viernes, 25 de enero de 2013

Reflexiones III




Creo que todos queremos liberarnos del peso ese que tenemos en nosotros. En el pecho. En el corazón,que nos hace débiles y cobardes. Mi alma por mi parte, quiere tirarse en el techo, mirando al cielo, no importa si estrellado o lleno de nubes, y escuchar esas miles de canciones que te hacen sentir acompañado de alguna que otra extraña forma. Eran las 8 de la madrugada y no había conciliado sueño por culpa de este dolor en el pecho. Fuerte. Muy fuerte. Porque quiero irme lejos, pero quiero irme con él en el equipaje, llevarlo a la nada y que me guíe por donde pisar. No quiero dejarlo todo, quiero dejar todo en lo que él no este. Entre el tumulto de la gente, de los gritos, de la tristeza, de la oscuridad, no puedo escuchar su voz. Y él no puede escuchar mis llantos o mi abrazo despedazado que pide desconsoladamente que venga a mí, y que me preste su hombro, o su mirada para llorar. Y después irónicamente, sonreír por el hecho de saber que él es inmejorable. Y mejor aun… él es mío. O al menos es así para mí. En mi pecho. En mi corazón. No sé como hicimos para encontrarnos en medio de tanta gente. Pero ya que nos logramos ver a los ojos, y sentirnos, y besarnos lo mas que podíamos, después de mucho luchar, vayámonos a
algún acantilado y tiremos eso que nos hace ver cosas mortíferas y pesadillescas.                                                                                                                             

Y dejémonos caer de a poco en ese vacío negro y a la vez espléndidamente puro, que es el amor o la magia de mirarnos y saber que todo está bien, al menos por el tiempo en que estamos juntos, pegados a nuestros labios o riéndonos de que la soledad se perdió, en el mundo pequeñísimo que nos construimos en los ojos de los dos.  




miércoles, 23 de enero de 2013

Selene/2


                                    
“La esquina”

Selene me contó  todo con lujo de detalles, que cuando se fue para la casa de su padre, no podía pegar un ojo. Me dijo que hasta leyó aquel libro que le habían regalado una vez, que tildo de “aburrido” hace mucho. Nos causo risa a ambos, porque a menudo me decía que nunca pensaría en leerlo, pero el ocio la venció. Alrededor de las 4 de la madrugada, termino el libro que había empezado a las 12 de la noche. Se puso a ver una película en el televisor del living, pero no llamo su atención. Fue rápido a la cocina a tomar algún que otro tentempié. No encontró nada. Busco hasta en el último cajón de la alacena, y no encontró nada más que envases vacios en donde solían haber galletas o cosas dulces. Su padre se había dejado estar con las compras, me contó que era algo depresivo y quedado desde que su madre y el estaban separados, y mucho en la casa cambio. Se decidió por ir a la panadería de la esquina a comprar. El sol ya salía, eran casi las 6 de la mañana. Agarro plata que tenía en su bolso, y se fue con el pijama encima a comprar algo que le sacara la hambruna. Llegando a la puerta del negocio, la mujer que atendía le dijo que debía esperar a que terminaran de organizar el itinerario para atenderla. No había ningún otro local a la redonda, así que decidió esperar en el cordón de la calle, hasta que la empleada le avisara y la atendiera. En esas miradas para un lado y para el otro que tiraba para ver si venia alguien, vio pisar unos tacos rojos, muy incómodos a la vista, y más para arriba una pollera bien corta, blanca, ajustada al cuerpo. Estiro los ojos mas y noto una blusa bordo, algo gastada, escote en v, prominente escote. Un pelo morocho, completamente enrulado, hasta la cintura, bien producido. Un maquillaje espectacular, los parpados empolvados con pintura negra y los labios prominente mente rojos.

-“¿Está cerrado?” Le pregunto la mujer a ella con una voz que de buena te daba confianza infalible.

-“No. Bueno, en realidad sí, pero en 10 o 15 minutos abren. Están terminando el itinerario. Podes esperar.”  Le contesto descuidadamente mirando hacia la calle Selene.

-“Bueno. Espero acá con vos. ¿Te molesta si me siento al lado tuyo? Si te sentís incomoda, me voy a esperar en el banquito de allá, puedo entender que no me tengas confianza”  le dijo casi preocupada.

-“No, por favor. Sentate, no soy quien para prohibírtelo. ¿Cómo te llamas?”

