Me gusta ver gente sonriendo en las fotos. Me gusta ver como
sus sonrisas me traspasan y puedo sonreír por dentro aunque no sepa el porqué.
Es algo estúpido, pero me pongo a pensar en el porqué de sus sonrisas y le
invento historias y todo. Están las sonrisas de amor, las sonrisas de felicidad
plena, las sonrisas falsas, las sonrisas de gozo, las sonrisas que extrañan,
las sonrisas viejas, las sonrisas de amistad, las sonrisas inocentes o las sonrisas
de tristeza. Pero, de todas ellas, las que personalmente más me gustan, me
llenan, me asfixian de espontaneidad y de eso a lo que llaman ser
"feliz", las que más me gustan, son las de amor. No hay nada, nada más
puro y claro que una sonrisa de amor. De una madre a su hija aprendiendo a
caminar, la de un hermano recibiendo al otro después de un duro tiempo, la de un niño que solo ríe porque si, la de
un amante en el aniversario con su primera novia, la sonrisa que surge después
de besar por primera vez a alguien. Las
sonrisas de amor son las más espontaneas que he visto. Y esa espontaneidad que
no se encuentra más que en ellas, es lo que me hace tener fe en que el amor, en
alguna parte, tiene el espacio y tiempo, como para expresarse en forma de
persona.

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