martes, 7 de enero de 2014

Un vaso de cerveza o de vino de cereza


Ultimamente, se me han generado grandes (muy grandes, gigantes) ganas de vivir la vida. Siento esa emoción y en mi mente pienso "que linda es la vida, hay que vivirla". En realidad, es confuso. Porque yo se que estoy viviendo la vida, por supuesto no estoy muerta (o al menos no estoy consciente de eso), pero siento que para llegar a vivirla me falta mucho. Que tengo que hacer algo, actuar. Eso mismo, tengo que actuar. Hacer algo de esas ganas de vivir. Siento que vivo pero que siempre me falta eso para sentir que estoy viviendo plenamente. Y es lamentable que sea verdad que siempre queremos lo que no tenemos. Y cuando tenemos eso que queremos, volvemos a buscar otro eso que no tengamos. Nos ahogamos en un vaso de agua lleno de cerveza fría. O vino. O coca-cola. O agua. Lo que más te guste. Porque nadamos en ese vaso lleno de lo más rico, que es vivir, y aun así, nos ahogamos nosotros mismos. Somos nuestros propios salvavidas, o nuestros propios ahogadores. Siempre estoy ahí de ser feliz. Algo falta, algo me molesta, algo tengo que encontrar. La vida, sin más, es eso, es el tiempo que pasamos buscando eso que queremos para completar nuestra felicidad. Y es gracioso, porque la felicidad nunca es entera. Siempre le falta un pedacito, una pieza, una parte, es como un rompecabezas viejo de la abuela. Pero al final, reflexiono, que al fin y al cabo, vale la pena buscar toda la vida algo que no existe, por las increíbles cosas que se encuentran en el camino, que si son reales, y mas importante: que nos hacen sentir reales.

No hay comentarios:

Publicar un comentario