Ella- “Juro que todavía creo sentir
cuando me miraba y a los pocos segundos, el sonreía como nadie me sonreía en
todo el mundo. Me miraba y yo no era nada más que su mirada, yo era eso y nada
más, era su mirada. Así, seguro que yo me sentía bonita, porque yo era su mirada y nada más placentero a la
vista que su mirada. Aunque nada más triste que no tenerla más y yo no ser sus
ojos. Y no, no, no quiero ni imaginarme cuando su mirada sea de alguien más, y
mire a otra como me solía mirar a mí, ahí dejare la esperanza de volver a esa
identidad perfecta que era su mirada, porque ya no será siquiera mía en
pensamientos, ya no robare su mirada por no tener dueña, porque ya será de
otra, de otra afortunada dueña de lo más placentero que es él”.
¿Para
qué recordar cosas que ya no existen? Recordar hace anhelar
pasados que en su momento no creímos que se convirtieran más que en memorias, y
que por eso la apreciación de las miradas y palabras del otro, o incluso gestos
pequeños como un abrazo, no era tan grande. Aquella vieja frase, de que “uno no sabe lo que tiene hasta que lo
pierde”, tal vez sea algo simplemente interminable, que no se pueda evitar,
algo inevitable. ¿Para qué se recuerda? Se recuerda para
revivir el dolor y aprender de él, para
recrear alegrías y no decaer, para sentir lo que tanto nos gusto sentir, para
acordarse de lo que es parte de la vida y no se puede negar, por más malo que sea.
Para eso se recuerda, para pensar dos veces cuando nos sentimos arrepentidos de
lo que pasamos o de lo que no pudimos hacer que pase. Se recuerda para echar un
vistazo a lo que fuimos y a lo que ahora somos con ello. Convivir con los
recuerdos, saber recordar, no es nada fácil. A veces, en algunas ocasiones,
recordar los dolores no es lo más placentero, porque ¿a quién le gusta recordar
fracasos o corazones rotos? A nadie. El truco radica en prestar atención y
sacar lo positivo, lo bueno de lo malo, de los errores, de los sufrimientos, de
los fracasos y de las despedidas. Llorar al recordar los dolores no es signo de
debilidad, es signo de que somos conscientes de la realidad, somos realistas a
la hora de aceptar el engaño, las decepciones, e incluso los errores que
cometimos nosotros mismos. Ser realista a la hora de recordar es importante.
Quizás nunca haya nadie que se atreva a recordar por voluntad propia lo malo
que hay en sus memorias, es por eso que el recordar golpea de repente y sin
avisar, y al tomarnos de improviso, no hay tiempo de ser realistas, ni
positivos, ni condescendientes, ya que tan solo nos predisponemos a ser ese
pasado, a sentir el pasado como si nosotros fuéramos él, y que no nos podamos
sentir nosotros, ni llegar a hablarnos, ni vernos, solo somos recuerdos y nada
más que eso. No podemos librarnos del recordar, porque los recuerdos están en
el único lugar del cual no podemos huir: nuestra
mente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario