jueves, 27 de diciembre de 2012

Sueños


El caminaba cerca de mí. Podía oler su perfume junto con su respiración agitada y cansada. Yo te miraba de reojo y cabizbaja pensaba que tu mirada era ese paraíso del que todos hablaban. Eras mi nueva religión. Ese dios que todo iluminaba. Tu paso aceleraba por alguna razón y yo atine a apurarme. No quería ser tan obvia, así que no lo hice. Te fuiste casi corriendo y cuando te pusiste esa capucha gris de tu campera favorita, de lejos ya estaba extrañando conocerte. Me senté en la mesa de ese Bar al que todo el mundo iba pero nadie que yo quisiera. Pasaste nuevamente por al lado de mi mesa. Esta vez miraste para la izquierda y tus ojos ficharon los míos como yo esas puertas del paraíso con los que vos veías todos los días a chicas mas lindas que yo.                                     
Mi café se puso frio y la noche también. Deje un poco de propina que ni siquiera ese mesero se merecía. No me había dado ni una sonrisa de esas falsas que todos dan siempre. Tacañería al cien. Deje esa silla que me había dado amparo, tome mi abrigo, mi bolso y salí de ese Bar al que quería volver otra vez, solo porque a él lo había visto y por su presencia ya era el mejor lugar del mundo. ¿A quién le importa el lugar cuando esta esa persona que todo lo hace perfecto? Díganme por favor. Si la respuesta es “a nadie” sentiré fe en nosotros. Cruce la vereda de esa calle mojada por la lluvia de verano y en la esquina oscura, vi tu silueta iluminada por ese pequeño farol que ahora era la luz del cielo. Caminaste hacia mí, tomaste mi mano fría y con tu calor innato me dijiste a los ojos:                   

“Hola. Estaba cansado de conocerte en sueños, que alegría que hoy nos vemos”




El ultimo café




El frió de la madrugada entraba por esa ventana que siempre suelo dejar abierta. No me gusta estar encerrado. La brisa te paso por ese pelo perfecto tuyo, hasta llegar a tu cuello, y abriste los ojos para taparte un poco más, mis brazos rodeándote entera no eran suficiente calor. Volviste a dormir esperando que el tiempo pasara bien lento. Igual que yo en mi mente, deseaba que la noche sea más larga que esas que pasamos en invierno. Te observaba dormir como la cosa más deseable del mundo. Tus pestañas largas y tus parpados cansados. Tu boca sin una sonrisa era muy extraña, pero aun así me hacías sonreír a mí. No me canse de mirarte nunca, me dormí pensando en vos. El soleado luminar anaranjado que entraba por las cortinas del ventanal, te daba justo en la cara y dejaba al descubierto imperfecciones perfectas. Suspiraste. Abriste los ojos y ahí estaban los míos, listos para verte. Ambos sonreímos, pero por supuesto, tu sonrisa fue la mejor de todas. Te levantaste de la cama, y con tus piernas esculpidas, me dejaste ver tu cuerpo desnudo y celestial caminando por mi habitación. Abriste la persiana que el torpe viento había cerrado, solo para que más de ese sol entrara y te iluminara como solo los ángeles merecen. La escena fue fotografiada con mis propios ojos, ninguna cámara podría captar semejante belleza junta. Veré esa foto de por vida. Me levante y ahí, en el medio de mi habitación te abrase con todas mis fuerzas solo para decirte en ningún lenguaje “No me dejes nunca”. Amaba apoyar mi cabeza sobre la tuya y sentir que te protegía de todo eso que te daba miedo. Te tome de los hombros y te pregunte si querías algo:

-“Un pedacito de tu vida y un café si puede ser”
-“Ya tenés lo primero hace mucho, ahora te traigo lo segundo”

Tirando sonrisas cómplices me aleje hacia la cocina para prepararte ese café, de esos que nos gustan a los dos, con espuma voluptuosa. La pava hirvió rápido y saque tu taza favorita para servírtelo. Tome una bandeja de esas que nunca uso pero tengo, y con algo de desgano, hice una certeza de presentación a ese café que me habías pedido con la voz a la que no le podías negar nada. Subí las escaleras tambaleándome y al finalmente llegar, pose la bandeja de madera amarilla sobre las sábanas blanco luna, un poco machadas por nuestros cuerpos impregnados en ellas. Vos estabas ahí, afuera, en el balcón. Sin querer un viento rápido te movió la cabellera, pero no te molesto, cerraste los ojos para sentir que volabas junto a tu pelo. Tome tu cintura tallada y te abrase por detrás. Baje lentamente hasta tu mano y te lleve hasta la habitación, 
para tomar ese café que con tanta dulzura, y no precisamente azúcar, te había hecho.                                                                                                                                         

