lunes, 24 de diciembre de 2012

Des-historias de Navidad I


24 de diciembre de 2012
11:09

La luz de ese sol que siempre sale, otra vez volvió a surgir. La noche anterior no pude dormir, tenía algo de resaca y la cabeza me volaba como esos pájaros malditos que a las 6 de la mañana comenzaron a piar. Cuando por fin conseguí tirar un bostezo, el día pedía a gritos que abriera mi ventana. Ya era de día, y todos saben que cuando no hay oscuridad no consigo pegar un ojo. Mi casa ya no es la misma de antes. Hoy es 24 de diciembre, la víspera de Navidad, y como hace 5 años las corridas de mi madre para preparar el menú de hoy o el teléfono que suena para avisar la llamada de los próximos invitados, no se escuchan ni en ese eco que solía dejar hace poco. Un pequeño arbolito que denota vagancia y poco tiempo está ahí decorando la esquina al lado del ventanal… bueno, si a eso se le puede llamar “decorar”, no quiero insultar a la palabra.                                 
Me siento en la cama y después de estirar el cuello, abro los ojos y miro a mí alrededor. Lo único que veo es mi perro acostado en la punta de mi cama. Juro que no se cómo llego ahí, pero me quita un poco la certeza de saber que estoy solo y eso me alivia. Enciendo la radio para escuchar algo que no sean esos malditos pájaros, pero para mi mala suerte, lo único que se repite en cada estación FM son las voces de los periodistas denotando eso que ya es obvio, que “el año paso volando”. Camino unos pasos más y veo como la taza de café que había dejado anoche, no estaba mágicamente lavada por esa señora que todo quería verlo perfecto, a la que cariñosamente llamaba “Mama”.                                       
Juro que todo paso muy rápido, parecía ayer que ella estaba ahí y yo ignoraba ese abrazo que ahora tanto quiero que me estruje hasta quedarme sin aire por un rato. La vida me la saco de la vida. Parecia ayer pero en realidad fue hace mucho, ese día de Invierno horrible y ventoso, en el cementerio municipal, exactamente a las 12:00, la deje ir con los ojos tiesos y rojos, mirando esa cara fría y quieta, que antes estaba plena de sonrisas pese a todo. La vida me saco su vida y con ella me secuestro ese niño que siempre estaba en mí.                               
Esa “navidad” era un día común para mí. Nadie vino a gritarme que tenía que poner la mesa. Nadie vino a gritarme que era muy tarde para levantarme. Nadie vino a gritarme que pusiera a lavar la ropa para esa noche. Nadie vino a pasarme el teléfono para saludar a esa tía molesta que no me ve nunca. Nadie vino a decirme que Papa Noel iba a traer un regalo para mí, creyendo que aun creía en esa zanata. Nadie. Eso es lo que más me hace sentir triste y lo que más extraño. Esas cosas que antes me molestaban, quiero que me molesten ahora, y tal vez lo que más moleste es que crecer es una trampa de esas que el diablo pone en el camino de todos. Si crecer es que ella no me grite, me moleste, y me atosigue, entonces, lo único que quiero ahora es volver a ese tiempo en el que tenía su voz, siempre presente en mis oídos.


“Una madre no es una persona en la que uno pueda apoyarse, sino una persona que hace que no necesites apoyarte en nadie.”


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