-“¿Yo? Me llaman Paola.”

-“¿Te llaman?”

-“Si. No se lo digo a nadie, pero mi nombre real es Julieta. Supongo que debes saber, por lo que ves, lo que soy -y le tiro una risita entre labios que denotaban vergüenza- Cambie mi nombre por una cuestión de no querer ensuciar lo único que mi madre me dio con amor. Un nombre.”

-“Es un lindo nombre como para no usarlo. ¿Sos…sos prostituta? Con todo respeto” – le pregunto mirándola algo triste.

-“¿Cómo lo descubriste? – se rio- Si, lo soy. Lamentablemente es la realidad. Puedo ocultar mi nombre pero no mi historia ¿No?”

-“Nunca se oculta una historia, y menos una de vida. Se puede borrar de la mente, pero nunca se saca por completo. Tenes razón”

-“Yo era todo lo contrario a esto, ¡no sabes la vida planeada que tenia! Lo tenía todo calculado en mi cabecita tonta. Quería ser pintora, te cuento. Aun quiero serlo, la verdad. Amaba el arte, aun lo amo, corrijo. Leer y pintar. Amaba la música, quería ser de todo. Escritora, pintora, actriz, y hacer música. Todo lo que tenía que ver con expresarse, era parte de mí. Mi vieja decía que tenía un espíritu medio rebelde y que era insoportable. Pero sé que en el fondo ella me apoyaba. O al menos de eso me convencía yo. Mi viejo ni se preocupaba por mí, todo se lo dejaba a mi viejita. –hizo una pausa y miro al asfalto- Ellos murieron cuando tenía 13, en un accidente de auto –hizo un silencio-

-“Lo lamento mucho. Debió ser horrible. ¿Qué te paso después?”- pregunto Selene ya con confianza.

-“Uf, un montón de cosas horribles. No me da la vida para contarte, por eso no las cuento mucho, porque pienso que es perder tiempo de vida…contar el pasado. Lo que pasó, pasó y se fue. Contarlo no va a arreglar nada. Pero te comento, que me fui a la casa de una tía, hermana de mi viejo, con la que mucho no me llevaba. Ella ni estaba, era prostituta, como yo lo soy ahora. Era alcohólica también, me pegaba mucho y me tenía con hambre varios días. No me daba bolilla. Era como si no existiera. Un día me case de que me maltratara, y me fui de la casa. Ni me salió a buscar, ¡te imaginas! Era tanto el dolor que tenía viviendo debajo de ese techo, con esa vieja de mierda, que decidí vivir en la calle. No me importo nada. Yo con tener paz era feliz. Pase menos hambre que con ella, te digo, una vecina del barrio me daba comida todos los días, el almuerzo y la cena. Me escuchaba. Era como mi mejor amiga. Tenía más o menos mi edad, 18 por ahí. Seguro le di lastima. Como a todos. Como a vos seguro. Pero después de unos meses decidí hacer lo que estoy haciendo ahora. Venderme por sexo, para conseguir plata y pagarme un departamentito. Me costo, lo admito. Yo le tenía un asco increíble a todas estas mujeres. Estas mujeres de la que ahora soy parte. ¿Qué ironía viste?”

-“La vida está llena de injusticias. De ironías ni te cuento. Pero es la vida y uno se tiene que reír de esas ironías. O al menos aceptarlas. ¿Conseguiste departamento ahora?”

-“Por suerte sí. Gano bien. No es nada bueno lo que hago, no lo tomes como una opción nunca. Pero yo conseguí un departamentito. Quede embarazada de antes de empezar con esto. Tuve a mi hijo, nació con muchos problemas respiratorios. Falleció a los 5, cuando dejo de respirar una noche. Fue el 9 de Marzo, me acuerdo, 4 días después de su cumpleaños. No fue al jardín, no podía, tenia ataques de asma o ataques respiratorios a cada rato. Se llamaba Cristian. Eso me pego muy fuerte. Que haya vivido ese poco tiempo, en un ambiente horrible lleno de drogas, alcohol, y sexo, y excesos. Era muy joven yo, me devasto la muerte de él. Después de eso fue cuando abandone mi “hogar”, si a eso le puedo llamar hogar, era un techo de mierda lleno de asquerosidad por todos lados. Me da asco solo con recordar. El padre ni sabía de la existencia de Cristiancito, o no quería saber nada, así que ni me pregunto por él, ni se ocupo de mí. Ni nada. Estaba sola y recurrí a este trabajo, que tampoco se le puede llamar trabajo, es deshonesto y juzgado por toda la gente. Te tildan ahí nomas que tenes sida y todas esas enfermedades sexuales que saben el nombre solamente, esos ignorantes. Que sos una puta. Que sos un gato. Que no sos ni mujer y un montón de cosas que te duelen. A veces me hago la que no me importa, pero en el fondo…en el fondo me pegan duro. Por ejemplo vos, me estas escuchando y capaz que pensas que estoy llena de enfermedades y que soy una puta y ni importa que te este hablando de mi vida. ”

