domingo, 28 de abril de 2013
Poema a Marianela
Pero que hermosa que eras Marianela...
Si los rayos del sol no te encontraban, recelosos se ponían, y buscaban cada día, una forma de hallar las puntas perfectas de tu pelo suave al tacto y brillante a la mirada.
Si no me crees, mira tus ojos en el reflejo de tu ventana y la forma en que se mezclan con el cielo y las hojas de los arboles. Si cada vez que sonreías, no se encontraba ni metáfora mas alusiva ni adjetivo mas exacto para el lujo que era tu sonrisa que la palabra paraíso. Marianela era ese punto en que se juntaba la locura y la serenidad, lo bueno y lo malo, lo que existe porque se ve y lo que se inventa porque se cree. Ni los caminos mas oscuros me atemorizaban si el premio era tu abrazo o el roce de tus mejillas con mi cuello.
Si mis ojos no estuvieran, aun así me enamoraría de la belleza que tiene hasta tu aroma o tu aura.
Le escribiría un poema completo a tu cuerpo entero, desde tu frente y las lineas que se le forman cuando te enojas, hasta tus dedos de los pies, pequeños y finos, pero tu cuerpo entero en si ya es un poema.
Marianela era ese sinónimo de "paz", que se perdió en papiros del tiempo y no se presento en los libros del idioma. Marianela era un misterio, una incognita, un suspiro desconocido, y una sombra que no necesitaba luz. Era la clase de persona que tenia la voracidad e impotencia de un tango feroz y a la vez la dulzura, el encanto y la comprensión de una balada. Si Marianela fuera lluvia, seria una lluvia de verano, con sol y nubes blancas. Si Marianela fuera una estacion, seria la favorita de todos. Si Marianela fuera viento, seria un viento calido que mueve hojas de otoño y refresca los parpados. Si Marianela fuera un grito, seria de libertad. Marianela es todo eso y mucho mas, pero nada menos. En silencio, si se la observa con cautela, a la luz del sol o al resplandor de la luna, uno simplemente piensa entre suspiros "Sos hermosa Marianela" y su nombre retumba hasta quedarse impregnando el alma, por los siglos de los siglos.
domingo, 21 de abril de 2013
Diario/5
"Apariencias académicas"
"Lunes 15 de abril
Sigo cansada de estar así. Estoy cansada, de mi, de los otros, de el, de ellos, de ella, de todos y de todo. Recién llore un poco, fui al baño, donde nadie me puede molestar, y solo estoy yo en cuatro paredes, viéndome llorar en un espejo o sentada en el suelo frió, viendo como las gotitas caen de mis mejillas a mi ropa. Después de un tiempo, tuve que salir, obviamente, no podía quedarme ahí encerrada aunque quisiera, había gente afuera. Así que puse agua fría sobre mi cara, y me seque. Practique una sonrisa en el espejo. Me salio bastante bien. Creo que el ser humano no siempre oculto sus sentimientos así, creo que alguna vez hasta se lo permitieron, eso de expresar sus sensaciones turbias. Cuando eramos pequeños, por ejemplo, nos dejaban llorar o enojarnos en publico hasta cierto punto, la sociedad lo permitía minimamente hasta cierta edad. Pero luego, se pusieron duros con los sentimientos negativos. Ya uno no llora en publico deliberadamente, ya nadie hace berrinches de enojo o mala gana sin que se lo mire como prepotente. El enojo o el dolor, ya no están bien vistos en publico, ya están en peligro de extinción entre las personas que no sean pequeños. Uno sufre el dolor o practica la ira, por su cuenta, en si mismo, o con personas muy intimas. Y el ser humano ya aprendió a mentir sobre esos sentimientos muy bien. Esta obligado a eso. Como la mentira necesaria del "Estoy bien" o el "No pasa nada". Como las sonrisas falsas que se dan. Como los gritos silenciados de furia. Como la prepotencia almacenada. Al ser humano ya se lo obligo a mostrar la mejor cara del si mismo, sin importar como se sienta, es una ley, que tiene pena y todo. Ya no nos dejan llorar en paz frente a cualquiera, en publico, lloramos el dolor en silencio, sin testigos, y tal vez por eso, el dolor que se sufre solo, se convierte en un peor dolor, el peor dolor de todo el mundo."
jueves, 18 de abril de 2013
Recuerdos del amor observable
Menuda sorpresa se había de llevar la madre de Alejandra Grossi.
