Puedo limpiar de forma muy precisa, mi casa, mi cama, mis platos
Puedo acomodar mi cómodo hogar que diariamente hábito y dónde habitan mis cosas, que están a mi cargo, que apadrino cuando limpio, pero ellas no me dejan pulcro
Pareciera que las cosas están en orden si mi casa lo está,
Pero pese a lo que digan los fundamentalistas de la entropía, el desastre se acobija debajo de la alfombra, la simetría de mi hogar no me permite vivir en paz, y sin embargo, a ella debo las esperanzas de que acaso hay algo que por lo menos se puede limpiar, pulir, salvar.
No hay forma de adjudicarle esto a mi conciencia, ni a la historia, por eso antes de llorar debo primero lavar los platos, ordenar mi cama, barrer la entrada al patio; si pudiera borraría la tierra de mi alma.