viernes, 29 de mayo de 2015
Ser vegetariano en Argentina. Uf.
Ser vegetariano. Uf. No solamente es cuestión de no comerse un bife o mandarse una milanesa de vez en cuando. Trae varias cuestiones. Tenés ahí, dentro de las cuestiones que integran "lo social", a esos que te atacan. Te preguntan, pero te atacan. Entre los más conocidos están esos que te dicen, solemnemente, "Pero sabías que aunque no los comas vos, se los comen igual?". "Se los comen", me causa gracia porque simula una especie de afirmación del canibalismo, el "comerse" a alguien, y esa violencia con la que te lo dicen "SABÍAS?" y esa carita de ojos saltones, con una mezcla de altanería. Después están los que te atacan el vegetarianismo del alma y te preguntan con rudeza, en busca de falacias, el famoso y por qué. Vos das tus explicaciones (a veces ante un publico que te escucha atento, solamente para después decirte "yo no podría vivir sin comerme un lomito de cuando en cuando") y a veces (solo a veces, muy pocas) te escuchan verdaderamente y te dicen algo que te hace sentir que no sos un hippie rebelde que está en contra de la industrialización animal y que se mata de hambre comiendo verduritas al horno. El resto de la gente ni te escucha, o ni te pregunta, solamente se mofa del vegetariano o el vegano, y más, si estás en un asado de Domingo, o de corte de semanita, o de cumpleaños. Ahí, ser vegetariano es como ser un militante de la campora en la tribuna de Lanata. El asado para el vegetariano es un ritual necesario. Perdón, para el vegetariano o vegano argento, ese que sufre de todos lados. Es un ritual hermoso, que de pronto o se transforma en una conferencia de prensa para vos, o en algún que otro comentario como los anteriormente mencionados.
Remarco: el vegetariano argentino sufre de todos lados. Sufre desde la sociedad que no está preparada para encontrarse y tratarlo, desde una sociedad que lo juzga, o que directamente ni lo registra, de la misma forma que el país, no lo registra. El país Argentino como Estado no está preparado para el vegetariano en todas sus formas, al menos, no en una forma económicamente viable y de manera simple, sencilla. No están preparados los establecimientos (supermercados, rotiserias, restaurantes) que brindan un bien, y un servicio para el vegetarianismo; o, generalizando, no están preparados para la alimentación alternativa, sea o no, una elección. El vegetarianismo/veganismo, en Argentina, es en algunos casos es una moda, y en otros, una elección de vida. Y el país no está preparado para eso. He escuchado a muchos: "Para ser vegano hay que tener plata". Y sí. Es una realidad. La comida orgánica, vegana, o vegetariana, es una barbaridad en precios. Si es que en algún golpe de suerte la encontrás. Quizá el vegetariano no lo sufre así, pero también le duele a veces. Aunque la producción de productos que se adhieren a estas alimentaciones está en alza, desde 2014, lo cierto es que por parte de las empresas que brindan estos productos al mercado, marcan unos precios tremendos. Cuando algo es difícil de encontrar: encontrarlo, tiene un precio. Porque el vegano, si puede, lo compra: es alimentarse, no comprarse el nuevo iPhone. En muchos planos la Argentina no está lista para nosotros. Quizá con un poco de esfuerzo en un futuro lo esté; lejos de ser un sueño, debería ser una promesa.
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