-“No. No soy así yo. Nunca pre-juzgo, y menos a alguien como vos. A la gente excluida. Esa gente es de la mía. Me da mucha pena lo de tu bebe. Me da bronca e impotencia lo de tu tía. Tu vida en sí, es una lucha. No te menosprecies por esos ignorantes e hipócritas que no saben nada de vos. Dentro de ese grupo está la gran mayoría de las personas, pero no te creas que todos. Yo te respeto. No es por hacerme la distinta, ni nada. De verdad lo hago. Para mi sos mi nueva heroína, Julieta. Conocer gente como vos es increíble”

-“Ya te puedo atender chiquita, terminamos con el itinerario”-interrumpió la vendedora  inoportuna

-“Anda a comprar que si no te agarro el lugar yo”-dijo riendo Julieta a Selene, ya con un tono de confianza tomada.
Selene me conto que termino la compra de eso que ya se había casi olvidado que tenia cometido. Y que volvió para el lugar donde estaba sentada. Se quedo esperando a Julieta para saludarla de buena manera. No podía simplemente decirle “chau”. Julieta, termino de comprar y se fue para donde se había quedado Selene. Y le dijo mirándola jubilosa:

-“Nena, que alegría que haya gente como vos. Que sea tan abierta, tan buena, tan generosa. Como vos ya no se encuentran,¡ no se te ocurra cambiar querida! ¡por nada ni nadie!”

-“Cambiar nunca. Me llegaste al alma, Juli. Si te puedo tutear. Que no te importe lo que diga el montón de vos, si al fin y al cabo es tu vida. Y sos vos. No vivieron lo que viviste vos. No entienden. Mantene ese pensamiento, y podes pasarte la vida sonriendo.”-le dijo consejera.

-“Gracias querida. No sabes lo que me lleno de alegría que alguien aparte de mi misma me escuche. Me alegraste la mañana, y toda la semana...”-y le dijo tímidamente-¿Un abrazo te puedo dar? Ya siento que sos mi amiga, perdón.”

Se dieron un abrazo sin prejuicios y sin límites. Como si se conocieran de toda la vida. Como amigas del corazón.

-“Sos una mujer con todas las letras Julieta. Paola no existe. Julieta debe estar cansada de estar oculta abajo de todo ese maquillaje, ojala pronto logres dejarla salir al aire.”

-“Ojala querida, ojala alguien te escuche.”

-“Bueno, me voy, un gusto haberte conocido. Un gusto enorme Julieta. Suerte en tu vida, que siempre le llega lo que se merece a cada uno. A su tiempo. No dejes de luchar.”

-“Me vas hacer llorar nena. Yo me voy para el otro lado, tengo que tomarme un remis por acá así me voy para mi casita y dormir algo. Estoy devastada.”
Selene la saludo agitando la mano, y ya estando en la esquina, por voltear a irse por su camino, Julieta, ya no más Paola, la prostituta de la 25 de mayo, le dijo como algún cometido importante:

Vos lucha por lo quieras ser, no por lo que la vida te fuerce a terminar siendo. Mírame a mi sino…Acordate bien de eso, querida. Nos veremos.”

Selene no se canso de pensar en esa frase toda la mañana. No podía dormir, ni nada. Se le quedo grabada para toda la vida. Y, me contó  secretamente, que esa prostituta era su nueva heroína.         

