El paraíso ahora era un infierno, un sueño que nadie quiere
soñar, un libro que nadie quiere leer, una película rayada. Se sienten
acorralados. No saben cómo ser ellos mismos. Sus almas tienen ansias de
libertad, pero esos... "los otros", no los dejan. Lo peor es que
"Los otros" son un ejército interminable, que no solo los atormentan
a ellos, si no que a muchas otras víctimas. Los mismos "otros" se
atormentan a sí mismos y entre sí. Era una cadena de apuntar con el dedo y
fruncir el seño. Nos atan la boca y no nos dejan libres las manos. Pero aun así,
tratamos siempre de poder escapar. Es difícil, pero no imposible. La vida misma
se nos sale hasta por los codos. Nuestro ser sucumbe todo el cuerpo. Pero
encontramos la manera de salir, no sabemos cuándo, ni como, pero si sabemos
porque. Cada escapatoria es una llave diferente, cada puerta se abre cuando se
puede o se quiere, algunas veces están abiertas todos los días y a toda hora,
esperando no sentir opresión. No queremos estar en la oscuridad de esos cuartos
llamados "vida" cada uno con un diferente prisionero. Queremos tener
una puerta. A veces tardamos largos lapsos de tiempo en encontrar esa puerta,
porque estamos infinitamente condenados a la duda y el miedo. Y también la torpeza.
A veces nacemos con el picaporte en la mano y la llave ni la necesitamos. Pero
es más que seguro, que cada uno encuentra su puerta en la oscuridad gracias a
algo en especial: luz. No importa si viene de algo que siempre tuvimos
presente, o si viene de algo completamente ajeno, lo único que importa, es que
nunca falte. Y en caso de que algún día se nos desaparezca esa luz, comencemos
a leer este párrafo desde el principio.

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