a alguien; ella no esperaba a nadie, Carlita era ella y brillaba por su ausencia, no perdía tiempos porque ella era el tiempo mismo, y yo quería ser sus horas, minutos y segundos, yo quería ser reloj y que Carlita fuera mi control de tiempo.
Épocas de Mayo, cuando me señalaba con el dedo, y me acusaba de no saber que carajo era el amor.
¿Y ella que sabia? ¿Carlita que sabia del amor mas que yo? Y al fin y al cabo...¿Tan importante era para ella saber que era el amor al pie de la teoría?
¿Que carajo es el amor?
Explícamelo a los gritos Carlita, volvé y explicámelo, volvé por unos minutos a mi vida y explicáme cara a cara todas las mentiras y verdades que sentiste por mi en algún tiempo glorioso donde desprendía tu camisa y te besaba hasta los huesos; después de absorber mis cigarrillos y mirar tus hombros desnudos, con mis manos sobre ellos, y el izquierdo, tu precioso hombro izquierdo, en el que tenias tres pequeñísimos lunares negros, tus tres marías, tu galaxia, tus propios astros yacían por sobre tu piel tan suave. Toma mi oreja y gritame al tímpano, gritame todos los pensamientos oscuros que se te ocurrían sobre mi cada madrugada en vela que pasaste secándote las lagrimas. Carlita, si sos tan digna, haceme caso y no busques la respuesta al "¿Que carajo es el amor?", mas apasionante es encontrarla sin querer y así empezar a creer en el rompecabezas que es el destino. Odia al amor, besalo hasta morir, desealo, olvidalo, carecelo y soltalo, porque mejor es sentir algo, algún sentimiento, que no sentir nada. Aun mas, no creas en las metaforas que te digo en estos versos, mejor cree en vos con locura, con la misma locura con la que tocabas tu guitarra y gritabamos los coros de esa canción que en mi cabeza se remite como recuerdo de tu voz:
"As soon as i wake up, every night, every day, i know that it's you i need to take the blues away"
Carlita, no te preguntes porque me fui y nos dejamos vencer, no se si esperas que todavía vuelva, pero fuiste la mujer mas encantadora que mis penas y lujurias conocieron, la borrachera mas alocada que mis desperdicios ganaron, y la respuesta momentánea a tu "¿que carajo es el amor?".
A pesar de que este iluso no sabe nada de amar, porque no tiene la suerte de vivir en tal sueño sanador que se encuentra en la seguridad de tus brazos, este iluso, este pobre iluso, sufre las secuelas de tu cuerpo y tu espíritu como una enfermedad que solo vos, la doctora de mis sueños, sabe calmar y hacerme vivir en una constante respuesta indefinida a a tu ""¿que carajo es el amor?".
viernes, 7 de junio de 2013
Fragmento
Ella- Te lo iba a decir.
El- ¿Cuándo me lo ibas a decir?
Ella- No sé, pero te lo iba a decir.
El- ¿Y porque no me lo dijiste apenas lo supiste? ¿Por qué esperaste tanto? ¿Por qué?
Ella- ¿Vos miraste tus ojos alguna vez? No, para, te hablo en serio. ¿Vos has visto tus ojos alguna vez frente a frente y sin espejos, sin suciedades, sin luz de mas u oscuridad, ¿vos has visto tus ojos alguna vez? No. Y nunca lo vas a hacer. Nunca vas a sentir que con mirar a través de tu iris todo desaparece, se va, y en verdad se va. ¿Vos sentiste tu cuello alguna vez? ¿Vos respiraste entre tu pelo alguna vez? No. Y nunca lo vas a hacer. Nunca vas a apoyar tus mejillas sobre tu cuello frío Nunca vas a respirar con paz por debajo de tus orejas. Nunca de los nunca vas a mirarte como te miro yo. No te vas a ver en la forma en la que te recreo mentalmente cuando te extraño. Nunca, no, nunca vas a creer con tanta locura en vos como yo confío en todo lo que sos. Nunca te vas a amar como yo te amo, nunca te vas a odiar como yo te odio, nunca te vas a abrazar como yo te abrazo, y nunca te podrás besar como yo te beso. Por eso es que nunca entenderías lo que siento y lo que no siento por vos. Por eso es que nunca entenderías nada. Nunca. Jamás entenderías la verdad de las verdades por el simple hecho de que nunca vas a poder ser alguien más que solo vos, y verte desde afuera, sentirte, tocarte, mirarte, escucharte, hablarte, respirarte y rozarte.
