lunes, 7 de enero de 2013

El infortunio de las caras rotas



Todos perfectos se visten de blanco, y con caras pálidas en ser ellos, salen a paso firme para mostrarse al mundo. En sus casitas perfectas, todo el mundo que una mancha tenga, es denegado a entrar. Se ríen a carcajadas de eso que no les causa más que una pizca de sonrisas falsas. Contemplan el comportamiento y lo vuelven a repetir una y otra vez. Hasta convertirse en cajas vacías. Empaques de un cuerpo que de mente no tiene nada y de apariencia lo simula todo. Memorias vagas de una vida en la que la vida no era llamada “perfecta”. La vida era y es solamente vida. Vida y “perfecta” nunca van de la mano. Pero ellos simulaban todo un teatro de que eran compañeras inseparables. Se ahorcaban las almas de ellos, en ese rio ahora ya podrido, lleno de pesadillas y no de sueños. Lo que no saben es que llegara ese tiempo en que no podrán llorar más y se quedaran llenos de ese rio, creciente y mortífero, en lo más profundo de su pecho. Y eso ni la más avanzada medicina logra curar. Ojala alguien los ayude a salir de esa sombra oscura que llaman vivir. Eso no es vida, hipócritas rotos de fe en lo que no brilla, eso no merece ser llamado “vivir”

Dedicado a todos aquellos que están presos en la prisión del querer ser perfecto. Esperamos pronto logren salir de allí. Porque aquí los estamos esperando nosotros, los “otros”.                                                                                                                 



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