Este
lugar es un bodrio, es tan gris, es tan oscuro, es tan llorón, se parece a vos
cuando nos peleamos. La cama que tengo es chiquita, y pienso que no
entraríamos, entonces nos pelearíamos, entonces vienen los besos. Sabés que no
se preparar mate, quisiera que estuvieras acá. Y hablaríamos de que Lanús es un
llorón.
Ayer
se me apareció Sombra otra vez, pero todavía no dice nada, solamente está de
espaldas y cuando la miro se va. Quiero verle la cara, debe estar rota, o fea,
desgraciada, ¿Por qué no quiere que la vea? Por algo se aparece. Sombra es
mujer, lo puedo sentir, porque tiene timidez femenina, no hay violencia en su
transparencia oscura. O es mujer o es un hombre muy chiquilín. Me sorprende que
me haya seguido hasta acá…
Me
voy de tema, que terrible egoísta, siempre bla bla bla de mí, pero no te
pregunto cómo estás porque sé que estás bien, vos sabés cuidarte, aunque a
veces siento que no y me acuerdo de que sos humana como yo. Disculpa la
frivolidad. Lanús sin vos es un bodrio gris oscuro y llorón, tal vez si
estuvieras acá Lanús sería hogar.
P/D:
No uso perfume, capaz para mi cumpleaños me compre uno y lo use, eso de que me
inventes un olor no me gusta, me hace sentir medio desnudo
Diciembre,12 Tadeo, Te pido que te pongas algo de perfume, y que siempre uses el mismo cuando nos encontremos, así te me quedás grabado para siempre. El perfume es eterno, y los que crean los perfumes, además de crear perfumes, crean memorias. La memoria olfativa es de las mejores. No tiene fecha de vencimiento. Ponete cualquier perfume. O mejor te invento un olor, como los tienen las casas. Olorcito a vos. No hace falta un Hugo Boss, vos ponete el que quieras. Capaz usas perfume pero no lo siento, debe ser muy suave. ¿Que perfume usas? Quiero que cada vez que pase alguien con tu perfume te me vengas a la mente. Aunque sea un viejo demacrado que ni se parecería a vos aunque yo estuviera miope. Aspirar, y que ahí estes. ¿Cuando volvés?, ya te espero desde antes de saber que lo estoy haciendo Lucía, tuya
Mara mira por la
ventana y contempla una Argentina que la desapega de todo nacionalismo latente
y diminuto que haya tenido antes, cuando ve que en las paredes hay graffitis
insultando a compatriotas, que más que eso son hermanos, compañero de tierra,
quién sabe si traidores o no, pero hermanos, y a veces los hermanos se pelean o
tienen desacuerdos, también, hablan mal del otro, pero al final del día, la
hermandad tiene que seguir porque es casi una obligada unión, como cuando
compartimos banco en la primaria, y entonces nos llevamos bien de a ratos y de
a otros somos falsos, algunos, indiferentes. Se seca la vista de esa imagen y
va hacia los canillitas de la esquina o a la bandera más atrás flameando como
en una película, parece tener vida propia, y gritar “acá estoy, soy suya, son
míos, somos nuestros” aunque con voz ronca. Mara escucha. Prende un cigarrillo
y tira el humo en aire compartido. Prende la radio y escucha las noticias tristes
del día, parece que las noticias felices no tienen lugar en los titulares, y
las pocas que hay concurren en el nacimiento de animales en cautiverio o alguna
otra pavada amarillista. Mara se pregunta, a veces, que es la patria, y le gustaría
volver a la primaria, ahí donde preguntan esas cosas, donde todavía tenés
inocencia, lo que también puede ser ignorancia. Siempre contestaba que la
patria era la bandera, o la escarapela, o el amor a alguna de esas dos. Pero
era algo más. Más que Belgrano o que el himno. No era querer a una cosa, ni
siquiera era querer. Era amor abstracto que recién se sentía en épocas de
exilio o de atentado. Recién cuando la patria estaba siendo amenazada, recién ahí
venia el amor, la necesidad de querer abrazarla, consolarla, curarla. No sabía
si la patria era un sentimiento, una pasión, o una ilusión del corazón, ni si existía
en todos, o solamente en algunos. Pero tenía que existir, en algún lado estaba
escondido ese significado de patria, porque alguien invento esa palabra, y a
