miércoles, 2 de enero de 2013

La señorita Ana no sabia contar




Esos que la hacían sentir especial, pero que eran casi caníbales a la hora de amar, hicieron que la señorita Ana no supiera contar. La lastimaban hasta quedar sola en una esquina, y cuando veían que no iban a conseguir más de sus besos, le imploraban su perdón. La señorita Ana iba, como tonta ensordecida por palabras, a darle de sus besos y miradas. ¿Se lo merecían? Pues claro que no. La querían hasta el cansancio y cuando las cosas se ponían turbulentas, la dejaban en el medio de un vacío existencial que con nada se llenaba. Salía por la puerta llena en lágrimas, y nadie la agarraba del brazo para consolarla con dichos que por más que falsos y desprevenidos, a todos nos hacen sentir bien. Siempre se cortaba con algún que otro pedazo filoso de su corazón, que vaya a saber quien, hizo romper y posarse en el suelo para lastimarla aun mas. Todos ellos tenían la misma táctica. Pero la señorita Ana no sabía contar, y menos tenía la astucia de tener una lista en mano, y anotar eso que debía a acordarse:

Numero 1:
La señorita Ana no debe creer el primer “Te amo”. Menos si se lo dicen cuando están en problemas.
Numero 2:
La señorita Ana no debe dejarse llevar por las palabras lindas o el romanticismo. Solo juegan con ella hasta conseguir un objetivo: sus labios.
Numero 3:
La señorita Ana debe de no confiar. Mientras sujetan su mano, pueden estar imaginado que pasean con esa chica mejor que ella.


Pasaba la vida y con ella la señorita Ana no conseguía aprender a contar. Pasaba la vida y con ella, mas de esos asesinos amorosos la persuadían para quitarle un poco de amor y de labios, hasta dejarla muda y vacía, en una demencia oscura llamada “soledad”. Un día de otoño, de esos días comunes que la vida pasa siempre, la señorita Ana se topo con él. Con su pelo oscuro y lacio, peinado a la perfección, vestido que importa cómo, y con ojos pardos que brillaban cual sol.                              

La señorita Ana lo vio, y entonces comprendió: “¿Qué importa si no supe contar a todos esos que me dañaron? La cuenta empieza desde ahora, desde el. Porque siempre lo mejor va primero y de lo peor no vale la pena saber”.



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