Me
gustaba estar con la Romana. A mí me gustaba y aún pasados los meses, los años,
seguiría gustándome estar con ella. Aunque fuera una calamidad estar junto a
esos ojos rojos de envida, secos de sinceridad, y muertos de romanticismo.
Aunque la Romana (como yo le decía a ella) fuera de mis peores pasados. Este
fetiche mío de estar con la gente que hace mal. Después de dejar de estar a su
lado, me di cuenta que quizá me gustaba estar triste y luego correr a sus
brazos blancos, a esa piel dura, semiamarga, y en antítesis, suave,
reconfortante. Con ella era una eterna reconciliación de peleas de madrugada.
Quizá me gustaba vivir de reconciliación, llorar, correr a la Romana, irme de
nuevo, que me busque, buscarla, saber que era como era y saber que ella me adoraba
por siempre perdonarla, y yo sentirme bien por hacerlo. Yo vivo deseándola por
algo que no tengo definido, quizá porque me acostumbre a su normal
personalidad, aun siendo yo un empedernido buscador de personas extrañas y con
mucho porte personal, personas fuera de lo común: la Romana era una chica
normal. De esas que tie
ne amigas, que ve películas taquilleras románticas, que
sale de noche, que adora la fiesta, que escucha música electrónica, que sigue
modas, que es la clásica arpía que habla mal de todas. Y no sé porque me
enamore de ella, siendo tan normal. Conectaba con ella solo cuando me hablaba
de su madre. De esa madre que se le había ido lejos, de esa madre-recuerdo de
su infancia, de esa madre fallecida hace seis años. Solo ahí la veía diferente a
las chicas modernas, y solo ahí me gustaba mucho. Quizá al ser tan normal me apetecía
el buscar en ella algo sobrenatural, en mi afán de pensar (hasta el día de hoy)
que hasta en las almas más simples y superficiales tiene que haber algo más. Me
gustaría hoy volver a ella solo por un día, unas horas, estar con ella y volver
a sentir que puede existir algo más dentro suyo, que no ha descubierto, y
sentir que al segundo vamos a discutir, y gritarnos, y pelearnos, y yo sentir
que la Romana es lo peor que me paso, y que la Romana me consuele y
yo en sus brazos sentirme bien porque de nuevo voy a perdonarla, y ella
prometerme el mundo aunque no pueda ni construirse uno propio: reconciliarme con
ella una y otra vez. Apasionadamente. sábado, 30 de mayo de 2015
viernes, 29 de mayo de 2015
Ser vegetariano en Argentina. Uf.
Ser vegetariano. Uf. No solamente es cuestión de no comerse un bife o mandarse una milanesa de vez en cuando. Trae varias cuestiones. Tenés ahí, dentro de las cuestiones que integran "lo social", a esos que te atacan. Te preguntan, pero te atacan. Entre los más conocidos están esos que te dicen, solemnemente, "Pero sabías que aunque no los comas vos, se los comen igual?". "Se los comen", me causa gracia porque simula una especie de afirmación del canibalismo, el "comerse" a alguien, y esa violencia con la que te lo dicen "SABÍAS?" y esa carita de ojos saltones, con una mezcla de altanería. Después están los que te atacan el vegetarianismo del alma y te preguntan con rudeza, en busca de falacias, el famoso y por qué. Vos das tus explicaciones (a veces ante un publico que te escucha atento, solamente para después decirte "yo no podría vivir sin comerme un lomito de cuando en cuando") y a veces (solo a veces, muy pocas) te escuchan verdaderamente y te dicen algo que te hace sentir que no sos un hippie rebelde que está en contra de la industrialización animal y que se mata de hambre comiendo verduritas al horno. El resto de la gente ni te escucha, o ni te pregunta, solamente se mofa del vegetariano o el vegano, y más, si estás en un asado de Domingo, o de corte de semanita, o de cumpleaños. Ahí, ser vegetariano es como ser un militante de la campora en la tribuna de Lanata. El asado para el vegetariano es un ritual necesario. Perdón, para el vegetariano o vegano argento, ese que sufre de todos lados. Es un ritual hermoso, que de pronto o se transforma en una conferencia de prensa para vos, o en algún que otro comentario como los anteriormente mencionados.