Testaruda, tan testarudamente ella, que nadie discutía sobre como cambiar su
pesado temperamento de terca y rezongona. En la calle Alcatraz, en el zaguán de
una de las casas de enfrente al hogar de la familia Grossi, la madre de la
jovencita vio lo irremediablemente extraño pero seguro. Lo vio todo, ahí en ese
zaguán lleno de telarañas, pintado de un celeste casi verde, con un pequeño
foco blanqueando las dos cabezas de esos tortolitos. La madre de Alejandra, de
la jovencita de unos 15 años, dueña de
los ojos mas verdes y puros, vio el amor observable, real, en alguna
extraña forma de personas, de labios, de bocas, de miradas y sonrisas. Aunque
ella no supiera, esa era la segunda vez que ese encuentro peculiar ocurría en
su vida. Tal vez el ultimo, o tal vez no. Entre muchas peleas y discusiones, y miles
“dejame ir a verlo”, “tengo edad para amar a alguien”, “no tenes idea de cuánto
me duele no estar con él”, o amenazas como “me voy a ir lejos con él”, la
señora nunca vio nada más que un capricho de tonta ilusa por parte de su hija
que, por poca experiencia de vida, iba a terminar sufriendo o algo peor.
Desde ahí, su ventanita de vidrio esplendido, los vio, a ellos dos, a su hija y al muchacho, sin querer queriendo, por casualidad inexistente. Vio los mechones rojo terciopelo de la cabellera de Alejandra, el pelo oscuro como la oscuridad del joven, ambas cabezas enfrentadas entre narices, muy cerca y sonriendo más que nunca. En un momento, soltó la escoba que sostenía. Vio, en primer plano, como se besaban en los labios. Una pasada memoria la golpeo de sorpresa. Recordó como quien ve una foto, o película, borrando todo el plano real que estaba a su alrededor, a su difunto marido y su primer beso. En su hija se vio ella y en el muchacho vio a su alma gemela. Fueron cuestiones de segundos, en los que supo, inevitablemente, que eso era amor. Era amor o era amor, porque esa memoria nunca había golpeado a ella de tal manera irreal, repentina, y extraña. Sonrió. Esa fue la segunda vez que se encontró al amor, en forma vivida y clara. Pero no, no fue la última, el ultimo y tercer encuentro con el verdadero amor, lo tuvo recién 9 años después, cuando vio los ojos mas verdes y puros, de su nieta recién nacida.
lunes, 15 de abril de 2013
Diario/4
“Extrañadores”
Lunes 15 de abril
Estoy distraída, despistada, desconectada, dispersa, y a la
vez inmóvil, enojada, desganada. Me atacan repentinos momentos en los que tengo
ganas de llorar, de gritar, o de irme lejos. Estoy bien y luego de dos minutos
estoy mal de la nada. Bueno, así es cuando lo extraño de verdad, a el. Pero es más
que extrañarlo, y para entender mi forma de extrañar, lo voy a explicar así:
Cuando uno extraña a alguien, pero aun así sabe que lo volverá
a ver a ese alguien, en un lapso corto o largo de tiempo, cuando el tiempo ese
se disponga o desee, cuando el extrañador o extrañadora sufre la distancia y la
espera, y sabe que ese desencuentro se romperá, cuando lo tiene definido, cuando
sufre la nostalgia en forma de persona, cuando añora una fecha, la fecha del
nuevo encuentro pautado, cuando el extrañador o extrañadora tiene una persona
lejos pero también tiene la certeza de que esa lejanía se transformara en piel
a piel, ahí es cuando existe lo que yo llamo: El extrañador pasajero, aquel que
sale de la tragedia de la distancia con suerte. Ahora bien, luego está el
extrañador que extraña a una persona, pero no sabe si su pena es mas por la
inestabilidad del tiempo indefinido, o si es por la persona extrañada. Luego de
ese primer cuestionamiento, esta clase de extrañador, se da cuenta de que es
por ambas razones. Este es, el extrañador indefinido. El extrañador que sufre más
que el otro, el pasajero, simplemente porque este primero, no tiene siquiera
una fecha que añorar, si no que anhela la llegada de una fecha que añorar,
porque este extrañador no tiene fecha limite que acabe con su distancia, no
solo se lamenta por la pérdida de la mirada con el otro, si no que lo hace mas
por el amargo sabor que tiene la incertidumbre de su vuelta, porque ni siquiera
tiene eso, llora mas por aquella incertidumbre de su vuelta que por la
seguridad que era su ida. Este es el extrañador mas sufrido. Y ese es el papel
que me toca tomar la mayoría del tiempo. A veces hago de extrañadora pasajera, pero recién después de vivir en carne propia lo que es ser
extrañadora indefinida, llegue a apreciar ese lapso de tiempo ya pautado para
volver a verlo, a esta miseria de tiempo inseguro que no sé cuándo tendrá fin.
