Estar enfermo de amor es muy parecido a estar enfermo de cualquier otra anomalía en cualquier tipo de zona del cuerpo. Sólo que en esta ocasión, lo que duele es más el alma, o ese famoso corazón - me decía. Me preguntás porqué, porque es que el amor cuando duele es parecido a cualquier otra enfermedad, y yo te digo que es por muchas razones. En primer lugar, habrá días en los cuales te vas a sentir devastado, vas a pensar que ese dolor durara para siempre y te va a terminar matando. Sí, así, dramáticamente, a lo Shakespeare, trágico. Pero sin embargo, habrá otros en los que sentirás que te has curado, aunque sea un poco. Tendrás fuerzas para poner tu corazón en otras causas e intentaras en contra de tu fuerza de voluntad, quitar tu pensamiento de aquel dolor que parece irse de a pedazos. Pero sigue estando allí. Lo siguiente es muy similar a cualquier enfermedad terminal: luego de aquellos días en donde tienes fuerzas sobrenaturales, tendrás recaídas. Volverás a aquellos primeros días en los cuales sentías la fuerza de aquel dolor, y comenzarás a sentir nuevamente ese frío en tu pecho, que muchas veces se traduce como soledad. Tendrás miedo al olvido. No de tu parte. Tendrás miedo al futuro. No sabrás si será tan bueno como aquel pasado. Tendrás lágrimas. Algunas veces deberás secartelas por tu cuenta: serán las peores noches. Tendrás mucha tristeza en tu corazón. Quizá nunca se quite por completo. Deberás escuchar muchas palabras de aliento, y aún cuando vengan de parte de aquellos que desean ayudarte, no lo tomarás de esa forma y querrás soledad. Una contrariedad absoluta. Con suerte vendrán días mejores. Y es que como dice aquel viejo escritor, todos deberíamos morir de amor, aunque sea una vez.
Se produce un silencio.
Ella mira hacia la luna.
Sí, habrá una pequeña muerte dentro de tí.
Pero, sin embargo, nunca olvides, que amar todo lo cura.
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