miércoles, 21 de octubre de 2015

Antirealidad #1: El fútbol


El fútbol es hermoso cuando trasciende. Es decir, que es hermoso casi todo el tiempo. En esta pared siempre estuvo este pequeño altar. Siempre. Independientemente del equipo, del tamaño de los posters, lo verdaderamente hermoso acá, es que se puede palpar la pasión a lo largo de los años, la locura vitalicia. En esta foto simplona, creo que puedo escuchar caer los papeles en el viento que deja el fútbol. En la foto no se ve, pero ese banderín viejísimo tiene mucho polvo encima. Y ese póster chiquito de lleva una fecha: 1995. Y sigue ahí, firme, como la pasión, aunque muchos no sigan ahí con el paso del tiempo. Aunque aquel glorioso no haya resistido el impetuoso paso del tiempo. Aún así, eso le importa a la pasión. Nuevos vienen y la reavivan. Y se convierten en nuevos héroes, que sin embargo, jamás reemplazan a aquel arquetipo. Jamás logran que aquel pequeño póster se despegue. Esta pared, pertenece a alguien que hoy en día es relator y próximo periodista deportivo. Lo imagino a aquel alguien de chiquito, comprando el ejemplar de una revista y sacando cuidadosamente el póster. Pegandolo y mirándolo pensante, todas las noches cuando se perdía. Llorando de felicidad cuando se ganaba. "Putean cuando ganan, putean cuando pierden" dice mi abuela cada vez que sus hijos fanáticos miran el partido. Y me parece una argentina forma de demostrar la locura.

Desde la vieja habitación donde aún resiste este maravilloso y sencillo altar, se puede escuchar como uno de sus hijos hace ruido con la cinta, pega los pósteres, y sale corriendo para festejar el golazo en el comedor, al son de los gritos de su papá. Siento que fútbol es eso: en la victoria o en la derrota hay pasión. Y trasciende.
Por los siglos de los siglos. Gol.

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