No sé hasta cuando tendré que hacer de extrañadora indefinida, pero solo sé que
es una tortura considerable del amor.
sábado, 13 de abril de 2013
Personrificación
Me gusta ver gente sonriendo en las fotos. Me gusta ver como
sus sonrisas me traspasan y puedo sonreír por dentro aunque no sepa el porqué.
Es algo estúpido, pero me pongo a pensar en el porqué de sus sonrisas y le
invento historias y todo. Están las sonrisas de amor, las sonrisas de felicidad
plena, las sonrisas falsas, las sonrisas de gozo, las sonrisas que extrañan,
las sonrisas viejas, las sonrisas de amistad, las sonrisas inocentes o las sonrisas
de tristeza. Pero, de todas ellas, las que personalmente más me gustan, me
llenan, me asfixian de espontaneidad y de eso a lo que llaman ser
"feliz", las que más me gustan, son las de amor. No hay nada, nada más
puro y claro que una sonrisa de amor. De una madre a su hija aprendiendo a
caminar, la de un hermano recibiendo al otro después de un duro tiempo, la de un niño que solo ríe porque si, la de
un amante en el aniversario con su primera novia, la sonrisa que surge después
de besar por primera vez a alguien. Las
sonrisas de amor son las más espontaneas que he visto. Y esa espontaneidad que
no se encuentra más que en ellas, es lo que me hace tener fe en que el amor, en
alguna parte, tiene el espacio y tiempo, como para expresarse en forma de
persona.
jueves, 11 de abril de 2013
Diario/3
"Obstáculos necesarios"
"Miércoles 10 de Abril
Las cosas no están del todo mal. Supongo que no "bien", pero digamos que parecido.
Ni bien, ni mal, porque podría estar peor, pero me gustaría estar mejor.
Lo necesito, todos los días, estoy como neutra acá donde estoy, sin el, o teniendo la idea de que no lo podre ver por un largo tiempo indeterminado. Siento insatisfacción, y no ese sentimiento brillante que me da hablar con el o estar con el aunque sea 5 minutos para que sepa que existo y que el se de cuenta de que yo se que el existe. Nosotros coexistimos en la inevitable distancia y nos extrañamos como si esa distancia fuera interminable. Yo se que el esta ahí. Yo se que ahora en este momento el esta exento de que estoy escribiendo para el, o que lo estoy pensando, pero el aun así sabe de mi vaga existencia, sin ser omnisciente, pero me basta con que sepa que yo también estoy acá, que yo respiro, que yo en este momento estoy en algún lugar. Yo se que el esta ahí, pero no se que hace, o si me piensa, o si me extraña, y eso, esa tentativa que causa la distancia ante la intriga o el desconsuelo, es lo que me apena. Yo se que el esta ahí, en algún lugar, pero eso simplemente no me basta. No me basta con pensarlo, o con inventarme momentos imperfectos con el, no me basta...pero yo me adhiero al obligatorio conformismo que me hace insatisfecha, simplemente porque no puedo hacer nada, no puedo luchar, no puedo porque nosotros aun seguimos en la etapa de "odiar la distancia", en la que ella solo se impone como algo obligatorio, como una prueba, como una cuota que se debía saldar por seguro. No se puede luchar porque la distancia se presenta firme y si uno lucha es obsoleto, porque es un obstáculo necesario que se romperá cuando llegue el momento indicado.
Y como no se puede hacer nada, uno simplemente se debe conformar con saber de la existencia del otro. Pero para uno que de verdad sufre la distancia, eso alcanza...no basta, pero alcanza para seguir existiendo."
domingo, 7 de abril de 2013
Rebeldía es revelar.