Te sentaste ahí, con los pies para adentro, al costado de la cama, mirando para el ventanal, apoyando tu cabeza en la parte izquierda de la madera. Me invitaste a sentarme con vos, a pesar de que no tenía un café, solamente ganas de que soltaras el que tenias y que me besaras como tomabas de esa taza de cerámica blanca que te había regalado hace poco. Terminaste tan rápido que supuse que te gusto. Hasta que lo dijiste con tus propias palabras y llevaste mi cabeza hasta tu falda. Mi cara quedo mirando a la tuya desde abajo. Ahí arriba te veías más impotente que lo normal. Me asustaba tanta belleza, pero no tenía miedo, sabía que con vos todo estaba bien. Me diste un beso de esos que me enloquecen y me tiraste una mirada de esas que me matan. Dejaste tu taza en mi mesa de luz, y nos fuimos a la cama a ver un rato las estrellas mientras afuera el sol te encandilaba y esos astros ni se veían. Me diste un beso de despedida en la frente, como siempre lo hacías, y ya te estaba extrañando. Quería que ese taxi que te venia a buscar no llegara mas. Pero mientras ese pensamiento llenaba mi mente, la indeseable bocina de ese auto, anunciaba una vez más tu partida. Saliste de mi habitación, esta vez con ropa, y ver tu caminar ya no era tan reconfortante si era para que te fueras de mi vida. Me quede ahí, desorientado en el medio de mi cama. Mire para arriba para pensar en ella, hasta que me di cuenta lo mal que estaba… si tan solo hace segundos se había ido de ahí y ya la echaba de menos. Pase toda la tarde esperando tu llamada. Esperando una señal de que no te habías olvidado de mi. Pero no… todo salió como lo habíamos pautado antes. Esa noche, era la última noche que nos íbamos a poder ver. Tocar. Sentirnos vivos, pero juntos. La mañana siguiente vos te ibas a ir, muy lejos de mi lado, tan lejos que ni unas palabras mudas te podría mandar para que saborees.                                                                                                                                     Te encanta huir de las cosas, y entre esas cosas entro yo. Vos desapareciste de mi puerta y todas las otras se cerraron. Lo único que me queda de recuerdo es ese café que tomaste por primera y última vez en mi pieza. Aun lo tengo ahí, en mi repisa, de vez en cuando toco la manecilla para sentir tus manos suaves, o el olor que tenias cuando me besabas hasta morir en mi boca. Aun lo tengo ahí, en mi repisa, esperando que algún día de estos, vuelvas a lavar tu taza preferida y tomemos otro café, de esos que nos gustan a los dos, con espuma voluptuosa por el resto de las mañanas.


lunes, 24 de diciembre de 2012

Des-historias de Navidad II


24 de diciembre de 2012
10:30 AM

Lunes- En algún lugar oscuro de Argentina


-“¿Dónde estoy?” pensó ella mientras se tapaba los pechos con esas sabanas blancas que de la mugre que tenían ya se parecían al barro mismo. Miro hacia todos lados buscando una pequeña pista o algo que le dijera que conocía ese lugar y que todo iba a estar bien. Lo desconocido nunca es seguro. Se corrió un mechón de pelo que le colgaba de la frente por el alboroto de cabello que tenía en la cabeza. El lio que tenia dentro de ella era aun peor. Trato de esforzarse por recordar que había pasado la noche anterior. Todo se le volvía negro, parecía que no había vivido antes de estar ahí. Parecía que un día de su vida se hubiera borrado del historial, y no la dejaba entrar en razón.                            

Se hizo una certeza de vestido con las sabanas de la cama en la que estaba acostada y como alguien perdido comenzó a recorrer el lugar. El lugar tenía aires viejos y de antaño, como esas casas de nuestras abuelas que te impregnaban el olor a humedad y caramelos de miel antes de que salieras de ahí. Los azulejos eran rojo sangre y tenían tierra por doquier. Claramente, nadie limpio vivía ahí, si es que alguien lo hacía. Las ventanas de hierro sucio y oxidado estaban completamente cerradas y como para darle un toque más escalofriante aun, tenían entrepuestas maderas para que a nadie se le hiciera fácil abrirlas. La intriga de si era de día o de noche carcomía la mente de la muchacha. Siguió su paso y vio un pequeño modular antiguo de roble, con muchos cajones. A simple vista, parecía que estaba en desuso, pero la curiosidad mato el miedo de la joven y sin darse cuenta ya había abierto la mayoría de los compartimientos. Había llaves, sogas, cuchillos de toda clase y cinta adhesiva como para rodear una casa entera. Esos elementos, sin contexto ni nada, le daban más miedo aun. Se trago el temor y siguió moviendo sus pies llenos de tierra sucia hasta lo que parecía ser la cocina, lo dedujo por sí misma, ya que no había nada que la identificara como eso, lo primero que vio fue un calendario grande que extrañamente parecía estar a la fecha, y lo que es aun más extraño, los días estaban tachados hasta llegar a lo que parecía ser el día de la fecha. Ese día era la víspera de Navidad. Siguió confundida a una habitación mas, que estaba completamente vacía, las marcas de humedad frías, daban a entender que antes había muebles o aunque sea algo parecido. Se escucho un ruido de puerta. El rechinido por el oxido la alerto para su suerte. El miedo mas la curiosidad la hacían sentir más nerviosa que nunca. Le temblaba la boca y sus pies tenían ganas de salir corriendo. Quería llorar de angustia. ¿Cómo no se le ocurrió antes? ¿Gritar? ¿Aunque sea hablar? Ya era tarde para arrepentirse de su estupidez cegada por los nervios. Finalmente solamente se quedo ahí. Parada en la habitación, se tapo los ojos con la sabana y se sentó en un rincón, como solía hacer de pequeña cuando tenía miedo. Llorando en mudo. Insinuando que esa sabana la protegía como antes la protegía de los fantasmas que la asechaban en las noches de su infancia.                                 