Esto simplemente me enseño una cosa, y espero ustedes la entiendan también: Si sacamos los juicios, podemos encontrar la gente más increíble que creíamos no existían. Solo hace falta cerrarse los ojos y abrir los oídos lo más que podamos. 


lunes, 21 de enero de 2013

Selene/1



“Cuentan las tormentas”

Selene tuvo una pesadilla, cuando las gotas de lluvia llenas de dolor caían por el vidrio de su ventana. Que venía la oscuridad de la vida y se la tragaba la luz de la muerte. Que todo aquello que la rodeaba la podía lastimar, ante cualquier pequeñísimo descuido. Todo eso de lo que ella creía ser dueña, con tanta posesividad sentimental, se lo habían prestado, de los millones de pilares con objetos y personitas, y sentimientos, y pensamientos que vaya a saber que personaje del pasado dejo para que otros lo disfruten. Las sonrisas que le daban todos, eran falsas. Los abrazos cálidos que la hacían sentir protegida, eran solo para robarle aire y darle traición. Los ojos compasivos que la miraban todos los días, en realidad eran miradas en el fondo pre juiciosas y atentas a todo.                
Su vida, esa luna blanca que altiva en el cielo todas las noches sin nubes estaba, los ríos calmos que los pies disfrutaban olear, los cuartos oscuros llenos de consuelo vacíos, las mentiras piadosas de que la libertad es de todos, las palabras de amor, la esperanza de que todo se cumple, hasta lo más imposible, todo eso, y muchos horrores mas Selene creía estar soñando. Pero Selene se dio cuenta, como quien no quiere la cosa, que toda esa serie de sucesos inventados por su mente, en verdad no eran tan difusos y lejanos.
Ella estaba viviendo, con los ojos cerrados, lo más terrible que alguien puede darse cuenta que al alcance de una mirada pequeña tiene para ver: Selene no estaba viviendo una cruel pesadilla. Selene, estaba viviendo algo peor: La abrumadora realidad.

                                                                   "Bienvenido a la realidad"

sábado, 19 de enero de 2013

De puño y letra



El camino de ida hacia donde no sabíamos dónde nos dirigíamos, fue interminable. Yo estaba nervioso por alguna razón. No por alguna, por cualquiera. Ella no se reía. No me miraba. Note que su cara estaba desabrida en dos, y se le podían ver las cosas más oscuras. Tenía miedo, lo admito. Más que miedo. Tenía un sorpresivo pavor extraño. Más tarde concluí mis sospechas mas eclipsadas. Ya no eran sospechas, eran hechos. No eran palabras o sentimientos, eran hechos. Y los hechos son más fuertes y grandes que cualquier otra cosa. Más grandes que un juramento. Más grandes que nada. Ella tomo mi mano, que de fría la asusto al tacto, y me ojeo con su mirada espantosamente atípica que me acogotaba las penas. Miro hacia abajo, como quien está tomando fuerzas para despedirse, y me dijo lo siguiente:

“Quiero irme de tu lado. No porque tu lado no sea el bueno, es que yo lo estoy estropeando. Lo único que te pido es que tomes lo que te estoy por dar, y hagas lo que dice en ella. Por favor.”

Me abrazo. Apretó mi corazón a la par del suyo, y me dio una pequeña nota de papel. Me beso. Eso realmente me consterno. ¿Por qué me habría de besar si quiere irse de mi lado? ¿Tal vez se quería llevar un recuerdo del viaje? No lo sé, yo solamente seguí besándola. Como siempre, sus labios los poso sobre los míos y me arraigue a ella. Para siempre. No me iba a borrar ni con el más poderoso de los conjuros. Se alejo de mi boca, me miro, me obligo a irme. Insistí en quedarme con ella, pero no cedió. Me marche. Y mientras iba caminando con ganas de voltearme a ver como siquiera ella se alejaba de mi vida, con las hojas naranjadas de los arboles en pleno otoño, con la luna expectante, con la brisa fresca acompañándome hasta debajo de mi hombro, abrí la nota:
      

“No mires hacia atrás. Sigue caminando. La chica que tu conocías, ya se marcho.”


viernes, 11 de enero de 2013

La mano enemiga



-“¿Cuál fue el momento en el que más feliz estuviste en tu vida?”