toda palabra se le da un significado. A veces lo palpaba cuando veía que los
otros miraban partidos de futbol y gritaban. Pero eso era más amor al futbol,
se repetía. Otras, lo escuchaba gritar de dolor cuando escuchaba algún relato
de Malvinas. Cuando escuchaba Costumbres Argentinas y La Argentinidad Al Palo. Cuando su abuelo escucha tango o una zamba. o se leía en poemas que
rimaban en actos del colegio. Pero ella pensaba que nosotros no éramos yanquees
que tenían un 4 de Julio. Teníamos al 25 de Mayo o al 9 de Julio, también el
Día de la Tradición. Pero en ningunos se olía la patria. Piensa que hay que
imitar ese nacionalismo yanquee, pero no tan al extremo. Igual Mara lo piensa y
se ríe. La patria estaba ahí, mendigando amor en los disfraces de damas antiguas
o aguateros, en los actos infantiles, entre las bolsitas de escarapelas, al
borde de la cornisa del cabildo, en alguna estrofa del himno. Igualmente,
siempre, existía. Estaba ahí. Mara prepara el bolso, tira unos borcegos negros,
y todas sus remeras favoritas, las que no lo son también, más ropa para
nombrar, y en fin, todo listo. Tira el cigarrillo por la ventana porque ya le
estaba quemando los dedos el filtro. Se lava la cara y del espejo se sigue
viendo la bandera a lo lejos (¿la estará despidiendo?) Sonríe, no sabe porque.
Antes de marchar, un último tour por la casa. Antes de despedirse uno trata de
impregnar el recuerdo en la memoria, y que la despedida quede, ¿Por qué queremos
guardar despedidas si tanto las detestamos? No sé, será porque necesitamos un
final asegurado para todo eso que se nos va. Mira, escucha, siente, huele,
toca. Hay ecos rebotando y aunque sea un espacio confinado sin significado, se
vuelve como la boca de un enamorado, y no la quiere dejar ir. La casa no la
suelta, porque aunque no haya nada de Mara adentro, sigue ella ahí parada, todavía
no se fue. Parece que se besan, o tratan de intercambiar un abrazo telepático.
Unos pasos atrás, y sus pies pisan el pasillo: ya no está en la casa, su casa,
sus pies ya no están, ya Mara se fue. Adiós Casa. Fue una despedida rápida, sin
lágrimas, pero la casa lloro unos días hasta que encontró colgada en la pared
una de las fotos de Mara. Y se quedo mirándola por meses. Mara está yendo a pie
y paso lento al aeropuerto, se fue a pie aunque eran más de 30 cuadras. Se
dedico a observar todo por última vez, hasta eso que alguna vez detesto, o lo
que nunca había notado. Parecía una turista más. Hasta tenia curiosidad del país
en el que había convivido hace más de 20 años. Algunos se van sin haberlo
visitado todo, completo, hasta la última colina o valle. 20 años y siempre en el
mismo lugar, ni siquiera tuvo tiempo de apreciar el lugar en donde estaba
siempre, menos lugares que estaban a kilómetros de distancia. Llega al
aereopuerto, pisa los primero escalones, y siente que le tiemblan las piernas.
No le sale llorar pero algo le pasa adentro, muy adentro, a flor de piel. El
ultimo suelo Argentino que pisaba, pero la patria no era solamente suelo, era
mucho más, era la hermandad que unía el suelo, la libertad que mandaba al
pueblo, el orden que reinaba, no solo el suelo, porque el suelo es tierra sin
nombre, y cuando a esa tierra se le da un nombre, nace la patria, y cuando la
patria encuentra a un hombre, nace el amor. Y entonces borro por unos segundos
la corrupción, el engaño, el fastidio, la guerra, la decadencia, y toda la
maldad que aquellos que lideran suelen tener hacia la patria, hacia al suelo,
hacia nosotros. Unos segundos sin malicia, unos segundos de solo lo bueno y
nada más que lo bueno. Pero, después, descubrió que la patria también era todo
lo malo, todos los sufrimientos, todos los sacrificios, todas las luchas, todas
las caídas y todas las muertes. Entonces, la patria era todo: la muerte, un
niño, el amor, la codicia, la humildad, el odio, el sentimiento, la frialdad,
la lucha, la paz, la victoria y la derrota, entre otras dualidades infinitas.
