Todos perfectos se visten de blanco, y con caras pálidas en ser
ellos, salen a paso firme para mostrarse al mundo. En sus casitas perfectas,
todo el mundo que una mancha tenga, es denegado a entrar. Se ríen a carcajadas
de eso que no les causa más que una pizca de sonrisas falsas. Contemplan el
comportamiento y lo vuelven a repetir una y otra vez. Hasta convertirse en
cajas vacías. Empaques de un cuerpo que de mente no tiene nada y de apariencia
lo simula todo. Memorias vagas de una vida en la que la vida no era llamada
“perfecta”. La vida era y es solamente vida. Vida y “perfecta” nunca van de la
mano. Pero ellos simulaban todo un teatro de que eran compañeras inseparables.
Se ahorcaban las almas de ellos, en ese rio ahora ya podrido, lleno de
pesadillas y no de sueños. Lo que no saben es que llegara ese tiempo en que no
podrán llorar más y se quedaran llenos de ese rio, creciente y mortífero, en lo
más profundo de su pecho. Y eso ni la más avanzada medicina logra curar. Ojala
alguien los ayude a salir de esa sombra oscura que llaman vivir. Eso no es
vida, hipócritas rotos de fe en lo que no brilla, eso no merece ser llamado
“vivir”

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