Escucho las pisadas fuertes de alguien que parecía ser un hombre. Ella se dio vuelta para no mirar lo que según lo visto, no iba a ser bueno. Escucho que ese alguien acciono un gatillo. Más miedo en su sangre. Sintió 4 estruendos estallando en su cuerpo y la cabeza se le fue del mundo. Su sangre miedosa ahora pintaba todo el piso de la habitación. Las sabanas marrones ahora eran su ataúd.



12:32 AM

Lunes-  En la casa de la familia Lucero


-“Pásame la sal Cristina, por favor”

-“Te dije que dejes de comer así Luis, sabes que el colesterol te va a aumentar”

-“Che ¿Dónde está la nena?

-“La verdad que no se. La llame al teléfono y no me atiende. Capaz se fue a la casa de Coty y se quedo a comer”

-“’¿Cómo que no sabes? Llámala ya a esa Coty y pregunta mujer, ya estamos comiendo y es navidad, que deje de molestar en casa ajena”

Al teléfono:

-“Hola Raquel. Escúchame soy Cristina, ¿Mi nena esta en tu casa con Coty?

-“Cristina querida, acá tu nena no está eh, es mas Constanza no salió ayer. Estaba castigada”

-“¡¿Cómo que no salió?! Mi nena me dijo que había… Ay mira, no importa, voy a buscarla y después te llam-Interrumpe Luis-Cristina… esta al teléfono la policía. Tienen noticias de la nena.


Des-historias de Navidad I


24 de diciembre de 2012
11:09

La luz de ese sol que siempre sale, otra vez volvió a surgir. La noche anterior no pude dormir, tenía algo de resaca y la cabeza me volaba como esos pájaros malditos que a las 6 de la mañana comenzaron a piar. Cuando por fin conseguí tirar un bostezo, el día pedía a gritos que abriera mi ventana. Ya era de día, y todos saben que cuando no hay oscuridad no consigo pegar un ojo. Mi casa ya no es la misma de antes. Hoy es 24 de diciembre, la víspera de Navidad, y como hace 5 años las corridas de mi madre para preparar el menú de hoy o el teléfono que suena para avisar la llamada de los próximos invitados, no se escuchan ni en ese eco que solía dejar hace poco. Un pequeño arbolito que denota vagancia y poco tiempo está ahí decorando la esquina al lado del ventanal… bueno, si a eso se le puede llamar “decorar”, no quiero insultar a la palabra.                                 
Me siento en la cama y después de estirar el cuello, abro los ojos y miro a mí alrededor. Lo único que veo es mi perro acostado en la punta de mi cama. Juro que no se cómo llego ahí, pero me quita un poco la certeza de saber que estoy solo y eso me alivia. Enciendo la radio para escuchar algo que no sean esos malditos pájaros, pero para mi mala suerte, lo único que se repite en cada estación FM son las voces de los periodistas denotando eso que ya es obvio, que “el año paso volando”. Camino unos pasos más y veo como la taza de café que había dejado anoche, no estaba mágicamente lavada por esa señora que todo quería verlo perfecto, a la que cariñosamente llamaba “Mama”.                                       
Juro que todo paso muy rápido, parecía ayer que ella estaba ahí y yo ignoraba ese abrazo que ahora tanto quiero que me estruje hasta quedarme sin aire por un rato. La vida me la saco de la vida. Parecia ayer pero en realidad fue hace mucho, ese día de Invierno horrible y ventoso, en el cementerio municipal, exactamente a las 12:00, la deje ir con los ojos tiesos y rojos, mirando esa cara fría y quieta, que antes estaba plena de sonrisas pese a todo. La vida me saco su vida y con ella me secuestro ese niño que siempre estaba en mí.                               
Esa “navidad” era un día común para mí. Nadie vino a gritarme que tenía que poner la mesa. Nadie vino a gritarme que era muy tarde para levantarme. Nadie vino a gritarme que pusiera a lavar la ropa para esa noche. Nadie vino a pasarme el teléfono para saludar a esa tía molesta que no me ve nunca. Nadie vino a decirme que Papa Noel iba a traer un regalo para mí, creyendo que aun creía en esa zanata. Nadie. Eso es lo que más me hace sentir triste y lo que más extraño. Esas cosas que antes me molestaban, quiero que me molesten ahora, y tal vez lo que más moleste es que crecer es una trampa de esas que el diablo pone en el camino de todos. Si crecer es que ella no me grite, me moleste, y me atosigue, entonces, lo único que quiero ahora es volver a ese tiempo en el que tenía su voz, siempre presente en mis oídos.


“Una madre no es una persona en la que uno pueda apoyarse, sino una persona que hace que no necesites apoyarte en nadie.”


Un paraíso diferente



Imagine que tus ojos eran ese avión que nunca tome, y que me llevaban a ese lugar donde no importaba el lugar, si no que estuviéramos juntos. Si hay aire o no, qué importa, estando vos al lado mío, siento tu aire y es lo único que me hace vivir. Si hay tierra o no, que importa, vos me haces volar tan alto que estoy acostumbrada a no pisar el suelo. Quiero que nos vayamos lejos y que no sepamos el camino de vuelta. Quiero que nos perdamos en el peor lugar del mundo y que lo volvamos nuestro destino favorito. Nunca es tan temprano para pensarte ni tan tarde como para decirte “te extraño” 
No me canso de ver tus ojos y que me lleven de viaje a donde vos querés. No tengo miedo esta vez. Voy a dejar que me lleves a donde sea, tápame los ojos con tus benditas manos y guíame hasta algún lugar que nadie haya visitado antes. Convirtamos esas cuatro paredes en el paraíso más grande que pueda haber. Mírame a los ojos y voy a saber que el paraíso está más cerca de lo que me imaginaba. Porque con vos todo es inesperado, y eso es lo que te hace tan único.