Remarco: el vegetariano argentino sufre de todos lados. Sufre desde la sociedad que no está preparada para encontrarse y tratarlo, desde una sociedad que lo juzga, o que directamente ni lo registra, de la misma forma que el país, no lo registra. El país Argentino como Estado no está preparado para el vegetariano en todas sus formas, al menos, no en una forma económicamente viable y de manera simple, sencilla. No están preparados los establecimientos (supermercados, rotiserias, restaurantes) que brindan un bien, y un servicio para el vegetarianismo; o, generalizando, no están preparados para la alimentación alternativa, sea o no, una elección. El vegetarianismo/veganismo, en Argentina, es en algunos casos es una moda, y en otros, una elección de vida. Y el país no está preparado para eso. He escuchado a muchos: "Para ser vegano hay que tener plata". Y sí. Es una realidad. La comida orgánica, vegana, o vegetariana, es una barbaridad en precios. Si es que en algún golpe de suerte la encontrás. Quizá el vegetariano no lo sufre así, pero también le duele a veces. Aunque la producción de productos que se adhieren a estas alimentaciones está en alza, desde 2014, lo cierto es que por parte de las empresas que brindan estos productos al mercado, marcan unos precios tremendos. Cuando algo es difícil de encontrar: encontrarlo, tiene un precio. Porque el vegano, si puede, lo compra: es alimentarse, no comprarse el nuevo iPhone. En muchos planos la Argentina no está lista para nosotros. Quizá con un poco de esfuerzo en un futuro lo esté; lejos de ser un sueño, debería ser una promesa.
lunes, 18 de mayo de 2015
Un gran zapato llamado Tinelli
Tinelli cuando llega pisa fuerte. Pero para el canal del solcito, la llegada del periodista estrella de las noches argentinas es solo la frutillita del postre. Un postre que viene ofreciendo a sus seguidores y a todos aquellos dispuestos a probarlo, y sentir el gusto de El Trece. Por supuesto: hay otros postres en la carta de la televisión argentina. Pero dejando aparte, por ahora, toda analogía, antes de establecer porque El Trece y porqué Tinelli y el porqué de toda realidad televisiva, hay que establecer que una realidad televisiva, a mi pensar, puede variar según el modelo social e ideológico que sigue una familia determinada que mira televisión. A menudo se escuchan las diferentes preferencias sobre diferentes formatos de canales de aire diferentes: una familia que mira diariamente una ficción de El Trece y una familia que mira diariamente una ficción de Telefe, tienen realidades televisivas diferentes. Pero fuera de toda subjetividad que esconde cierto sentido de “ser de tal o cual bando”, hay algo que nunca miente: el escandaloso rating. Me refiero a él, ese pobre indicador que mide el índice de audiencia en los hogares, como “escandaloso”, porque dentro de él se esconde el debate: La cantidad de rating no hace a la calidad del programa o la emisora. Puede ser. Pero los números no mienten. Y en el mundo de los medios, la cifra indica éxito y ese éxito se traduce como calidad. Es decir, ¿Por qué se consumiría algo que no tiene calidad? Resumamos criollamente a la calidad como si el programa o formato es bueno o es malo. Así de sencillo. Paralelamente se puede responder y refutar la pregunta anterior así: Porque vende. Porque la masa lo consume, porque es lo que todos quieren ver, y por ende (¿Preceptos sociales?), tienen que ver. Ha sido, hasta ahora, el año de El Trece. Porque vende. Vende y lo compran. Y eso, es el éxito de la emisora. Incluso jugando cartas similares y curiosamente (si lo ve muy a profundo) parecidas a las de, por ejemplo, Telefe. El truco de emitir esas olvidadas novelas extranjeras que fueron furor en sus respectivos países. Si bien tiene muchos precursores, en el último año fue el caso de Telefe, con Avenida Brasil, que causo un fenómeno quizá mayor que en el mismo Brasil. Y vendió. Algunas emisoras la pegan bien, otras no: casi todos los canales o emisores nos ofrecen alguna que otra ficción extranjera. El truco está saber qué formato poner en la tele, que formato ofrecer, y estudiar minuciosamente porqué debería de tener éxito en la Argentina, porqué habría de vender bien. Es el caso del último año con El Trece, que si bien, quizás no muchos recordaran, se anticipaba la inclusión de la ficción Las Mil y una Noches, en la clausura de Showmatch del 2014: “Tengo una novela turca que…” y, sin terminar la frase, esa carita picara digna del chueco Suar, y digna de alguien que sabía que iba a vender bien. El Trece la viene pegando hace rato. Y la viene peleando hacer rato con la emisora enemiga.
