martes, 26 de febrero de 2013

Restos de vida/1


En un sótano perdido y oscuro (algo solitario) de una vieja casona. 
Abajo de un mueble con aires venecianos, propenso al delirio de las más finas damas, con telarañas. Cajas con humedad y olor a tierra sin despolvar. En una de ellas, se encuentran los restos de la vida de una mujer llamada Julia. 
(Quizás ahora llamada "Doña". O tal vez, descansando en paz) 
Un cuaderno verde agua, más celeste que verde. Mediano. Tapa dura. 
Con una dedicatoria en la primera hoja -"Julia, te doy este cuaderno para que lo conviertas en lo que vos quieras, un diario, una agenda, para dibujar esas flores que a vos tanto te gustan o para escribir esas poesías e historias que tanto te liberan. Te quiere, mama" 

(Página 3)
"3 de Agosto de 2008


Querido Diario: 
Hoy vi a un muchacho. En realidad, creo que él me vio. Nos vimos. Venía muy apurado, se le notaba en los ojos verdes bien cansados de la noche y horrorizado por el día. Traía consigo un bolso, marrón, casi beige, colgando de su hombro izquierdo. Su pelo era suave. Sí, eso creo. Se notaba desde lejos, por esas ondas refinadas y aterciopeladas que se le hacían en los rulos disparejos. Castaño claro, no muy claro. El verde de sus ojos fue lo que más llamo mi atención que creería yo la compro desde hace tiempo. En esos tiempos de los que no me acuerdo, porque fui otra persona. Tal vez fui el aire en sus cabellos. O la lluvia que el tanto detesta porque se siente solo aunque este acompañado, como si todo estuviera que estar triste y melancólico. Gris. Pero en fin, se que algo de el fui. Algo que el odio o algo que tal vez amo con el alma. Fue una ráfaga muy corta en la que pude verlo. Después simplemente se desvaneció como esas miles de personas que día a día pasan rozando nuestros cuerpos apurados, sin dar cuenta de lo que nos podemos estar perdiendo, o de lo que nos estamos salvando. La fortuna o infortunio que el destino nos está brindando. El muchacho se fue de mi vista. De repente me puse triste, inconclusa, algo así como vacía. Como quien reacciona tarde y luego se arrepiente de algo. Me arrepentí de no haberlo mirado mas ¿Hablarle? No, era un completo extraño. (Aunque a veces pienso que todo sería mucho mejor si eso de “hablar con extraños” fuera más fácil, más bien visto, más seguro, como si en cada extraño hubiera algo interesante.) Me atreví solo a mirarle. Después de arrepentirme el no haberlo apreciado bien, hasta las puntas de los pies, me ensordecí con la suposición de que nunca iba a ser suficiente. Si lo veía 4 o 125 veces. Iba a ser lo mismo luego. Encuentro con mis pasos al muchacho nuevamente. Sonreí. No sé porque, solamente sonreí. Creo que lo más sincero es la sonrisa inesperada, lo más grato. El estaba sentado en un asiento de la plaza. Un pequeño arbolito me tapaba la visión de la mitad de su torso. Pero yo quería verle la cara. Sus ojos. Por lo mas quiero, ¡sus ojos son el paraíso! ¡Y semejante palabra no es digna para su mirada! Queda muy corta. Pequeña. (Y si exagero no voy a pedir perdón porque cuando se exagera no es más que cuando a uno le sobran sentimientos). Lo mire detenidamente. Me quede ahí parada en el medio de la vereda, con personas esquivándome. No sé porque, yo solamente quería verlo (Bueno…acabo de darme cuenta del porqué.) El muchacho desconocido se marcho de nuevo. Yo me quede inquieta de nuevo. No sabía a dónde ir. Me olvide de todo. Mucho mas de adonde estaba yendo o si en verdad estaba yendo hacia algún lugar. Me perdí de repente, como un turista amargado que no habla el lenguaje local. Yo el único idioma que sabía en ese instante estaba oculto en esa mirada que él tenía. Me quede muda. Muda para toda la vida. Muda de mis ojos.  
Conocido extraño… yo se que en otra vida fuimos todo. Que usted me quería pero tal vez me dejo ir. O quizás yo lo obligue a dejarme. O quizás yo lo olvide y poco a poco me fui marchando. Yo era su todo y usted mi vida. Fuimos a la nada con pasaje de ida. Tal vez fuimos inseparables. Certeramente su mirada me dio esperanza. Me hizo acordar a algo, creo que un sentimiento, o un aroma, pero algo fue. (Y créanme que nunca antes nos habíamos visto)
Un placer no conocerte, gusto de mi otra vida."