-“La verdad  que yo no recuerdo como era o es ser feliz. No recuerdo a la felicidad, no la distingo en el lío de mi cabeza. Pasa desapercibida porque ya ni sé que es”

Alguna que otra cosa me decía que el me estaba siendo completamente franco. Sin vueltas. No tenía dudas de lo que me estaba diciendo, era cierto. Verdad absoluta. Aunque desdichada verdad, verdad lo era al fin. Tal vez era algo en sus ojos, o en las expresiones de su cara, en esas ojeras que tenía que de descollantes eran negras y profundas, como sus manos sucias e ígneas, por darle un apretón de manos al mismísimo diablo. Me contó que fue una experiencia horrible aquella. 
Y como todos los eventos inauditamente aterradores, recordaba esa vivencia con perfecto fulgor. Dijo que era como si las tinieblas se vinieran encima. Que se sentían esos escalofríos que no dan lugar a reaccionar. Se veía el mal repentino pero dudoso, siempre dudoso, como todo mal. Una gélida ventisca te arrasaba hasta el oído y te susurraba todo eso que el desasosiego de tu mente conoce. Y te dejaba en blanco. En un blanco tan oscuro como el océano de noche. Es así como me transmitió el simple acto de agitar manos con él, pero quien sabrá si es verdad. Creo que ni él se lo creía. Porque estaba vez no le mire los ojos empapados de justicia propia. Solamente le vi la mirada media llena de consuelos inventados.



miércoles, 9 de enero de 2013

La condena




Mi casa no fue hecha para que otro la venga a remodelar. Menos ustedes. Que de construcción no tienen idea. Pilar a pilar, voy poniendo en esta pequeña obra que llamo “Vida” lo remueven y me recalcan una y otra vez que lo estoy “haciendo todo mal”. Déjenme construirme sola. No sé si les molesta más que sea así de libre o que desee que me dejen en paz. Me atosigan. Y siempre, en vez de construirme, tengo que dejar ese proyecto, solo para construir una muralla gigante entre ellos y yo. Sé que de la vida no sé nada, pero ese es el punto: DE LA VIDA YO QUIERO SABER.

Y ustedes no me dejas salir de la gran cárcel que es su mente cerrada. Quiero sentir miedo de tanta libertad tener, en lugar de sentir silencio en esas cuatro paredes que encierran una oscuridad que me mata. ¿Me van a dejar morir así de fácil? Siempre supe que eran así. Pero esta vez de verdad quiero que se vayan de acá. Sé que algún día, o más bien cada uno de ellos, voy a necesitar de ustedes. Pero sus ganas de hacerme esclava, son más grandes que sus sonrisas.                                                      

A las palomas envidio. Al viento deseo. A mis ganas de vivir, anhelo. 




martes, 8 de enero de 2013

El usurero




“…Ya sé que te vas y no volves mas, a mi no me engañas. Pero esta vez te dejo partir. No es que yo quiera, solamente lo hago porque tus ojos me lo ruegan a gritos, pero repito, por si no fui clara siempre: mi lugar favorito es y siempre va a ser… estar en vos

Y yo caminaba pisando fuerte como si algo de la vida me importara. Como si el aire frío me despertara. Como si la luz de ese atardecer me hiciera volar, pero no. El estaba lejos y todo eso no pasaba. Era nulo. No lo sentía. No lo vivía como cuando estaba ahí. Mis auriculares acompañaban un poco mi mente y la llenaban de música que no siempre ayuda. Pero al menos…algo está presente. Bajaba la cabeza solo para mirar al piso y no a las caras largas de esos que me rodean. Inconscientemente sabía, que estaba tapando todo con una cortina de humo. Que me quería hacer creer que no había nadie ni nada que pueda herirme. Pero ¿Saben lo más gracioso?  Todo lo hacía.
No se dejen engañar por el amor amigos míos, o bien... si ya cayeron en el, les recomiendo que tengan cuidado. No le den espacio. No le den miradas insípidas en ilusión. Porque eso es lo que él quiere, que vivas de él. Que tu mente se evapore. Que toda en toda tu silueta se dibujen signos de interrogación. Te alimenta la intriga hasta que llegues a ese callejón grande y helado donde nadie escucha tus gritos de dolor. Ni siquiera él o ella. ¿Irónico no? Le das a alguien que salió de la nada, tu todo, pensando tan iluso que se va a convertir en lo que le diste, y lo único que recibís es que te roben tu yo mismo entero, mientras vos estas ahí, parado en el medio de la nada, esperando a que te devuelvan pronto. Sabes que no lo va a hacer. Estas paralizado. No te podes mover. El miedo te lo impide. Queres salir pero ves pasar a tantos ladrones que te haces invisible del terror. Pero hay algo peor, aunque no lo creas: Lo terrorífico es que el miedo, siempre va a estar en vos. Y no se te va a ir nunca, hasta que él o ella, vuelva con el pedazo de vos que se perdió en el mundo del jamás.

