lunes, 17 de octubre de 2016

Redención II


No importa que tan lejos o cerca estemos, puesto que ya todo está ordenado en su lugar correspondiente. Imaginarle es en vano aunque sea tan sencillo traer sus facciones y materializarlas en una especie de sueño vívido. La mano que se apoya en el respaldar de un auto ya viejo y pide otra mano, el beso que se juega en un lugar oxidado, el living que se oscurece ante la madrugada, el café que se enfría de no tomarlo, el perfume que se pierde, la llamada que nos sorprende durmiéndonos al mismo horario.
Sin embargo la luna nunca caduca, no se da por vencida, no llora ni sopla: sigue brillando a pesar de las noches, porque no importa que tan lejos o cerca estemos; lo natural sigue su curso y en medio nosotros, desnaturalizados.
Observará sin embargo que el problema ya no es nuestro sino que todo ha sido un gran engaño. La razón no tenía razón y el corazón sigue en daño.
Sin embargo, la luna sigue perteneciéndonos.
Quizá lo note hasta el final de sus años.

Porque no importa que tan lejos o cerca estemos,
seguimos mereciéndonos momentos maravillosos,

y ocurrirán.

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