jueves, 20 de diciembre de 2012

A tus brazos



-“Estas bonita. ¿Te hiciste algo?”
-“No, es más, creo que estoy más despeinada que lo usual ...”

Ella sabía lo que le sentaba bien. No por ser pretenciosa, si no porque siempre resultaba más efectivo que cualquier maquillaje de primera calidad. La felicidad. 
Le hacía lucir casi perfecta. Le resplandecían los ojos. Tenía esa certeza de sonrisa que se le volaba a cada minuto. El mundo ya no estaba arriba de sus hombros. Sentía que descargaba esa mochila cada vez que sus ojos se encontraban con los de él. Era muy difícil el trayecto, pero como siempre, valía la pena. Toda la pena del mundo.
Algún día todo eso se iba a ir. Iba a desaparecer. Esfumarse como esa brisa fría que siempre corre por las noches de invierno. Eso la ponía nerviosa. Los ojos se le cerraban y miraba hacia abajo como si hubiera perdido una batalla importante. La felicidad se le corría de la cara. Pero mientras tanto, ella caía exhausta en su hombro. Quería agarrarlo y quedárselo todo el día entero. Sabía que no podía, pero por él iba a romper todas las reglas del mundo.                                                                   
Nadie más le daba esa sensación de que estando ahí, rodeada de unos brazos que ante cualquier fuerza se podían romper, estaba más segura que en todos los lugares del mundo.                                                                                           
Déjame tener tus brazos siempre, porque aunque no pueda ver tu cara, se que en tus brazos esta tu todo. Esta tú alma. Esta ese amor que te negas a demostrar. Esta esa cara de felicidad que no queres dar. Tus brazos son el mejor lugar del mundo, no me impidas nunca dejar de visitarlos. 


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