“…Nunca me vas a ver rogar por tu presencia, pero en mi mente… yo ya me condene a la muerte eterna por verte siquiera una constancia de minutos. No te extraño. No te quiero. No volví a pensar en vos desde que te fuiste. Y también… también aprendí a mentirme a mí mismo muy bien"                    




lunes, 7 de enero de 2013

Catálogo de sombreros



En esa silla del parque, ofuscada y casi rota, de esas que hace años la gente usa, estaba aquel viejecito sentado. Su mirada era eso que te decía “Si, la tristeza existe y se llama como yo”. A su lado izquierdo estaba su fiel compañera, además de su vieja boina de cuero blando que olor a pelo que ni cubría tenia, una bicicleta tambaleante y rechinada, de su abuelo. O de su padre. El bien no lo recordaba, le gustaría saberlo, pero aun así no podía. La primera vez que la vio fue aquel miércoles de junio espantoso. Lleno de viento que te soplaba hasta las pestañas. Las suyas eran de las más preciosas, porque debajo de aquellas, largas y refinadas, estaban los ojos de todo lo que es misericordioso. Su boca no dijo ninguna palabra hacia él. Tampoco iba a hacerlo…nunca. Pero el silencio era suficiente para aquel hombre, sus labios corazón con un labial rojo sangre hacían que se le tildaran las pupilas y que no pudiera volver a ver otra cosa.                                            
Nunca se canso de ella. Inconscientemente la seguía con el viento todos los miércoles de junio que la veía pasar y revolver a las personas, cuando las hojas de aquel árbol amarillento resaltaban el poder de las estaciones. Todo un junio entero viéndola pasar, tan inalcanzable como ver el aire. Podía llevarle flores. Podía llevarle un ramo entero de claveles que compraría en la tienda a $3,50. Podía siquiera hablarle. Pero el… solo desistía a contemplarla. Siempre ciertamente oculta bajo un diferente sombrero cada día.                                                            
Y aquel Noviembre desolado ella no volvió a aparecer más. Ni en la sombra del más viejo árbol. Se había desvanecido como las flores del prado lo hacen. Y les cito lo que en textuales palabras me dijo Don Darío: “Este viejo ya no sabe para donde dirigir sus ansiosos ojos por acecharla de reojo de nuevo. Todos los miércoles vengo ingenuo, todos los miércoles de Junio, a mirar para la izquierda y derecha, por si ella encuentra de vuelta esta plaza principal. Porque te juro, yo no me canso de recordarla. Sé que nunca va a venir a mí, pero capaz en esas vidas que nadie nos cuenta, esas vidas que no sabemos si tenemos, tal vez en alguna que otra de tantas… ella ya me encontró y yo ya le di ese ramo de claveles que tanto ansié regalarle siempre. ¿Quién sabe? ¿No?”


El infortunio de las caras rotas



Todos perfectos se visten de blanco, y con caras pálidas en ser ellos, salen a paso firme para mostrarse al mundo. En sus casitas perfectas, todo el mundo que una mancha tenga, es denegado a entrar. Se ríen a carcajadas de eso que no les causa más que una pizca de sonrisas falsas. Contemplan el comportamiento y lo vuelven a repetir una y otra vez. Hasta convertirse en cajas vacías. Empaques de un cuerpo que de mente no tiene nada y de apariencia lo simula todo. Memorias vagas de una vida en la que la vida no era llamada “perfecta”. La vida era y es solamente vida. Vida y “perfecta” nunca van de la mano. Pero ellos simulaban todo un teatro de que eran compañeras inseparables. Se ahorcaban las almas de ellos, en ese rio ahora ya podrido, lleno de pesadillas y no de sueños. Lo que no saben es que llegara ese tiempo en que no podrán llorar más y se quedaran llenos de ese rio, creciente y mortífero, en lo más profundo de su pecho. Y eso ni la más avanzada medicina logra curar. Ojala alguien los ayude a salir de esa sombra oscura que llaman vivir. Eso no es vida, hipócritas rotos de fe en lo que no brilla, eso no merece ser llamado “vivir”