El-¿Qué tiene que ver todo eso con tus mentiras? ¿Esa es tu disculpa? ¿Pensás que te dé un poco de compasión solamente por esa sarta de cursilerías baratas que me estás diciendo?
Ella-¿Cómo que tiene que ver? Todo tiene que ver con todo, desde una pelea hasta un perdón. No te das cuenta, nunca te vas a dar cuenta. No podía mirarte a los ojos y decirte que te mentí. No podía confesar la traición, descubrir las mentiras o igualarme con todas, todas que son iguales, todas del montón, una más del montón soy yo al mentirte así. ¿Pero sabes porque lo hice? ¿Sabes porque te dije que te mentí? Por todas las razones anteriores. Porque no te podía sentir, tocar, mirar, escuchar, hablar, respirar o rozar sin pensar en la culpa y el desengaño que te cause, no podía, ¿Quién puede mirar a los ojos y seguir mintiendo? ¿Cómo podía mentirte acerca de mi traición con lo mucho que me gusta mirarte a los ojos? No podía, nunca podría, nunca jamás. Yo no te pido, ni te suplico, ni te solicito que me perdones, solamente te doy disculpas, mis mas grandiosas disculpas de todos los tiempos, porque me equivoque, me confundí, me distraje y me desvié de mi verdadera verdad, que sos vos, en serio que sos vos mi única verdad entre tanto despelote, tanto desorden, tanto lio.
El- Pero perdiste, ya fuiste, ya esta, ya fue, ya está todo, todo de todo. No te quiero ver más, en verdad que no te quiero ver más. No puedo permitir que me mientas, me decepciona, me entristece, me hace pensar que al final de todo, yo tenía razón por desconfiar de todo, ¿no?
Ella- Se que ahora ya no estamos juntos, pero yo quiero estar con vos, aunque vos no querés estar conmigo. Entiendo, tendrás tus razones.
El- ¿Mis razones? ¿Mis porqués? Porque sé que vas a seguir haciendo todo igual, todos los errores, todo eso que vos haces mal, todos tus errores los vas a cometer igual, porque eso es lo que sos ahora, lo que antes no eras ni por la mas mínima casualidad. Porque yo me vengaría. Porque vas a seguir yendo a esos lugares de mierda, con esa gente de porquería, porque vas a seguir siendo una persona que se que no sos, porque todo sería algo podrido, algo falso, algo horrendo, algo que nunca fue pero ahora es por causa tuya, algo que nosotros no éramos pero ahora sí. Esas son mis razones, por más simples que parezcan.
Ella- A mi no me gusta esa gente, no quiero a esa gente ni a esos lugares, por eso te digo, que soy algo que odio. Y no sé porque, ni cuando paso, cuando se fue lo que de verdad soy, esa persona que era hace un año, allá por Febrero, cuando éramos tan nosotros.
El- Pero lo seguís siendo. Y me gustaría estar con vos si dejas eso, pero si no te dejo, no vas a cambiar.
No vas a aprender.
Yo- No quiero que te alejes de mí. No tengo nada más que decir que eso. No quiero que nadie te lleve, nadie, nadie más que yo, no quiero que nadie se dé cuenta lo increíble que sos, todo lo que sos, lo increíble que es todo eso que sos vos, no quiero ni pensarlo, no quiero que te lleven, ni que te vayas, ni que me olvides, ni que sea algo de la nada, del pasado, del pasado que ahora en el futuro no es nada, nada de nada; no quiero que venga ella o cualquier otra chica y se enamore de vos, como yo lo hice, y empiece a sentir la misma necesidad de besarte como la que yo siento ahora. No quiero que te vayas, por favor, no quiero que te vayas, no quiero.