domingo, 24 de febrero de 2013

Telegrama de la noche



No te vayas. Llevame con vos. No me importa dónde. Pero si el cuándo: AHORA. Escapémonos de esto a lo que ellos llaman “realidad”. Armemos nuestra propia “realidad”. Nosotros dos y nadie más. 

Bitácora II



Y tal vez, me equivoque, no te mentí, solamente lo que dije no fue lo correcto:

Puede que nunca lleguemos a ser eternos, pero mientras estemos juntos tratare de hacerte sentir interminable como tú lo haces conmigo. 


sábado, 23 de febrero de 2013

Desvíos inexplicables



Le deje todo. Bueno, al menos casi todo. Me deje incompleta para darle eso que una vez fue mío, todo lo que una vez fui yo, pero que ya no me pertenecía, desde ese día que nos conocimos, ya no era mío. Yo no era mía.  A medida que mis lagrimas caían, me estaba cayendo yo misma en el. En la primera mirada. En el primer abrazo. En el primer beso. Todo comenzó desde hace tiempo y no me había dado cuenta hasta ahora. El tomaba mi mano con fuerza, y yo me daba cuenta de que no lo iba a dejar ir aunque las lágrimas siguieran. ¿Por qué? La respuesta: Nadie la sabe. Tal vez sí. O tal vez no. ¿Quién sabe si alguien la sabe? Al menos yo, no. El tampoco. Al mirarnos de lejos, como yo nos imaginaba sin espejos, sin escrúpulos, ahí, vulnerables a todo lo que el otro haga, insípidamente atrapados en algún lugar que inventamos en nuestros ojos mismos. En nuestros brazos. En nuestros labios. Al mirarnos, yo, yo me daba cuenta, y cualquiera que nos haya visto, tal vez el aire o esa almohada de su cama, o la misma pared que si sintiera lloraría como yo, que ninguno sabia el porqué de nosotros, o de lo que nos hicimos nosotros. Al fin y al cabo, a ninguno de los dos nos interesaba. Lo inexplicable era lo único real. Lo que menos se podía describir con palabras, era lo que más se sentía con el corazón. Y no solo con el corazón, también con el alma, con los ojos, con los brazos, con los labios, con todo.

De vez en cuando encontraba esa respuesta que nadie sabía, pero al rato la perdía, porque pensaba en el. A veces nos miraba desde arriba, como quien mira una foto vieja, con algo de añoranza y desconsuelo propio de lo que fue pasado y no se sabe si en el futuro estará, o si en el presente es seguro, y ahí, cuando nos miraba desde cualquier ángulo, como si yo no lo estuviera mirando, abrazando, besando, como si fuera otro, como si yo fuera invisible a nosotros mismos, como alguien, simplemente alguien, o tal vez yo misma admirándonos, ahí me daba cuenta de que no había algo mas insípidamente inexplicable que nosotros. Nadie lo sabía. Tal vez sí. O tal vez no. La verdad no sabía si alguien lo sabía. A esta altura ya no importa, porque, a fin de cuentas, yo ya no me puedo recuperar. Ya no me puedo salvar. En realidad, yo no quiero. No me importa existir, o si de verdad existo, o si nada existe, porque solo existo cuando estoy a su lado. Existo y soy una desaparecida de la vida. Es algo, como dije, inexplicable. Yo no quiero recuperarme porque estoy perdida con él. Tal vez ya me salvé, ya me recupere yo misma, dejándome ir. Dejando yo misma de ser mía (Que ironía) dándole mi todo, o mí casi todo, para que esa carga, esa carga que soy yo para mí misma, se libere y me deje así perdida. Sin identidad. Extraviada por la vida misma. Y que él me guarde y solo me deje ser mía, me deje salir, cuando estamos juntos.
En síntesis, o en resumen, en un pequeño resumen de palabras inexplicables que no debería de decir porque de sentido carecen y de sentimiento quedan muy pequeñas, yo estoy perdida sin él. Sin exageraciones porque la única exageración es que su mirada, o sus brazos, o sus besos, sean así de inexplicables como que yo no exista.