Dedicado a todos aquellos que están presos en la prisión del querer ser perfecto. Esperamos pronto logren salir de allí. Porque aquí los estamos esperando nosotros, los “otros”.                                                                                                                 



viernes, 4 de enero de 2013

Melancolía



Miro como de forma caótica y sosegada vas y vienes dentro de mí. Tu mirada no hace más que matarme más y mas, porque me veo dentro de tus ojos y me doy cuenta de que ya me atrapaste y estoy encerrada en tu alma. Largos intervalos de soledad me dejas pasar cuando te me vas de las manos. No importa si sufro, lloro, o si caigo magullada porque tu boca se ve tan lejos desde aquí en este cuarto lleno de infinita nada, solo quiero que vuelvas a mi pronto. Promételo. Es así que luego de tanto esperar en esa esquina en donde tus suspiros no llegan, llegaste en medio de tanta noche abrumadora y sin esperar te dije despojada de miedo:                                                                                                                                                                                                                                                                                                            

-Sin ti no soy nada
-Eso suena horrible
-¿Por qué?
-Porque si. Eres muchas cosas sin mí.
-Tal vez muchas cosas, pero no feliz



jueves, 3 de enero de 2013

Reflexiones II



Voy a salir por las calles a gritar tu nombre, solo para que escuches el eco que mi alma siente cada vez que te alejas de mí. No me importa si todos me comienzan a mirar preguntosos y perplejos por el ruido de mi voz.            
Yo solamente quiero gritar que te quiero, que solo te quiero a vos.                                                                                                                                                  


Que escuches eso que mi mirada omite decir, porque en cada silencio tengo ganas de explicarte lo lindo que sos para mí. Espero que no esperes que te deje de mirar con la cara que los más tontos enamorados ponen, porque solo cubriéndote los ojos lo podrás lograr. No voy a dejar que te vayas sin explicarme el porqué de que tus ojos sean así de atrapantes. Aunque pensándolo bien… no importa en verdad que me des una razón, mientras te quedes un rato más y me dejes mirarlos hasta morir en la incertidumbre de ese laberinto que sos vos. 


miércoles, 2 de enero de 2013

Alegoría a tu extravío



Ustedes no saben. No tienen idea. Odio tanto como los gritos de la vida, ese Enero imborrable de mi mente que por más que me esfuerce, no se quiere ir de mí. Los días de lluvia y el viento que por mi ventana entra, me hacen recordar el día en que ella se fue. La noche me llama a dormir, pero no consigo conciliarme conmigo mismo. Estoy peleado con mi mente, no me deja libre.                                    
Ella para mí era todo eso que completaba mi nada. Aun recuerdo su piel arrugadita, que cuando tomaba mis manos para darse pie a caminar mejor, me hacía sentir que perderle estaba más cerca de lo que quería. Aun recuerdo esos veranos, cuando yo me sentaba en el cordón de la vereda, a la hora de la siesta, y el sol no me encandilaba porque un viejo sauce me daba toda la sombra del mundo. La temperatura perfecta. El silencio de las tardes aun recuerdo cuando estoy ensordecido por ganas de irme en un barco velero, hasta la costa de ese rio, en el que jugaba a que la arena que pisaba no era más que un libro lleno de historias. De secretos. O cuando miraba hacia a lo lejos y veía junto con el solar naranja, como esa isla lejana podía estar más llena de paz que en la sombra del aquel sauce, si es posible. Quisiera que vayamos los dos a esa isla, y te llevaras esa reposera de roble, por supuesto tu favorita, y sentaba bajo la locura de que un lugar sea tan silencioso y lleno de ruido vividor a la vez, me contaras de esas historias que solo vos te sabias acordar. No importara si tu voz es gorgoja, yo agigantare mis orejas y mermaran las preocupaciones dentro de mí solo por el hecho de escuchar tu celestial soprano.                                         
Lamento tanto como ese Enero, no haberte cedido la cantidad de abrazos necesarios. Que por supuesto, nunca iban a ser los suficientes. También plaño no habernos tomado esa última fotografía, que por la mente fija en que para siempre ibas a posar conmigo con una sonrisa, me olvide por completo de que si… si era posible que te me fueras de las manos como mi cabeza se va al quicio ahora por no tenerte. 
Ese Enero de mi vida, imborrable como ya les mencione, sacudió mi cabeza contra ese costal de lagrimas que había dejado guardado para mucho después. El termino de matar la parte de mí que quedaba un poco boyante. ¿Sabes una cosa? Sé que algún día me reuniré con vos en esa isla que sueño todas las noches de relámpagos, y nubes llenas de un gris que no se puede colorear ni con el más feliz de los colores. Sé que me estas esperando ahí, sentada en tu reposera que rechina de ajada, igual que tu mirada que abraza hasta la más temible de las fieras y las calma. Tengo la certeza, no la incertidumbre. De que desde ese cielo estrellado, perplejo de estragos, que las noches de frío seco me gusta observar, me estas velando desde lo más lejos, y yo solo espero, si el jubilo del paraíso me lo permite, que algún día nos reunamos en la isla de la oscuridad. Porque voy a llevar mis oídos listos para escuchar la alegoría de la vida saliendo de tus cuerdas vocales, y mis ojos preparados para que nos miremos otra vez.  

