lunes, 1 de abril de 2013

Alusión




Y allá en la esquina, o en el medio, o quizás en la parte más oscura para que nadie moleste, estabas mirando a mis ojos, o quizás a mis labios, yo te miraba del todo. Te miraba desde tu pelo receloso, oscuro, despistadamente arreglado, pero perfectamente suave y enrolado a mis dedos, cuando me acercaba para apreciarte de más cerca, para ver las comisuras de tu boca tirando una especie de sonrisa, y esa grieta que se te hace entre medio de los dientes, de tus labios carnosos de no decir nada y hacerme sentir casi todo. Suaves, con un gusto especial, algo no tan común como el gusto del agua, pero a la vez tan claro y abastecedor como ella. Era algo más que un beso de esos que cualquiera más puede dar a lo largo de la vida. Era algo más. Como esa amistad que mas que amistad es hermandad que elige el alma, como esa paz, que mas que paz es seguridad de lo que nunca fue seguro o hasta ahora no lo era. Como lo es hacer el amor, no acostarse con un “alguien”, no tener sexo. Mas que hacer, es sentir, porque el amor no se hace, se siente. Era algo mas, era querer dormirse en esos labios. En sus labios. No era querer, era más que un capricho o una cursilería de adolescente atontado. El alma me lo pedía a griteríos desesperados, aunque el cuerpo no pudiera. No podía, no se podía, pero ni el alma, y menos el alma empecinada, comprende de límites, ni de atajes, ni de barreras, ni de que carajos.  Aunque usual acto era el de querer yacer y desfallecerme en sus labios, o sus brazos, o todo de él, esta vez era distinto. Era como si todas esas sensaciones, esas pasiones, esas salvajes ganas de querer yacerme, y desfallecerme en sus labios, o sus brazos, o todo de él, se multiplicaran, se hicieran trizas y se volvieran a armar, una y otra vez, pero cada vez con mayor intensidad. Era querer grabar estrepitosamente la forma en que su boca chocaba con la mía, y sus comisuras tiraban esa mueca de felicidad y angustia a la misma vez. Era tener los ojos cerrados, pero a la misma vez mirarlo con los parpados, con fuego de alma, que sale siempre de los ojos, solo de los ojos. Era…era pero aun es. Porque ese beso, ese simple beso, como dije, era algo más inaccesible de comprensión, como lo es el amor o el alma. Ese beso, quedo anotado, y grabado, y sentido, y recordado siempre que tenía acceso a esa memoria, como el día, el inesperado día, que mi alma recelosa encontró lo que siempre busco en lugares equívocos. Era verano, pero, yo creo que, se sentía… como todas las estaciones juntas.

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