[Posdata: No me dejes nunca. Nunca. Si, se que esa palabra no existe en ningún lado, tal vez solo en mi inexplicable inexistencia. Pero, al menos, pretendamos que si es real, para siempre y no me sueltes las manos nunca de los nunca.

Posdata II: Tus manos. Eso mismo, si, exacto, me olvide de decir, tus manos son el único lugar en el que me encuentro sin perderme. Pero solamente, las tuyas, ningunas otras.]




jueves, 21 de febrero de 2013

Bitácora


Son las 6 de la mañana y yo sigo acá pensando en vos desde las 2. 
Las 5 horas peor gastadas de mi vida que nunca volverán.
Ahora contando mejor... ¿Ya cuantas horas me debes? ¿134? ¿Tal vez todas juntas formen mas de 1 año? Yo no se. Solamente que estas interrumpiendo hasta esta ultima palabra que escribo. Que inevitable te estas convirtiendo ¿No?


martes, 19 de febrero de 2013

Reflexiones IV



Hoy quizás me despierte en la madrugada, y corra hacia donde estas, aunque no lo sepa, se que algo me lo dirá. Si nada lo hace, yo intentare, correr más fuerte, hasta que el viento ya desconozca de mí, y no sea más que una silueta perdida, vacía e incolora. Invisible. Hoy quizás me despierte en el medio de tantas almohadas soñando, elija dejar de pensarte y huya a tus brazos. Y me deje dormir en vos. A tu lado. Con tu respiración colmando mis preocupaciones y dándome más paz que nada.

Mañana quizás me veas atónito. Y me preguntes, ¿Que hago ahí? ¿Cómo es que llegue? ¿Cómo fue que entre? Mañana quizás te diga: "Me tendrás aquí para ti. Aun cuando no sepa que hago ahí. Aun cuando no sepa cómo es que llegue. Aun cuando no sepa cómo fue que entre. Me tendrás, hasta cuando no quieras. Aquí. Contigo. Incondicional.”      

lunes, 18 de febrero de 2013

Crónica de mi boca muda


Perdóname. 

No creo ser buena para decir frente a frente, ahí en mundo real, lo que de verdad siento hacia vos. ¿Porque es tan difícil hablarte? Quizás  no lo se, porque tus ojos me intimidan, al ser tan increíbles como perfectos. Si, esa es la palabra indicada. Nada es perfecto, pero tal vez tu mirada no llego a escuchar esa regla y es ahora la excepción. 

Las palabras no me salen de la boca, mientras en mi cabeza te digo todo y mucho mas que eso.
Si tuviera que contar todas las palabras que escribí por vos, y para vos, simplemente los números no me alcanzarían para hacerlo.
Si tuviera que contar todas las palabras que te he dicho, simplemente me arrepentiría una y otra vez de que sean tan pocas, al contrario del todo que me haces sentir por dentro y me callo por alguna desconocida razón. Razón que a veces llamo "tus ojos" u otras veces "tu rostro", pero en si...en si, siempre empieza con "tu".