Vos- Depende de vos, mi amor, todo se trata del esfuerzo y el sacrificio que hacemos por lo que amamos de verdad. [continuará...?]
martes, 4 de junio de 2013
Épocas sin ella

Cruzaste los dedos,
fingiste un vaivén
con tu minuciosa
forma de ver
Perdimos y vino
corriendo un adiós
en la vestimenta
de mujer feroz
Ella estaba sola,
y vos lo estabas también,
gracias a las horas
que me ausente ayer,
miraste sus ojos, los míos lloraron,
y aunque yo te espero, esperás sentado.
Cruzaste los dedos,
fingiste un vaivén
con tu minuciosa
forma de ver
las cosas distantes
mi ausencia sobrante
todo lo que quise
y hoy odio ser
vuelve tu camino
fija tu destino
olvida el pasado
conmigo a tu lado,
recuerda momentos,
y volvé, volvé.
Febrero es perfecto,
aunque sea un mes,
y el verano un lujo,
con vos, estrellas,
sin ella, rodeadas de
brazos, y solamente dos.
sábado, 1 de junio de 2013
Solvencia
Y si justamente, 9 años después
esas almas extrañas, pero iguales, se volvieran a encontrar, mas por como son
los amores que matan y no dejan morir, todo iba a ser igual, de alguna
extraña forma. La azotea daba el
encantamiento perfecto de soledad y encuentro, la complicidad entera entre
silencio, oscuridad y un ambiente tranquilo entre tanto bullicio. Una silueta
de mujer, mujer llena, pero vacía, inconclusa, y a la vez perfeccionista, una
mujer que el detalle lo tenía en la palabra, y quizás, la palabra mujer le
quedara un poco grande, pero no tan grande como su larga camisa a cuadros,
roja, azul y blanca, esa que llevaba siempre, esa, su favorita. Si el humo de
cigarrillo fuera un aroma, un perfume, tendría gusto a pesares, a tratamientos
de olvidos, a desamores, a odios, a maleficios contra la soledad, y el desazón que
provoca que todo el aire, todo, hasta el aire y el vivir tenga un precio por
pagar. Y en ese mismo humo, se encontraron ambos.
Yo
estaba fumando, tal vez por una crisis o algún antojo, en la azotea del
edificio. Que luna grande, magnifica, me dejaba estupefacta, como así mismo lo
hacia el atardecer o una ola chocando contra la costa, o el pequeño suspiro que
oí sin querer. Volé mis ojos y los pose en una dirección univoca. “No te reconocí
sin el pelo largo, y ahí lo tenias, escondido” el me decía con la boca
entre-cerrada, y absorbía en casa silaba que pronunciaba el frio del ambiente,
y los restos de quizás el tabaco o el aroma a lavanda que venía de algún lado.
A mí me daba pánico su mirada, por alguna noche se perdía su iris tan marrón,
tan sublingual, tan superlativo como minúsculo, su parpado era una contradicción
desleal hacia lo que era la grandeza de misterio y dolor que cargaba su mirada.