Chaqueta negra de cuero, zapatillas viejas, pantalones rotos, nada le importa y esta despeinada para no ver al mundo. El mundo la critica y a ella no le importa.Siempre quise ser así, ser esa chica a la que nada le importa, que las miradas le resbalan, que las palabras no se las calla, que los sentimientos no los guarda, que las lagrimas no tiene, que la fuerza la potencia, que todo lo supera, que el "que dirán" no la condena, que nadie la lastima porque ella no lo permite, que se hace valer, que es mas fuerte que mil hombres armados, que tiene la convicción de hierro, que tiene la fuerza de animales salvajes. Pero no. Si, que lastima tener que agregar el "pero no". Pero no, pero yo no soy esa persona, ni siquiera un poco, solo soy una especie de anhelo de lo que es esa persona. Un proyecto que no creo poder terminar. Esa persona no diría "creo", afirmaría con potencia y como si no fuera a equivocase. Pero yo no soy esa persona, y digo "creo" con frecuencia. A mi si me importa, a mis las miradas me acuchillan, las palabras no las se decir, los sentimientos los acumulo, las lagrimas son moneda corriente, la fuerza la tengo inconclusa, no se superar, el "que dirán" me castiga, todo me lastima, no me hago valer, no soy mas fuerte que una simple mosca, mi convicción es invisible, mi fuerza es minúscula.
La chica que mi chica-proyecto quiere ser...ni siquiera se estaría despreciando como yo lo estoy haciendo ahora. Pero...yo solo soy ese proyecto sin terminar de una chica sin penas duras y que la vida no la lleva por delante...la vida, a esa chica, ni siquiera la puede alcanzar.
viernes, 5 de abril de 2013
Bitácora V
Es como si la distancia fuera la más grande traidora. ¿Porque? Porque si, porque es una traidora. ¿Qué derecho tiene ella a quitármelo así? ¿Qué derecho?
Hoy comprobé lo que la distancia es capaz de separar, aun sin tener pista de lo que está separando. Esto es horrible. Que martirio. Estaba tan cerca de lo que sería el. Tan solo, no sé, 19 pasos. 20. 21. No importan, porque yo los caminaría a pie aun si fueran más de 100. Pero la cosa era la distancia, era tan, tan poca la distancia. Tan cerca, lo juro. Pero no, no podía ir con él. No podía huir de donde estaba, simplemente no podía. En esas circunstancias no podía, me habría de traer muchos problemas. ¿Porque existen los problemas? Que martirio la distancia cuando la es poca. Porque claro, se es mas detestable, al saber que se esta tan cerca de vencerla y no se puede. Como quisiera correr rápido hacia donde está el. ¿Qué está haciendo? Yo quiero estar con él ahí. Y él ni siquiera sabe que estoy así de cerca de su respiración. De sus besos. De sus brazos. De él. Qué lejos y que cerca estoy de él. El de nuevo y mil veces más "El". Como te odio distancia. Juro que no se la deseo ni a mi peor enemigo. Y en este caso no puedo, porque mi peor enemiga es la distancia, y ella misma no es nada. Es algo abstracto que ni siquiera existe. La distancia es una nada. No es nada, es un estado, pero no es nada. La nada me causa todo esto. Que martirio tan extraño e injusto.
lunes, 1 de abril de 2013
Diario/2
"2 muertes."
"Martes 2 de abril
Que horrendo castigo puede ser la soledad a veces. En
algunos casos es una necesidad el "estar solo", como cuando estamos
muy enojados, o muy tristes, o llorando, en esos casos extremistas, u otras veces
solamente por la sofocación de gente, de ruiderios, esas ganas de silencio
propio a veces se tienen, es natural. Pero la verdadera soledad triste, la
soledad que se sufre, la soledad que duele, duele en serio, es aquella soledad
que no se elige, ni se quiere, ni se disfruta, la soledad equivoca, la soledad
que a uno "le toca" y no se puede cambiar. La soledad, cuando se
queda, va formando como una persona distinta a la persona que ataca. Un
alter-ego que se cree solo y no cree en remedios, ni en sí mismo. Ese mismo
alter-ego se va expandiendo a medida que la soledad crece y en ese momento, ya
no es un alter-ego, es simplemente esa persona que consumió. Las personas solitarias
siempre me inspiran algo de respeto extraño. Un extraño respeto, que aun así lo
tengo innato. Creo que debe ser porque, les tengo asemejado una especie de
coraje, que digo "una especie", un coraje, coraje con todas las
letras de la palabra. Valentía. Coraje y valentía. Esa forma en la que se
afrontan a algo tan terrible como el no tener a nadie, el tenerse a uno mismo,
y hasta, en algunos casos, no tenerse ni a uno mismo, porque el uno mismo no se
aguanta. La soledad no tendría que estar así de desvalorada, en cuanto su
ímpetu, el ímpetu que tiene hacia el corazón de una persona, a toda la persona
completa, a cada fragmento de su vida, sus decisiones, sus pensamientos, sus más
deseados deseos. El que sufre de verdadera soledad, se debería considerar, como
alguien que sufre un corazón roto o alguien con depresión. La soledad se
debería considerar una enfermedad. (Tengo esta manía de considerarle a todo lo
malo el adjetivo "enfermedad")
Respecto a mi respeto por quienes sufren soledad, también
están mis respetos a los que sufren odio o tristeza. Tal vez en mucho de mi
respeto, haya compasión y algo de lastima. Pero lo cierto, es que mi respeto
hacia ellos existe. También mi ayuda, si se las puedo prestar, se las doy.