miércoles, 13 de febrero de 2013

Destiempos en la soledad



Había unos truenos a lo lejos, se escuchaban resonantes entre los tumultos que causaba la tristeza, pero ella no les dio importancia. La lluvia le caía y recorría sin detenerse cada fasicula viviente y ardiendo de su piel quemada de tantas llamas sin apagar y sus restos imaginarios de cenizas. Ya con llagas ahí estaba, con los ojos cerrándosele, entre abiertos. Porque ya no aguantaba. No quería ver la realidad. No quería verlo a él. Quería tirarlo al mar, ahogarlo como sus ojos se ahogaban en lágrimas y sus iris se volvían rojos. Lagrimas de lluvia, sin sabor, no como ese gusto agridulce que tiene amar o lo que es peor, amar desesperadamente. Sin consuelo más que mirar a esa persona a los ojos. Lo quería ahogar tanto, que de hacer muchos intentos se ahogo ella misma. Se asesino sin asesino.
En el puente más colgante de la vida estaba, y abrió los brazos, ahí cerquita del muelle. Estaba descalza, sintiendo la inevitable realidad de estar sobre el suelo. Miro para arriba y dejo que la lluvia sea el único consuelo para la tormentosa fantasía de lo que nunca va a pasar fuera de su mente inhóspita. Dejo que la lluvia la rebalsara. Le caían gotas de cielo por las mejillas, por los labios, por la punta de la nariz, por las yemas de los dedos, por el cuello, hasta por la sien. Por ella enterísima. Y ahí estaba, gritando en silencio. Nadie la escuchaba. Él era el único que podía, porque él era ella. Y ahí lloraba, y no se sabía si estaba. Nadie la veía. Él era el único que podía. Pero el, ERA. Precisamente… ya no ES.

Se sienten más relámpagos. El gris se apodera de todo. El negro de sus ojos. Sus brazos sin los de él. Y no sabe de dónde agarrarse. Quizás si desplazara sus pies un poco más adelante, y se dejara caer en algún que otro vacío  todo se terminaría. Pero; en el quinto estruendoso trueno, en el más fuerte, que interrumpió sus pensamientos y sucumbió hasta las yemas de sus dedos, el vino corriendo hacia ella. Se oían sus pasos firmes y desesperadamente rápidos.

La abrazo por detrás, mientras ella, aun indiferentemente hipócrita, mantenía su compostura de brazos abiertos, cual golondrina en plena pesca, y cabeza al cielo como quien no quiere mirar nada. En un momento, ella lo tiro hacia atrás para que se corriera, se dio la vuelta en posición normal, para al fin verlo, abrió los ojos llorosos y le dijo casi gritando:

-“Soltame. Si me vas a dejar, no amagues, decidite, soltame de una buena vez.”

Y él, sollozando y enseñando una pena falsa le dijo a los ojos:

-“No quiero. No quiero dejarte. O lo que es aún peor, mucho peor, es que no puedo. Te necesito.”

Ella le dijo más de cerca, bien a la altura de la nariz y los labios, con una violencia algo rencorosa para decir algo tan hermoso y sincero:

-“Llora conmigo, entonces. Porque te amo y de verdad. ¿Sabes cómo sé que mi amor por vos es sincero? Porque te he llegado a odiar tanto como para desear no amarte

Y ahí estaban. Amándose en silencio. Nadie podía sentirse más que ellos. Eran los únicos que podían. Porque ellos ahora, SON. Precisamente, ya no ERAN. Se besaron. Se besaron hasta que se formo un eterno ciclón por dentro de ellos, con truenos, rayos y relámpagos. Ahora lloraban gotas de cielo porque se amaban de verdad. Pero ahora, juntos. Con los pies firmes a la realidad que transformaron en fantasía. Y no más con ganas de tirarse de la vida al vacio, porque se llenaron de todo ellos. Juntos.


Ritual para esclavos


Cierre los ojos. Trate de sentir que todo va a estar bien por siempre. Que el tiempo se detiene, los relojes no sirven y las tormentas no existen. Que nada va a interrumpirlo cuando sonría  Que todo lo que alguna vez perdió o ni siquiera tuvo oportunidad de perder, lo va a poder hacer nuevamente y en su mejoría. Que esa persona que usted ama, lo ama también  Que los perdones son parte de la vida. Que el dolor le dolerá solo un tiempo, el necesario para aprender. Que de vez en cuando vas a estar triste, decaído  casi perdido en medio de peleas o gritos de la vida, pero hoy no y mañana tampoco. Ni nunca. Borraremos esa palabra de nuestra memoria. Que nada lo puede lastimar porque usted no dejara que eso pase. 
Sienta en el viento de afuera. 
Vea al cielo acostado y reflejese en el. 
¿Ya lo hizo? ¿Ya se dejo quedar en blanco? 
Ahora usted piense, pero con esfuerzo: 
¿Tan imposibles son estas cosas? ¿O la realidad lo manipulo para que se deje morir así? 
No sea crédulo. 
Recuerde esta palabra: Intentar
Léala todo los días. Búsquela. 
Échele un vistazo para siempre hasta que deje de ser un maldito esclavo de la vida.