Mírame y te vas a dar cuenta que en lo profundo de mis ojos, esta esa foto que no me dejaste tomarte nunca, y la veo cada vez que cierro los parpados para imaginarme un poquito de felicidad. 


domingo, 23 de diciembre de 2012

Tu chica perfecta


El que me quiere y me odia. 
El que me pierde y me vuelve a encontrar. 
El que amaga a salvarme y se ríe de mi muerte.

Mírame un rato a los ojos y vas a darte cuenta como poco a poco voy captando tu juego. Decíme la verdad:                                   
Sé que la miras de reojo cada vez que te abrazo. Sé que preferís quedarte esperando a que te mire a que yo te diga algo. Yo siempre te prefiero por sobre todos. Aunque a veces no lo veas, siempre lo hago y lo volvería a hacer. Tengo la certeza de que si miramos los dos para un mismo lugar podemos llegar más lejos de lo que pensás. Quiero que te vayas tan lejos conmigo para que esa chica perfecta no vuelva a aparecer para hacerme sentir insignificante. No quiero que caigas en ella y que me dejes caer en soledad. Sí, soy muy egoísta. Pero solamente por una cosa: Miedo. Me llena de miedo que ella venga con su sonrisa perfecta y vos le tires esas miradas que solías tirarme a mí. Me llena de miedo que caigas en la realidad de que soy tu peor error. Me llena de miedo que te canses de cometerme. Lléname de vos. Deja de mirar a esa chica perfecta, porque lo que más me duele es que esa… no soy yo. 



sábado, 22 de diciembre de 2012

Horacio corrido



Parte I
Todas las veredas empapeladas de mugre de vida y olor a dolor. Hasta que en la sexta esquina del Barrio “Los Acasios” un inusual personaje decoraba esa cuadra y la dejaba completamente diferente a las otras. Horacio, un borracho querido por todos y conocido por nadie, estaba viviendo en esa humilde vereda, en ese lugar que muchos pisan, el apoyaba su cabeza para mendigar un poco de sueño. Nadie sabía bien de donde venia, pero todos sabían dónde iba a estar siempre.                                 
Horacio era un borracho, pero todos lo querían, tenía ese gran carisma y sentido del humor que hacía creer que era una certeza de comediante callejero. Todos los días, a las 6 de la tarde, bien puntal, daba una función de chistes para todos los niños y niñas de la cuadra. Aunque a veces también, los grandes se prendían. En las noches heladas de invierno, siempre alguien del lugar le daba una manta prestada, o hasta se la regalaba. En los días calurosos de verano todos los niños que pasaban le convidaban de esos helados de agua que llevaban en la mano para matar el calor.                                                
Horacio se mostraba siempre con una sonrisa, a pesar de tener la mayoría de los dientes torcidos y putrefactos por el alcohol.

Todas las noches en su esquina, un pensamiento recurrente llegaba a la mente de Horacio:
-“Si tan solo supieran mi pasado, de donde vengo, y que he hecho, nada sería igual. No me querrían como me quieren, no me verían como me ven, 
y no me aceptarían ni en su vereda”  

La vida de Horacio fue casi un calvario antes de llegar a ese barrio, por eso se esforzaba tanto en ser feliz y hacer feliz a los otros. Horacio conoció muy bien la tristeza, por eso no quería que nadie la sufriera. A pesar de mostrarse tan vivido, él sabía muy bien que en todo momento la sombra lo seguía. Esa sombra de su pasado. Oscura. Muy oscura. Solo él la podía ver y lo atormentaba día y noche.

Parte II
La mañana de otoño de aquel 2001, era un Martes y el solcito que te entibiaba la piel, te hacia dar una especie de alegría. Las hojas caían y por consecuente, esas viejitas que no tienen nada que hacer, salían a barrerlas como si fuera su obligación. El kiosquero del barrio abría las rejas para comenzar su jornada. Las bicicletas de los niños para ir temprano al colegio, se cruzaban con las personas que iban a trabajar. Las carretas que tiraban los caballos para recoger cartón, se hacían sonar con las pisadas de sus patas y el látigo de los que los manejaban. Era una mañana más en el barrio. Nada diferente pasaba. Hasta que alguien que ve mas allá de su nariz, se dio cuenta de eso que faltaba para que fuera una “mañana mas”.

“Che, ¿y donde esta Horacio a todo esto?” le decía Fernando a su vecino de al lado.                                                                                                                   

“Si, bastante raro que no esté durmiendo en la esquina como siempre” respondió frunciendo la ceja, realmente le sorprendía.

