1997
Buenas noches, señorita. ¿No le
parece acaso maravillosa la hermosa función de la noche? La noche no es un
fenómeno mundial, no es un todo. ¿No le parece acaso maravilloso que en este
momento, en esta parte del globo, acá mismo, no haya sol, sino luna, no haya
luz, sino oscuridad, que en este momento exacto sea de noche aquí y allá, en
otra parte, otro lugar, otro rincón, sea un puberto día nuevo? La noche no es
un todo, es extraña, quizá me asusta un poco pensarlo. Piénselo. Al menos se
que cuando miro la luna, usted también la esta viendo. O la va a ver, y tendrá
mi mirada impregnada, y quizá nos conectemos de la misma forma que hacíamos
de pequeños cuando veíamos la misma luna, en la misma noche, en la misma
tierra, al mismo tiempo o a destiempo. Espero se haya puesto a pensar en mi.
Espero, sin esperarlo, como quien espera la noche o despertar por la mañana: lo
hago sin pensarlo, sin desearlo, sin ser consciente de ello, pero si acaso eso
no sucede, es probable que me desespere, por la extensión de un día perpetuo, o
muera, atrapado en un sueño eterno. Al parecer, así mismo se siente esperar que
usted me piense, me sienta, me recuerde, me ame, me anhele, me desee de vuelta.
Ya no hay espacio para mí en su vida, ni para la suya en la mía. Pero, si
quiere le hago un lugarcito en mi corazón, y en mi cama. El problema es que
usted no espera esta vacante, pero, entonces, no tengo intenciones de dejarla
abierta para que cualquier visitante venga a alquilar ese espacio dentro de mi.
Sólo lo está para usted, para siempre y toda la vida que sigue, todos los años
que restan, todos los días que quedan. Hasta desde de la eternidad. Aunque
usted no vea señal o insignia, sepa que esa vacante siempre estará disponible
para su nombre. Imagíneselo como su casa de verano, como su casa de la
infancia, como su ciudad natal. Aquellos lugares que siempre serán nuestros y a
los que perpetuamente podremos regresar. Usted siempre será bienvenida
señorita, si es que acaso encuentra algo roto cuando regrese, sepa disculpar,
mi vida es un desorden y mi desorden es mi vida. Si es que acaso encuentra algo
diferente, perdóneme, cada día mejoro y empeoro más y más. Si es que acaso no
me encuentra…espéreme, como yo la supe esperar. Pero, si es que acaso nunca más
regresa a este, nuestro lugar, entonces no se qué decirle, señorita. Siendo
poeta, podría decirle que yo la sabría entonces perdonar, o mas bien, que para
siempre la esperaría igual. Pero, como ya le dije, ahí va: yo siempre la
espero, sin esperarla, como en esta noche fresca que se me dio por en usted
pensar.
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