“La esquina”
Selene me contó todo con lujo de detalles, que cuando se fue para la casa de su padre,
no podía pegar un ojo. Me dijo que hasta leyó aquel libro que le habían regalado
una vez, que tildo de “aburrido” hace mucho. Nos causo risa a ambos, porque a
menudo me decía que nunca pensaría en leerlo, pero el ocio la venció. Alrededor
de las 4 de la madrugada, termino el libro que había empezado a las 12 de la
noche. Se puso a ver una película en el televisor del living, pero no llamo su atención.
Fue rápido a la cocina a tomar algún que otro tentempié. No encontró nada.
Busco hasta en el último cajón de la alacena, y no encontró nada más que
envases vacios en donde solían haber galletas o cosas dulces. Su padre se había
dejado estar con las compras, me contó que era algo depresivo y quedado desde
que su madre y el estaban separados, y mucho en la casa cambio. Se decidió por
ir a la panadería de la esquina a comprar. El sol ya salía, eran casi las 6 de
la mañana. Agarro plata que tenía en su bolso, y se fue con el pijama encima a
comprar algo que le sacara la hambruna. Llegando a la puerta del negocio, la
mujer que atendía le dijo que debía esperar a que terminaran de organizar el
itinerario para atenderla. No había ningún otro local a la redonda, así que decidió
esperar en el cordón de la calle, hasta que la empleada le avisara y la
atendiera. En esas miradas para un lado y para el otro que tiraba para ver si
venia alguien, vio pisar unos tacos rojos, muy incómodos a la vista, y más para
arriba una pollera bien corta, blanca, ajustada al cuerpo. Estiro los ojos mas y
noto una blusa bordo, algo gastada, escote en v, prominente escote. Un pelo
morocho, completamente enrulado, hasta la cintura, bien producido. Un
maquillaje espectacular, los parpados empolvados con pintura negra y los labios prominente mente rojos.
-“¿Está cerrado?” Le pregunto la mujer a ella con una
voz que de buena te daba confianza infalible.
-“No. Bueno, en realidad sí, pero en 10
o 15 minutos abren. Están terminando el itinerario. Podes esperar.” Le contesto descuidadamente mirando hacia la
calle Selene.
-“Bueno. Espero acá con vos. ¿Te
molesta si me siento al lado tuyo? Si te sentís incomoda, me voy a esperar en
el banquito de allá, puedo entender que no me tengas confianza” le dijo casi preocupada.
-“No, por favor. Sentate, no soy quien
para prohibírtelo. ¿Cómo te llamas?”
-“¿Yo? Me llaman Paola.”
-“¿Te llaman?”
-“Si. No se lo digo a nadie, pero mi
nombre real es Julieta. Supongo que debes saber, por lo que ves, lo que soy -y
le tiro una risita entre labios que denotaban vergüenza- Cambie mi nombre por
una cuestión de no querer ensuciar lo único que mi madre me dio con amor. Un
nombre.”
-“Es un lindo nombre como para no
usarlo. ¿Sos…sos prostituta? Con todo respeto” – le pregunto mirándola algo
triste.
-“¿Cómo lo descubriste? – se rio- Si,
lo soy. Lamentablemente es la realidad. Puedo ocultar mi nombre pero no mi
historia ¿No?”
-“Nunca se oculta una historia, y
menos una de vida. Se puede borrar de la mente, pero nunca se saca por
completo. Tenes razón”
-“Yo era todo lo contrario a esto, ¡no
sabes la vida planeada que tenia! Lo tenía todo calculado en mi cabecita tonta.
Quería ser pintora, te cuento. Aun quiero serlo, la verdad. Amaba el arte, aun
lo amo, corrijo. Leer y pintar. Amaba la música, quería ser de todo. Escritora,
pintora, actriz, y hacer música. Todo lo que tenía que ver con expresarse, era
parte de mí. Mi vieja decía que tenía un espíritu medio rebelde y que era insoportable.
Pero sé que en el fondo ella me apoyaba. O al menos de eso me convencía yo. Mi
viejo ni se preocupaba por mí, todo se lo dejaba a mi viejita. –hizo una pausa
y miro al asfalto- Ellos murieron cuando tenía 13, en un accidente de auto –hizo
un silencio-
-“Lo lamento mucho. Debió ser
horrible. ¿Qué te paso después?”- pregunto Selene ya con confianza.
-“Uf, un montón de cosas horribles. No
me da la vida para contarte, por eso no las cuento mucho, porque pienso que es
perder tiempo de vida…contar el pasado. Lo que pasó, pasó y se fue. Contarlo no
va a arreglar nada. Pero te comento, que me fui a la casa de una tía, hermana
de mi viejo, con la que mucho no me llevaba. Ella ni estaba, era prostituta,
como yo lo soy ahora. Era alcohólica también, me pegaba mucho y me tenía con
hambre varios días. No me daba bolilla. Era como si no existiera. Un día me
case de que me maltratara, y me fui de la casa. Ni me salió a buscar, ¡te
imaginas! Era tanto el dolor que tenía viviendo debajo de ese techo, con esa
vieja de mierda, que decidí vivir en la calle. No me importo nada. Yo con tener
paz era feliz. Pase menos hambre que con ella, te digo, una vecina del barrio
me daba comida todos los días, el almuerzo y la cena. Me escuchaba. Era como mi
mejor amiga. Tenía más o menos mi edad, 18 por ahí. Seguro le di lastima. Como
a todos. Como a vos seguro. Pero después de unos meses decidí hacer lo que
estoy haciendo ahora. Venderme por sexo, para conseguir plata y pagarme un
departamentito. Me costo, lo admito. Yo le tenía un asco increíble a todas
estas mujeres. Estas mujeres de la que ahora soy parte. ¿Qué ironía viste?”
