"Mama te miro por primera vez como te mire yo,
desconfiada. Pero detrás de la fachada de altanero eras vos. Vos, el extraño
que luego, iba a ser el de siempre. Fuimos a esa restó por Pedernera y te
peleaste con el mozo, no te juzgo, querías parecer machón, pero todo eso vil se
te iba a ir cuando miraras por primera vez a ese hijo que buscamos por tanto.
Cuando después de que yo le reclamara el no ordenar los juguetes vos te
inculparas o le llevaras un chocolate. O cuando en su sexto cumpleaños te
encerraste en el baño porque estaba creciendo rápido. Y los dos nos encerramos,
porque crecía. Y de ese altanero que peleaba con el mozo no quedo rastro. Solo había
un padre jugando a la pelota con su nene, un padre que ocasional lo veía crecer
y se encerraba en el baño a sonreír o llorar...o ambas. Empezamos sin
nada, desde muy lejos y encaminados a llegar aún más lejos. Como antes todo era
más rápido, yo me enamore rápido. Tus ojos caramelo y esa sonrisa...siempre esa
sonrisa. Y un día, de la nada quisimos encaminar hasta que la muerte nos
separe.
El no sabía, ni se esforzaba en ser romántico. Es por eso que le salía tan bien eso de improvisar besos para no decir nada. Lo implícito era su más grande verdad, y lo más temible de ella, era que nunca la dejaba ser a la verdad por completa. Siempre algún pelo le arrancaba.
El no sabía, ni se esforzaba en ser romántico. Es por eso que le salía tan bien eso de improvisar besos para no decir nada. Lo implícito era su más grande verdad, y lo más temible de ella, era que nunca la dejaba ser a la verdad por completa. Siempre algún pelo le arrancaba.
Su barba ayer nomas raspaba, y se preocupaba por abrazar a ese niño que luego
iba a ser un niño para siempre, un niño que iba a irse con su padre, y que a la
vez se iba a quedar por sobre el tiempo y el polvo, y los años, en ese grande
que ahora ese niño es. Que nuestro niño es. Porque esa inocencia de él murió ayer
nomas, al igual que la barba que a mí me raspaba. Dos y media de azúcar, cortar
el césped los miércoles, hacer silencio en domingos de partidos. Y la barba que
raspaba. "Perdoname, mañana me afeito". Y semanas después las mismas
disculpas. Y mi misma sonrisa porque el áspero de tu barbilla me chocaba, y
hasta eso me era romántico. 6 am y a levantarse, la rutina, pero siempre con
una sonrisa en Lunes, tal como el niño aquel aprendió. Y le heredaste eso. La
sonrisa en lunes. La más rara de las sonrisas...
Ayer, o hace años estabas. Hoy ya no. Y a pesar de
todo, te hubiera preferido siempre sin afeitar, para escuchar tu
"perdoname" y sonreírte cómplice. Pero también, te hubiera preferido
eterno, siquiera un poco más de lo que fuiste; no para que estés por mí, a mi
lado, si no por él. Por el niño que ya no es niño pero aun si es. Por nuestro
hijo, que ya tiene algo de barba, que recién comienza a vivir de verdad, que
ocasional se encierra y llora porque todo pasó muy rápido, que quizás heredo tu
altanería, pero que en verdad heredo tu sonrisa en lunes. Tu hijo, que es vos.
Y vos que eras tu hijo. Solo por eso ayer nomas te llore, ayer nomas te amaba,
ayer nomas tu hijo sonreía, ayer nomas vivías, ayer nomas estabas..."