Aunque, conociendo de vista a los solitarios de la soledad, siendo yo a veces
una de ellos, siendo parte de ese rito que es sentir solo pensamientos, de ese
vació que nos hace sentir más vacíos aun, de ese tránsito pesado que es el
recuerdo de lo que era el no estar solo, conociendo así todo eso, se que los
solitarios son muchas veces, solitarios resignados. Y nada mas difícil que
ayudar a un resignado a la resignación. Difícil digo, no imposible. Pero no
podría decir bien como se ayuda a uno de ellos. De hecho, me gustaría saberlo. Sí,
pero ahora que lo pienso no sé bien si habrá cura, pues, si no, no habría
solitarios. Si, de seguro que aun no la han descubierto a la forma de ayudar a
un resignado. Creería que, siendo fiel al uno mismo (o a lo que queda del uno
mismo, que siempre queda algo, o aunque sea una persona que transformar en
"uno mismo") el resignado encontrara esa "cura" o
"solución", en el. En nadie más que el. Pero siempre dependerá de él,
claro, porque aunque para romper la soledad, se necesite, obviamente, a alguien
más que el uno mismo, ese "uno mismo" de nosotros, ya deberá de
aceptar la compañía y aprender a protegerla. Y vaya que, para un resignado a la
resignación eso es difícil. Más de lo que yo, una resignada momentánea, una
resignada de a ratos, una afortunada resignada de a tiempos cortos, pueda
imaginar en dificultad.
La soledad es algo jodido, difícil, y más aun lo que secunda
a la soledad (tristeza, desolación, desgano, enojo, furia, envidia, carencia),
lo que la acompaña es mucho peor. Es toda una complicación disminuida de la
sociedad. ¿Acaso hay que estar de verdad enfermo, en términos medicinales, para
morir y que alguien se concierne que uno está muriendo? Yo creo que no. Es más,
me arriesgo a mi falta de convicción y digo: NO. La muerte es más que dejar de
respirar. Es que el alma, todo eso que llamamos "uno mismo", deje de
respirar. Tener el alma resignada, es mucho peor que el cuerpo resignado.
Pensando más, también respeto a los resignados. No importa si la resignación no
está bien vista, ni bien aceptada, y cuando alguien es resignado, el
no-resignado intenta cambiarlo para dejar de serlo, yo respeto esa resignación,
otro post-síntoma que contrae la soledad. Yo quiero la cura, quiero que la
resignación, la soledad, un corazón roto, la tristeza, el desgano, la furia, y todos
esos síntomas que los resignados a la resignación tienen, se consideren una
muerte de verdad. Más que la muerte del cuerpo, la física, esa no importa, no
es nada. La muerte del alma, esa sí que merece un luto y un lamento más grande
que el dejar de respirar por la nariz y que la sombra no se vea más. En la vida, están esas dos muertes. Una es, la corporal, que por ser mas fatal, no significa mas importante. En la que uno tiene funeral, gente que llora por el uno que se fue, que no estará mas , jamas de los jamases, gente que lamenta, gente y mas gente. Y la otra, es la muerte del alma. Que esa si que es muy fatal. Y si es mas importante. En la que uno no tiene funeral, la gente no llora porque el uno se fue, uno mismo es el que llora, en soledad, uno mismo seguirá estando sin estar, jamas de los jamases, no hay gente que la lamente, no habrá gente y mas gente, solo estará lamentándose la perdida del alma la única persona que siempre esta presente, aunque desconocida a veces, presente, aunque minúscula o grande, presente: el uno mismo, el uno mismo es lo único que llora la perdida del alma."
Alusión
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