Aun mucho tiempo después, reconocí sus ojeras, sus profundos pozos de verdadero
insomnio y su característica forma de torcer las comisuras de la boca hacia
abajo cuando miraba hacia la nada. Aun me daban ansias de posar mis manos sobre
su piel, su mejilla, su rostro; su piel era aun igual de seca, de limpia, de increíble
al tacto, no tan suave como lo era su pelo, su cabello negro, oscuramente tosco
y desarreglado, tanta dulzura se desplazaba por sobre mis dedos cuando lo sentía
con las yemas a su pelo. El aun estaba tan intacto como su espíritu, su aura,
su alma misma, pero apuesto que algo mas había en el, tal vez si había algo
nuevo, algo renovado en el, solo que era algo inalcanzable, secreto, no tan nítido;
quizás solo sea eso que nunca logre descifrar de su palma, de sus manos, de su
espalda y de su cuello. Recordaba pese a los años, que él siempre fue un
misterio que resolvía por instantes que por causa de ilusión, parecían, se sentían,
y se creían infinitos, no eran segundos, eran años en días, o siglos en
semanas. Pero aun así, esa faceta de él, era la que más me atraía, me
ruborizaba, me hacia cuestionar la existencia de una esencia tan perfectamente errónea,
rebuscadamente magnifica como la que poseía el, inconscientemente y sin saber, desmereciéndose,
ni pistas tenia de que eso, todo eso que era y no era él, su actitud y su aura,
era lo que posiblemente encante y atraiga a mas de una persona a lo largo de la
vida. El me hablaba del frio del invierno, de lo mucho que le gustaba la última
película de terror, y de cómo odiaba a una estúpida película animada. Me
hablaba de canciones, de bandas musicales, de aspectos del cine, de letras, de
rimas en ingles, y de cargas rutinarias. Yo clásicamente escuchaba con atención
a todo desde mi silencio, pues el siempre me pareció muy interesante, profundo,
pero a la vez, lleno de curiosidad renovada y de a momentos frustrada, como la
de quien recién sale al mundo, como quien se considera ignorante, pero el sabia
todo, lo juro, lo necesario, y eso que el ignoraba y desconocía, lo podía aprender
sin querer y a propósito también. Yo quizás no sabía de cine, ni los clásicos del
terror, pero sabía de Galeano o de Sábato. También de alguna que otra película de
amor insulsa e inocente, a la altura de mi corazón. Creo que tengo conocimiento
lo que he querido saber, sin querer, la cultura que el tenia era destacable, y
no era nula o vacía como el solía decir una y otra vez, era destacable y
perfectible. ¿Qué sucedió? ¿Acaso paro de hablar y rio? No recordaba su risa.
Si, esa risa que le surgía cuando estaba nervioso. En un momento indeterminado,
retorció su cigarro en dos partes, formando una “v” corta, antes de la última
pitada que marcaba el fin del reencuentro, o el comienzo de algo amorfo, pero
real, falsamente real, como los sueños. La colilla se poso a la izquierda de su
zapatilla negra, con líneas finas, y blancas, entonces él la corrió hacia el
otro lado. Tosió, tal vez la garganta le había quedado seca de tanto hablar. Su
voz tranquilizo y a la misma vez alboroto mis nervios usuales, de rutina, de
costumbre, nervios de vivir, el porqué si de los nervios y ansias eran mis
conflictos. El se veía apurado, movía los pies de un lado al otro, en un vaivén,
como un código. “Me alegra haberte visto”, creo que balbuceo luego de que me
hablaba de cuanto quería a aquella nueva chica que había conocido
recientemente, de cuanto valía la pena, de lo fantástica que se lucia con su
personalidad despampanante, brillante, auto-suficiente y protectora. Yo no
recuerdo el nombre de ella, creo que me lo dijo, pero apuesto que era única en
nombre, como los nombres peculiares que tienen las flores, o los seudónimos propios
que tienen los desastres naturales. Apuesto que ella, al fin y al cabo, era
mejor que yo, y que todas, mejor que mis mil y una formulas para ser como el
modelo perfecto que tenia de mujer. Y, entonces, lo vi como algo lejano, yéndose,
y desvaneciéndose entre sombras, vientos, estrellas, y un astro. Aunque, si el
destino, la suerte, y las ansias me lo permitían, tal vez lo vería volver, de
alguna forma, y si no era así, de seguro lo inventaría a ese encuentro, en
alguna tarde de invierno fresca, en la que su ausencia me angustie tanto como
su autenticidad.
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