La patria se sentía cuando uno se iba, o cuando lo echaban, pero, la patria
nunca nos dejaba, porque siempre que se iba, en verdad no se iba, nosotros la dejábamos
por ahí, o nos olvidábamos de buscarla, pero nunca se iba. Era el lugar en
donde queríamos morir, porque pese a todo, era un hogar, una madre postiza, una
tierra con alma, una democracia.
La patria era libertad.
Horas después, Mara arriba en
Barcerlona. Ella no estaba en su patria, pero seguía sintiéndola igual. La
patria, era amor. Un último adjetivo que la definía en claridad.
Cuando estoy con vos
soy La Nada
y me siento aguas
que van y vuelven
que se van y se callan
Quizás a la deriva
quizás desnuda
quizás destrozada
Cuando estoy con vos
soy El Todo
y me siento gigante
te miro desde arriba
como mirabas antes
Quizás fuerte
quizás mejor
que antes
Cuando estoy con vos
en tus abrazos
en tu ojos
o en tus besos
tambien
en tus hombros
y en tu espalda
cuando estoy ahí
en vos
con vos
me siento todo
me vuelvo nada
frágil
ligera
fuerte
pesada
y en mi nada sos mi todo
y en tu todo soy tu nada
Déjenme explicarles, que es muy raro (No es raro
extraño y raro ni es extraño
que me sienta así otra vez un proceso natural
que no quiera soltarme de ahí pero si es del corazón
que no quiera salirme entonces vale la pena dudar).
y huir
mientras tanto y entre el beso, se me corre la mejilla (Un simple beso,
se me va hacia atrás la pera simple si se le puede llamar,
sobre el hombre la pera quieta ningún beso es simple
pero luego tiembla, casi que se cae, está a la orilla a menos que un "simple" vaya a besar).
ya no más el beso (Besar en la frente
un beso en la frente y otro más se parece a beso maternal
no lo miro a los ojos beso de los mas puros
parezco asustada estar cuando se trata de besar
no lo miro a los ojos y mirar a los ojos
no lo quiero mirar mejor que palabras dar).
ya el abrazo abraza y abrasa (Si el abrazo no abrasa
ya el beso besa y pesa es muy mala señal
ya en la felicidad hay mucha tristeza como si en vida no hubiera felicidad).
Déjame explicarte (No hace falta que lo diga,
cuan importante hace falta que lo sienta
resulto esa sensación tener presente y aquel entonces lo sentí
porque en mi mente desde aquel entonces hasta aquí
pareció mucho de mi
que por fin ha cambiado el amor volvió saben que es muy gra(nde)ve
y esta vez, diferente el estar en(amor)ado).
¿Cuál es el verdadero límite de lo imaginario?, ¿cuál es la
verdadera esencia de lo real?, ¿que existe y que no?, ¿que es imposible y que
es alcanzable?, ¿de qué están hechas las realidades, y todas las verdades,
dogmas o pasajes?, ¿Porque no puedo llamarme creador? Crear cosas que solo su
progenitor pueda observar, imágenes que solo él pueda ver, porque son sus
obras, sueños suyos, escapes, laberintos, ventanas, grietas que el mismo
fabrica para salir de la línea en la que todos van, lo monótono, lo cotidiano,
para escapar de una creación ajena creada para él y para más, crea mundos que
lo saquen de ese mundo que no es de él, entonces no intimo, entonces no le
gusta, le molesta en algún lado, le pincha, le sopla, le estorba en el ojo y en
el corazón, no es de él, ni para él, entonces no siente que ese mundo lo abrace,
ante la escasez de eso que el busca, que mejor solución que crear el mismo lo
que no tiene y solo él puede llegar a hacer intimo, para él solo, con
posibilidad de compartir (o no), pero aun así, propio, de él, nada más que del
creador, y entonces nace una colección de fotos superpuestas entre sí, un poema
sin rima, una canción garabateada, pinturas terciopelo, acuarelas en los dedos,
lagrimas en las hojas, ojos apretados cantando y zumbando música, cuerpos sin
cuerpo y sin dirección que se mueven y se desplazan siendo nada más que otro
cosa que no es cuerpo, escritos sin terminar en cajones, bibliotecas amadas de
libros infinitos, sonrisas al ver una creación terminada, eso que llamo arte,
amor o goce, algo que se hace parte del mundo, mi mundo, ahora finalmente mío,
para mí, y también para los otros, pero antes que aquellos es para mí, siempre
está para mí, eternamente disponible para abrazarme, tocarme de lejos, dejarme
llevar, anestesiarme, hacerme dormir, ayudarme a escapar de mí, del mundo que
no es mí mundo, y ese mundo del que yo soy creador, ese es el mundo mío, mi
mundo que más se parece a un hogar, a brazos de madre, a casita de juegos, a
escondidas, a fortines con sabanas, a unión, a homogeneidad de toda el alma
mía, a todo eso que soy yo, y todo eso que no, que en mi mundo, pasa a ser
realidad, mí realidad fantástica que aún lo llega a ser real, porque solo en mi
ojos así se verá.
