Ya no es quien soy aquel que
deseaba estar dentro de mí. Desafortunadamente, puse mis más grandes esfuerzos
para no sentir absolutamente nada. Nada que me hiciera sentir más que mero
placer, o alivio. Ni siquiera el odio se me permitió, ni un rastro emocional
quería en mí. Por momentos pensaba que mi infalible intento de ser esa persona
que nunca quise, pero que a hora debía ser, era no más que eso: un intento, un
invento. Pero me sorprende ver que con la práctica, he podido perfeccionar de
verdad mi vacío, he podido darle un terminado fino a este yo que no quiere pero
necesita sentir. Tantos años negándome, tantos años fingiendo construir el muro
interminable que me separa de los demás, que al final termine haciendo la
realidad mientras creía que sólo era un sueño. Nunca fue ficción, no me di
cuenta de la verdad: lo que estuve construyendo todos esos años fue un muro de
dolor, un camino de espinas, y por sobre todo, un corazón negado. Pensé por
momentos en esos años que yo seguía siendo el mismo y que nunca iba a cambiar:
siempre elegiría el amor, siempre atinaría al sentimiento, sería la emoción
misma cuando llegara el momento que alguien me hiciera creer de nuevo en ello.
Mientras tanto lo conseguía, vivía y nadie me hacía sentir, por lo tanto
pensaba que en realidad eso era obra mía: gracias a este personaje nadie puede
conmigo, soy invencible, son intocable, los demás sufrirán por mí pero yo nunca
por ellos. Pero la verdad es que sólo estaba en la muchedumbre de gente que no
hacía nada por reavivar mi sentir, y es por eso que ese personaje mío me pasaba
como lo mejor que podría haberme construido alrededor.
En un momento sucedió. Empecé a
sentir, solo un par de personas crearon eso en mí, y sólo una logro que
sintiera de verdad. Y entonces apareció, aunque siempre estuvo, aunque siempre
haya pensado que era mi propio personaje controlado, apareció sin que yo
quisiera, cuando ya había decidido confiar y dejarme sentir una vez más:
apareció lo que he sido desde hace tiempo; el dolor nunca lo transformé en un
personaje, sino que el dolor me transformó a mí. Nunca había sido mi decisión.
Hoy me encuentro compenetrado en mi mismo, no puedo sentir como deseo sentir
con aquellas personas que hoy, después de unos años, me hacen feliz. No puedo
abrir mi corazón porque sencillamente sigue herido, y nunca lo transformé en
mí. No quiero, repito cada vez que siento que el amor es un defecto en mí. No
quiero, repito, no quiero más otra vez. Mi personaje duro, ofuscado y
completamente desentendido ya no es un personaje, soy yo. Nunca use una
máscara, era mi rostro. Nunca fingí dureza, solo era mi dolor. Y perdoname si
te repito, más de una vez cuando estoy con vos, pero te juro que no puedo, todavía
no puedo con el amor.