lunes, 1 de abril de 2013

Diario/2


"2 muertes."

"Martes 2 de abril 


Que horrendo castigo puede ser la soledad a veces. En algunos casos es una necesidad el "estar solo", como cuando estamos muy enojados, o muy tristes, o llorando, en esos casos extremistas, u otras veces solamente por la sofocación de gente, de ruiderios, esas ganas de silencio propio a veces se tienen, es natural. Pero la verdadera soledad triste, la soledad que se sufre, la soledad que duele, duele en serio, es aquella soledad que no se elige, ni se quiere, ni se disfruta, la soledad equivoca, la soledad que a uno "le toca" y no se puede cambiar. La soledad, cuando se queda, va formando como una persona distinta a la persona que ataca. Un alter-ego que se cree solo y no cree en remedios, ni en sí mismo. Ese mismo alter-ego se va expandiendo a medida que la soledad crece y en ese momento, ya no es un alter-ego, es simplemente esa persona que consumió. Las personas solitarias siempre me inspiran algo de respeto extraño. Un extraño respeto, que aun así lo tengo innato. Creo que debe ser porque, les tengo asemejado una especie de coraje, que digo "una especie", un coraje, coraje con todas las letras de la palabra. Valentía. Coraje y valentía. Esa forma en la que se afrontan a algo tan terrible como el no tener a nadie, el tenerse a uno mismo, y hasta, en algunos casos, no tenerse ni a uno mismo, porque el uno mismo no se aguanta. La soledad no tendría que estar así de desvalorada, en cuanto su ímpetu, el ímpetu que tiene hacia el corazón de una persona, a toda la persona completa, a cada fragmento de su vida, sus decisiones, sus pensamientos, sus más deseados deseos. El que sufre de verdadera soledad, se debería considerar, como alguien que sufre un corazón roto o alguien con depresión. La soledad se debería considerar una enfermedad. (Tengo esta manía de considerarle a todo lo malo el adjetivo "enfermedad")
Respecto a mi respeto por quienes sufren soledad, también están mis respetos a los que sufren odio o tristeza. Tal vez en mucho de mi respeto, haya compasión y algo de lastima. Pero lo cierto, es que mi respeto hacia ellos existe. También mi ayuda, si se las puedo prestar, se las doy. Aunque, conociendo de vista a los solitarios de la soledad, siendo yo a veces una de ellos, siendo parte de ese rito que es sentir solo pensamientos, de ese vació que nos hace sentir más vacíos aun, de ese tránsito pesado que es el recuerdo de lo que era el no estar solo, conociendo así todo eso, se que los solitarios son muchas veces, solitarios resignados. Y nada mas difícil que ayudar a un resignado a la resignación. Difícil digo, no imposible. Pero no podría decir bien como se ayuda a uno de ellos. De hecho, me gustaría saberlo. Sí, pero ahora que lo pienso no sé bien si habrá cura, pues, si no, no habría solitarios. Si, de seguro que aun no la han descubierto a la forma de ayudar a un resignado. Creería que, siendo fiel al uno mismo (o a lo que queda del uno mismo, que siempre queda algo, o aunque sea una persona que transformar en "uno mismo") el resignado encontrara esa "cura" o "solución", en el. En nadie más que el. Pero siempre dependerá de él, claro, porque aunque para romper la soledad, se necesite, obviamente, a alguien más que el uno mismo, ese "uno mismo" de nosotros, ya deberá de aceptar la compañía y aprender a protegerla. Y vaya que, para un resignado a la resignación eso es difícil. Más de lo que yo, una resignada momentánea, una resignada de a ratos, una afortunada resignada de a tiempos cortos, pueda imaginar en dificultad.
La soledad es algo jodido, difícil, y más aun lo que secunda a la soledad (tristeza, desolación, desgano, enojo, furia, envidia, carencia), lo que la acompaña es mucho peor. Es toda una complicación disminuida de la sociedad. ¿Acaso hay que estar de verdad enfermo, en términos medicinales, para morir y que alguien se concierne que uno está muriendo? Yo creo que no. Es más, me arriesgo a mi falta de convicción y digo: NO. La muerte es más que dejar de respirar. Es que el alma, todo eso que llamamos "uno mismo", deje de respirar. Tener el alma resignada, es mucho peor que el cuerpo resignado. Pensando más, también respeto a los resignados. No importa si la resignación no está bien vista, ni bien aceptada, y cuando alguien es resignado, el no-resignado intenta cambiarlo para dejar de serlo, yo respeto esa resignación, otro post-síntoma que contrae la soledad. Yo quiero la cura, quiero que la resignación, la soledad, un corazón roto, la tristeza, el desgano, la furia, y todos esos síntomas que los resignados a la resignación tienen, se consideren una muerte de verdad. Más que la muerte del cuerpo, la física, esa no importa, no es nada. La muerte del alma, esa sí que merece un luto y un lamento más grande que el dejar de respirar por la nariz y que la sombra no se vea más. En la vida, están esas dos muertes. Una es, la corporal, que por ser mas fatal, no significa mas importante. En la que uno tiene funeral, gente que llora por el uno que se fue, que no estará mas , jamas de los jamases, gente que lamenta, gente y mas gente. Y la otra, es la muerte del alma. Que esa si que es muy fatal. Y si es mas importante. En la que uno no tiene funeral, la gente no llora porque el uno se fue, uno mismo es el que llora, en soledad, uno mismo seguirá estando sin estar, jamas de los jamases, no hay gente que la lamente, no habrá gente y mas gente, solo estará lamentándose la perdida del alma la única persona que siempre esta presente, aunque desconocida a veces, presente, aunque minúscula o grande, presente: el uno mismo, el uno mismo es lo único que llora la perdida del alma."



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