Dar un oído al que necesita que lo escuchen, dar abrazo al que no lo pide, dar una campera aunque vos estés muerto de frío, dar aliento al no tiene esperanza, dar fé al que no la tiene en sí mismo, dar millones de consejos a quién te los pide, haciéndote el experto, aunque vos estés más perdido que el otro. Reírse de un chiste que no te dió ni la más chiquita de las gracias, ir a comprarle el perfume que le gusta aunque sabés que tiene mil, besarla/o achicando la espalda porque no llega a tu altura, mirar esa película que le gusta aunque te resulte aburrida, donar unas horas de tu tiempo para estar ahí. "Estar ahí..." Estar por estar, presencia (porque con el "deseo" de estarlo, no hacemos nada). Estar ahí, querer estar ahí y estarlo, yo te miro, me ves, sabés que estoy ahí y no te das una idea de que bien se siente que estés acá, y aunque nadie lo note, uno no se puede decir amar a alguien cuando no está ahí, si no allá. Amar o querer, la mayoria del tiempo, es simplemente estar ahí, pese a todo, contra a nada, en felicidad o tortura, en libertad o cárcel, en pelea o entendimiento. Estár ahí. Decir presente en el otro, que el otro lo sienta, me sienta, y entonces se produce lo recíproco. Estoy. Estás. Estamos.
Sentís el frío apoyarse en la planta de tus pies, como se arremete entre tus dedos, y te causa escalofríos, tus piernas se balancean hacia delante y atrás, y tus uñas tienen vértigo. Tus manos bailan, haciendo equilibrio, con miedo en las puntas se ondean, y toda la parte de tu pecho se ensancha, luego se hace pequeña, y luego gigante de vuelta, todas tus respiraciones se vuelven nada, son las ultimas, son nada pero al la vez todo. Una respiración más, una muerte más. Tus pestañas se mueven al ritmo del viento, y tus ojos no se quieren abrir hasta terminar de absorber la ultima bocanada de aire fresco, limpio, puro, todo eso que es contrario a todo aquello que hay adentro tuyo en ese momento. La luna te mira testigo, la única testigo presente, no sabe si llorar lluvia o ocultarse atrás de las nubes nocturnas que se asoman para verte. Esto ya no es un juego, como en ese vídeo musical que tanto te gusta. Siempre fuiste más oscura que el negro color, pero no eras maligna como gato negro, más bien eras un tono elegante que sensualmente era único. Una ultima mirada al cielo oscuro, y sé que elegiste la noche porque todo de ella siempre te parecía extraordinario, su belleza, sus secretos, su soledad, su personalidad. La osa mayor, la menor, más allá las tres marías, y esa que parece la Cruz del Sur está más brillante que nunca. Mucha iluminación mata a la natural hermosura de la noche en la ciudad, aún así, ese será tu ultimo paisaje. Inhalas. Fuerte. Rápido. Ahora vas lento. Te dejás caer hacia adelante, y tus brazos abiertos parecen abrazar a ese vacío que ahora se completa con tu densidad y se hace un todo lleno de nada. Mientras caés, sentís una sensación extraña pero conocida: cuando te caías de la cama y mama te decía tranquilamente: "Ya pasó, solamente un golpecito, no llorés más, volvé a dormir". Ahora mamá no te mandó a dormir, pero supongo que hiciste de ella por ese segundo, y te dijiste a vos misma "A dormir...", porque únicamente así los problemas se iban: solo si vos te ibas. Sentís un dolor que pasa a ser tortura, y de a segundos no sentís nada, porque el dolor te fatiga todo el cuerpo y se va durmiendo. Escuchás voces. ¿O es música? Tal vez ambas. Ves una luz rara, amarilla, que no encandila pero ilumina todo. "Ya pasó, hija, solamente un golpecito..." y después, la eternidad desconocida, que preferís no revelarme, porque ese es un secreto que ni en los sueños se puede decir.