martes, 12 de febrero de 2013

No te vayas


No espero que entiendas el porque de mi amor o mis ganas de llorar cuando no estas acá. Tampoco que sienta una locura que asusta hacia vos. Te digo gritando que no te vayas de mi lado. Que tu respiración hace de la mía valer las penas. Que tu voz o tu silencio me ayuda a no desmoronarme y encerrarme en mis lagrimas.
Te pido, te suplico, no te vayas de acá.
No te vayas de mi. No me dejes así.
"No te vayas":
Lo repetiría aunque la ley de los mudos lo prohíba. Aunque la cárcel de los sordos amantes me encerrara por mil siglos. Mientras me dieran una ventana con vista a tus ojos.
Se me puede ir el viento, no me importa en verdad.
Se me pueden ir las risas y el contraste del cielo.
Las paredes podrían caerse y formar un polvo negro.
El cielo podría decolorarse y viviría en las tinieblas.
Las nubes me podrían asfixiar.
Las calles me podrían encerrar.
La libertad se convertiría en una enorme valla.
Pero, por favor, te pido, te suplico, no te vayas de acá.
Llévame con vos aunque el mundo no quiera y nos persiga hasta el Diablo.


                                                                                 Te amo. [hasta Dios lo sabe]



lunes, 11 de febrero de 2013

Célico


Usted no sabe, no sospecha, que todas las noches de luna melancólica, esas noches que no puedo pegar un ojo, que camino por mi mente y no encuentro nada, concilio el sueño gracias a sus ojos marrones mas parecidos a un edén  Tal vez, porque la sensación que me dan ellos al mirar a los míos, es de paz y fortuito. De que los males están encerrados, y que la llave la tiene usted guardada. De que estoy perdida en algún lugar, pero no me importa donde, o si estoy perdida, porque me guía.
Se tendría que dar cuenta de una vez, que para mis penas, que es lo mismo a mi alma, sus abrazos son el fin de una batalla terrible y estrepitosa entre la angustia y yo. Que sus besos, y aun mas esos que no me da y los tengo que imaginar, son una ráfaga de viento cálido que me hace dar escalofríos.
Usted solo lo sabe, de a ratos, cuando en mis afanes de sinceridad  se lo digo en palabras minúsculas y resumidas, que no son ni el polvo del lápiz en cuestión de escribir en papel lo que siento y me hace sentir.
Pero lo que debería de saber, y si le es difícil me esforzare mas, es que yo le digo todo esto y mucho mas a gritos adoloridos en mis sueños, en mi mente, y en mis manos, pero de forma muy abreviada, por el simple hecho de que tanto amor le asuste.

Me asusta (y procure no contárselo a nadie) que usted se me vaya. Y desaparezca. La idea de perderle me enloquece.
Sépalo.


viernes, 8 de febrero de 2013

Espejos rotos




Y cuando la soledad se transforma en un eco incesante que la realidad me obliga a escuchar, me encuentro sola en un seco y cruel abismo oscuro. Me míro en espejos que indican solo mis defectos e imperfecciones y que borran de una ceguera todo lo invisiblemente bueno que aunque sea me convencí de tener antes.
Las paredes se achican y el cielo se comienza a despegar, dejándome semi despierta, como un fantasma que no puede ser humano. Dejándome impávida y perdida, solo porque no quiero sacar las manos que protegen mis ojos húmedos  ¿Para que quitar mis manos de mis ojos? ¿Para ver mi estúpido reflejo deshacerse frente a mi y no poder hacer nada? ¿Para idealizar de una vez que, al final de cuentas, la verdadera compañía fiel y eterna es el uno mismo?                                                                            
La única esperanza que me queda guardada en mi vació ahí en un rincón  por algún lado que nadie visita ni echa el ojo, es que finalmente ese "alguien" del que todos hablan, aparezca y me vuelva a convencer de que la realidad, el afuera, y todos ellos, no me pueden lastimar. Inclusive si ese "alguien" es mi yo mismo...lo voy a esperar para siempre en mi.