Hace rato también que Telefe no la pega tanto, así como recordamos todos en Graduados, ese fenómeno televisivo que sorprendió mas de una vez. Ojo, que también Telefe ofrece esas novelas novelosas y melodramáticas, y sigue apostando a la ficción brasileña e incluso ficciones de formato internacional, para horarios de mediatarde, mientras que en el primetime, opta por la clásica ficción argenta, que muchos dicen, es el intento fallido de Ortega de recrear el presuntuoso éxito de la tira Graduados. El Trece, por su parte, agrega formatos de entretenimiento para la tarde y mediatarde, en contrapunto de las ficciones del canal de las pelotas. Y en el primetime le va dando forma a un diamante en bruto: Esperanza Mía, que con esperanza, puede llegar a ser una joyita más de Pol-ka.Con la idola teen Lali Esposito a la cabeza: casi tan infalible como si pusieran a Violetta en Viudas e Hijos del Rock and Roll. Pero no, no es lo mismo, porque los formatos son distintos: uno vende, el otro, no (según los números, claro). Si al carisma (y cuasi éxito de tira teen) de Esperanza Mía, le sumamos el éxito popular y casi fanático de Las Mil y una Noches, tenemos una emisora que vende bien al publico. Una emisora con rating. Y ahí es donde aparece Tinelli: TV Basura le dicen algunos. Otros, dicen que es un genio. Digan lo que digan, Showmatch vende. Pero no, no solo Showmatch: Tinelli, vende. No es casual que a menudo en vez del nombre del programa se diga el apellido del periodista. Showmatch es, "en lunfardo", Tinelli. Y eso, habla indirectamente muy bien de la imagen televisiva que genera. Tinelli llega solo para imponer una vez más la racha que viene pegando El Trece. Mientras, Telefe busca casi desesperadamente adquirir nuevos formatos interesantes para la audiencia, ya que últimamente solo atrae a un sector de la misma, y mediante programas muy específicos a nivel espectador, como Master Chef. Lo cierto es que la TV que entretiene, los programas de ficción y sus relativos formatos que se escapan de la TV informativa (ese, otro tema) pertenece, hoy día, al El Trece.
Telefe necesita urgente un programa populero. Mientras, El Trece tiene para guardar y archivar. Y Gran Hermano es ese fantasma que Endemol dejó por ahí.
jueves, 14 de mayo de 2015
Grito. Abrazo. Pecho.
Me gusta el fútbol cuando los veo a todos ustedes.
Me gusta cuando veo cuánto les gusta.
Admiro de verlos (admirar de observarlos cautelosamente) cuando sienten.
Me resulta más que interesante ese deporte costumbrista,
ese deporte que deja de lado la cultura élite y se reposa en la popularidad,
en el clero, en el puro sentimiento sensacional.
A veces te miro gritando y saltando y siento que te vas a morir de pasión,
pero me doy la vuelta y ya estás sufriendo otra derrota.
Y el ciclo comienza de nuevo.
Me gusta cuando te veo irte con tus pares vestidos igual que vos.
Suspenso. Gol. Grito. Abrazo. Pecho.
Llanto, pelea, escándalo, violencia.
Pocas cosas si las hay provocan el amor y la guerra.
Pasión, devoción, locura le dicen algunos.
Y a cualquiera que disfrute de observar la belleza de la locura
humana también disfruta de verlos viviendo el fútbol.
Hablo de cualquiera, hombre o mujer que le suceda.
Personalmente a mi no me sucede; quizá solo en tiempos de
sensacionalismo emocional y nacionalismo generado por las Copas Mundiales.
Pero personalmente, si me sucede que adoro verlos en ese estado.
Del llanto a la felicidad imparable.
Esos vaivenes propios del juego,
esa rivalidad propia de la competencia,
ese amor propio de la pasión.
Ponerse la camiseta le llaman.
Pocas cosas generan sentimientos tan violentos
y a la vez tan hermosos.
Suspenso. Gol. Grito. Abrazo. Pecho.
Corazón.
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