La pregunta se expandió a lo largo del día, viendo en evidencia que Horacio no estaba más ahí donde todos lo veían como una pintura. No estaba su colcha vieja y zarrapastrosa, su cartón de Vino toro lleno hasta a la mitad. Su intento de almohada con una campera vieja que le habían dado. No había rastros de él, ni de sus cosas. Todo el barrio empezó a correr la voz de eso que ya se sentía pero necesitaba confirmación. Horacio no estaba. Se había ido o se lo habían llevado, eso no importaba mucho, la cuestión era que tenía que aparecer. Llego la tarde y la función de Horacio, por primera vez en 10 años, se suspendía. Ahora los niños se cuestionaban la falta de ese hombre que tantas risas les hacía pasar. De repente apareció Mauricio, el kiosquero que tenía el local justo en frente de la humilde morada de Horacio. Viendo a casi la mitad del barrio reunida allí en la esquina, se dispuso a contarles eso que nadie sabía. Comenzó su relato con algo para llamar la atención de todos: –“Yo sé porque Horacio desapareció” y como esperaba, todos le lanzaron miradas ansiosas y un poco chusmas.
-“Estaba saliendo del kiosco, me había quedado hasta las 4 de la mañana, porque tenía mucho papeleo de mercadería que hacer, por supuesto que deje todo apagado como si no hubiera nadie, un kiosco no puede quedar abierto hasta esa hora, ustedes saben la inseguridad de acá. Cuando estaba saliendo del local, después de cerrar la puerta y darme la vuelta, veo un patrullero en la esquina. Se bajaron del auto y le preguntaron por el nombre a Horacio. No escuchaba muy bien lo que le decían, por eso me acerque más sin que me vieran, atrás de unos árboles de ahí. Escuche que uno le dijo “¿Usted es Horacio Navarro sí o no?” con mucha violencia, a lo que le contesto un simple “Si”. Y sin decirle mas nada lo esposaron y le dijeron en voz alta y bien claro: “Esta arrestado por el asesinato de Thelma Gonzalez, su ex esposa”. Horacio no movió un pelo, se dejo llevar como si fuera verdad y lo metieron adentro de la patrulla sin forcejearlo ni nada”                          
Todos escucharon el relato de lo que les parecía imposible. Si, Horacio era alcohólico, pero para ellos era pura bondad y serenidad. Nunca le hizo nadie a nadie, era un persona magnifica. Al menos hasta ahora…      

                                                         1991                                                        
Se escuchaban gritos estrepitosos desde la casa de la familia Navarro. Parecía que toda la cuadra los podía escuchar, pero para mala suerte de esa mujer, solo lo que la hacía gritar podía oírlos. Correr fue obsoleto. En ese espacio tan minúsculo, antes pleno de seguridad, su muerte la perseguía en forma de hombre. “DEJA ESE CUCHILLO, ¡PENSA BIEN LAS COSAS HORACIO!” decía casi sollozando teniendo una pizca de esperanza de que todo se volviera como hace algunos días.  Sangre corriendo por las manos de ese hombre que no sabía lo que hacía. El cuchillo cayó al suelo como el cuerpo de esa mujer. Los pies que antes corrían desesperados, ahora estaban ahí inmóviles y fríos. Tomo el cuchillo y limpio lo que estaba sucio de crimen. Los brazos de Horacio agarraron el cuerpo glacial de la mujer y lo posaron sobre la tierra marrón y fresca de ese patio sin terminar. Kerosene. Un simple fosforo de madera. El ruido del fuego estaba aturdiendo todo el cuerpo de esa mujer, hasta que no haya rastros vividos de lo que siempre va a quedar en la mente de Horacio. Cerró la puerta con llave como si nada hubiera pasado, y se dirigió al bar de la esquina. Conoció al amigo traicionero que lo acompañaría hasta su muerte: El alcohol.                                                
                                          
                                                
Horacio estaba en la cárcel.
Horacio estaba feliz de cumplir su merecido.
Horacio ya no se atormentaba mas, sentía que era libre. Valga la ironía.                                                            
Horacio era el borracho que todos querían.

Todas las noches en la cárcel, un pensamiento recurrente llegaba a la mente de Horacio:
-“Ya todos saben mi pasado, de donde vengo, y que he hecho, nada va a ser igual. No me querrán mas como me querían, no me verán mas como me veían, y no me aceptaran mas ni en su vereda”  


viernes, 21 de diciembre de 2012

¿Quien sabe?



Dijo que odiaba todo lo romantico del amor
que a veces se odiaba a si mismo y siempre sentia rencor
me miraba como si quisiera decirme algo,no se bien que
pero sin embargo,de alguna forma,lo entendia perfectamente
sospecho que a veces me amas,y otras solo quieres alejarte
de mi lado,somos tan iguales que no nos soportamos ni a nosotros
mismos,somos tan nefastos que nos dejamos caer por los de afuera
A veces pienso en lo mucho que nos perdemos por ser como 
somos,y otros solo nos defino como algo perfecto e intocable
¿Quien sabe que sera de nosotros?
Si ni siquiera nos damos una pista 
¿Quien sabe si de verdad me amas?
Si ni siquiera el amor es algo seguro
¿Quien sabe si de verdad te extrañare?
Si ni siquiera me dejas hacerlo
Sos tan indesifrable que asustas
Sos tan llamativo que encandilas
Sos tan indispensable que quiero que seas mio




jueves, 20 de diciembre de 2012

A tus brazos



-“Estas bonita. ¿Te hiciste algo?”
-“No, es más, creo que estoy más despeinada que lo usual ...”

