viernes, 29 de abril de 2016

Reflexiones VI


La gente escribía cartas cuando se sentía lejos de otra gente. La gente que se fue lejos de ellos, o gente que debió irse por causas de fuerza mayor, gente que se va por deber, y otras porque, en realidad, desea regresar. La gente le escribía a sus amores cuando se iban a la guerra o cuando se separaban sin querer después de un hermoso verano juntos. Quizá lo peor de todo era la espera de una respuesta o, aun peor, la duda de no recibir una respuesta. Quienes se van lejos de nosotros, con previos avisos, nunca van a contestar nuestras cartas, y lo peor es que nos morimos de ganas de escribirles de nuevo, para ser rechazados una y otra vez, porque siquiera el que nos rocen con el saber de nuestra existencia nos hace sentir que volvimos a ellos, como ladrones que entran a donde nadie quiere, pero logran desviar toda reja, todo muro, todo candado impuesto por quien dueño es. Es interesante pensar en quien nos está pensando, quien nos piensa todos los días o quién se acuerda de nosotros de a momentos. Pero preferimos pensar en quien no nos piensa; empecinarnos por saber porque no lo hace y querer con todo el corazón que lo haga: que nos recuerde, que nos quiera, que nos sienta; que nos traiga de nuevo con ellos y así no morir en el olvido. 
Me acuerdo todos los días de algo que me recuerde a vos. Me gusta pensar que somos almas gemelas, porque ya nadie piensa en ello: es una lástima que lo hayamos perdido. Dudo demasiado que alguna vez encuentres alguien que esté a la altura de tu alma; pero no lo digo para rescatar la altitud de la mía, al contrario: para estar a la altura de tu alma había que descenderse hasta lo más dulce de la inocencia y lo más sutil de la sensibilidad. Un alma a la altura de tu alma no puede ser nadie más que yo; quizá encuentres alguien a la altura de tu corazón, de tu mente, de tu cuerpo; de tus sueños. 

Me acuerdo todos los días que puedo vivir con tu herida siendo feliz y quizá así también muera; esperando una carta tuya que nunca querrás escribir y que siempre esperare recibir. Lo más trágico de las almas gemelas, es encontrarlas.  




domingo, 17 de abril de 2016

Solo tu nombre

Quiero caminar por el centro de tu oscura ciudad
Esa que se pone triste cuando llueve en cantidad
Recorrer ese inconcluso caminito hasta tu alma
Aunque no sepamos bien si lo nuestro se desarma
No hay opciones más
Ni palabras menos
Hoy el pasto huele a nubes
Y el cielo es de tu pelo
La luna ya no existe
Porque brilla tu existencia
Y el sol sigue a la tierra
Porque vos estas en ella
Ni siquiera en lo más profundo del mar
Te atraparía de casualidad la oscuridad
Porque el brillo de tus ojos
Encandila toda la ciudad
Ya no hace falta que me digas
Que pronto volverás
En mis sueños yo te veo
Y en mi mente vos estas
Aunque estés mas que lejos
Aunque no tenga importancia
No existe física que impida
Que te ame en la distancia
Quiero darte un beso que nunca te hayan dado
Endulzar tus heridas
Y que olvides el pasado
Liberar tu conciencia
Seducir a tu inocencia
Masticar tus errores
Y acariciar tu violencia
Pintarte las canciones que nunca te cantaron
Cantarte las pinturas que nunca te pintaron
Regalarte regalos en forma de sonrisa
Y movernos muy rápido
Aunque no tengamos prisa
El tiempo no me corre
Si estoy junto  a tu hombro
Pero los segundos pasan
Y no salgo de mi asombro
La idea de que todo esto sea algo real
Y que todo mi amor por vos
Crezca así
Tan natural
Quiero recorrer el final de tu ilusión
Aquella que sonríe cuando escucha mi canción
Despertar al costado de tus inseguridades
Y abrazarte hasta que sanen todas tus interioridades
Y en todo este trayecto
Lleno de largas rimas
Quizá solo bastaría
Decirte tu nombre
Y hacer poesía


sábado, 2 de abril de 2016

A mi lado


1997



Hoy la siento en la distancia, pero su imagen es tan tenue, borrosa, y sucia que la distancia parece ganarle en nitidez y de a poco mis ojos se llenan de lágrimas por no poderla ver. Lo peor de escribirle es no saber de sus respuestas, lo mejor de escribirle es que puedo imaginarmelas yo mismo, perdiendo la razón de a ratos y de a momentos recuperando la cordura, luego de sentir que no todo lo que digo sólo lo lee el viento y mis ojos; sino que su alma interviene y me acaricia el pelo mientras duermo, aunque su cuerpo este deseando otra compañía a su lado. Siento que verdaderamente el amor que siento hacia usted no tiene registros desde los amores de la época antigua, de aquellos que sucedían entre muchachos y muchachas de diferentes clases sociales, o aún más, de diferentes tribus: mi amor por usted no tiene registros en la historia de la humanidad y nadie puede refutarlo, pero yo sí puedo afirmarlo. No creo que nadie siga pensando en su amor luego de años como yo lo hago con  usted, que alguien alguna vez haya pensado en su amor todos los días aún cuando ya ni siquiera se acuerda de su voz, que alguien alguna vez haya soñado todas las noches con su amor después de miles de noches sin saber bien porqué. 
Necesito una respuesta y a la vez no quiero una respuesta, quizá prefiero imaginar que algún día aparecerá por esa puerta. Como le he dicho en otras cartas: la amo como se ama de verdad. Y quizá esta carta parezca una alabanza hacia su persona pero es más bien, sin ir más lejos, una súplica terrible para que me vuelva a querer y regrese a mi lado. Le escribiría todo un anexo pidiéndole "por favor" pero me parece más digno el disfrazar mi desesperación con indiferencia, llanto y dulzor. 
Si usted volviera a mi lado quisiera hacerle feliz cada día de todas las semanas y cada semana de todos los meses: no habría malos años en el calendario si estuviera junto a mí. Si usted volviera a mi lado le lloverían gotas del suelo y le caería viento del cielo porque no habría imposibles si juntos estuvieramos ahí. Si usted volviera a mi lado, escucharía cada segundo de cada historia que me cuente porque de verdad me importaría todo lo que de su boca saliera. Si usted volviera a mi lado, me encargaría de su felicidad pero acompañaría su tristeza como nunca nadie supo comprenderla. Si usted volviera a mi lado, mi cielo, si usted volviera a mi lado, tan solo por una vida, por un ratito que sea eterno, si usted volviera a mi lado, sabría lo que es vivir. 
Pero nunca más habrá de volver a mi lado, mi amor, porque nunca jamás me leerá, porque usted muere cada día para mí: es la única forma en la que encuentro dejar de sufrir. Fingir que usted ya no existe, y sin embargo, usted, en algún lugar del mundo, todavía no ha dejado de existir. 
Ya no sé muy bien qué hacer y tampoco sé como terminar de escribir.
Sólo me resta por decirle que seguiré escribiéndole porque la amaré por siempre, aún después de que en un último suspiro de amor llegue a morir.  
En la calle alguien grita cada vez que sueño con su imagen, en mi mente alguien llora cada vez que veo su retratro, en el mundo alguien muere cada vez que pienso en lo que fuimos, en el cielo alguien truena cada vez que lloro por usted, la felicidad se deforma en abismo, cada día que pasamos sin ser lo debimos ser: la espero toda la vida, sabiendo que usted nunca va a volver.