-“La vida está llena de injusticias. De
ironías ni te cuento. Pero es la vida y uno se tiene que reír de esas ironías.
O al menos aceptarlas. ¿Conseguiste departamento ahora?”
-“Por suerte sí. Gano bien. No es nada
bueno lo que hago, no lo tomes como una opción nunca. Pero yo conseguí un
departamentito. Quede embarazada de antes de empezar con esto. Tuve a mi hijo, nació
con muchos problemas respiratorios. Falleció a los 5, cuando dejo de respirar
una noche. Fue el 9 de Marzo, me acuerdo, 4 días después de su cumpleaños. No
fue al jardín, no podía, tenia ataques de asma o ataques respiratorios a cada
rato. Se llamaba Cristian. Eso me pego muy fuerte. Que haya vivido ese poco
tiempo, en un ambiente horrible lleno de drogas, alcohol, y sexo, y excesos. Era
muy joven yo, me devasto la muerte de él. Después de eso fue cuando abandone mi
“hogar”, si a eso le puedo llamar hogar, era un techo de mierda lleno de
asquerosidad por todos lados. Me da asco solo con recordar. El padre ni sabía
de la existencia de Cristiancito, o no quería saber nada, así que ni me
pregunto por él, ni se ocupo de mí. Ni nada. Estaba sola y recurrí a este trabajo,
que tampoco se le puede llamar trabajo, es deshonesto y juzgado por toda la
gente. Te tildan ahí nomas que tenes sida y todas esas enfermedades sexuales
que saben el nombre solamente, esos ignorantes. Que sos una puta. Que sos un
gato. Que no sos ni mujer y un montón de cosas que te duelen. A veces me hago
la que no me importa, pero en el fondo…en el fondo me pegan duro. Por ejemplo
vos, me estas escuchando y capaz que pensas que estoy llena de enfermedades y
que soy una puta y ni importa que te este hablando de mi vida. ”
-“No. No soy así yo. Nunca pre-juzgo,
y menos a alguien como vos. A la gente excluida. Esa gente es de la mía. Me da
mucha pena lo de tu bebe. Me da bronca e impotencia lo de tu tía. Tu vida en sí,
es una lucha. No te menosprecies por esos ignorantes e hipócritas que no saben
nada de vos. Dentro de ese grupo está la gran mayoría de las personas, pero no
te creas que todos. Yo te respeto. No es por hacerme la distinta, ni nada. De
verdad lo hago. Para mi sos mi nueva heroína, Julieta. Conocer gente como vos
es increíble”
-“Ya te puedo atender chiquita,
terminamos con el itinerario”-interrumpió la vendedora inoportuna
-“Anda a comprar que si no te agarro
el lugar yo”-dijo riendo Julieta a Selene, ya con un tono de confianza tomada.
Selene me
conto que termino la compra de eso que ya se había casi olvidado que tenia
cometido. Y que volvió para el lugar donde estaba sentada. Se quedo esperando a
Julieta para saludarla de buena manera. No podía simplemente decirle “chau”.
Julieta, termino de comprar y se fue para donde se había quedado Selene. Y le
dijo mirándola jubilosa:
-“Nena, que alegría que haya gente
como vos. Que sea tan abierta, tan buena, tan generosa. Como vos ya no se
encuentran,¡ no se te ocurra cambiar querida! ¡por nada ni nadie!”
-“Cambiar nunca. Me llegaste al alma,
Juli. Si te puedo tutear. Que no te importe lo que diga el montón de vos, si al
fin y al cabo es tu vida. Y sos vos. No vivieron lo que viviste vos. No
entienden. Mantene ese pensamiento, y podes pasarte la vida sonriendo.”-le dijo
consejera.
-“Gracias querida. No sabes lo que me
lleno de alegría que alguien aparte de mi misma me escuche. Me alegraste la
mañana, y toda la semana...”-y le dijo tímidamente-¿Un abrazo te puedo dar? Ya
siento que sos mi amiga, perdón.”
Se dieron un
abrazo sin prejuicios y sin límites. Como si se conocieran de toda la vida.
Como amigas del corazón.
-“Sos una mujer con todas las letras
Julieta. Paola no existe. Julieta debe estar cansada de estar oculta abajo de todo
ese maquillaje, ojala pronto logres dejarla salir al aire.”
-“Ojala querida, ojala alguien te
escuche.”
-“Bueno, me voy, un gusto haberte
conocido. Un gusto enorme Julieta. Suerte en tu vida, que siempre le llega lo
que se merece a cada uno. A su tiempo. No dejes de luchar.”
-“Me vas hacer llorar nena. Yo me voy
para el otro lado, tengo que tomarme un remis por acá así me voy para mi casita
y dormir algo. Estoy devastada.”
Selene la saludo
agitando la mano, y ya estando en la esquina, por voltear a irse por su camino,
Julieta, ya no más Paola, la prostituta de la 25 de mayo, le dijo como algún cometido
importante:
“Vos lucha por lo
quieras ser, no por lo que la vida te fuerce a terminar siendo. Mírame a mi
sino…Acordate bien de eso, querida. Nos veremos.”
Selene no se canso de
pensar en esa frase toda la mañana. No podía dormir, ni nada. Se le quedo
grabada para toda la vida. Y, me contó secretamente, que esa prostituta era su
nueva heroína.
Esto simplemente me
enseño una cosa, y espero ustedes la entiendan también: Si sacamos los juicios, podemos encontrar la gente más increíble que creíamos
no existían. Solo hace falta cerrarse los ojos y abrir los oídos lo más que
podamos.