Ella sabía lo que le sentaba bien. No por ser pretenciosa, si no porque siempre resultaba más efectivo que cualquier maquillaje de primera calidad. La felicidad. 
Le hacía lucir casi perfecta. Le resplandecían los ojos. Tenía esa certeza de sonrisa que se le volaba a cada minuto. El mundo ya no estaba arriba de sus hombros. Sentía que descargaba esa mochila cada vez que sus ojos se encontraban con los de él. Era muy difícil el trayecto, pero como siempre, valía la pena. Toda la pena del mundo.
Algún día todo eso se iba a ir. Iba a desaparecer. Esfumarse como esa brisa fría que siempre corre por las noches de invierno. Eso la ponía nerviosa. Los ojos se le cerraban y miraba hacia abajo como si hubiera perdido una batalla importante. La felicidad se le corría de la cara. Pero mientras tanto, ella caía exhausta en su hombro. Quería agarrarlo y quedárselo todo el día entero. Sabía que no podía, pero por él iba a romper todas las reglas del mundo.                                                                   
Nadie más le daba esa sensación de que estando ahí, rodeada de unos brazos que ante cualquier fuerza se podían romper, estaba más segura que en todos los lugares del mundo.                                                                                           
Déjame tener tus brazos siempre, porque aunque no pueda ver tu cara, se que en tus brazos esta tu todo. Esta tú alma. Esta ese amor que te negas a demostrar. Esta esa cara de felicidad que no queres dar. Tus brazos son el mejor lugar del mundo, no me impidas nunca dejar de visitarlos. 


Reflexiones I




Vos sos tu propio apocalipsis. Vos decidís cuando dejar de existir. No tenés idea de la cantidad de apocalipsis propios vas a tener que sobrevivir. ¿A que le vas a tener pánico? ¿A un fin del mundo que inventaron por ahí? Tenete pánico a vos mismo. Vos sos el único que tiene esa arma lista para disparar. Sentís el frío de esa arma justo en la sien, pero la vida te pide que esperes un ratito más. Que pongas esa arma en el suelo y que te alejes de ella. Deja de buscar miedo y juga a que esa arma que tenés no es más que aquel juguete viejo de tu hermanito pequeño. Porque si te pones a pensar, el apocalipsis esta esperándote siempre en vos, y va a llegar cuando quieras. Sos el único que decide si tirar del gatillo de esa pistola o si jugar a los soldados con un arma de juguete. 


Huyamos




-“Vayámonos de acá”

-“Quiero irme. ¿Pero a dónde vamos?”

“Vos seguime”

Vayámonos tan pero tan lejos que ese ruido redundante que hace la vida ya no nos aturda. Ocultémonos ahí, en ese lugar inseguro y desconocido que nadie se anima a conocer. Riámonos de que la soledad se tropezó. Ellos están ahí afuera, esperando a que salgamos para prendernos fuego y que vivamos muertos. Quedémonos en esta oscuridad, que hace que la luz no nos pueda ver. Respírame cerca del cuello, esta vez no me va a molestar, si con ese suspiro siento que me estas dejando verte. ¿Por qué le tenes miedo a la oscuridad?  La oscuridad es tu mejor aliada. Nadie más que ella te acompaña siempre. Vos sos mi oscuridad. Vos apagas todo y me haces ilusionar con que nada de lo que está ahí se puede ver. Sentas en un rincón todo eso que me desvela para que no vuelva a aparecer. Encendés mi oscuridad.                                                                                                                                   


-“Tenemos que volver. Se está haciendo tarde”

-“¿Tarde para qué?”

-“Vos sabes para que”

-“¿Todavía no te diste cuenta cierto? Cuando venimos acá, paramos el mundo, paramos el tiempo, paramos todo. ¿Por qué volver? Quedémonos acá a disfrutar de la nada y a sentir todo. Aunque sea un ratito mas” 


martes, 18 de diciembre de 2012

Carolina



Se levanta la mañana y Carolina se prepara para llevar a sus hijas a la escuela. Madre soltera, apenas puede mantenerlas y sustentarse económicamente. Les prepara el desayuno con lo que tiene a mano, hace unas maniobras para que el agua no hierva en la pava y que las tostadas no estén quemadas, como siempre. Sale de la casa, y en su humilde bicicleta lleva a Martina y Fernanda a la "Escuela N° 38 Justo Daract", están a penas en su primer año de escuela, la vida les sonríe sin tener problemas mayores que tener tiempo para ver su programa favorito de la tv y poder abrazar a su mama cuantas veces puedan. Carolina, es completamente el antónimo de "felicidad", la tranquilidad no la viene a visitar hace bastante. Desde hace 2 años, que su marido las abandono a ella y a sus dos hijas, tuvo que enfrentarse al mundo como venia, la llevo por delante, pero vaya a saber de dónde saco tanta fuerza para levantarse, y lo hizo eventualmente. Hace 1 año recién apareció su madre, a ofrecerle esa ayuda que le hacía falta a Carolina hace rato, por orgullo ella quería darse la vuelta y negarse a aceptarla, pero la necesidad era más poderosa y cedió por la fuerza. Como todo en su vida. La madre de Carolina, cuidaba a las nenas desde la tarde, cuando iba a buscarlas al colegio, hasta madrugada, cuando Carolina se iba a trabajar. Thelma sabía lo dura que podía ser la vida a veces, y las formas impensables por las cuales uno podía enfrentarlas. Su esposo la dejo cuando inesperadamente quedo embarazada de Pablo, el hermano mayor de Carolina. Parecía que el abandono era una moneda corriente en la vida de las mujeres de esa familia.
"Ya se está haciendo muy tarde, ¡miren la oscuridad que hay! Entren a la casa ya, mañana siguen" Gritaba indignada Thelma para que las nenas entraran a la casa a cenar lo que había comprado con la poca plata que Carolina que le daba, ella secretamente ponía algún que otro peso. No se lo decía, lo hacía a escondidas, su hija era tan orgullosa que no quería mas ayuda de la que necesitaba.                                                                                                                                                                     