Dedicado humildemente a un amigo que por causas del destino, perdió a su pedacito de cielo, que todos damos por sentado tener para siempre. Esta es mi manera de abrazarte desde aquí, con el calor de unas palabras que me salieron del alma. Mi mayor sentido pésame hacia ti.                                                                                                                                             



La señorita Ana no sabia contar




Esos que la hacían sentir especial, pero que eran casi caníbales a la hora de amar, hicieron que la señorita Ana no supiera contar. La lastimaban hasta quedar sola en una esquina, y cuando veían que no iban a conseguir más de sus besos, le imploraban su perdón. La señorita Ana iba, como tonta ensordecida por palabras, a darle de sus besos y miradas. ¿Se lo merecían? Pues claro que no. La querían hasta el cansancio y cuando las cosas se ponían turbulentas, la dejaban en el medio de un vacío existencial que con nada se llenaba. Salía por la puerta llena en lágrimas, y nadie la agarraba del brazo para consolarla con dichos que por más que falsos y desprevenidos, a todos nos hacen sentir bien. Siempre se cortaba con algún que otro pedazo filoso de su corazón, que vaya a saber quien, hizo romper y posarse en el suelo para lastimarla aun mas. Todos ellos tenían la misma táctica. Pero la señorita Ana no sabía contar, y menos tenía la astucia de tener una lista en mano, y anotar eso que debía a acordarse:

Numero 1:
La señorita Ana no debe creer el primer “Te amo”. Menos si se lo dicen cuando están en problemas.
Numero 2:
La señorita Ana no debe dejarse llevar por las palabras lindas o el romanticismo. Solo juegan con ella hasta conseguir un objetivo: sus labios.
Numero 3:
La señorita Ana debe de no confiar. Mientras sujetan su mano, pueden estar imaginado que pasean con esa chica mejor que ella.


Pasaba la vida y con ella la señorita Ana no conseguía aprender a contar. Pasaba la vida y con ella, mas de esos asesinos amorosos la persuadían para quitarle un poco de amor y de labios, hasta dejarla muda y vacía, en una demencia oscura llamada “soledad”. Un día de otoño, de esos días comunes que la vida pasa siempre, la señorita Ana se topo con él. Con su pelo oscuro y lacio, peinado a la perfección, vestido que importa cómo, y con ojos pardos que brillaban cual sol.                              

La señorita Ana lo vio, y entonces comprendió: “¿Qué importa si no supe contar a todos esos que me dañaron? La cuenta empieza desde ahora, desde el. Porque siempre lo mejor va primero y de lo peor no vale la pena saber”.



martes, 1 de enero de 2013

Eso no se toca




Esperen, ¿qué hacen? No toquen ahí, no me desordenen la vida así. Quiero que este como yo quiero. No se metan en mi mundo porque ni siquiera están invitados. Menos para cambiarlo.                                                                                                                                                                                 

Quiero caminar con mis zapatillas sucias y la campera que odian solo para verlos retorcerse. Sé que les cae mal que me vista como quiero,                   
que piense como pienso, que me encierre en mi cuarto, y me aturda en música que les retumba en los oídos.                            
¿Qué quieren? ¿Qué sea como esas personitas perfectas que ceden a todo? O tal vez… ¿de esas que están por todos lados? La verdad no es mi destino complacerlos, y espero nunca lo sea. 
Se que aunque me tiren caras de desprecio siempre, en ese mundo pequeño que tengo, ustedes ni siquiera existen.
Salgan de acá, ni miren por la ventana, ni toquen la puerta imaginaria de este mundo que lamentablemente lo es, porque no les pienso atender NUNCA.         

No pretendo que ustedes se conviertan en mi, solo que me dejen convertirme en mi misma cuando este con ustedes