"Yo me voy a bañar. Vos hace que terminen de comer y mándalas a dormir, que vean alguna película que les guste" Le decía al oído Carolina las ordenes usuales. Se escuchaba el ruido de la ducha y Thelma empezó a levantar los platos para lavar todo a tiempo.
"Bueno, ya es tardísimo, ¿Que hacen despiertas?"
"¡A la cama!” Martina y Fernanda corrían hacia su habitación jugando a quien llegaba antes. La pieza era chiquita, un velador sobre la mesita de luz, dos camas de una plaza y un pequeño televisor que antes poseía Carolina, era todo lo que vestía ese cuarto de cuatro paredes rosadas.
-"¿Mama se va a salvar el mundo de nuevo? ¿No se puede quedar un ratito más?" Le decía con toda inocencia Martina a su abuela.
-"Si, porque no va otra mama, yo quiero a la mía acá!" Le acompañaba refunfuñando su hermana Fernanda, haciendo que Thelma las mirara con una mirada tan dulce y añoradora que te hacia sonreír.
-"Ya se los dije miles de veces, mama está salvando el mundo para que su futuro sea mejor, ahora traten de dormir"
Procedió a apagar el velador rojo y dejar la puerta entrecerrada para escuchar si algo pasaba ahí dentro durante la noche.
-"¿Ya está? ¿Se durmieron?" Le preguntaba Carolina, mientras se terminaba de abrochar el zapato y tambaleándose trataba de terminarse de peinar.
-"Si, estuvieron todo el día jugando, están agotadas" Le respondía algo cansada Thelma a su hija. "¿No te cansas? ¿De que todos los días la mentira se repita? ¿De tener que hacer estas cosas para conseguir un poco de plata?  Sabes que yo no tengo mucho, pero con lo mío alcanz...-"No mama, basta, dijimos que no me cuestiones o te vas de la casa. Esa fue la condición siempre." -"Es lo que yo opino, aunque no te import-"¿Qué? ¿Te pensas que a mí me enorgullece y disfruto de mi trabajo? 
 No tengo ganas de hablar mama, voy a llegar tarde, sabes a qué hora vuelvo. Nos vemos después, dormite"                                                                                                                                
Carolina se ponía taco aguja y ropa que no le gustaba, pero que la vendía bastante bien.
Carolina era iluminada por ese foco de luz amarilla en la esquina todas las noches de frió helado.                                         

Carolina pasaba horas parada esperando que alguien pase y la compre, para así después comprar comida.
Carolina se odia a si misma todas las noches.
Carolina pasa las noches frías de invierno y las noches cortas de verano en la vereda de la Calle 25 de Mayo.
Carolina es esa puta, que en vez de gritar de placer, grita de dolor todas sus noches de agonía.



lunes, 17 de diciembre de 2012

No me dejes caer sola


¿A dónde te vas? ¿No ves que cada vez que huis de mi, trato de agarrarte más fuerte?  No me hagas esto, haces que todos los planes se interrumpan por tu estúpida presencia.
¿Quién te pensás que sos? Importante es el aire o la vida, vos solamente queres serlo. Lo peor de todo es que están llenando mi mente poco a poco, esos sentimientos que me juegan en contra, que acarrean situaciones que no quiero vivir más.                                                                      
¿Porque no te quedas? ¿No ves que cada vez que escapas quiero buscarte?
Podemos irnos lejos y que los demás se conviertan en aire. Podemos dejar que la noche llegue sola y que esa brisa que nos acaricia nos haga fuertes. Podemos pero no podemos. No es mi culpa que una pared gigante no nos deje vernos, y ni siquiera escucharnos. Es culpa de los dos. Los dos construimos ese mural y ahora no sabemos cómo bajarlo. No queda otra que tratar de pasarlo de alguna forma. Algo seguramente se nos va a ocurrir. Quédate un poquito mas acá, podemos sentarnos de cada lado de ese mural y simplemente hablar de lo que nos pasa. O de lo que queremos que pase. Quédate un poquito mas acá, se que te aburro y no tenés ganas de esperar a que el mural se decaiga por su cuenta. Hagamos algo, por favor, escalémoslo de a poco y esperémosnos en la cima del mural, después podemos lanzarnos al vacío por no saber cómo bajar, pero mientras caiga con vos, ese vacío va a ser mi todo.


Se levanta y todos aplauden


Seria inútil decir que eres perfecto
porque tus errores son lo mas precioso de ti
Seria liviano decir que eres monótono
porque tu rareza te define hasta los pies
Nunca pensé que hasta hoy serias lo que 
siempre tiene que estar para formar una 
minúscula parte de mi cielo terrenal
Porque en tus ojos encuentro ese abrazo 
del amigo que se perdió entre los años
y esa tranquilidad que aquel pueblo solitario
de mi niñez me daba cada verano
En tu sonrisa encuentro esa satisfacción
de hacer lo correcto 
y esa belleza que solo el mas dedicado artista
puede plasmar hasta lo mas profundo
Pero solo en tus palabras siento la simplicidad
de la felicidad infinita,la esfumacion de los problemas
mas difíciles,y la calidez de un día ventoso de primavera
Porque solo tu sabes como decir exacto lo que quiero
Porque solo tu me haces sentir el abrazo encontrado,
la tranquilidad perdida,mi satisfacción dulce y aquella belleza escondida
Porque si tu no existieras
¿Quien mas se haría cargo de que la vida no sea solo levantarse
y sentir continuamente la misma nada?



Pequeños hoyos en mi existencia


No puedo parar de pensar en cómo se ríe, como se para, como me mira, como me hace decir esta sarta de cursilerias sin sentido común.
Qué lindo  que me pregunte por cosas que en otros son completamente nulas, que hagamos un millón de planes que no vamos a cumplir pero en ese millón, que el plan más importante sea no quedarnos sin planes.
Me levanto todos los días escuchando música, jugando a que vivo en un musical y que al final de la canción estás ahí, esperándome para siempre.

La luz de los que no ven



El paraíso ahora era un infierno, un sueño que nadie quiere soñar, un libro que nadie quiere leer, una película rayada. Se sienten acorralados. No saben cómo ser ellos mismos. Sus almas tienen ansias de libertad, pero esos... "los otros", no los dejan. Lo peor es que "Los otros" son un ejército interminable, que no solo los atormentan a ellos, si no que a muchas otras víctimas. Los mismos "otros" se atormentan a sí mismos y entre sí. Era una cadena de apuntar con el dedo y fruncir el seño. Nos atan la boca y no nos dejan libres las manos. Pero aun así, tratamos siempre de poder escapar. Es difícil, pero no imposible. La vida misma se nos sale hasta por los codos. Nuestro ser sucumbe todo el cuerpo. Pero encontramos la manera de salir, no sabemos cuándo, ni como, pero si sabemos porque. Cada escapatoria es una llave diferente, cada puerta se abre cuando se puede o se quiere, algunas veces están abiertas todos los días y a toda hora, esperando no sentir opresión. No queremos estar en la oscuridad de esos cuartos llamados "vida" cada uno con un diferente prisionero. Queremos tener una puerta. A veces tardamos largos lapsos de tiempo en encontrar esa puerta, porque estamos infinitamente condenados a la duda y el miedo. Y también la torpeza. A veces nacemos con el picaporte en la mano y la llave ni la necesitamos. Pero es más que seguro, que cada uno encuentra su puerta en la oscuridad gracias a algo en especial: luz. No importa si viene de algo que siempre tuvimos presente, o si viene de algo completamente ajeno, lo único que importa, es que nunca falte. Y en caso de que algún día se nos desaparezca esa luz, comencemos a leer este párrafo desde el principio.



Crónicas de las noches eternas



Crónicas de las noches eternas/1


Ernesto y su soledad eran enemigos secretos. Convivía con ella y solo de vez en cuando le tiraba señas de que ya no la soportaba. No se quería mostrarse débil frente a su enemiga. Durante el día Ernesto la dejaba ahí encerrada en su casa, no dejaba que lo siguiera, el dilema ocurría por las noches. Por las noches la soledad seducía cual diablo a sus ansias de ser feliz. En esas cuatro paredes, ante la profunda oscuridad, Ernesto solo se daba cuenta que no tenía nada. Perdió a su esposa y a sus tres hijos. Y hasta perdió a su perro, el único que hace pocos meses le hacía compañía. Su casa no era la que el siempre fantaseaba a los 18 años, en unos de esos ataques de "la gran familia feliz". Los abrazos y besos que le daría a su mujer por las noches, ahora eran solo atinar a agarrar esa figura inexistente y tratar de no caerse de su cama de una plaza. Los desayunos y las charlas mañaneras con sus hijos ahora eran tomar café tibio en su mesa y las únicas voces que se escuchaban eran las de la radio. El perro corriendo y ensuciando todo a su paso por el living ahora eran cucarachas y ratas que de vez en cuando pasaban. Ernesto y su soledad eran enemigos secretos.

Crónicas de las noches eternas/2

Sus pisadas retumbaban el silencio de la casa. Su música lo acompañaba y sus intentos de cantar acapella a todo pulmón esa canción que lo moviliza, le brinda una sonrisa falsa que intenta ser autentica. Algo obsoleto como su amiga, la música, era lo único que lo podía hacer sentir lleno por unos minutos. Pero llegaba un momento en que tanta soledad no se podía ambientizar ni con la más alegre de las canciones. Ernesto no entendía que tapaba el mundo con la manta de la indiferencia. No entendía que para perdonarse a el mismo primero tenía que lidiar con su soledad. Ernesto y su soledad eran enemigos secretos. Cada recoveco de su vida le recomendaba a gritos que vaya a ver el espectáculo de la vida.


Crónicas de las noches eternas/3

¡PERDONATE ERNESTO! ¡LA UNICA ARMA PARA MATARTE LA TIENE ELLA! ¡TU SOLEDAD! Ernesto tenía que suplicarle perdón a su yo mismo por esa condena que se dio apropósito. El mismo testifico en su contra. El mismo se vengó de la persona equivocada. Perdonarse era aceptar como amiga a esa única cosa que siempre estaba ahí. Un día Ernesto despertó del sueño que siempre creyó pesadilla, después de una noche de lluvia intensa y de rayos que lo hacían temblar, y se dijo a sí mismo, casi susurrando para que nadie escuche lo que con redobles se esperaba: "Yo y mi soledad la pasamos bastante bien".